Miraba mis pies mientras esperaba que el esmalte secará. Aquel color amarillo pollito decoraba cada dedo y no podía evitar moverlos.
Me consideró muy aburrida. Hacía ya una semana que Samuel se había ido y mis días habían consistido en vagar por las mañanas en la enorme casa y jugar un rato por las tardes con los niños. Por alguna razón, Amy solía salir de todas las mañanas y regresaba por las tardes dispuesta a tomar su siesta, hora en la que aprovechaba para practicar el español con los gemelos y después juguetear con lo que se les ocurriera.
En cuanto a Camille, me di cuenta que su trabajo no era tan fácil como el mío. La mayoría de las veces que me la mayoría, solía estar ocupada y nuestras charlas no tardaban más de 5 minutos antes de que alguien la regañara.
Aquella mañana le había depositado en mi hermana dinero para el alimento de mis enanos y el cambio había recibido algunas fotografías de mis mascotas jugando con ella.
Extrañaba todo, mi ciudad, mi hermana, mis animales, mi auto, mi casa, mis amigos e inclusive mis padres charlatanes. Quería regresar, pero sabía que no había mejor lugar para sanar que aquí.
Amy tocó mi puerta y me paré a atender.
-Puerto pequeño. Oh lamento mucho molestarte.- La rubia se miraba preocupada.
-No pasa nada, ¿Qué sucede? .- Amy me preocupa una mirada de preocupación y supe que algo no andaba bien.
-Es .. Es el abuelo de William ha enfermado.- Murmulló.- Necesitamos ir a Londres a visitarlo antes de que ..- Arrepentirse del rostro preocupado de Amy se rasgó al uno de tristeza.- Bueno, tu sabrás.- Dijo limpiando una lágrima.
-Oh, no digas eso.- Dije mientras la abrazaba.- ¿En que puedo ayudarlos?
-¿Sería mucha molestia acompañarnos al viaje? .- Rogó.- Los niños te quieren mucho y nos serías de mucho apoyo.
-Claro que no, empacaré.- Me apresuré a tomar mis ropas más decentes y mis mejores abrigos. Este sería un viaje largo.
El camino consistió en un preocupado William y una Amy consoladora. Por nuestro lado, los gemelos y yo tenemos demasiado callados y algo confundidos, sin comprender mucho del tema.
Unas horas después, aparcados en una casona lo suficiente grande como para ocupar un fraccionamiento. Me baje maravillada ante aquella mansión, era incluso más grande que la que vivía.
Fuimos recibidos por la que supuse era hermana de William, una pelirroja esbelta de hermosas facciones.
-Oh Dios, que bueno que viniste.- Lo abrazó.- Mamá ha estado como loca.
-¿Qué tan grave está? .- Preguntó William con mucha preocupación.
Por su parte la chica respondió con un triste movimiento de cabeza en negación.
William sospechó y me presentó.
-Hailey, es Marina.- La pelirroja me sonrió y tendió la mano.
-Un gusto.- Dijo mientras me soltaba y nos invitaba a pasar.
Al instante pude darme cuenta que la relación de Amy no era del todo amistosa con la chica, puesto que ambas solo se saludaron fríamente mientras Hailey abrazaba y mimaba a los gemelos.
-No soy la persona favorita de la familia.- Susurró Amy.- Creo que ya lo has podido notarizar.
-Lo lomento.- Conteste sincera.
-Descuida, es lo que pasa cuando una plebeya se casa con un aristócrata.- Sonreía, mientras su miraba entristecía.
Decidí no responder nada a tal comentario, puesto que no tenía forma de aconsejarla. En mi país, podríamos dividirnos por clases sociales, pero jamás por sistemas.
Caminamos por los largos pasillos y en esos últimos pinturas de los que supusieron eran ancestros de la familia. Gente posando de manera distinguida y con distintos trajes y peinados correspondientes a cada época. Hasta llegar al último cuadro, el cual poseía a un hombre precioso, muy parecido a Samuel, aquel cuadro reflejaba aquella mirada y porte, con la diferencia que el hombre de la pintura tenía unos mechones rubios cobrizos .. Y por la nostalgia con la que miró William aquel cuadro, supuse era el abuelo de este en sus mejores épocas.
