Vomito verbal.

1221 Words
Camil: Era martes por la mañana, por fin había llegado a casa del fin de semana largo que tuve con David. Ambos decidimos faltar al instituto el lunes para alargar nuestra estadía juntos pero para colmo era martes y yo estaba llegando bastante tarde. Me di una baño lo más rápido para poder ponerme unos bakers negros, un top blanco deportivo y una sudadera enorme que llegaba a la cadera. Tomé unos lentes de sol para tapar mis ojeras y salí lo más rápido que pude. Revisé mi reloj en la muñeca y ya eran las 9:15, mi clase de literatura había empezado a las 9:00, iba evidentemente tarde. Corrí por los pasillos como loca hasta que estuve frente al salón de literatura, tomé una fuerte bocanada de aire y abrí la puerta llamando la atención de todos los presentes ahí, incluyendo la mirada de David. Cuando sus ojos conectaron con los míos, mis mejillas se tornaron de un ligero rojo carmesí al tener una enorme cantidad de flashbacks sexuales con el profesor parado frente a mí. —¿Ya vio el reloj?— preguntó seco. —Si, disculpe. Me salió una emergencia.— respondí con una mueca —Si claro, usted siempre es la señorita excusas, ¿Ahora que emergencia le surgió?— preguntó burlón. Respira, respira, RESPIRA. Tiene que disimular un poco, tiene que hacerlo, tiene que ser un patán contigo como siempre. Me quedé callada al no saber que responder; ¡Disculpe! Me quedé follando con usted todo el fin de semana. Maldito idiota. Yo guardé silencio sin saber que responder. —¿Acaso está sorda y no escucha que le estoy hablando? Le hice una pregunta.— demandó molesto alzando ligeramente la voz. Toda la clase nos observaba con nerviosismo, como cada día que me regañaba. —Lo estoy escuchando.—dije cortante. —Pues no solo escuche lo que le digo, respóndame. Además, me notifican sus compañeros que faltó el día de ayer, día que por cierto mandé por correo actividades extras ¿Acaso usted no necesita puntos extra?— preguntó viéndome con superioridad. Mi cuerpo estaba acumulándose de enojo; sin duda alguna se estaba comportando como el cabrón más cabrón de todos los tiempos y no podía aguantar más su aire de superioridad, no podía soportar que me hablara asi cuando claramente estuve con el todo el fin. —Disculpe profesor, un idiota me retuvo todo el fin.— sonreí hipócrita sin importar lo que dijera. —Ya está grande como para dejar que su vida sentimental interfiera en sus estudios. En fin, ya perdimos demasiado tiempo en alguien insignificante, no le daremos otro segundo.—me miró con prepotencia de arriba hacía abajo y dirigió su mirada a la clase.—Tome asiento, ya nos hizo perder tiempo. Mis ojos se llenaron de lágrimas rápidamente por todas las emociones acumuladas que tenía, me moría del coraje y el idiota solo se burlaba de mí en mi cara. Me sentía humillada, llena de vergüenza parada frente a todos mis compañeros mientras yo lloraba por las palabras del profesor. "Perdimos el tiempo con alguien insignificante" —Prefiero reprobar la materia antes de pasar un maldito segundo más viendo su puta cara.— grité enojada. Un ruido de sorpresa salió de la boca de mis compañeros al escuchar mis fuertes palabras. Vomito verbal. No me interesaban las consecuencias de mis palabras, el odio que estaba sintiendo era genuino. El con una sonrisa cínica me volteó a ver de una manera que me causó escalofríos por todo el cuerpo. —Por favor, repite lo que acabas de decir, preciosa. —Creo que escuchó perfectamente lo que dije. Estoy bastante cansada de que me trate como tonta cuándo claramente no lo soy.—me acerqué decidida hacía el para tenerlo cara a cara. —¿Estás segura?—dijo viéndome hacía abajo por la diferencia de estatura. ¡Maldito! —Repruebeme, hágame recursar todo el año o incluso haga lo que sea para que no me gradué, pero no vuelvo a pasar un maldito segundo en su presencia.— hablé molesta con las lágrimas rodando por mis mejillas. Mis compañeros estaban atónitos ante la pelea entre David y mía. Me importaba una mierda lo que ellos pensaran, me importaba una mierda lo que David pensara. Se había comportado como un completo idiota. Todavía que estuvimos juntos todo el fin de semana, me pregunta descaradamente ¿Dindi istivi? Aguanté sus humillaciones sin sentido durante todo el año, pero esta definitivamente me había colmado la paciencia. Menudo imbécil. Mis manos y pies estaban temblando como locos, tenía que controlarme si no quería alterarme más y tener un ataque de asma o ansiedad a mitad de la escuela. Me dirigí lo más rápido que pude hacía la cafetería para comprar una botella de agua y poder sentarme para relajarme. Me senté en una solitaria mesa para poder relajarme y no armar un, bueno, otro show como el del salón. No llevaba conmigo mi inhalador ni ningún medicamento por lo que tendría que relajarme pronto pero simplemente no podía. La adrenalina aún recorría mi cuerpo alterandome completamente. —¿Estás bien? Una voz masculina a mis espaldas me hizo saltar de la sorpresa. —E... estoy bien.—respondí en voz baja. Un hombre joven se sentó a mi lado y me miró preocupado. —Por supuesto que no, estás llorando y temblando demasiado.— dijo con un tono bastante preocupado. —Enser, enserio estoy bien.— contesté débilmente. —Me llamo Lamarck, soy estudiante de medicina y no te ves nada bien.— dejó su mochila en el piso.—Te miras bastante mal. ¿Que hacía un estudiante de medicina aquí? Sin decir nada más tomó mis manos y comenzó a examinar mi temperatura poniendo su palma en mí frente. —Tus manos están heladas por falta de oxigenación ¿Sufres de alguna condición física, alguna enfermedad? La falta de aire en mis pulmones comenzaba a hacerse presente por lo que solo pude asentir con la cabeza. Mi respiración empezó a fallar y traté de respirar por la boca. —¡Aleja tus manos de ella!—se escuchó una voz a lo lejos. El profesor Blake se acercaba dando grandes zancadas hacía mí y el desconocido llamado Lamarck. —¿Es usted profesor de aquí? —Por supuesto que lo soy, quite sus manos de encima de mi estudiante.— habló desafiante. —Profesor, no puedo. Está sufriendo un ataque de asma por lo visto, esta chica necesita atención médica con urgencia! En ese momento comencé a hiperventilar por la ansiedad que invadía todo mi cuerpo, mi vista estaba nublada por las lágrimas y mis piernas temblaban al punto de no poder controlarlas. Sentí mis brazos ser levantados del piso al igual que todo mi cuerpo. Me levantaron en brazos y comenzó a caminar fuera de la escuela. —¡La llevaré al hospital! Estaba realmente mal, no sabía que pasaba a mi alrededor y no me podía concentrar en eso, solamente en el dolor que había en mi pecho y pulmones. Me depositaron suavemente en el asiento de un carro. —Camil, todo estará bien nena.— La suave voz del profesor retumbó en mis oídos. Hasta que dejé de ser consciente de lo que pasaba a mi alrededor.
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