99% COMPATIBLES

2319 Words
El correo llegó un martes por la mañana, justo cuando Elías estaba a punto de cerrar la laptop al terminar de trabajar. Lo reconoció al instante: el mismo asunto genérico, la misma estructura pulcra, el mismo lenguaje demasiado optimista para alguien que había pasado semanas acumulando silencios incómodos frente a desconocidas. “Tenemos una nueva coincidencia para ti”. Elías suspiró. Durante un segundo pensó en enviárselo a Maya y programar una nueva cita, pero se arrepintió y simplemente lo ignoró, incluso contra esa pequeña esperanza que se negaba a morir en él. Llevaba días sin citas y se empezaba a sentir más a gusto consigo mismo. Tal vez, una parte de él comenzaba a creer que las apps y el porcentaje de compatibilidad no siempre eran efectivos. Quiso llamar a Maya, contarle lo que pensaba, pero entonces, antes de que pudiera marcar, entró su llamada. —Hola, Maya… no vas a creer lo que acabo de hacer… —dijo con cierta emoción en sus palabras, pero ella ni siquiera lo notó. —Quizás me cuentas luego. Es que quería avisarte que hoy tienes una cita a las 5:00 pm. —¿Qué? No sabía. No recuerdo haber programado una. —Yo la programé. —No me avisaste. —Lo estoy haciendo ahora, Elías. —Pues debiste hacerlo antes. —¿Por qué? Me pagas por esto. Deberías estar feliz; después de días de descanso, finalmente es hora de seguir en la búsqueda de una pareja —dijo muy tajantemente y cortó. Elías se descolocó por completo. No entendía qué le pasaba. Por unos segundos pensó en no ir, pero era demasiado formal como para dejar plantado a alguien. … —Perfil compatible. Intereses compartidos. Su nombre es Lizzy Moore —seguía explicando Maya, mientras le indicaba a Elías quién era la mujer, aunque él no parecía muy atento—. Arquitecta paisajista. Amante de los espacios abiertos, los paseos largos y el café fuerte. Elías frunció el ceño. —No parece ser muy compatible conmigo —refutó. —No deberías descartarla sin antes hablar con ella. Elías denotó inconformidad. —¿Qué te pasa hoy? ¿Acaso ya no quieres tener más citas a ciegas y encontrar a alguien? —No es eso… —dijo, aunque las palabras de Maya resonaban una y otra vez en su cabeza. Respiró hondo y se acercó a la mesa 8, y se sentó a esperar. Mientras Maya retomaba sus labores sin poder quitarle la mirada de encima. Por alguna razón, estaba nerviosa. Quizás era por la mujer que se reuniría con Elías. No se lo dijo, pero no fue ella quien le buscó a esa chica; más bien fue la misma Lizzy quien la abordó de forma abrupta en el café, pidiéndole tener una cita con Elías. *** (Temprano en la mañana) —¿Tú eres Maya? —preguntó sin rodeos la mujer de cabello castaño claro, largo hasta la mitad de la espalda. No perfectamente peinado, sino natural, como si no necesitara ser impecable para sentirse cómoda. Llevaba jeans claros, una camisa blanca arremangada y tenis. Nada ostentoso. Nada exagerado. Pero tenía esa seguridad tranquila que no necesitaba anunciarse. Maya levantó la vista, sorprendida. —Depende. ¿Me vas a cobrar algo o vienes por tu capuchino matutino? Lizzy sonrió apenas. —No. Vengo por algo más complicado. Eso hizo que Maya arqueara una ceja. —¿Un café doble entonces? Quizás hoy quieres variar. —Tampoco —dijo e hizo una pausa un poco incómoda—. Vengo por Elías —finalmente dijo. El nombre cayó sobre la barra como una moneda demasiado pesada. Maya mantuvo el gesto neutro. —¿Elías? —Sí, así se llama el hombre cliente que se sienta en la mesa 8, ¿cierto? —¿Y qué pasa con él? —Sé que tú organizas sus citas —dijo sin ningún tipo de tapujo, y un silencio incómodo se produjo al instante. Maya tomó un vaso que estaba sobre la barra y, con una toalla que tenía sobre los hombros, comenzó a limpiarlo. —No sé de qué me hablas —mintió. Pero Lizzy parecía muy segura. —Lo he visto venir aquí varias veces —continuó—. Siempre con alguien distinto, pero nunca solo. —¿Y eso qué tiene que ver conmigo? —Los he visto hablar a diario. —Eso no significa nada. —Lo es. Cuando te escuché hablarle hace varios días sobre su próxima cita y lo que debía hacer. Eso significa que está muy