4- ¿Un día normal?

1693 Words
Pov: Lizandro Beltrán La siento temblar debajo de mí y miro el reloj en la mesita, faltan 10 minutos, ya podría fingir que he terminado. Lanzo un gruñido que le hará pensar que me corro, lo cual a las mujeres hace muy feliz; ellas buscan constantemente que termine, es como que sin ello no sienten que han hecho bien las cosas, además, Daniela; mi clienta frecuente, constantemente busca romper cada una de mis reglas. Salgo de su interior y ella detiene mi mano cuando la voy a llevar a mi m*****o. — Te pagaré otra hora, déjame que lo despierte, lo limpiaré por ti —sonrío y niego. — Eres muy amable, pero sabes que eso no pasará. Me aseo y si quieres pagar otra hora, seguimos —acaricio sus piernas, siendo amable y salgo para ir al baño. Me quito el condón y lo tiro al cesto, miro mi pene que está bajando, aunque si quiero, podría hacerlo subir de nuevo. «No lo hagas, eso es un poco enfermo, Lizandro» Solo es para liberar la tensión, solo para sentir un poco de alivio. «¿Eres consciente que te masturbas por alguien que no conoces? » Da igual, lo haría pensando en cualquiera que me llame la atención, no es nada especial, pero funciona. Tomo la base de mi m*****o y comienzo a acariciarlo, es frustrante no venirse, a veces lo necesito. Solo me gusta pensar que puedo hacerlo mientras me follo a una mujer; una que me guste, que sea linda, que tenga un cabello llamativo, «rojizo», una boca con ese lunar «que de seguro se vería muy sexy mientras me la chupa» ¡Putą madre! Imaginar lo que se sentiría su lengua tocando directamente la piel de mi vęrgą, succionando la punta y luego... su rostro lleno de inocencia mientras estoy dentro de ella... ¡Miêrda! Los latidos de mi vęrgą se hacen presente y aguanto un jadeo por lo placentero que se siente liberar un poco de tensión. «Estás muy mal, Lizandro» Lo sé, no importa mucho, solo es imaginación, ni siquiera la volveré a ver. Uso esa imagen que me gustó, solo para mi placer. No es un crimen. Me limpio y salgo. Daniela es una chica joven, «bastante joven, para ser mi clienta», por lo que sé de ella; es una niña rica a la cual sus padres no dan demasiada atención, solo dinero ilimitado para que lo gaste en lo que desee, según ella: “las ventajas de ser la menor de 7 hermanos”. Todas las semanas sin falta, ella me pide un turno y siempre es de muchas horas; paga bien, deja propina, pero lo único malo: le encanta hablar. — ¿Quieres otra hora? —pregunto mientras la observo con una bata puesta. Es bonita, ¿por qué mentir? Solo tiene 23 años, no comprendo aún por qué paga por sexø si podría tener a quien quisiera. Da igual, yo solo recibo la paga y sigo con mi vida, lo que hacen o no mis clientas, no me quita el sueño y mucho menos es de mi incumbencia. — Sí, pero estoy algo agotada, comamos y conversemos ¿Qué te parece? —a veces pienso que ella no comprende que esto es un servicio, que no elijo qué hacer, que estoy para lo que ella quiera hacer. — ¿Eso es lo que quieres, Dani? Sabes que tú eliges. Yo puedo hacer lo que quieras, si quieres más sexø; puedo seguir, si quieres cenar; cenamos, quieres conversar; lo haremos —se ríe acomodando su cabello. — Siempre eres tan complaciente. — Me pagas para ello, linda —busco una bata y también me la coloco mientras busco mi ropa. — Es cierto; si no te pagara, probablemente no mirarías a una chica como yo —me volteo. — No lo sé, no pienso esas cosas. Creo que tú sabes bien lo que tienes, no necesito decírtelo —se carcajea divertida. — Es cierto, soy joven, bonita y adinerada, cualquiera quisiera estar conmigo, incluso tú —en eso está algo errada, ella a mí no me provoca nada. Se ve caprichosa y la típica adinerada que derrocha el dinero sin pensar, como ahora. — Cosas que no sabremos. — ¿Solo trabajas de esto, L? — ¿De qué te gustaría que trabajara además de esto? —me siento en la cama. — No, lo que quiero es que me cuentes si tienes otro trabajo extra y si este es tu trabajo secreto o algo así, eres joven —sonrío de lado. — Yo puedo trabajar y ser lo que desees, Linda, para eso estás pagando, para que sea todo lo que tú quieres —frunce el ceño. — Pero no quiero algo de mentira, quiero que me digas una profesión... — Maestro — ¿De verdad eres maestro? —me carcajeo. — Te lo dije, Daniela, lo que tú quieras puede ser mi profesión —bufa con molestia. —¿Y tu nombre? ¿Empieza con L, por eso eres L en la aplicación? —suspiro porque hoy está por demás insistente. — No