P.O.V. TOMAS ALLEN
Son las cuatro de la tarde, llevo un tiempo en la entrada esperando a que ella aparezca.
Necesito hablar con ella. La última vez que la vi, fue hace seis años
Mi nombre es Tomas Allen y de seguro están pensando en que soy el desgraciado más grande del mundo y tienen razón.
Verán, mis padres son políticos, así que desde siempre he estado acostumbrado a hacer lo que quiero y nadie se puede meter conmigo, porque mi familia tiene mucha influencia.
Debo admitir que en mi adolescencia fui un total cabrón y que me porté como una mierda con todo el mundo. Principalmente con ella.
Con el paso de los años y muchas sesiones de terapia — Aunque me cueste admitirlo— logré comprender todo el daño que le cause.
He pasado noches de insomnio desde aquel día, pensando en como pedirle perdón.
— Se lo que estás pensando hacer Tomas, y de una vez te advierto que no te acerques a ella.
Suficiente daño le has hecho y no permitiré que lo arruines todo de nuevo. Hoy pude notar cuanto le afectas aún— La voz pertenecía al profesor Richard Lewis, mi tío.
— Sólo quiero hablar.— Contesté
— No, no te estoy preguntando, te lo estoy exigiendo. Ya suficientes problemas ha tenido en su vida por tu culpa. Además, me lo debes.
— Si claro— Bufé.
Carajo, con él tío Richard sobre mí todo el tiempo será imposible acercarme.
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Seguro les sorprende saber que el profesor de "ética" tiene un sobrino tan poco "ético". El es hermano de mi madre, cuando las cosas con Antonella se salieron de control, tuvieron que mandarme con el tío Richard.
El personalmente fue a Seattle por mi. Para ser mas exacto, mi madre lo obligo a que fuera mi sombra en el colegio y si yo no me comportaba, entonces me traería consigo a Michigan.
Se que tienen muchas dudas sobre que es lo que sucedió al respecto.
trataré de ser lo suficientemente claro para que tengan una idea de la horrible persona que fuí.
Yo fuí un bravucón toda la vida, pero en secundaria me sentía el rey del mundo humillando a los más débiles. Y asi siguió hasta la preparatoria porque sabía que tenía inmunidad por ser hijo de políticos.
Cuando anunciaron que la escuela implementaría un programa de inclusión para los neurodivergentes yo estaba feliz, porque sabía que tendría nuevas víctimas para molestar. No me importaba el género de la persona.
Había pasado una semana desde el comienzo de las clases, molestaba a algunos chicos, pero no era suficiente.
Fue entonces que me fije en una chica de primero, era delgada y bajita y tenía senos un tanto grandes para su pequeño tamaño y su cara de muñeca, era bonita, no había duda, intente acercarme a ella pero vi que las populares comenzaban a gritarle "rara" y me quedé quieto.
La observe más detenidamente y vi que el grupo de bravuconas de segundo ya la tenían de blanco de sus ataques. No hice nada. ¿porqué arruinarles la diversión?
Al siguiente día escuche que las chicas planeaban hacerle una maldad a lo "carrie".
Me pareció gracioso en un principio, pero yo también quería divertirme con ella.
Desde que la ví por primera vez, comencé a tener extraños sueños que me despertaban con una erección.
Eso no me había pasado antes, y me intrigaba, ¿Porqué ella? ¿Será por lo pequeña que parece? Yo mismo me reproche eso. Sonaba como un maldito pedófilo.
Traía eso en mente, cuando escuche a una de las bravuconas decir que comenzarán con la operación "Carrie"
Y como si el diablo me hubiera susurrado un plan al oído, comencé a seguir a la chica.
Empecé a decirle cosas estúpidas e insinuaciones sexuales pero me ignoró.
Justo en sentido contrario venía Antonella, así que sin pensarlo, la jale del brazo y la metí a un armario.
Le tapé la boca con mi otra mano, mientras le susurraba que no dijera nada.
— ¿Quieres ser bañada en sangre de cerdo?— Le susurré y ella movió enérgicamente la cabeza diciendo que no.
— Haré de tu vida un infierno si no te vuelves mi mascota ¿me oíste?— El tono de mi voz sonó realmente amenazador,
pude sentir como temblaba, sus ojos estaban dilatados, parecía un cachorro asustado.
