Ya había pasado una semana, semana en la cual, como cualquier niña enamorada de un imposible, estuve pintando nubes rosas en mi entorno, pero sin ilusionarme, ya que sabía que aquello que soñaba era un imposible.
Pasó la semana sin ninguna novedad, excepto el nuevo comportamiento de Bruno, pude notar que se alejó aún más de mi, elegía a cualquier otro equipo antes que al mío, esta semana volví a recoger mi cabello y todo iba un poco igual que antes, Charlie dejó de hablar con Martina por más que ella se le acercaba o insistía, y por lo tanto, esa mujer no me dejaba de mirar con ojos de odio, me hacía sentir algo incómoda pero creo que era lo que le daba "la sazón" a mi vida escolar, Charlie me hacía compañía, hablábamos de muchas cosas, imaginabamos el futuro o recordábamos el pasado acostados en el pasto o sentados en las mesas de la cafetería, a veces íbamos a la biblioteca en los descansos, Charlie se quedaba dormido casi siempre, mientras yo me quedaba leyendo algo, que no siempre era de mi agrado, pero no me gustaba dejar las lecturas inconclusas.
El Sábado acompañé a Charlie a su casa, ya que a medio camino había un parque, él vivia unas cuadras más adelante, entonces el plan era quedarme un rato en los columpios y después volver a casa de mi tía. Ya estando en los columpios dejé caer un poco mi espalda hacia atrás para poder mirar el cielo mientras me mecía lentamente, este día me dejé el cabello suelto, y quedaba colgando casi tocando el suelo por la posición en la que me encontraba, el cielo se comenzaba a pintar de rosa, habian nubes con bordes brillantes, había viento leve, muy poca gente en el parque y los columpios estaban sólo para mi, entonces me permití cerrar los ojos, los mantuve así como por 5 minutos, y cuando los abrí para sentarme como se debe en el columpio...
—¡Aaahhh! —grite espantada pues tenía enfrente una cara que al momento no había reconocido.
—¡Luna, no te espantes, soy yo! —
— Bruno... ¿Qué se supone que hacías? —
— Lo lamento, no quería asustarte, pero me diste curiosidad —
— ¿Curiosidad? — dije con duda
— Si, creo que nunca había visto a nadie de cabeza, y pude observarte y... — se detuvo a pensar lo que diría — Y bueno, las personas se ven graciosas cuando se ponen de cabeza — dijo tratando de no reirse.
¿Qué le ocurre? Primero me ignora y ahora se burla de mí.
— Así que soy muy graciosa? — dije algo seria.
— No, no, para nada es eso, sólo que primero iba pasando, volteé y vi un cabello que me pareció familiar, me acerqué y el viento llevó consigo un olor que me confirmo que era tu cabello y luego me acerqué a mirarte porque te veías tranquila... — explicó rápidamente, como... ¿Nervioso? ¿Que pensaba, que lo iba a golpear o algo así si decía algo incorrecto?
—Bien, bien, sólo ... Fue raro e inesperado ver a alguien tan cerca de mi cara —respondí más calmada.
— Bueno, ya no deberías amarrar tu cabello — mencionó mientras se sentaba en el otro columpio —¿Vienes aquí seguido? —
— No, de hecho solo cuando acompaño a Charlie de regreso a casa los sabados, pero a veces sus padres van por él a mi casa —
— ¡Oh, ya veo! Deberíamos quedar algún día específico para vernos aquí, ¿Te gusta el helado? — preguntó.
— Ammm.... Sí, me gusta el helado, pero... —
— ¿Pero qué? —
— No quiero sonar muy... ¿Intensa? Pero has cambiado un poco tu actitud desde el viernes de la semana pasada... Y ahora... ¿Me estas invitando a tomar un helado? — dije completamente confundida.
— Mira Moon, la verdad es que no sé cómo tratar a una chica, me agradas y quiero que seas mi amiga, pero ya tienes a Charle y... No sé, no quiero que se moleste — se ve que te quiere mucho.
