Pov: Celeste La Russa Su tono obediente y suave me alborota completamente, pero no por el hecho de tenerlo sometido a mí, sino porque su mirada me muestra que esto lo divierte, lo calienta, la idea de que lo ponga a darme placer le excita y a mí igual. No. Este juego no está bien, todo queda dentro de la habitación, además, sería demasiado bajo para mí mostrar mi necesidad de ese modo. Aunque parezca que estaría dándole una orden, en realidad estaría pidiéndole a él que me complazca, lo que se traduce a suplicar en su cabeza, por eso lo calienta. — Vete a la habitación, Danilo, esto no es divertido, no juegues conmigo —su mirada anhelante se ve llena de decepción y eso me confunde. Suspira y camina a la habitación cerrando la puerta tras de él. «Lo dejaste triste, ¡qué mala!»