— No lo sabes, pero te acabo de salvar de una humillación más grande. Las chicas planearon bañarte en sangre de cerdo como en la película de Carrie, así que si no quieres eso, tendrás que seguirme a dónde vaya, como mi perra piel. ¿Entendiste? — Dije apretando sus mejillas.
Había comenzado a lloriquear y yo estaba tan pegado a ella que pude sentir la presión de sus pechos y eso me estaba empezando a causar una erección, así que me separé de ella.
— Ni una palabra de esto a nadie, ¿Me oíste? O te irá peor— Decía mientras abría la puerta del armario y salía dejándola sola.
Las chicas me miraron al girar la esquina, estaban molestas porque frustre su plan del día, la campana había sonado y era hora de volver a clases.
Me acerqué a ellas de forma intimidante y vi como todas tragaban saliva y bajaron la intensidad de sus muecas de odio y desagrado.
Me acerqué a su líder y le dije
— Quiero dejarles a todas una cosa bien en claro. Esa chica desde hoy es mi nueva mascota. ¿Entendiste? Eso significa que solo yo puedo molestarla—
Ella solo rodó los ojos e hizo una mueca.
— Te pregunté, ¿Entendiste?
— Fuerte y claro guapo. Pero nos arruinaste la diversión a todas.
— No te preocupes, aquí tengo algo que las recompensará— Señale hacia abajo en mi pantalón. Había quedado muy excitado al estar con Antonella y necesitaba una ayuda para descargar mi arma.
Ella me miró pícaramente.
— Eso no será suficiente cariño.
Le mostré una bolsa con marihuana que tenía dentro de mi chaqueta.
Ella sonrió grandemente y le hizo señas a sus secuaces.
Todos nos fugamos de la escuela para ir a mi guarida.
Fumamos marihuana y tuvimos una buena orgía, de cuatro a uno.
Esas chicas eran del equipo de judo, tenían piernas fuertes y brazos musculosos. Si bien no eran las más guapas, sabían muy bien hacer otras cosas.
Nuestro primer encuentro fue curioso.
Yo buscaba un lugar para fumar hierba y me adentre en un complejo de edificios abandonados a unas cuadras del instituto.
Llevaba sentado en unas escaleras algunos minutos cuando comencé a escuchar ruidos similares a gemidos. Seguí el sonido hasta llegar a un cuarto sin puerta, lleno de grafitis, en el cual había una manta en el suelo y las cinco chicas estaban desnudas dándose placer, unas recostadas sobre sus espaldas y las otras devorándoles la entrepierna. No lo negaré, a pesar de no ser chicas atractivas, el solo hecho de mirarlas ya me la había puesto dura.
Me acerque a ellas masturbándome, notaron mi presencia, pero seguían en lo suyo.
Una de ellas se levanto y se acerco a mi, se agacho hasta mi cintura y comenzó a introducirse mi Pene en su boca. Terminé rápido, de lo cual se rieron. Pero tuve muchas otras ocasiones para redimirme.
Era una relación totalmente s****l entre todas ellas y yo. Si yo tenía ganas, les daba drogas a cambio de sus servicios.
Hoy no sería la excepción.
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Ya era de madrugada, estaba durmiendo y soñaba con uno de mis encuentros sexuales con una chica rubia de tercero.
De pronto el sueño cambio y estaba en una orgía con las chicas y entonces ella estaba allí.
En el sueño, la veía a ella, con su cara de inocente y su ropa sin combinación.
Entonces ella se arrodillaba en el suelo, me miraba a los ojos mientras tomaba mi m*****o en su mano y me masturbaba, yo no pude evitar soltar un gemido.
Después, ella introducía mi m*****o en su boca, mientras aún me miraba con sus ojos y su expresión inocente.
¡Carajo! ¡Que excitante era!
Y entonces de pronto....
Sonó el despertador y me levante de un salto, agitado.
Me quite las sabanas de encima y pude ver que había ensuciado mi ropa interior. Mi respiración aún sonaba agitada. Acababa de tener un sueño húmedo con ella.
Habían pasado algunos días desde que tuve el encuentro del armario. Al parecer estaba intentando evitarme a toda costa y eso me molestaba.
