Pov: Jazmín...
Miro el sitio web y sigo bajando, sé que lo encontraré, solo debo perseverar. Debe estar tan preocupado por mí, pero tengo un plan, solo debo encontrarlo, solo debo hallar la forma de comunicárselo y sin dudas; sé que él encontrará la manera de encontrarnos y así poder vivir nuestro amor.
Muevo mi dedo deslizando la pantalla de mi teléfono, resignada, Bastian Mareau, no creí que me tomara tanto tiempo encontrarlo, soy tan bruta con las rĕdĕs søciąles que en 7 meses no he tenido progreso y eso es frustrante pero yo...
Jadeo cuando abro un perfil y veo su foto, es él, es mi Bastian, lo encontré. Suspiro nerviosa porque debo pensar bien qué hacer porque si está al pendiente de él podría dañarlo o peor aún; que el mensaje jamás llegue a él y eso no puedo permitírmelo. Debo ser lista y hacer las cosas muy bien, solo tengo una oportunidad y debe ser perfecto.
Mi corazón golpea mi pecho como un loco, siento miedo, ansiedad y anhelo, porque mi único objetivo es y será poder ser libre junto a mi amor y así dejar todo el pasado atrás. Sé que puedo hacerlo.
El nerviosismo quiere ganarme, pero no lo permito, dejo el teléfono sobre la cama que cuando bajo rechina, me arrodillo en el suelo para sacar de debajo de ella una caja de cartón y la abro con prisa, miro mi pasaporte "Jazmín Fuentes" reviso la fecha de mi boleto de avión con destino a Francia.
Vuelto a tomar mi teléfono y redacto el mensaje que quiero enviarle con las indicaciones necesarias.
Bastian, estoy bien, he conseguido librarme de mis asuntos. Sigo pensando que haría lo que fuera por nuestro amor y estoy lista para que huyamos, como tú lo dijiste antes; es la única opción y ahora que he eliminado el obstáculo fundamental que nos impedía hacerlo, podremos ser felices. Sé que no sería conveniente que hablemos, por eso este será el único mensaje que te enviaré, sé que solo tú lo entenderás, te veo el 15 de Julio en nuestro lugar soñado, cuando caiga el sol, lista para que empecemos una nueva vida juntos. No me contestes, sé que estarás ahí, borra el mensaje y solo ten presente, te amo por siempre. Atte: J.
Lo releo y lo envío cerrando los ojos. Listo.
Ahora tengo poco más de tres meses, para juntar dinero y planificar todo. Suspiro con la caja de cartón en mi regazo, cuento los billetes en ella y me queda muy poco, apenas que me alcanza para una semana más de renta. Debí ponerme a trabajar antes, es solo que, tenía que mantenerme oculta.
Pero es momento de salir y prepararme para irme de aquí, Argentina me ha dado un poco de calma, aunque no recuerdo haber salido de estas cuatro paredes muchas veces.
El sonido de la puerta me sobresalta haciéndome jadear, cierro los ojos, porque no es nada, de seguro es Paula, quien vive en la habitación de al lado y recauda la renta del lugar. Me levanto de la cama y me acerco para abrir, vivo en una habitación donde tengo una cama, un pequeño closet y una pequeña mesada donde hay una hornalla que me sirve para calentar la comida, además de un baño tan pequeño que apenas puedes ducharte, es en las peores condiciones que he vivido alguna vez. Pero ya he gastado mucho de mi dinero, en el camino aquí, no me quedó más que para subsistir estos 7 meses.
— ¿Quién es? —pregunto antes de abrir, una costumbre que me ha quedado.
— Paula... —ella es la única persona con la que tengo un poco de contacto.
Abro la puerta y sonrío con amabilidad, si bien ella es muy sociable y yo todo lo contrario, me agrada, me da confianza, al menos a la vista parece inofensiva.
— Hola, Paula ¿Vienes por la renta? —voy a voltearme para ir a buscar el último dinero que me queda.
— Sí, pero... ¿Tienes un rato para hablar? Es que necesito una amiga, mi vida es una locura —con total confianza entra a mi habitación, no es que no lo haya hecho ya antes, al parecer soy buena escuchando y dando consejos y ella siempre termina contándome de su vida.
No me molesta, a veces no socializar me hace sentir que me volveré loca y ella hace que mi solitaria vida no sea tan desolada.
— Mi madre quiere que estudie finanzas, dice que no puedo andar de hippie viviendo en un lugar tan deplorable, viviendo a costa de la renta, es un fastidio, realmente ella es una mujer tan molesta.