Hailey nos llevo hacia una puerta enorme, la cual William tocó con inseguridad.
- Adelante.- Una voz cansada sonó al otro lado de la puerta.
Como si de un rey se tratara, dos personas de servicio abrieron de par en par la gran puerta y nos indicaron pasar.
Aquel momento habría sido el más incómodo si en esa habitación no se tendría aquel chico que tanto extrañaba.
En automático mis ojos se dirigieron a él, se vieron tomando la mano de aquel anciano que se vio acostado. Samuel estaba tan distraído observando a su abuelo, que no se inmutó en observarnos.
Por otro lado, una mujer madura pero muy guapa, se paró a darnos la bienvenida.
-Oh hijo mío.- Abrazó con mucha fuerza a William.- Si ha venido.- Sólo lo soltó para hacer lo mismo con aquellos hermanos que se quejaban por aquel gran abrazo.- Amy.- Saludó con la misma frialdad que Hailey.
Amy respondió asistiendo con la cabeza y regalándole una sonrisa.
-Madre, ella es Marina.- Anunció William.
Mi mirada seguía en Samuel quien enseguida miró a nuestra dirección.
-Un gusto.- Le tendí la mano.
-El gusto es mío precioso.- Lejos de aceptar mi mano, me tendió uno de esos dolorosos abrazos.- Gracias por cuidar de mis pequeños.- Dijo mientras apretaba las mejillas de los chiquillos.
William no perdió más tiempo y fue directo hacia su abuelo, Amy le siguió los pasos, mientras yo me observaba como la mujer jugueteaba con sus amargados nietos.
- No me esperaba tu visita.- La voz de Samuel me esperaba por sorpresa.
-Quería sorprenderte.- Vacilé.
-Oficialmente te ha vuelto una Austen ¿eh ?.
-Así parece.- Suspire.
Samuel se sintió sin aquel brillo en su mirada que tanto lo distinguía, por el contrario se vio muy apagado y lleno de preocupación.
-¿Samuel, te encontramos bien? .- Tomé su hombro.
-Si, lo lamento.- Pareció darse cuenta e intento disimular con una sonrisa.- Es sólo que odio los lugares tan enervantes.- Jugo sus bolsillos. ¿Me acompañas afuera? .- Aquella petición me había tomado por sorpresa, pero sin pensarlo accedí.
Samuel camino por aquellos largos pasillos llenos de pinturas y me detuve ante la imagen de aquel hombre con parecido a Samuel. El mismo notario mi curiosidad y se detuvo al lado mío analizando aquel cuadro.
-Te pareces mucho a él.- Comenté sin dejar de observar aquella pintura cautivadora.
-De tal palo, tal astilla.- Sonrío con orgullo.
-¿Es tu padre? .- Dije con sorpresa, aún que pensándolo bien, era algo lógico. Demasiado parecido para ser el abuelo.
-Si, el primer primogénito masculino en cada retrato.-Miró las fotos de sus ancestros.- Demasiadas pinturas para una pared.
- ¿Y dónde se encuentra? .- Para ser el primogénito no lo encontré tan preocupado dentro de la sala.- Quiero ver la versión madura de ti.
El rostro de Samuel se convirtió en una mueca dolorosa y me arrepentí al instante.
- No creo que alguna vez llegues a poder verla.- Carraspeó su garganta.- El ya no se encuentra aquí.
-Lo lamento mucho Samuel.- Me preguntaron la peor persona del mundo.- No debí preguntar.
- Descuida.- Aquella respuesta vino acompañada de un suspiro.- Bueno, vamos al patio, que me aburro demasiado acá.- Samuel comenzó a caminar hacia la dirección contraria y yo apresuré a seguir sus largos pasos.