interesado en encontrar a alguien y yo quiero conocerlo. Maya dejó la taza que estaba secando. —Primero deberías aprender a no escuchar conversaciones ajenas, y segundo, si quieres encontrar a alguien en una cita a ciegas, hay una aplicación para eso. —Ya lo sé —respondió Lizzy—, pero técnicamente esto no sería una cita a ciegas para mí. Yo realmente estoy interesada en él. La afirmación de Lizzy la descolocó. —Sin embargo, te equivocas. Yo solo hablo con él porque la mayoría de las veces soy quien lo atiende. Como te das cuenta, ese es mi trabajo. Y no sé bien qué escuchaste o creíste escuchar, pero no es así. Maya se apartó de la barra y comenzó a limpiar algunas mesas en el centro de la cafetería. Lizzy la miró con una mezcla de enojo e intriga, pero no se dio por vencida. Estaba tras de ella como una hormiga arriera. —Claro que lo conoces. Nadie practica cómo hablar con alguien si no confía en quien lo escucha. Maya sintió el golpe en el pecho. —No practicamos nada —mintió otra vez. Lizzy sonrió de lado. —Lo he visto. Se inclina hacia ti cuando habla. Se relaja. No es el mismo que con las otras. Eso no lo haría con alguien que solo es su mesera. Maya no respondió. —Solo quiero una oportunidad —dijo Lizzy con honestidad—. Una sola cita. Si no hay química, desaparezco. Pero si la hay… Maya dejó lo que estaba haciendo y le sostuvo la mirada. —¿Y por qué tanta insistencia? Lizzy respiró hondo. —Ya te dije. Quiero conocerlo. Maya frunció el ceño. —¿Acaso te gusta? —preguntó intrigada. —Sí, y mucho… ¿por qué crees que empecé a venir a diario? —No te puede gustar alguien que no conoces. —Le dicen amor a primera vista. Aunque en mi caso sería a la tercera, o quinta, u octava. —Ok… ya entendí —la calló Maya. —¿Me ayudarás entonces? —Quisiera, pero Elías tiene la semana ocupada con citas. No sé cuándo… Ni siquiera había terminado de hablar cuando fue interrumpida por Lizzy. —Ok, entiendo… —¿De verdad? —Sí… es obvio que vas a seguir dándome excusas porque no quieres que tenga una cita con él. ¡Te gusta! Es eso… —¿Qué? No… claro que no… —dijo rápido, completamente fuera de sí—. No digas tonterías. De pronto comenzó a sudar. —Entonces ayúdame. El silencio se alargó. El ruido de la máquina de café llenó el espacio. Maya no sabía qué la molestaba más: que Lizzy tuviera razón… o que estuviera dispuesta a probar que no la tenía. —Está bien —dijo al fin, casi desafiante—. Una cita. Lizzy sonrió. No victoriosa. Agradecida. —Gracias —dijo emocionada. —No me agradezcas todavía —respondió Maya con una incomodidad que intentaba no reflejar. *** Elías se sentó en la mesa ocho intentando ordenar sus pensamientos, pero lo único que lograba ordenar era el azucarero frente a él. Lo alineó con la servilleta. Luego lo desalineó. Luego lo volvió a poner recto. Maya fingía limpiar la barra mientras lo observaba de reojo y, por alguna razón, sentía una presión incómoda en el estómago. Lizzy apareció puntual. Esta vez llevaba un vestido azul marino sencillo, suelto, que se movía con el aire al entrar. No era un vestido llamativo, pero le quedaba bien. Natural. Sin exageración. Elías se levantó. —Lizzy. —Elías. Se estrecharon la mano al principio, pero ella soltó una risa leve. —Eso fue muy formal. —Lo siento —respondió él—. Es un defecto profesional. —Entonces prometo no demandarte si la cita no sale bien. Bromeó, pero eso no rompió el hielo, aunque Elías forzó una sonrisa. Maya lo notó al instante y, de alguna manera, al sentir que él no estaba cómodo, la relajó. Se sentaron. La conversación al principio no se dio con fluidez. Torpemente, Lizzy intentaba preguntar por sus intereses, pero Elías respondía de forma vaga, hasta que comenzaron a ordenar. El mismo capuchino con un trozo de torta de queso que preferiblemente fuera del centro y no de los bordes. —Es raro. La gente siempre decía que era raro por ser tan específico con mi comida —admitió él. —No es raro. Solo eres tú. No deberías dejar que las personas te juzguen y, si lo hacen, llámame. Somos dos raros —dijo Lizzy. Entonces, esta vez la sonrisa que generó en Elías sí fue genuina, y Maya también