pasará… — ¿Qué cosa? —cuestiona como si no entendiera lo que está haciendo. — No diré nada de mí. Las reglas son claras, los servicios que ofrezco son claros y los datos que necesitas saber de mí están en mi perfil —rueda los ojos. — Solo quiero conocerte, llevamos meses haciendo esto… — No, Daniela, llevas meses pagando cada semana por un servicio, nada más. Eres una buena clienta y creo que cumplo todas tus peticiones, pero siempre soy claro... — Nada personal, siempre condón para todo, no besos en la boca, no intentar buscar fuera de la cita —asiento. — Las sabes todas, eso es bueno… — ¿Es por las enfermedades? Yo no las tengo, me hago estudios, además, puedes hacer una excepción, te agrado ¿O no? —me levanto y comienzo a vestirme—. ¿Qué haces? — Creo que nuestra sesión terminó, Daniela, eres una buena clienta, pero creo que estás confundiendo esto. — Lo siento, solo quiero hablar con alguien, solo estoy aburrida. En mi casa es todo un desastre, solo quería conversar, no debí indagar, yo... — Por hoy hemos terminado, no te cobraré este último rato —tomo mis cosas. Ella se está poniendo rara, ya no me gusta eso. — Espera... me comportaré. — La próxima —miro mi reloj—. Tengo más clientas que atender hoy. — Pero me marcho yo —réplica. — No hace falta, espero hayas tenido una buena experiencia. — Sí, al igual que siempre, sabes cómo mantener contenta a una chica —sonrío y abro la puerta para salir—. Te veo la próxima semana. — Si tengo la agenda libre. Pide el turno y de serte otorgado, te veré —salgo sin decir nada más. Debería vetarla de mi perfil «¡O quizás darte cuenta que ella está interesada en ti, es joven y bonita ¿Qué esperas?!» Eso es demencial, jamás, pero jamás, me metería con una clienta y además; ella no me genera nada, cada semana me la follo y nada. «¡Tienes mal gusto!» No, tengo buen gusto, pero ella no me mueve ni un pelo, es solo una clienta más, por más bonita y joven que sea. Busco mi auto y me encamino a mi departamento, solo estoy atendiendo una clienta por día, comienzo a pensar que ya tengo bastante dinero. Al restaurante le va bien, quizás podría dejar esto y solo buscar con quien follar sin un porqué ni un beneficio. Buscar alguien que me haga pasar un buen rato a mí, sin pensar en nada más, no es como que quiera algo serio, ni conocer a alguien; eso sería ridículo. ¡Ni loco! Esas cosas como las relaciones no van para mí, yo tengo ganas de cogerme a alguien que me deje seco, que me la chupe haciendo que me venga, que termine tan agotado que luego no piense en sexø por un rato o sí, quizás que me haga pensar en ello todo el tiempo, pero que sea divertido y placentero, en especial eso, placentero. Quiero que me expriman la vergą «suena vulgar», pero ese es mi nuevo objetivo: encontrar alguien que me ayude con mi impedimento, alguien que quiera divertirse igual que yo y sin el dinero de por medio. «Tú quieres cruzarte con otra; que te deje caliente solo de recordarla.» Exactamente, mira cómo me conoces. Llego a mi departamento, me doy una ducha y vuelvo a salir hacia el restaurante, he comenzado a mantenerlo abierto casi todo el día, de 11am a 2am, ya que ahora es Bar-restaurante, eso es muy rentable, porque además, la cafetería de Adriel; mi primo, abre a las 7 am, le está yendo muy bien. Visualizo mi restaurante, es mi gran logro y estoy muy feliz de tenerlo, es donde hago mi magia, cocinar es eso, es como un arte y me encanta hacerlo. Si bien mis empleados ya han aprendido a hacer los platillos a la perfección, cuando yo estoy, me gusta hacerlo yo mismo, es mi momento donde nada existe. Bajo del auto y antes de ir a "BELicia"; así se llama mi restaurante, me paso por la cafetería de mi primo, porque un café no me vendría... ¡Carajos! — Muchas gracias, señor De La Marquesina, espero ser quien se acomode al puesto —solo la veo de perfil. No confundiría ese perfil, pienso que quizás es algún tipo de imaginación mía, pestañeo pero no, es ella. ¿Habla español? ¿Qué hace aquí? Yo la vi en Seattle, esto no es de ninguna manera posible, seguro solo se le parece, pero un parecido muy excepcional o quizás... Ella se voltea y cuando me ve parado en medio del camino… Sí, es ella, no olvidaría esa cara. — ¿Jazmín? —pregunto sorprendido. Han pasado 7 meses y si hay algo que no olvido de Seattle, es a esta flor y que aún tengo en un cajón, su pago por un servicio que nunca tomó.
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