bc

RDA

book_age12+
0
FOLLOW
1K
READ
love-triangle
family
opposites attract
friends to lovers
blue collar
drama
campus
city
office/work place
like
intro-logo
Blurb

“Porque no hay heridas que no cure el tiempo. Abrir las puertas, quitar los cerrojos, abandonar las murallas que te protegieron, vivir la vida y aceptar el reto.”

Mario Benedetti.

Esta es una historia que hace muchos años escribí.

Trata del amor y describe el desarrollo de este entre dos jóvenes que posiblemente no sean lo mejor el uno para el otro pero siempre estarán en mi memoria.

Fue la primera historia que plasmé en mi computadora y es la primera vez que me atrevo a compartirla con ustedes.

¡Disfruten!

chap-preview
Free preview
Día de San Valentín, siete años atrás.
Estaba rumiando, sentada en mi salón esperando que el profesor de filosofía se dignara a aparecer para evaluar trabajos de exposición que nos había obligado a presentar ese día. Vero, Emilio, Damián, todos mis amigos ya estaban en la feria anual de la capital celebrando, mientras yo estaba atascada en clase por dos largas horas. Pensaba en Sebastián, una sonrisa se formó en mi rostro de inmediato. Llevábamos saliendo poco más de medio año y cada día que pasaba sentía que me enamoraba más. Trataba de imaginar que haríamos hoy; un picnic al aire libre, una película. Me encantaba lo romántico que era. En ese momento me llegó un mensaje de texto. Por décima ocasión en el día Sebastián me había sacado otra sonrisa. Así era nuestra relación: cartas, mensajes, citas románticas; por supuesto, consideraba a Sebastián el chico perfecto. Nunca me gustaron los cuentos de hadas pero no podía negar que mi vida se estaba convirtiendo en un sueño hecho realidad. Mi familia, mis amigos, el patrimonio empresarial de mi padre creciendo cada día más. Sebastián parecía el príncipe azul que jamás creí desear. —Señorita Scotti, la estamos esperando. Me sobresalté cuando escuché mi apellido. Tan ensimismada me encontraba que nunca me percaté que el profesor ya estaba en el salón. —¿Perdón? —dije, sintiendo mis mejillas acalorarse. —Pase a presentar su trabajo —él arqueó una ceja y miró al frente expectante. Me paré de inmediato tomando mis cosas y depositándolas en la mesa para exponer. Justo antes de comenzar a hablar un chico vestido con uniforme de mensajería se asomó por la puerta del salón. —Disculpe, ¿aquí se encuentra Julieta Scotti? —Soy yo —contesté con una timidez que iba creciendo mientras todos mis compañeros me observaban con curiosidad. —Señor —interrumpió el profesor—, estamos en medio de una clase. El muchacho entró al salón sin permiso, alegando que era urgente que entregara el envío que traía para mí. —Firme aquí por favor —señaló una línea en su block de entregas. Desconcertada y sintiendo la enojada mirada de mi profesor firmé. De pronto empezaron a entrar chico tras chico con una rosa en mano. Me las entregaron uno a uno entre aplausos y silbidos de mis compañeros aunque también me lanzaban una que otra mirada de envidia. Cuando se alejó el noveno chico, el muchacho de la gorra me deseó un día estupendo y se fue. Yo comencé a reír nerviosa y apenada mientras el profesor calmaba los ánimos en el salón. —Señorita Scotti, por favor, guarde su regalo y empecemos —asentí, alcanzando a ver una chispa de diversión en sus ojos. Al terminar la clase fui directo a la feria donde ya me esperaban. —¿Te gustó la sorpresa? —preguntó Emilio, cuando lo abracé. —Tú lo sabías y no me dijiste nada —le reclamé sintiéndome un poco avergonzada. —Hay que darle crédito al muchacho, se esforzó bastante. — ¿Y Damián? —pregunté buscando por él, cerca de nosotros. —Tu padre lo llamó —dijo Verónica algo molesta cuando me acerque a darle un beso. —No puedo creerlo —me quejé con amargura, se suponía que sería un día perfecto—, había dicho que no lo iba a necesitar hoy. Quería pasar un tiempo con él sin que estuviera trabajando. —Tu padre está creciendo con CYGNUS. Tendrás que irte acostumbrando. Yo