En la hacienda

2004 Words
Santino El sonido del motor del avión se desvanece mientras el pequeño aeropuerto de Bucaramanga se acerca a través de la ventana. Mi mente está llena de pensamientos mientras desciendo hacia tierra colombiana. Tomé el primer vuelo que encontré desde España hacia Colombia, sin preocuparme por las escalas o la distancia. La noticia que recibí en un escueto mensaje de texto de Luciano me impulsó a actuar de inmediato. Después de una larga serie de vuelos que incluyeron escalas en Miami y Bogotá, finalmente estoy aterrizando en Bucaramanga. Tenía la esperanza de que, por esta ser una ciudad pequeña y que las personas se pueden considerar “pueblerinas”, no me reconocieran, pero ciertas miradas curiosas ya me confirman que me han reconocido como el piloto de la Fórmula 1. —¿Ese no es el Tino Mancini? —escucho a un chico de entre 15 y 17 años preguntarle a su padre. Me pongo mi gorra de los Yankees para disimular un poco. A veces la gente suele reconocerme por mi rebelde cabello castaño, muy parecido al de Luciano, pero él se lo deja un poco largo, pareciéndose a Jesucristo, mientras que yo me hago un corte sombreado con mechones. Alquilo un automóvil en el aeropuerto y conduzco hacia la hacienda en donde Luciano vive, y en donde mis hermanos pequeños se están quedando por estos días. Sé que estoy corriendo un gran riesgo al estar sin guardaespaldas, pero es que en serio necesito ver a mis hermanitos. Deben estar asustados y muy tristes. Papá lo es todo para ellos, y que él se vaya así sin más, en una misión en la que puede morir..., eso nos tiene con mucha ansiedad a todos. Es que todavía no me lo puedo creer. Mi padre y Vicenzo se han embarcado en una peligrosa misión que los llevará a Rusia en un submarino, puesto que, si los ven en cualquier aeropuerto del mundo, los capturará la Interpol. Vicenzo está en la circular roja. Es una jugada arriesgada, y me cuesta asimilarlo por completo. Aunque estoy acostumbrado a los giros inesperados en la vida de mi familia, esta situación es especialmente delicada. Había acabado de disputar la carrera del GP de Barcelona apenas me enteré de todo esto, y aunque quisiera estarme aquí con mis hermanos hasta que mi padre aparezca, solo puedo quedarme durante semana y media, ya que tengo otra carrera dentro de 15 días. La carretera serpentea a través de paisajes exuberantes y montañas majestuosas mientras me acerco a la hacienda. Mi mente está llena de preguntas y preocupaciones, pero también de determinación. Mi familia siempre ha sido mi prioridad, y mis hermanos me necesitan en estos difíciles momentos. Mientras el sol está en la cúspide más alta del horizonte colombiano, me doy cuenta de que esta es una de esas ocasiones en las que la lealtad familiar lo supera todo. Mi corazón late con la expectación de lo que está por venir, y sé que juntos enfrentaremos cualquier desafío que la vida nos presente. La inmensidad de la propiedad me sorprende una vez más mientras ingreso a la gran extensión de terreno que Luciano ha bautizado como Hacienda Roma. Aunque ya había estado aquí para la celebración del cumpleaños de Luciano hace poco tiempo, cada visita me deja impresionado. Me detengo frente a la casa principal; una impresionante mezcla de lo moderno y lo clásico, construida en piedra, que emana un aura de grandeza. La elegancia rústica de la casa de campo se combina perfectamente con un toque de sofisticación contemporánea. Toco el timbre, y al abrirse la puerta principal, mis ojos se encuentran con una vista inesperada. Una joven de piel canela, con una cara angelical y una belleza que desafía cualquier descripción, me recibe con una expresión igual de asombrada a la mía. Sus ojos, profundos como el chocolate, me miran fijamente, dejándome completamente