— Jajajaja Charlie es mi hermano, hijo de otra madre — dije riendo pues me hizo gracia el haber escuchado eso — Él no se molestaría por hacerme... ¿Tu amiga? —
—En serio me alegra escucharlo, espero aceptes entonces. Oye, ya esta haciendo algo de frío, ¿Quieres que te acompañe a tu casa? —
— Hum... Sí, claro, gracias — dije un poco seria pues lo que dijo sobre ser amigos me posicionaba en la punta de la pirámide de la friend zone, pero aún me sentía algo contenta, pues antes de esto, no éramos nada.
—¿Te pasa algo? — preguntó luego de mirarme fijamente, me atrapó en pleno pensamiento.
— No, nada, mira, vivo allá con mi tía — señale una casa con fachada beige y reja blanca.
— De acuerdo, te dejo entonces ahí — sonrió y asentí.
Llegamos muy rápido , ni siquiera me había fijado por andar metida en mis pensamientos, entonces saqué las llaves de mi pequeño bolso y muentras las buscaba Bruno me jaló un poco y quedamos abrazados. Dios, huele tan bien...mi corazón se aceleró y sentía que se me iba a salir de su cavidad, mi cabeza quedaba a la altura de su pecho, y sólo me quedó aceptar el abrazo y recargar mi cabeza en él, su corazón también iba rápido, fue un momento emocionante, lindo, con un atardecer y un clima que lo hacía perfecto, sentía el mundo detenerse, luego pasó un carro, y nos separamos en ese momento. Él me miró fijamente, como siempre sentía que me derretía o más bien que volaba, no, no, sentia que me derretía mientras volaba.
— Gracias por dejarme acompañante hasta aquí, así estás un poco más segura —
— Gracias a ti por tu compañía y por todo, nos vemos el Lunes entonces. Hasta luego Bruno — respondí con una sonrisa y los ojos cerrados, sabía que estaba completamente sonrojada, una alfombra roja se quedaba pálida a mi lado.
Luego de eso abrí la puerta y mientras él se iba yo entraba a la casa, sorprendí a mi tia asomandose de una ventana.
—¡Hola tía! ¿Qué haces ahí parada? — pregunté riendo.
—¿Quién te trajo, señorita? — me dijo con voz pícara.
—Es Bruno, ma, un amigo de la prepa — le dije a mi tía, la llamaba mamá por todos los cuidados y el cariño que me ha dado, a pesar de ser algo gruñona, nos llevamos muy bien desde siempre.
—De acuerdo... Pues espero conocer a ese tal Bruno algún día no muy lejano — me miró y de nuevo sentí cómo me subía el color a la cara.
—Sí ma, está bien, a ver qué dia se da — dije riendo levemente .
Como siempre, esta noche tenía cara de no dejarme dormir o, en todo caso, de hacerme soñar despierta, imaginando cosas con mi amor platónico y nuevo "amigo", Bruno.
— Le tengo que contar esto a Charlie — me dije a mi misma con esperanza de que Charlie me aterrizara un poco en el mundo real.
**Lamada telefónica.
— Moon, ya sé que no puedes vivir sin mí, pero acaba de llegar una visita y ayudaré a mamá a atenderles, te devuelvo la llamada a eso de las 9:00 ¿Te parece? — dijo un poco atareado, pero siempre con una sonrisa que podía detectar aún a través del celular.
—De acuerdo, si aún no te desocupas, ta marco mañana, vale — dije comprensiva, pero con ansiedad de querer contarle todo en ese momento.
— Muy bien Moon, bonita — se despidió y colgó.
Sólo esperaba la hora de hablar con él, ese abrazo me movió el mundo, su compañía era agradable, pero esto de ser su amiga me tenía muy alterada.
No me di cuenta en qué momento me quedé dormida, al parecer Charlie se desocupó hasta más tarde y ya no pudimos hablar ese día.