Encuentro destinado

1416 Words
Sofía —¡Sofía! ¡Regresa a casa ahora mismo! —me dice mamá, cuando al fin le respondo al celular, pero le vuelvo a colgar. Los últimos días han sido un torbellino de emociones, y el enojo aún hierve en mi interior. Hace apenas un par de días, descubrí el noviazgo de mi madre con Massimo Mancini, el mafioso italiano. Creí que ese tipo estaba muerto, pero al parecer todo fue una gran mentira para poder huir de Italia con sus hijos antes de ser arrestado. Aunque yo deseaba que mi madre encontrara el amor y que yo tuviera un padrastro, la realidad de su elección me ha golpeado con fuerza. Nunca creí que ella fuera a resultar ennoviada con un mafioso. Estoy en el pequeño aparta-estudio de J.P. en Bogotá, un refugio temporal lejos de casa. La noticia me dejó tan furiosa que apenas mi madre pronunció las palabras "estoy saliendo con Massimo Mancini", me escapé de casa. No quería escuchar justificaciones ni explicaciones. No puedo entender cómo pudo enamorarse de alguien con un pasado tan oscuro; alguien que estuvo involucrado en el crimen organizado de Europa y el mundo entero. Aunque ella merece la felicidad, siento que está tomando una decisión que podría afectar a toda la familia. J.P. está trabajando en estos momentos, y yo me enfrento a mis emociones sola, en completo silencio. La relación con mi madre ha sufrido un quiebre. Aunque deseaba que encontrara el amor, nunca imaginé que sería con alguien como Massimo. Mis sentimientos de enojo, confusión y traición se mezclan en un nudo en mi corazón. No sé cómo enfrentar esta nueva realidad, pero una cosa es segura: las cosas entre mi madre y yo ya no serán las mismas. El hambre finalmente me despierta de mi letargo emocional, y con cuidado, me levanto de la cama y me estiro. Mi mirada se posa en el pequeño colchón inflable que J.P. ha usado para dormir durante las dos últimas noches. Cualquiera podría pensar que, siendo novios, compartimos la misma cama, pero la verdad es muy diferente. J.P. y yo compartimos una profunda conexión basada en nuestros valores y creencias cristianas, así que estamos comprometidos y decididos a guardar nuestra virginidad hasta el matrimonio. La decisión de mantenernos castos hasta casarnos ha sido un pilar fundamental en nuestra relación; nos apoyamos mutuamente en este compromiso, y J.P. ha demostrado un respeto y una paciencia inquebrantables. Mientras me dirijo hacia la pequeña cocina para preparar algo de comer, siento gratitud por tener a J.P. a mi lado. Nuestra relación está marcada por la honestidad, el respeto y la comprensión mutua, y siento que no podría tener un novio más perfecto que él. Unos minutos después, tras preparar unas pastas que me quedaron horrendas porque la cocina no es lo mío, me siento a comerlas en el pequeño sillón que hace las veces de comedor en este espacio reducido que J.P. tiene por casa, y mis pensamientos se aclaran. Haberle colgado a mi madre me pesa en el corazón, y un profundo arrepentimiento me embarga. Quizás, en mi enojo inicial, no consideré todas las perspectivas. Mi madre ya ha sufrido lo suficiente en la vida como para que yo sea una nueva razón de sufrimiento. La soledad que la ha acompañado durante años, criándonos a mi hermana y a mí como madre soltera, no ha sido fácil. Yo debería saberlo mejor que nadie, que he sido testigo de cómo mi madre ha ignorado hombres adinerados que podrían haberle dado una buena vida solo porque ellos no querían aceptar a la vaca con sus terneritos. Con cada bocado, reflexiono sobre nuestras palabras intercambiadas. Las emociones pueden ser abrumadoras, pero no quiero que nuestras diferencias nos distancien aún más. Es cierto que no entiendo cómo pudo enamorarse de alguien con el pasado de Massimo, pero mi madre merece ser feliz, al igual que yo, y es entonces que decido tomar acción. No quiero que esta brecha entre nosotras se vuelva insuperable. La idea de mi madre enamorada, con la posibilidad de tener un compañero que la apoye, me llena de esperanza, y si eso