embobado. No puedo evitar quedarme atónito. Es como si hubiera entrado en un mundo completamente nuevo. Mis pensamientos se tambalean momentáneamente, y me doy cuenta de que esta visita a la Hacienda Roma será aún más inolvidable de lo que había anticipado. Mientras ella me mira con esos ojos chocolatosos, me pregunto qué más sorpresas me deparará este viaje. La incertidumbre y la emoción se mezclan en mi interior mientras sigo su mirada cautivante, hasta que caigo en cuenta de que tal vez esta hermosa chica es la hija de Martha, la novia de mi padre. —Ho-hola —tartamudeo al saludarla. ¿Pero qué carajos me pasa? —. Eres Sofía, la hija menor de Martha, ¿verdad? Mis palabras quedan suspendidas en el aire por un momento antes de que nuestros dedos se toquen, pero lo que sigue resulta ser mucho más que un simple apretón de manos. Un corrientazo recorre todo mi cuerpo; una sensación eléctrica que parece emanar de ese contacto. Miro a Sofía, y en sus ojos veo reflejada la misma sorpresa y confusión que siento yo. No sé qué es lo que está pasando, pero está claro que no es algo que hubiéramos experimentado antes. Permanecemos en silencio, nuestros dedos todavía entrelazados y nuestras miradas atrapadas una en la otra. El tiempo parece detenerse mientras nos encontramos en medio de esta extraña conexión. No sé si es la magia de la hacienda o simplemente el destino jugando sus cartas, pero está claro que algo excepcional está ocurriendo. —¡Tino! Finalmente, mis hermanos menores nos sacan de nuestro trance. Nos separamos, liberando nuestras manos mientras la realidad vuelve a tomar el control. No tenemos explicación para lo que acaba de suceder, pero sabemos que nuestras vidas han dado un giro inesperado en este momento. Me agacho con una enorme sonrisa mientras los gemelos se abalanzan sobre mí y los lleno de besos, disfrutando de la alegría que siempre traen consigo. Mis hermanos menores son una parte preciada de mi vida, y cada vez que los veo siento que mi mundo está en orden. —¡Tino! ¡Ayer vi una rana de colores muy raros! ¡Fue genial! Gianluigi y Lorenzo hablan a toda velocidad mientras intentan contarme todo lo que ha sucedido desde la última vez que nos vimos. Sus risas son contagiosas, y me recuerdan la importancia de la familia en medio de todos los desafíos que enfrentamos. Después de saludar a los gemelos, mi atención se centra en Antonella, la niña más hermosa y tierna que pueda existir. Con cuidado, la levanto en mis brazos y le doy un tierno beso en la mejilla. Sus ojos azules idénticos a los míos brillan con inocencia mientras me mira con cariño. —¿Autos? —me pregunta la pequeña, con eso queriéndome preguntar si estuve corriendo carreras. —Sí, mi amore. Muchos autos. Pero estaré descansando aquí por estos días. La reunión con mis hermanos menores llena mi corazón de alegría y gratitud. A pesar de las complicaciones y los peligros que acechan a nuestra familia, estos momentos de conexión y amor son los que más valoramos. La importancia de la familia se hace aún más evidente en cada abrazo y risa compartida. —Te-te mostraré tu habitación —se ofrece Sofía, y es que ve que traigo una maleta, y si bien no es muy grande, sí necesito descargarla. Sofía me guía a una de las habitaciones de huéspedes de la casa. Es evidente que, en tan solo un par de días, se ha familiarizado bien con el lugar, y me siento agradecido por su amabilidad y hospitalidad. Una sensación intrigante sigue rondando mis pensamientos apenas ella se va. Una vez solo en la habitación, saco mi celular y le envío un mensaje a Chloe. No puedo decir que me importe de a mucho su respuesta, pero hay una responsabilidad que no puedo ignorar; Chloe lleva a nuestro hijo en su vientre, y aunque nuestra relación ha sido turbulenta desde el principio, es