— Los padres son así, quieren... ¿Cuidarnos? —cierro la puerta y me siento a su lado en mi cama que rechina.
— Esta cama es un desastre, lamento no poder ofrecerte una mejor habitación, a veces siento que ella tiene razón, que debería encarrilar mi vida, pero la verdad me gusta esto, solo ser yo, libre, sin estar rodeada de esa gente llena de dinero como toda mi vida —suspira—, quizás te parece una estupidez lo que planteo —niego porque puedo entenderla, ella solo quiere vivir sin la presión de ser de una clase social superior.
— Tú aquí ayudas a muchas personas que buscan dónde vivir y no pueden darse el lujo de pagar una vivienda completa, piénsalo de ese modo —sonríe.
— Eres rara, porque apenas que sé cosas de ti, pero siempre que hablamos sabes qué decir para que me sienta mejor —me encojo de hombros porque yo solo soy honesta.
— No he hecho nada.
— Sí, lo has hecho, eres muy agradable, Jaz —miro mis manos—, aunque un poco extraña porque no trabajas y aún no sé cómo haces para pagar la renta.
— Trabajaba online... solo que ahora debo buscar trabajo, si tu conoces algún lugar...
— ¿Qué sabes hacer? —pienso algo que no me delate.
No es como que diga, hablo francés, Italiano, alemán, inglés y español muy bien, sin sonar extraña. Aunque supongo mi acento se notará un poco.
— No mucho, quizás de camarera me iría bien —algo que no sea demasiado llamativo, eso necesito.
— ¿Tienes algo para anotar? —asiento y me levanto para buscar un bolígrafo y un papel.
— Aquí tienes.
— Este lugar es divino, además; los que atienden son un lujo a la vista, vi que buscaban camarera, por un momento pensé que sería divertido postularme solo para luego ligarme a alguien de allí, pero la verdad pienso a ti te puede servir —me extiende el papel y lo tomo.
— Mi dulce Miel...
— Así se llama la cafetería, ese lugar es increíble, el café más delicioso y los pasteles son también una delicia. Al lado hay un restaurante que si no me equivoco; es de los mismos dueños, se llama BELicia.
— Debería ir y postularme quizás lo consiga —asiente y miro la dirección anotada debajo del nombre de la cafetería.
— Yo creo que lo conseguirás, espero así sea —se levanta y antes de que salga tomo el dinero que tengo para la renta.
— Espera, Paula —le extiendo los billetes.
— Lo de la renta de esta semana —ella sonríe y lo toma.
— Puedes pagarme en unos días si quieres…
— No hace falta —abre la puerta y me mira.
— Gracias por la charla, parezco una loca, pero te sorprendería lo solitaria que a veces es la vida —sonrío con amabilidad, yo sé lo solitaria que puede ser la vida y nunca pensé que lo sabría.
— Descuida, gracias por esto —levanto el papel donde me anotó la dirección de la cafetería.
— Luego me cuentas y sí quedas iré a tomar café, pero ahora con una mejor excusa que ver a los chicos guapos del lugar —sale dejándome de nuevo en la soledad de mi habitación.
Solo será un poco más y recuperaré mi vida.
.....................
Me ducho rápido porque el agua caliente no dura demasiado, este edificio tiene muchas habitaciones y creo que usan el agua todo el tiempo. Busco ropa decente y me miro en el reflejo del teléfono sonriéndo para luego suspirar.
Debo ver la vida con felicidad, porque ella esta más cerca de lo que creo y todo esto es con un buen fin.
Conseguiré el trabajo y todo irá muy bien.
Declarar las cosas las hace reales, eso escuche.
Salgo del edificio y camino, por el momento no sería conveniente gastar dinero en exceso, no sé cuánto tarde en conseguir un empleo y debo comer, por suerte el transportes públicos aquí no es tan caro y se viaja fácil.
Viajo con ayuda del GPS y llego al lugar, una hermosa cafetería al lado de un restaurante, pero aunque están separadas se ven como si fueran uno.
Al entrar, el lugar es muy lindo, estético, prolijo y huele delicioso, a café, dulce a chocolate y a frutas. Tengo hambre.
Creo que los dólares que me quedan de ahorro tendré que comenzar a usarlos.
— Hola, buenos días ¿En qué puedo ayudarla? —un joven rubio de ojos claros me saluda al llegar al mostrador.
— Emm... H-Hola.. hola, buenos días, vengo por el anuncio de que necesitan camarera.
— Sí, ya hemos hecho algunas entrevistas pero aún no hemos contratado a nadie ¿Tienes tu CV? —lo miro sin entender—. Tu currículum, donde están tus datos, experiencias laborales y...
— Ohh, no tengo, yo... qué vergüenza, no tenía idea, realmente no sabía que eso pedían, yo...
— No eres de aquí, lo digo, por el acento —asiento maldiciendo el hecho de no poder neutralizar mi acento.
— Sí... yo buscaba un empleo, me gusta trabajar, lo que sea que deba hacer; limpiar, atender incluso cocinar, podría aprender si se trata de algo que nunca he hecho, dicen que el mejor trabajador no es el que posee de inmensos conocimientos; sino el que tiene la mayor voluntad de aprender y trabajar —sonríe y saca de debajo del mostrador una carpeta junto con un bolígrafo.
— ¿Cómo es tu nombre? Te armaré una ficha, pero pasarás la evaluación como el resto de los postulantes.
— Eso esta perfecto, que sea... justo para todos —necesito este empleo, de verdad que lo necesito y no está bien mentir.
— Dime tu nombre, edad y si estudias, que trabajos has tenido.
— Soy... Jazmín Fuentes, tengo 24 años, he trabajado de.... cajera en supermercados, también fui camarera varias veces —soy una mentirosa—, hice cursos de cocina —demonios, pero necesito el empleo.
— Interesante ¿Sabes de pastelería? —paso saliva.
— Solo lo básico... —si batir crema es lo básico, quizás si sé pastelería.
— Eso es muy bueno, tienes experiencia con atención al cliente.
— Sí, yo adoro trabajar en atención al cliente —eso creo, nunca he trabajado en mi vida, pero supongo lo haré bien, no puede ser tan difícil, quizás ni siquiera me contraten.
— Mi nombre es Adriel De La Marquesina, cualquier novedad te llamaremos, señorita Fuentes —sonrío pensando que acabo de decir que soy súper buena para este trabajo.
Después de todo puedo aprender.
— Muchas gracias, señor De La Marquesina, espero ser quien se acomode al puesto —también espero que solo me contrate de camarera y no de algo más.
Me volteo para salir del lugar topándome de frente con un hombre castaño claro, ojos entre verdes y azulados. Lo conozco…
— ¿Jazmín? —pregunta sorprendido.
— Disculpe, no recuerdo de dónde lo conozco. —sonríe con descaro.
Sí, lo conozco, es el descarado, el loco que me ayudó
«El loco que te salvó la vida, dilo.»
Eso es en extremo exagerado, él ayudó y yo pague.
— …Seattle. Tu vestida y yo desnudo, luego con una toalla y... ¡Ay, por favor! Salvé tu pellejo, no puede ser que te olvidaras de mí, «quizás es que estoy demasiado vestido» —sí, él es un descarado, veo que sigue igual.
Me había olvidado de él y lo caro que me salió su favor.
Su nombre era.. Lizandro, tengo mucha memoria, además, ¿cómo olvidar el nombre de alguien tan sinvergüenza?
— Ahhh, ya te recuerdo, eres el extraño que disfruta el exhibicionismo —sonríe de lado con su mirada divertida.
Sí lo recuerdo, él me cayó muy mal, solo alborotó mis sentidos y mi raciocinio. Eso fue muy desagradable, además que se jactó de su sensualidad y belleza todo el tiempo.
Odio a los vanidosos, más cuando tienen razón.
— Tú, la extraña que entra en habitaciones ajenas, pero aburrida, porque ni siquiera aprovecha la vista —mis mejillas se calientan.
Es un descarado y me lo vengo a encontrar aquí. Esto es una real mala casualidad.
— Yo... qué casualidad verlo de nuevo, supongo que el mundo es un pañuelo.
—«Un maravilloso pañuelo»—la forma que me mira me pone tensa y hace sudar mis manos.
Eso es extraño.
— Pues, qué gusto ver a mi "Salvador", aunque pagué por el favor, así que eso nos hizo quedar libre de deudas. Que tenga un buen día —no lo dejo siquiera responder y salgo apresurada del lugar.
De todas las cafeterías él debía ir allí por su café. Camino apresurada doblando la esquina, siento que mi cuerpo entero esta tensionado y mi corazón late como un caballo desbocado.
Ese tipo era algo que no quería recordar nunca más, toda esa situación embarazosa e inapropiada, pensé que había quedado en el pasado.
Está en el pasado, porque dudo que la casualidad nos vuelva a reencontrar.