sabía lo que mi mejor amiga sufría. Verónica era hija de un poderoso empresario en el extranjero. Aunque no sabía muy bien que era lo que su familia comerciaba eso nunca fue lo que me importó. Nos hicimos amigas el primer día que nos conocimos en la escuela. Sus padres casi no estaban en casa y ella había llevado una vida algo solitaria hasta que mi familia la adoptó como a una hija más. A mí me asustaba que el despegue que estaba teniendo CYGNUS, el grupo inmobiliario de mi padre, me alejara de él. Y por consiguiente de Damián, que era hijo de su chofer, porque se podía notar que lo estaban preparando para ello. Después de divertirnos unas horas en la feria Damián me recogió para llevarme a casa. Aproveché los pocos minutos en su compañía y le di unos obsequios que tenía preparados, platicamos y reímos durante todo el trayecto y agradecí por tener a un amigo tan leal como él a mi lado. —Te llegó un paquete—comentó mi mamá cuando llegamos—, lo dejé en tu recámara. ­Corrí escaleras arriba para ver de que trataba. Sobre mi cama había una caja algo grande con un moño rojo y sobre de él una rosa y un sobre con mi nombre. Reconocí de inmediato la elegante caligrafía de Sebastián y leí la nota que había dentro. “Nos vemos a las nueve, espero que te lo pongas.” Sonreí por millonésima vez en el día y abrí la caja. Una exclamación ahogada salió de mi boca por la emoción al ver el hermoso vestido n***o de satén que me había regalado. Era un corte evasé sencillo, elegante y perfecto. —No entiendo como lo embrujaste, hermanita. Diego estaba recargado en mi puerta, su expresión no revelaba sus verdaderos sentimientos y no sabía cómo reaccionar así que compré un poco de tiempo. —¿Cómo dices? —Que mi mejor amigo no piensa en nadie más que en ti. En verdad te quiere. Su declaración me sorprendió. No por lo solemne que era, sino porque era precisamente mi hermano quien la hacía. El que estaba molesto conmigo por haberme flechado de Sebastián. —¡Te quiero! —dije al abrazarlo, sin saber cómo expresar lo que sus palabras significaban para mí. —Sí, sí —me devolvió el abrazo—, ya. Anda, arréglate ya, porque apuesto a que va a llegar media hora antes por ti. No fue media hora como predijo Diego pero Sebastián ya estaba en la puerta cinco minutos antes de las nueve. Ya había terminado de arreglarme y bajé las escaleras ansiosa. Él estaba ahí, esperándome. Me olvidé como inhalar y exhalar al saber que aquel hombre tan apuesto me quería solo a mí. Llegué a su lado y me tomó de la cintura con las dos manos, saludándome con un beso. Un dulce beso que calentó todo mi cuerpo. —Te ves increíble —saludó, susurrándome al oído—, justo cómo te imaginé. —Tú también estás guapísimo —le contesté perdiendo la cuenta de cuantas veces me había sonrojado en el día. —¿Lista? Me ofreció su brazo y lo tomé. Me llevó hacia afuera dejándome sin habla cuando vi la limusina que había traído. El chofer esperaba con la puerta abierta y antes de subirme me jaló hacia él y me dio un beso más. —Te quiero. —Yo también —dije cuando recuperé el aliento. Después de una excelente cena en un restaurante ubicado en un edificio altísimo y vistas de 360° a toda la ciudad, con serenata privada y champagne exquisito, Sebastián y yo íbamos camino a su apartamento. Estaba nerviosa pero había decidido pasar la noche con él. Me sentía feliz, me sentía extasiada. Me sentía enamorada. Impulsiva. Eso era en realidad. Me faltó astucia y fui demasiado ingenua. Debía haber sido más reservada, sensata. Cuando me estrellé con la realidad fue demasiado tarde.

editor-pick
Dreame-Editor's pick

bc

No sabía que tuvimos dos hijos. Saga familia Duque.

read
12.2K
bc

De La Tortura Al Amor

read
1K
bc

Los Amores de Alexa

read
27.4K
bc

Una hermosa coincidencia

read
105.2K
bc

La Cita del Divorcio

read
4.1K
bc

Reglas para NO Enamorarse

read
18.4K
bc

Mafioso despiadado Esposo tierno

read
26.8K

Scan code to download app

download_iosApp Store
google icon
Google Play
Facebook