La busque por todos lados y no había rastro de ella. ¿Se abría ido?
No lo creo, debe andar por allí.
Caminaba rumbo a mi guarida, pero realmente no tenía ganas de hacer nada hoy. Me dirigí hacia mi casa, cuando sentí algo extraño. Como si un olor dulce me hiciera voltear.
Al comienzo no vi nada raro, solo una chica que iba a cruzar la calle, volteo a verme y entonces la reconocí. Era ella.
Corrió en dirección al callejón donde está mi guarida, pero del otro lado habían demolido en la mañana y había varillas y escombros regados.
Maldición, solo quería hablar con ella y ella corría hacía el peligro. Si llegaba a cruzar el callejón podría lastimarse.
Le gritaba, pero no me hacía caso.
No tuve otra opción, tome un ladrillo del suelo y se lo lance a la cabeza.
Acto seguido ella se desplomó en el suelo.
Maldición, ¿ Y ahora que hice?
Le di la vuelta y acerque mi oído a su nariz, aun respiraba.
Sentir el cosquilleo de su respiración en mi oído me erizó la piel.
La cargué en brazos y no tuve mas remedio que llevarla a mi guarida hasta que recobrará la conciencia.
La acosté en el sofá y la observe.
Su cabello se había alborotado, se veía angelical durmiendo. Su cabello de color castaño estaba todo desarreglado.
Sin ser consiente de ello, me encuentro oliendo su cuello directamente, mientras mis manos casi por instinto le han desabrochado los botones de su blusa, su piel blanca y suave me piden ser tocadas. No se lo que me pasa que no me puedo contener, le doy pequeños besos en sus senos al rededor de su sostén.
Noto que le he dejado dos marcas y sonrió.
— Me perteneces— Susurré
Luego de aproximadamente media hora ella despertó. Pasó de la desorientación al miedo en segundos.
Gritó y pensé que sería divertido molestarla.
— Cogerte inconsciente no parece ser tan divertido— Le dije
Dio un grito aterrada, y se miró su parte intima para comprobar que yo no le había hecho nada.
— No te hice nada, como te dije. No es divertido si pareces un cadaver.— Le dije mientras fumaba un cigarrillo de marihuana.
— Ten, dale una fumada. Te ayudará a sentirte mejor.
Al principio me miró confundida, pero supongo que me tenía miedo y obedecería lo que le dijera, después de todo, era un cabrón que le había roto la cabeza.
acerco su mano temblorosa hacia mi y acepto el cigarrillo, le dio una fumada y empezó a toser.
No pude evitar dar una carcajada.
— Debes jalar despacio y guarda el humo en tus pulmones, luego lo exhalas, inténtalo otra vez.
Obedeció a lo que dije y eso me gustaba.
Para ser una niña que jamás había fumado, se adapto muy rápido.
Ya le había dado al menos unas tres fumadas y se veía mucho mas relajada.
No se si fue efecto de la droga.
Después de mirarme en silencio por un rato me preguntó
— ¿Porque me haces esto? ¿Por qué te metes conmigo?
— Porque quiero. Porque si. No lo sé, desde que te vi, supe que tu serías mi nueva "mascota", asi que siéntete afortunada, ser mi mascota tiene sus ventajas, pero solo si eres obediente, o de lo contrario te castigaré como hoy— Dije antes de seguir con mi cigarrillo—
Ya puedes irte.
Esperaba que pensará que el ladrillazo que le dí, había sido un castigo por desobedecerme. Se que eso es una porquería y una canallada. Pero así era yo.
— Yo no te he hecho nada. Entiendo si me odias por ser diferente, pero por favor déjame en paz.— Su voz parecía tranquila pero no lo estaba,
lo cual a mi me parecía divertido.
— Aun no has entendido nada cachorrita. Yo mando en el instituto, yo soy la peor pesadilla de cualquiera, a nadie le gusta llevarme la contraria. Y no te dejare en paz, hasta que me aburra de ti o llegue otra mascota mas interesante.
Esta vez dejare pasar tu insolencia, pero cuidado en no obedecerme o sufrirás las consecuencias. Ya lárgate— Le dije un poco molesto
Aunque no entendía que me molestaba.
Solo se que no la dejaré en paz.
Definitivamente la haría mi mascota.