III

1479 Words
Terminé de desempacar y acomodar mis cosas y observar específicamente el cuarto, sabía que tardaría en acostumbrarme a este lugar. -MARINAAA.- La voz de Amy sonó desde la planta baja.- ¿Podrías bajar por favor? -VOY.- Avisé. Me miré al espejo, traía un vestido rosa medio corto con encaje en los extremos, yo tenía demasiado informal para trabajar, pero había olvidado por completo pediría mi código de vestimenta. Baje las grandes escaleras y me encontré con Amy dándome la espalda, vestida con un gran vestido amarillo. -¿Me necesitabas Amy? .- Pregunté. -Oh Marina, ahí estás, te quiero presentar a mi esposo.- Amy me presentó de la mano. - Will, ella es Marina, la au pair. - Un hombre alto con traje y de cabello muy peinado se afectados a mi. -Un placer Marina, ya te esperamos esperando.- Me sonrió. El señor Austen era justo como yo lo imaginaba, un hombre atractivo adinerado, que vestía de una manera muy elegante. Aquel hombre tenía un cabello tan oscuro, que era irreal lo mucho que combinaba con su piel blanca. Y unos ojos azul turquesa que resaltaban en su rostro. -El gusto es mío señor.- Le tendí la mano. -Nada de modestias Marina, aquí serás una más de la casa.- Respondió.- No me gustaría que sientas que me debes alguna clase de respeto. Llámame Will.- Algo en mi me podría haber llegado a hacerlo. Amy aparentemente de lo más contenta con aquella escena, desprendía una clase de emoción en su mirada que de cierta forma me enternecía. -¿Tienen hambre? Para ya poder ir pidiendo que se sirva la cena.- Dijo con emoción. -No querida, tenemos que esperar a Sam, hemos venido el día de hoy y no anda para nada de buenas.- Dijo Will. No sabía exactamente quién era Sam, pero me bastaba ver la reacción de Amy para saber qué no era alguien emocionante. El rostro de Amy tomó un gesto de preocupación y se limitó a llamar a las niñeras y pedir que arreglaran bien a los niños. -Amy, ¿Puedo ayudar en algo? .- Le pregunté. -No, no, tranquila, déjame esto a mi.- Dijo mientras hacía un ademán con la mano. Me regalarán una sonrisa y me invitarán a darle un tour a la casa, explicándome antes de subir en donde estaba cada lugar y espacio de la casa. Comencé a caminar por mi cuenta en la enorme mansión, decidí ir en busca de la caballeriza que me había dicho, para ser sincera eso me emocionaba demasiado, desde niña había sido mi sueño tener caballos en casa y estaba decidida a ir a conocerlos antes de que acabara el día. Llegue en lo que vieron la entrada de los juegos, pero en una versión más moderna y mejorada, en aquellos juegos que no eran los típicos que verían en películas y series de granjas. Aquellos poseían una especie de candelabros con focos tenues en tonalidades amarillas y cada caseta estaba decorada por fuera de una clase de piedra y madera cara con rejillas altas, como si se trataran de la entrada de una pequeña casa. Dentro de cada caseta se encuentran hermosos caballos de diferentes colores y tamaños. Me imaginaba en ellos cabalgando y trotando por los campos de aquel lugar. Indagaba en cada una de las 16 casetas y en cada una de las mismas iniciales iniciales. SA, se leía. -¿SA? .- Me pregunté. -Samuel Austen.- Habló una voz ronca y profunda al final de aquel enorme y largo pasillo. Aquella voz me había agarrado por sorpresa, haciéndome brincar de un susto. -Dios, me ha asustado.- Reclamé mientras tocaba mi pecho. -No ha sido mi intención.- Y de arrepentimiento en mi campo de vista un joven alto y hermoso, vestido con una playera blanca de manga larga y unos pantalones negros. Aquel joven poseía tal belleza que fácil podría haber pasado como actor para interpretar a algún tipo de Dios griego, tenía unos profundos ojos grises verdosos acompañados de unas largas pestañas y unos pómulos y quijada bien marcadas; al rededor de su angelical y pálido rostro caen ondas castañas que parecían recién despeinadas. -Soy Marina.- Le tendí la mano. -Lo supuse.- Me detectaron.- Los he oído hablar de tu llegada, como si de la reina se tratara.- se quejó. Aquel chico me había dejado con la mano tendida mientras estaba disponible para observarme con cara de pocos amigos. -Es muy bonito.- Observar a aquel hermoso caballo. - No podría no serlo, un Akhal- Teke, el mejor de su clase.