significa que debemos hablar y encontrar una forma de comprendernos mutuamente, entonces estoy dispuesta a intentarlo. Termino mi almuerzo y cojo mi teléfono. Elijo el número de mi madre y espero nerviosamente a que responda. Mi corazón late con fuerza mientras la llamada se conecta, y en mi mente, trato de encontrar las palabras adecuadas para abordar esta conversación. La relación con mi madre es demasiado valiosa para perderla por una diferencia de opiniones, y con determinación y el deseo de reconciliación, espero que podamos superar esta tormenta y encontrar un camino hacia la comprensión mutua. —Sofi...—dice mamá, con voz cansada. —Mami —digo, tragando saliva pesadamente. —Déjame explicarte las cosas —insiste ella —. Cuando conocí a Massimo, él se estaba haciendo pasar por alguien del común. Yo no sabía que él era aquel mafioso italiano y...cuando lo supe, ya era demasiado tarde. Yo ya había caído perdidamente enamorada de él —escucho un suspiro al otro lado de la línea —. Él me hace feliz de una manera en que no te imaginas. Me hace sentir amada, apreciada, valorada y respetada. La conversación con mi madre resulta ser más conmovedora de lo que esperaba. Mientras escucho sus palabras sobre cómo Massimo la hace feliz, siento un nudo en la garganta. Aunque las dudas todavía rondan mi mente, estoy dispuesta a darle una oportunidad a ese hombre, a pesar de su turbio pasado. Pero yo pensé que, al ser el noviazgo de mi madre con Massimo muy reciente, yo tardaría en conocer a los Mancini, pero unas pocas semanas después, mi vida se entrelaza de manera inesperada con la de Massimo y su familia. Un enfrentamiento entre la familia Mancini y la mafia rusa nos puso en grave peligro, y no hemos tenido más opción que buscar refugio en la casa de Luciano, el hijo mayor de Massimo, un lugar que parece estar a salvo del conflicto. Mi madre y yo hemos sido recibidas con amabilidad en la mansión de Luciano. Él, aunque es un poco celoso con su padre y no estaba de acuerdo con que tuviese una novia, nos brinda refugio y protección. Massimo, aunque tuvo que irse a enfrentar con sus propias manos a su enemigo ruso, le dio la orden a su hijo mayor de que nos cuidara, y lo está haciendo. Ahora, estoy encerrada en una bonita finca, sin poder verme con mi novio ni con mis amigas, y aunque de por sí mi vida ha dado un giro de 180 grados, yo no me imaginaba que podría cambiar aún más, hasta que, en una mañana del 28 de junio, mi vida termina de dar un vuelco. Cuando escucho el timbre de la mansión, yo estoy ayudándole a mi madre a pelar unas papas para el almuerzo. Eso es lo único en lo que puedo ayudar en la cocina. —¡Oh! Creo que ya ha llegado —dice mi madre, emocionada, y yo le arqueo una ceja, no entendiendo a quién se refiere —. ¡Oh, vamos! ¿Quién más crees que podría venir a visitarnos a esta fortaleza que parece ser más segura que El Pentágono? Yo...creo que sospecho quién podría ser, pero prefiero quedarme con la duda hasta abrir la puerta. Dejo las papas a un lado, me limpio las manos en mi delantal y corro a abrir la puerta, y entonces, lo veo a él. Cuando veo a Santino de pie frente a mí, mi corazón parece detenerse por un instante. Sus ojos, profundos como el océano, me miran con una intensidad que me deja sin aliento. Es como si el tiempo se hubiera detenido, y en medio de la incertidumbre y el peligro, nuestros destinos se estén entrelazado de manera irrevocable. No hay palabras para describir la atracción que siento en este momento. Es más que la mera apariencia física; es una conexión inexplicable que trasciende el tiempo y el espacio. —Ho-hola —tartamudea Santino al saludarme, ofreciéndome su mano para estrecharla —. Eres Sofía, la hija menor de Martha, ¿verdad? Los próximos días se anuncian llenos de desafíos, con la mafia rusa acechando y nuestras vidas en peligro, pero, aquí, mirando a Santino, el muchacho más hermoso que jamás había visto, me doy cuenta de que este encuentro ya estaba destinado a ser.
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