Aquella noche había sido de lo más inusual, aquel joven cada día iba agradándome más y me descubrí a mi misma mirándolo mientras me regresaba.
El parecía tan concentrado en el camino, que ni si quiere se fijó lo mucho que lo analizaba y agradecí por eso.
Se había despedido sin pecado antes de preguntarme qué tal me habían parecido sus tortas, a lo que celebro y restregó después de mi respuesta.
-Nunca falló.- Concluyó antes de dirigirse a su recámara.
Y ahí estaba yo, con su chaqueta puesta. Impregnándome de su delicioso aroma, una mezcla de madera con menta. Aquel olor refrescaba cada partícula de mi ser y por un momento me sentí aturdida. ¿Qué diablos me pasaba?
Me acosté a dormir hecho una bola de sentimientos encontrados y agradecí que ya no lo sé que ver tan seguido. Aquel hombre me estaba sacando de mis escrúpulos y no me iba a permitir eso.
A la mañana siguiente me levanté con los mejores ánimos, había decidido ponerme un vestido que combinaba perfectamente con mis medias oscuras semi transparentes que dejaban a la vista mis tatuajes.
Mire mi pierna y pude observar el rostro de mi viejo amigo, cuánto lo extrañaba. Lo que daría por regresar el tiempo y tener una pequeña bola de pelos de nuevo conmigo.
Aquel día se cambió, algo cambió y lo pudo notar.
-Buenos días.- Salude alegremente mientras entraba a la cocina.
Ahí me encontré con una Amy algo estresada, apurando a dos uniformados para desayunar.
-Hola linda, ¿disfrutaste ayer de tu día? .- Me gustaría intentar distraerse de sus pequeños críos.
-Si, me ha gustado bastante el pueblo.- Sonreí, mientras recordaba lo ocurrido.
-Oh, me alegro tanto! Me gustaría que disculpar, pero tengo dos niños que llevar a la escuela.- Miró su reloj.- Y que posiblemente no lleguen puntual.- Alec sonrió con malicia y supe de inmediato que no le emocionaba la idea de dirigir unas clases.
Los chicos habían disfrutado de un mes de vacaciones y esta resultaron ser su primera semana de clases. Era el comienzo de mi segunda semana en la casa y me esperaba que acoplar a su nuevo horario.
-Suerte.- Resolví el cabello de ambos chicos.
-Heeeey.- Pude escuchar como se quejaba Matthew.
Mientras Amy se enfrentará a los niños en la escuela, decidí ayudarla con algunos platos. Puesto que al ser lunes, los empleados llegan a partir de las 10 y por el momento no había más que una viejecita que atendía la cocina.
- Buen día.- Al escuchar su voz, mis sentidos se activaron por completo.
-Hola.- Responde. Samuel iba más formal de la costumbre. Llevaba un traje que encajaba perfectamente con su cuerpo y un reloj y zapatillas que podría jurar que servirían para comprarme otra casa; sus salvajes rulos fueron controlados por algunas capas de gel y se clasificaron más serio de lo normal bebiendo una taza de café.
Definitivamente ese era la clase de hombre con el cual toda mujer deseaba despertar.
- ¿Tienes un minuto? .- Me recomendaron muy serio.
Mierda, espero no haber hecho algo que haya enojado.
Nerviosamente asentí.
-¿Podrías leer estos documentos y confirmarme si los redacte bien? .- Preguntó inquieto.- Digamos que el español no es mi fuerte.- Dijo apenado.
Una sonrisa se me escapó y agradecí internamente que no fuera algo que podría poner en peligro la poca cercanía que habíamos obtenido.
-Claro.- Sonreí mientras tomaba el documento. Comencé a leer y encontré sorprendida de la buena redacción que había hecho, corregí algunos pequeños errores y le regresé el documento.- Supongo debería sentirme elogiado por ser elegida por Samuel Austen para corregir su documento.- Me burle mientras él lo leía.
-Tampoco te emociones, eres la única hablante nativa español de esta casa y no quiero quedar mal en mi junta.- Confesó.- Los españoles suelen ser cabrones cuando se lo proponen.- Guardo los documentos en una carpeta y suspiró.
- Entonces eso me hace especial.- Sonreí triunfante.
-Pues algo tenía que hacerte relevante.- Lo mal mire y pude observar una pequeña sonrisa intentando nacer de sus labios.
Tal vez Samuel no solía regalar muchas de sus brillantes sonrisas, pero sus hoyuelos delataban siempre al chico.
Samuel se me quedo mirando, me miraba como si temiera decirme algo. Aquellas miradas que te analizaban y te ponían de nervios. Me contuve a lanzar algún comentario por miedo a perder ese momento. Finalmente suspiró y con pesadez dijo:
- Bien, y es tarde.- Miró su reloj.- Supongo nos veremos en un tiempo.- Sonrío.- Si es que logras seguir manteniéndote aquí.- Tarde un momento en sentido aquella alarmagada despedida.
Era lunes y Samuel se iría.
¿A donde? No me era prudente preguntar. Pero estaba segura que no lo vería en un largo tiempo y eso me ponía de cierta manera mal.
-Suerte.- Dije intentando soñar lo menos difícilmente posible.- Sin duda, aquí estaré.- Sonreí.
Samuel tomó sus cosas y las guardó en un pequeño maletín que antes no había notado, dirigiéndose a la salida y llevándose un sospechoso mío con el.
Detuve su camino y regreso a mi lado.
- Me la estaba inmediatamente.- Me entregó la taza donde minutos antes de tomar café.- Adiós.- Y sin previo aviso Samuel besó mi mejilla.
Ni si quiera fue necesario tener un espejo delante mío para saber que el rubor se había apoderado de mi piel. Inconscientemente me toque la mejilla donde anteriormente había depositado aquel cálido beso y me despedí de Samuel.
-Adiós.- Fue lo único que pude susurrar.