- Dijo orgulloso. - Es lindo, pero prefiero los Gypsy Vanner.- Dije con sinceridad. -¿No sabes si tienen alguno aquí? .- Pregunté. El rostro de aquel chico se había tornado de lo más serio y con una mueca de fastidio me respondió de la manera más fría. -No.- Volteándome la cara. Decidí ignorarlo y seguir caminando en busca de aquel caballo, supuse que aquel chico era el encargado de la caballeriza, puesto que se dedicó a servir el alimento a cada uno de los potros, mientras yo me limita a observar y acariciar a cualquiera que pueda. Me di cuenta que uno de los establecimientos se vació vacío, con la rejilla adornada de un listón n***o. - Era de una yegua, la primera que había en esta casa. Una Frisón, única y preciosa. Falleció por la edad.- Habló. -¿Cómo se llamaba? .- Pregunté entristecida. -Shyra.- Respondió.- En fin, me tengo que ir, por favor apaga las luces antes de salir. - Si claro. De todos modos no tardaré más, tengo que ir a ver si necesitamos algo nuestros jefes.- Respondí apurada. El joven me inició de una manera muy extraña y comenzó a caminar dirigiéndose a la salida. -¡Oye! Se me olvidó preguntarte el nombre.- Grité. -No le des importancia.- Respondió siguiendo su camino y sin voltear a verme. Me dispuse a despedirme de cada animal y tarde un rato descubriendo en dónde se apagaban las luces, sabía que mis tiempos libres se iban a invertir en este lugar. De regreso a la casa, me perdí entre algunos caminos, cuando llegue, entre directo a la cocina y encontré con Amy cambiada con un hermoso vestido rojo elegante, más arregladas de lo habitual y dándole órdenes a los empleados de cómo y cuándo servir cada platillo De repente me sentí un poco insegura por mi vestimenta casual y mi poco maquillaje en el rostro. Amy me volteó a ver y regaló una de sus agradables sonrisas. - Marina, ahí estás! Te había estado buscando.- Dijo aliviada.- ¿Will no te dijo que te cambiarás? .- Me ruboricé, ahora si me cambió de lo más informal. - No, no creí que fuera algo elegante.- Me disculpe. -Oh descuida! Igual te ves muy hermosa.- Me sonrió.- Pero tendremos que arreglar un poquito más, hoy es uno de esos días en el mes en el que la familia se tiene que comportar de lo más formal; llega el primo de Will, el que es dueño de la casa y todos nos volvemos locos aquí.- Explicó.- Espero no te moleste tanta formalidad. -Descuida, ahorita subo a cambiarme.- La tranquilice. -No, no, no hay tiempo! - Exclamó.- ¡BERTHA! .- Llamó. -Si señora.- Una viejecita entro a la cocina. -Bertha, querida, ¿podrías traerle a Marina uno de los vestidos que le compramos porfa? Y dile a la maquillista que la venga a arreglar rápidoidito.- Pidió. - Claro señora, enseguida.- Aquella mujer respondió de lo más cordial. -Muchas gracias.- Le agradeció a Amy. Cinco minutos después aquella mujer había llegado con una más joven que se dispuso a retocarme el rostro con unos pocos polvos, mientras que Bertha me trajo un vestido palo de rosa que era lo suficiente formal como para una cena de la alta sociedad. -¿Lista? .- Me pidió Amy, ya están todos esperando en la mesa.- Comentó nerviosa. -Si, ya estoy.- Dije orgullosa de mi transformación. -¡Tiene capacidad divina! Yo sabía que ese color te iba a ir de lujo.- Dijo mientras me observaba. - Muchas gracias. Todos aquí han sido de lo más amables.- - No hay de que, por cierto ¿como te va con los demás empleados? ¿Te han tratado todos bien? .- Amy comenzó a dirigirse al comedor y seguir el paso. -Si, todos han sido muy amables.- Respondí.- Solo que el encargado de la caballeriza es un poco raro.- -¿En serio? Todos aman al viejo Jones.- dijo incrédula. -¿Viejo? .- Mi pregunta se cortó cuando Amy abrió la puerta del comedor. La mesa larga y lujosa se encuentra llena de platillos, cada uno acomodado de una manera elegante. En la mesa se encuentran los dos niños con sus trajes azul marino que han jugado juego con su corbata roja, el señor Will con un traje igual de elegante que el de hace unas horas, solo que con un peinado ya no tan formal. Y al final de la mesa, estaba aquel hermoso chico que un rato antes me había encontrado en los establos.
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