lo notó. Hablaron de arquitectura. De espacios. De cómo la ciudad estaba mal pensada para la gente que caminaba. Lizzy hablaba con pasión tranquila. Elías escuchaba de verdad. No miraba el reloj. No forzaba bromas. No revisaba mentalmente los consejos. Por el contrario, se veía fresco y cómodo. Algo que jamás había pasado con sus anteriores citas. Ver eso generaba una sensación de vacío en el estómago de Maya que no entendía. Lizzy inclinó la cabeza mientras escuchaba a Elías hablar sobre su empresa. No parecía molestarle o aburrirle nada de lo que él hablara. —Debe ser agotador tener tanta responsabilidad. —Lo es —admitió él—. A veces siento que todos esperan que ya tenga todo resuelto. —¿Y lo tienes? Él la miró, sorprendido. —Lo intento. —Bien —respondió ella—. Me gustan los hombres constantes y organizados. Maya dejó caer una cuchara. El sonido metálico resonó más de lo que debía. Elías levantó la vista un segundo y miró hacia ella, al igual que Lizzy, pero ella simplemente recogió la cuchara con rapidez y corrió a atender otra mesa. La cita duró más de una hora. Cuando Lizzy se levantó, fue ella quien habló primero. —Me gustaría verte otra vez. Elías no dudó. —A mí también. —Ok. Apunta mi número. Elías obediente lo hizo y ella, con una sonrisa coqueta, se despidió. —Espero tu llamada. Maya sostuvo la bandeja con fuerza. No necesitó escuchar para saber que ambos querían volverse a ver. Cosa que debía alegrarle, pero en cambio le dolía, y supo entonces que ayudar a Elías se estaba convirtiendo en un problema real para su vida. —Y bien, ¿qué tal te fue? —preguntó ella acercándose de inmediato a él apenas se fue Lizzy. Elías la miró de frente, con una sonrisa que no intentó ocultar. —Bien. —Ese “bien” no es el de siempre —dijo ella con cautela y cierto tonito de molestia. —No —admitió él—. Fue… fácil. Con ella no tuve que actuar. Parece que le gusté tal como soy en verdad, o no sé si es mi imaginación, pero quisiera descubrir si es verdad. Maya asintió despacio, pero por dentro algo se le contrajo apenas. —Ah… ya veo… entonces… ¿se volverán a ver? —Sí. Quedamos en que la llamaría. —Ah… —Parece que, después de todo, cumplirás la meta de conseguirme pareja para año nuevo. Antes, si todo marcha bien. —Eh… sí… waooo. Me alegra por ti… —dijo, y una cliente comenzó a llamarla. —¡Señorita! —¡Ya voy! —dijo con una sonrisa incómoda—. Sin embargo, ¿me permites que te dé un consejo, Elías? —Obvio, eres mi coach del amor después de todo —dijo él intentando bromear. Cosa que aún le dolía más a Maya, pues ni ella había podido lograr cambios tan notables en el tiempo que llevaba trabajando con él como Lizzy en un día. —No deberías ilusionarte con esa chica. Conoce otras. Entre más peces que atrapar, hay más seguridad. —¿Pero qué dices, Maya? —¡Señorita! ¿Por qué tardé tanto? —la vuelve a llamar la cliente. —Un momento, por favor —le dice ella, mientras se gira nuevamente a Elías —Digo que no quiero que pongas todas tus esperanzas en esa chica. —Ja. Y si no lo hago en ella, entonces ¿en quién? Tú misma has visto lo difícil que ha sido para mí encontrar a alguien y en serio estoy seguro de que todo va a salir bien con ella. Esto último lo dice mientras escribe en su teléfono de forma muy rápida. —Pues si tú lo dices. —Créeme y te lo voy a comprobar. Siguió concentrado en su teléfono y la cliente sigue llamando a Maya tan alto que por unos instantes pensó en decirle a Elías que la esperara, pero él levantó su teléfono y le mostró unas gráficas. —¿Ves? Somos 99 % compatibles. —¿Qué? —La observé. Cada gesto, cada palabra, su comportamiento. Y simplemente ingresé esa información que recolecté a esta base de datos y arrojó resultados casi perfectos. —Ajá… Maya no pudo decir otra cosa, y la cliente esta vez la llamó muy enojada, amenazando con irse de la cafetería, y Elías simplemente se levantó. —Creo que deberías ir. Nos vemos luego. —99 % —dijo entre dientes mientras lo veía irse y caminaba en dirección a la cliente que, al verla distraída, se frustró y también se marchó del lugar.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD