IX

1146 Words
El camino con Samuel consiste en escuchar músicas sesenteras y ver a aquel imponente chico manejar su hermoso Mercedes. El auto era igual de hermoso y elegante que su dueño. Me limite a mirar cada uno de los paisajes que atravesábamos y por primera vez me envió en total plenitud y confianza con el chico de al lado. No puedo obtener ninguna satisfacción. Porque lo intento, y lo intento, y lo intento, y lo intento ... Tarareaba la canción. -¿Te gustan eh? .- Samuel me miró. -De lo más decente en tu playlist, no me quejo.- Me encogí de hombros. Samuel consideró ofendido con mi respuesta y con un aire divertido atacó. -¿Qué esperabas? ¿Britney Spears? .- - Tampoco exageres.- Me reí. - ¿Una sola dirección? ¿Justin Bieber? .- Insistió. - Digamos que escuchó de todo un poco.- Me soplé las manos. -Te veías más entusiasmada en tu habitación.- Se burló.- Cuéntame qué clase de música es esa.- -¿QUÉ? ¿AQUÍ NO CONOCEN EL REGUETÓN? .- Y no es que yo fuera de muy fanática, pero era lo único rescatable a la hora de bailar. -Estamos un poco atrasados .. ¿Qué te digo? Tercer mundo.- Dijo sarcástico. - Genial, puedo ir despreciando las salidas a los clubes.- Suspiré. - Hola, tienen buena música, no vengo siendo el mayor fanático, pero nada mal para bailarla.- Sonrió. - No creo que exista un mejor ambiente que el que da J Balvin.- Dije melancólica. Diablos, iba a extrañar mi vida nocturna.- Además, el reguetón es el único género que me gusta bailar. - ¿J qué? .- La mueca de confusión se apoderó de su rostro y no pude evitar reírme. - J Balvin, de él era la canción que bailaba mientras me espiabas. - Espiarte era lo último que hizo.- Se defendió. - Como mar, tienes que escuchar sus canciones, te gustarán.- Prometí. - Lo dudo.- Dijo despreocupado mientras aparcaba el auto en un puestecillo. Al bajarnos pude notar el asombro de parte del que parecía el dueño del lugar. - Vaya vaya, mira a quien tenemos aquí.- Dijo alegremente.- Nada más y nada menos que el pequeño Harold Samuel Austen Spencer.- Aquel barrigón con acento americano se vio a abrazarlo. -Tomas- Saludó Samuel.- No sabes como me muero por una de tus especiales.- Le devolvió el abrazo. - ¿Y quién es esta exótica hermosa chica? Preguntó dirigiéndose a mi. Me ruboricé de inmediato y antes de poder presentarme Samuel se presentó. - Una amiga de la familia, sirve lo mismo para ella.- Sonreí al comentario tan insignificante de Samuel, el hecho de que me presente como una amistad, me dio la impresión que no le desagradaba tanto mi compañía. - Así que amigo mío.- Me burle.- ¿Debería confiar en tus gustos? .- Lo observar desafiante. - Si mis gustos musicales no te decepcionaron, los culinarios te dejarán boquiabierta.- Sonrió, dejándome ver sus preciosos hoyuelos. -Con algo tenías que impresionar.- Molesté; pero mi comentario no ha tenido problemas más que gracia. - ¿Así que no impresionó a Marina? .- Se acercó a mi rostro. Palidecí, tenerlo a tan pocos centímetros de mi, me hizo querer desvanecer, inclusive aún a tan proximidad se exactamente perfecto. Maldije a mis adentros, piel de porcelana, ojos grisáceos con tonalidades verdosas brillantes, cejas pobladas, mandíbula y pómulos marcados, su rostro era tan simétrico que parecía irreal. Tragué saliva. Una carcajada brotó de los labios del muchacho y lo odie por un instante. Había decidido mantenerme lo más callada posible después de aquella humillación, mi disponibilidad de jugar con las servilletas y crear figurillas con ellas. -Eres muy mala con la papiroflexia.- Dijo con un tono divertido. Lo fulminé con la mirada y termine lo que según yo era un pajarito. A los segundos, Tomás se encuentra bandejaéndonos dos mounstros que nombran como hamburguesas. - Dijiste que comeríamos hamburguesas, no montañas.- Dije mientras miraba incrédula el tamaño de las bestias. - Ven.- Ladró antes de meterle el primer mordisco a la suya. Reí a lo bajo, ver a Samuel intentando medir toda esa hamburguesa a la boca, me pareció de cierta forma interesante. Vestido con las mejores ropas y comiendo en los puestos más corrientes. Comencé a comer junto con él y comprendí porque aquel lugar lo volvía tan loco, en mis 21 años de vida había probado una hamburguesa tan rica como aquella, me tomé mi bebida y de repente como si fuera un efecto fuera, el frío se apoderó aún más de mi cuerpo. Maldije por haberme tomado de golpe aquella bebida fresca. Mis manos y boca comenzaban a temblar y Samuel no tardo mucho en darse cuenta. - ¿Qué tan necia puedes lograr ser? .- Aquella pregunta resultó haber sido más para el que para mi. De todos los modos no me había molestado en contestar, intente llevar a cabo todas mis energías a darme calor en mis frías manos.- Bien, odio admitir esto, pero tu plan ha funcionado.- Se quejó. Tarde un poco en entender lo que sucedió, cuando Samuel se paró de su lugar y se movió hacia mi, sentí sus brazos rodeados y por un momento juré que me había envuelto en llamas, unos segundos antes de sentir como me congelaba y justo ahora, Este lugar es el lugar más cálido del mundo. Samuel se alejó de mi, dejándome al rededor su chaqueta. Y ahí estoy entendí, el no buscaba abrazarme, yo había colocado su saco. Samuel había estado en lo que parecía una playera de manga larga que daba la impresión de ser un suéter. Le agradezco mientras me frotaba las manos y con cuidado le doy la menor importancia. -¿Terminarás tu hamburguesa o me la tendré que terminar? .- Sin haberme dado cuenta, aquel chico ya había terminado con su comida y ahora busca terminar con la mía. - Ya he tenido suficiente, diez.- Como pude agarrar el platillo y pude sentir como el queso chorreó en mi brazo. - Dime que no acabas de manchar con queso mi chaqueta Armani.- Suspiró. Por mi parte me limité a tallarla con una servitoalla.- ¿Sabes que solo se diseñó 10 de esas en el mundo, verdad? .- Gruñó.- Y acabas de manchar una de esas con queso barato.- Me miró serio. -Lo lavaré, lo prometo.- La vergüenza me invadió. Minutos antes había sido tan gentil y yo arruinándole una prenda casi única. - Déjalo ser, solo recuérdame traer mis peores prendas a la siguiente.-Indicó con su mano mientras acariciaba su cien.- Giorgio te detestaría por eso .. Ahora dame eso antes de que vuelvas a mancharme la chaqueta.- Señaló mi hamburguesa. Y así finalizó mi noche, con un Samuel mal humorado devorando mi hamburguesa y yo tratando de enmendar mi desastre. De aquella noche había aprendido varias cosas, a Samuel le encantaba el rock antiguo, tenía un nombre bastante largo y podría llegar al medio pueblo y seguir conservando la figura tremenda. En definitiva, Samuel Austen fue bendecido.
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