una realidad que no puedo eludir. Mi mensaje es breve y conciso, simplemente para informarle que he llegado a mi destino, y mientras espero su respuesta, me siento atrapado entre dos mundos: el del Santino que solo quería disfrutar su juventud pero que fue obligado a casarse al haberse puesto mal un condón y haber embarazado a una mujer con una personalidad horrible, y el Santino que quiere ser un hombre responsable y, por ende, procesar de una vez por todas el hecho de que está casado y esperando un hijo. No lo voy a negar: no quisiera reconocer la paternidad del bebé que está esperando Chloe. Nunca he estado de acuerdo con que algunas mujeres crean que con un hijo no planeado puedan amarrar a un hombre, pero...los bebés no tienen la culpa. Son seres inocentes que lamentablemente nacieron en un campo minado. Reconoceré a ese hijo como mío, por supuesto, porque, después de todo, yo lo hice, pero me preocupa el hecho de que tal vez no pueda amarlo como sí amaría a un hijo que fue planeado en un matrimonio amoroso. Mientras camino hacia la habitación de Luciano, un recuerdo viene a mí como un destello. Luciano no fue planeado por nuestro padre. Mi hermano mayor fue entregado a Massimo cuando este tenía tan solo 20 años, en una situación que lo obligaba a asumir la paternidad, pero, a pesar de las circunstancias, Massimo amó a Luciano desde el primer instante en que lo vio. Ese pensamiento me hace reconsiderar mis propias dudas y temores. Si mi papá pudo encontrar el amor y la conexión con Luciano en medio de circunstancias difíciles y no planificadas, ¿por qué no podría yo hacer lo mismo con mi propio hijo? La paternidad es un territorio desconocido para mí, pero no estoy solo en este viaje. Tengo ejemplos de amor y compromiso en mi propia familia, y no solo por parte de mi padre... —¡Tío Tino! Mi corazón se alegra al ver a Edahi. La historia de Edahi siempre será un testimonio del amor incondicional que fluye en nuestra familia. Cuando Luciano se casó con Carlos, quien ya tenía un hijo de una relación anterior, aceptó a Edahi como su propio hijo y lo ama como tal. Todos en la familia queremos al pequeñín amazónico como si tuviera sangre Mancini corriendo por sus venas. Sonrío al ver a Edahi correr hacia mí, sus brazos extendidos en un gesto de alegría. —¿Cómo está mi pequeño cacique? Lo levanto en mis brazos, sintiendo su energía juvenil y su cálido abrazo. Edahi es un niño mestizo, con una belleza exótica y única que refleja sus raíces indígenas de la Amazonía. La historia de Edahi es un recordatorio constante de que la familia no está limitada por la sangre, sino que se forja a través de los lazos del amor y el compromiso. En nuestra familia, la diversidad es celebrada, y cada integrante, sin importar su origen, tiene un lugar especial en nuestros corazones. —¿Qué estabas haciendo, pequeño? —le pregunto mientras sigo caminando hacia la habitación de Luciano. El puñetero niño pesa bastante. Tiene ocho años, pero es igual de alto que los gemelos —que ya tienen diez —, así que es un niño grandote y pesado, pero le gusta ser cargado en brazos. —Mi babbo no quiere que lo visiten —dice, refiriéndose a Luciano —. Está enfermito. Luciano tiene una extraña condición, y es que, a pesar de que contrató a una madre subrogada para que fuera su vientre de alquiler para el bebé que está esperando, él está sufriendo unos síntomas similares a los del embarazo, y a eso se le llama el Síndrome de Couvade. Tal vez solo sea el estrés y la ansiedad por estar esperando a su primogénito y por la peligrosa misión en la que se han embarcado papá y Vicenzo. ¿Quién no estaría estresado por eso? Pobre Luciano..., ahora es él el que debe cargar con el peso de ser el líder de esta familia.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD