Santino
Mi vida no es perfecta.
Todas las personas creen que por haber nacido en cuna de oro y “no faltarme nada”, tengo la vida perfecta, pero la vida no siempre es como parece desde afuera. Detrás del dinero, los reflectores y las sonrisas forzadas, mi existencia no es tan perfecta como todos creen.
Soy Santino Mancini, un nombre que resuena en todo el mundo gracias a mi carrera como piloto de Fórmula 1, pero esa fama viene acompañada de un precio que pocos conocen.
Nací rodeado de lujos y comodidades. Como parte de la familia más rica e importante de Italia, mi vida siempre ha estado bajo el escrutinio público. Llegué al mundo cuando mi padre, Massimo Mancini, ocupaba el cargo de alcalde de Roma, y secretamente, cuando también era capo de la mafia italiana.
Desde el primer momento en que abrí los ojos, supe que mi vida sería diferente a la de los demás.
La sangre real corre por mis venas. Los Mancini son una antigua dinastía de duques que han gobernado en Italia desde tiempos antiguos, mucho antes de que Cristo caminara sobre la tierra, y contribuyeron a dar forma a lo que hoy conocemos como Italia.
Por otro lado, mi familia por parte de mi abuela es la dinastía de Saboya, la última familia monárquica que Italia tuvo antes de convertirse en una república, así que podría decirse que soy un príncipe. Un príncipe sin corona.
Pero detrás de la pompa, de las residencias suntuosas y las fiestas fastuosas, mi vida ha estado lejos de ser un cuento de hadas. La presión de llevar el apellido Mancini es abrumadora. La gente espera que esté a la altura de la reputación de mi familia, y que sea el heredero de una tradición de éxito y poder.
Desde niño, me enseñaron a moverme en este mundo de alta sociedad, a sonreír frente a las cámaras y a decir las palabras correctas, pero la fama tiene un precio, y ese precio es mi privacidad. Cada paso que doy es observado y analizado, y a veces, siento que me ahogo en un mar de expectativas.
No soy solo el hijo de Massimo Mancini, el retirado capo italiano, sino que también soy Santino Mancini, el piloto de Fórmula 1 que decidió marcarse su propio destino y no continuar con el legado familiar.
Aunque mi vida pueda parecer perfecta desde afuera, hay un vacío en mi corazón que ningún podio ni aplauso puede llenar. La soledad me persigue, y la sombra de mi familia mafiosa me acecha.
A medida que avanzo en mi carrera, sé que el peso de mi apellido siempre estará conmigo, y más allá de la fama y la fortuna, anhelo algo más, algo que me llene de verdad.
La vida detrás del brillo de los reflectores es complicada, y aunque mi camino esté trazado por la historia de mi familia, estoy decidido a escribir mi propia historia, a encontrar mi propio camino en este laberinto de expectativas y mafias.
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El sonido estridente de la alarma de mi celular me despierta de un sueño intranquilo. Parpadeo, tratando de ubicarme en la realidad mientras mi mirada se posa en Chloe, quien duerme plácidamente a mi lado. Quisiera decir que no soy el típico deportista famoso que termina enrollado con una supermodelo, pero la verdad es que lo soy.
Chloe Bustamante —una ex supermodelo colombo-estadounidense— y yo, somos una pareja que pocos habrían imaginado. Aunque compartimos esta lujosa mansión en un inasequible conjunto residencial en Miami, nuestras vidas son un mundo aparte. Chloe, con sus 12 años más que yo, ha vivido una vida que yo apenas puedo empezar a comprender.
Nos conocimos en una de esas fiestas de la alta sociedad de Miami, eventos que nunca habría imaginado que formarían parte de mi vida. Desde que llegué a los 17 años a este país americano en busca de mi sueño de ser piloto de automovilismo, mi vida ha sido un torbellino de cambios, y mi relación con Chloe es uno de los giros más inesperados.
No puedo evitar sentir que ella vive en un mundo de superficialidad y apariencias, donde la belleza y la fama son moneda corriente. Aunque al principio me deslumbró con su encanto y su carisma, con el tiempo me he dado cuenta de que su mundo es muy distinto al mío. No es que no valore su belleza o su éxito en el mundo de la moda, pero mi pasión siempre ha sido la velocidad y la adrenalina de las carreras.
Y también está el hecho que ahora debo enfrentar. Chloe quedó embarazada. Algo que nunca buscamos ni planificamos.
Me enfrento ahora a la responsabilidad de ser padre, algo que ni siquiera había considerado en mis planes, mucho menos a mis tempranos 22 años.
Mientras observo a Chloe dormir, no puedo evitar sentir una mezcla de emociones. Aunque nuestro futuro juntos es incierto, sé que debo hacer lo correcto. Quizás esta sea una oportunidad para encontrar un propósito más allá de las carreras y la fama.
Miro a Chloe una última vez antes de tener que partir hacia países bajos para mi próxima carrera. No. No amo a esta mujer. Simplemente me metí con ella porque mis hermanos mayores me hacían bullying por ser virgen, así que quise tener la experiencia que tienen casi todos los hombres al estar con una mujer mayor, pero terminé firmando una especie de sentencia de muerte al no saber ponerme bien un puñetero condón.
Me levanto con cuidado para no despertar a Chloe, ya que, por lo general, todos los días resultamos peleando por algo, así que prefiero ni siquiera darle los buenos días.
Una hora después, cuando estoy a punto de abordar mi jet privado, llamo a mi padre. Siempre lo llamo antes de tomar un vuelo, porque nunca se sabe qué pueda ocurrir durante el camino.
—Buongiorno —me saluda en su marcado acento italiano.
—Hola, pá.
Mi papá se está haciendo pasar por muerto y se está ocultando junto a mis hermanos en Colombia. Las cosas se le complicaron el año pasado, y todos sus enemigos en la política y en la mafia italiana se unieron en su contra, y un tribunal lo condenó por todos los crímenes que cometió como capo, y por poco resulta en la cárcel de Guantánamo junto con mis hermanos mayores, pero lograron escapar de Italia a tiempo, no sin antes hacer un gran atentado en el Vaticano para vengarse, matando al papa, a sus cardenales, y a varios líderes mafiosos que se encontraban esa noche en la santa sede.
—¿Ya estás abordando? —me pregunta, conociéndose todo mi itinerario del mes.
—Sí.
—Me avisas cuando llegues.
—Ok.
—Te amo.
—Yo a ti.
—No, yo más a ti.
Suelto una risita. La gente suele creer que mi padre es como esos mafiosos de las películas y los libros de romance cliché; desalmado, frío y estricto con sus hijos, pero mi padre es todo lo contrario. Desde siempre fue un padre muy amoroso hasta rozar lo empalagoso. Es...como si él hubiera querido llenarnos de todo el amor posible para que ni mis hermanos ni yo sintiéramos la ausencia de una madre, pero...¿a quién voy a engañar? Mi mayor anhelo siempre ha sido tener una mamá, y creo que eso podrá estar cumpliéndose muy pronto, ya que, después de mi vuelo transatlántico en el que por poco vomito por el jet-lag, vuelvo a llamar a mi padre para decirle que ya llegué a mi destino, y mientras desempaco mis cosas en la habitación de hotel que me pagó la Scuderia, papá me dice:
—Estoy saliendo con una mujer. Y esta vez sí es algo serio.
La posibilidad de que mi padre tenga una pareja, y de que por ende yo pueda tener una madrastra, me llena de una felicidad que nunca antes había experimentado.
Mi vida ha estado llena de desafíos y obstáculos, pero esta noticia parece ser un rayo de luz en medio de la oscuridad. Puede que estemos separados por la distancia y las circunstancias, pero la idea de que mi padre pueda encontrar la felicidad y ocupar al fin esa vacante que teníamos en nuestro núcleo familiar, me llena de alegría y esperanza.