Hay un par de ocasiones, en donde la vida se vuelve complicada, crees conocer a claridad los colores que se encuentran en ella, hasta que una luz te ciega, por completo, junto con recuerdos, uno a uno, recuerdos brillantes de momentos opacos, a veces, la vida duele, a veces la verdad lo hace también.
Las lágrimas que brotaban de mis ojos, terminaban siendo arrastradas por la velocidad a la que iba, sentía el nudo en mi garganta ahogarme, me sentía atrapada, quería gritar, un grito amargo lleno del dolor que crecía dentro de mí, quería que las cosas dolieran menos, sin embargo, no era así, dolía más, con brusquedad.
Fue por ello, que el regreso a casa fue doloroso, demasiado difícil, un sin fin de recuerdos caían en picada en mi cabeza, en mi memoria, atormentándome de un modo completamente brutal, intentaba poner atención al camino, sin embargo, era complicado, cuando las lágrimas eran las que cubrían mi vista, no podía dejar de pensar al respecto de lo que la carta decía y el cómo leer las iniciales “—K.D”, me habían afectado tanto, pensaba en aquella carta, en las iniciales, y en el cómo el corazón se me hacía pequeño con cada segundo que pasaba.
El estar en la cabaña de Saith, el día de hoy, comenzaba a ser un momento demasiado tedioso para mi, comenzaba a afectarme de un millar de formas posibles, comenzando a convertirse en un tratado de dolor puro, como si me tratase del mismísimo tequila, que calaba la garganta al tomarse puro.
“—Un trago me vendría bien”—, pensé, por lo que fueron un par de minutos, el dolor no se iba, y las ganas de llorar, solo aumentaban, con cada uno de los segundos que pasaba.
Me sentía ridícula, puesto que una parte de mi le había dado demasiada atención, a algo que sí quiera lograba entender con claridad, era absurdo.
Sin embargo, por mucho que intentase distraerme dentro del paisaje y todo el camino que pasaba por mis ojos, me resultaba imposible, puesto que al final de todo, esos pensamientos salían de mi, abruptamente, como un vaso que estaba a punto de colapsar por completo. Lloraría por lo que fuera por un par de minutos, porque los recuerdos caían en picada dentro de mí, y sólo podía pensar, en la muerte de mis padres, ese pensamiento naciente, después de las iniciales en las cuáles estaban en aquella carta.
Se me cegaba la vida, se me estaba cegando absolutamente todo, sintiendo como había algo que me comenzaba a introducir en esto, de una forma intensa, y como el dolor caía en mi, porque a pesar de que sentía que estaba saliendo de esto, cada vez, que sentía que daba pasos alejándome, terminaba más adentro de lo que alguna vez llegué a estar.
Cada día de las madres lloraba, el día de sus cumpleaños, el maldito 13 de Abril donde todo se fue abajo. Las iniciales de la nota solo hacían más difícil todo, porque por una u otra razón resonaban en mí, estaba segura que no era por mi nombre, era más allá de todo eso.
Me recordaba a mi de niña, diciendo a mi madre las mismas iniciales por alguien más, y fue, cuando mis padres murieron que esas iniciales dejaron de sonar en mi mundo, a excepción si se tratase de mi,una parte de mi, sentía el mundo como un problema, que prontamente jamás se fuera a curar, una herida que nunca podrá cicatrizar, y esto dolía, como algo presionando el dolor. Lastimando la herida.
Y a pesar de que todo el trayecto lo único que hacía era intentar recordar de dónde venían esas palabras, me resultaba imposible, siendo así, un dolor, jodido. Mi vida se sentía de ese modo, mal y jodida.
“—¡Mamá! Dile a Juls, que es cierto, que él y yo tenemos las mismas iniciales—, recuerdo que le pedí, a lo que ella me sonrió fugazmente—, Es que ella no parecía creerme.
—Cariño, ella lo sabe—,aseguró, a lo que negué—, Está jugando contigo, ella sabe, que tienen las mismas iniciales, ¿Cierto cielo?
Juls le miró con una sonrisa traviesa, para terminar asintiendo con demasiada diversión, pasando sus manos por su ropa, por lo que yo hice una mueca completamente de desagrado”.
Y era, una sensación extraña, la que pasó por mi cuerpo, apenas ese recuerdo llegó a mi cabeza, una parte de mi, se negaba a creer, que sería ella, en quien más confiaba, quien me ocultará los secretos sin siquiera sentir algún tipo de culpa, recordaba ver a Juls, consolarme, día trás día en los que yo lloraba inconsolable, por la pérdida de mis padres.
K.D, había escuchado esas iniciales, sin embargo pocas veces, pero, me quedaron marcadas como un recuerdo de cuando tenía cuatro, uno fugaz y casi inexistente, dolía, y a pesar, de que de un recuerdo reciente no se trataba, podía sentir demasiado con ese par de letras, escritos en cursivas y letras negritas, al final de la hoja, como las amenazas que recibía Kyara, o las advertencias que daban los chicos malos, notas.
Deberían hacer diferentes cosas porque a mi no me interesa pasar por eso. No quería simplemente. En más de una ocasión casi choque, comenzaba a pensar que sería más sencillo no ir conduciendo, pero tenía que devolverla, apenas termine estacionando en la cochera de Kilian, limpie mi rostro, respiré profundamente, para intentar calmarme, solté un suspiro completamente pesado, antes de tocar la puerta, sonreí levemente, recomponiendo por completo, para después mirar como Kilian, paso de darme una sonrisa a examinarme lentamente, haciendo una ligera mueca.
— Katherine...—, menciona, con una ligera mueca—, Tu…
— Yo de verdad te agradezco que me hicieras ese favor—, interrumpí, con una ligera sonrisa.
Pude sentir su mirada pasear por mi rostro, quería decirle que si podía ayudarme a decifrar lo que estaba pensado o lo que había encontrado en aquella cabaña, pero no podía, no podía preguntarle a nadie, sin que se quisieran meter en mis asuntos, pero no podía, no quería que arruinarán los pasos que yo dí, porque, quienes conocía, nadie me decía absolutamente, nada.
— ¿Qué tal el viaje? Te ves agitada, ¿Todo en orden?—, por más que quería desahogarme lo único que hice fue morderme la lengua para evitar hablar, a nadie le interesa el porque me carcomía la cabeza y no iba a ir por ahí causando penas.
Horrendo.—Sí y fue interesante-—,mentí.
Pude notar que dudaba cuando frunció las cejas y entreabrió los labios un par de veces intentando decir algo, sin embargo jamás lo hizo.
—¿Quieres que te lleve a casa?-indaga, el hecho de que me llevara haría que por un momento dejará de atormentarme.
O quizá no, me había abierto la herida de nuevo y ahora no podía dejar de pensar, nunca entendí porque ese día entraron a mi casa y terminaron con todo lo que quería. Sola o en compañía mi mente me traicionaba y terminaba con el corazón doliéndome a más no poder. Mis pensamientos me torturaban y el reprimirme me ahogaba. Dolía.
—Ya hiciste mucho por mi hoy, caminaré. Gracias.- le di una sonrisa y él solo me miraba atentamente a mi—, De verdad, gracias.
— El día que quieras te cuento sobre los cinco.- me sonríe levemente—, Ve a descansar y cuidado en quien confías.
— Te agradezco, todo.- le sonreí, me despedí y salí de ahí.
Esas palabras habían sido cruciales en mi, resonando en mi cabeza, mirando el cielo, paseando entre mis pensamientos, “—Cuidando en quien confías”
No fueron tantos los pasos que di, antes de que terminara por frenar, debido a que mi celular comenzó a vibrar, una y otra vez, y aunque una parte de mi, comienza a ser tentada en dejar pasar la llamada, saqué el celular, notando su nombre iluminando la pantalla, generando que mi estómago se contraiga levemente. Demonios.
Termino soltando un pequeño suspiro, para terminar contestando la llamada que recibí.
—¿En dónde estás?
—A dos cuadras del edificio.-murmure seca.
—Me tenías preocupada, no contestaste las llamadas...
—¿Cuantos años tenías tú cuando mis padres murieron?-indague de golpe a lo que ella se quedó callada.—Juls...
—Diez...
—¿Que sucedió?
—Tu lo sabes...
—¿Realmente se lo mismo que tú?
—Kathy basta.
—¿Quien es K.D?
—Tu
—¿Estar con ellos también te a vuelto mentirosa?
La llamada queda en completo silencio y mil recuerdos invaden mi cabeza lo cual comienza a hacer que mi respiración falle. Necesitaba a Saith.
—Bien.-susurre y colgué antes de recibir una respuesta por parte suya.
No me sentía segura, no me sentía bien, simplemente, no podía. Era evidente que cada persona que estaba en mi vida había hecho algo en mi, secretos, mentiras. Juls era quien menos sabía mentir y apenas escuché su tono de voz lo note. Jamás había puesto tanta atención, jamás imaginé que tendría que desconfiar de cada persona que pasara en mi vida, no me habían dado razones.
O mejor dicho no las quería ver.
Nadie quiere saber, que le mienten las personas que quiere. ¿Tendría que analizar cada una de las palabras que recibí? ¿Todas las cosas que viví?, dolía, ¿Yo crecí en una mentira? Probablemente, sí.
Y eso terminaba siendo una cosa, que dolía más de lo que en algún momento quisieras llegar a creer, el tener que imaginar que, nada de lo que has vivido a lo largo del tiempo, era real, que sólo, vivías acordé a lo que las demás personas querían o tenían, y no de modo de lo que tu querías o podías ver, y eso, era, absurdo. Todo parecía serlo.
— ¿En que me metí?—, me quejé en voz baja.
Los recuerdos comenzaron a invadirme de forma simultánea, los recuerdos de aquella noche, en los que parecía ser un día tranquilo, aquella noche, que terminó en una tragedia, mi respiración fallaba, mi respiración comenzaba a ser, un caos, un martirio, ¿En que me metí?
Mi corazón latía fuertemente, rápido y demasiado, no podía, los ojos se me nublaron, era un mar de llanto, que prontamente terminaría siendo desbordado en tragedia, ¿Eso era la vida? ¿Una tragedia?
Yo quería respuestas, quería terminar con esto, todos los pensamientos se me cruzaron, todo lo que sentía se comenzó a hacer un desastre, el dolor, la frustración aumentaba fuertemente, con mi corazón latiente, con la frase “cuidado en quien confías”, “los cinco saben”, los recuerdos mezclados de Juls, no podía con esto, ni siquiera quería averiguar hasta dónde podía llegar, me sentía vulnerable, con todo entrecruzado, un rompecabezas revuelto, con pocas piezas claras, ¿Yo me equivoqué?
Las lágrimas salieron de mis ojos sin control, quería saber quién era K.D, y lo único que lograba saber, era que los cinco estaban….
Los cinco.
Cerré mis puños, bastante molesta, para que mis pasos pesados, comenzaran a ser rápidos, dentro de una carrera que no sabía si tendría fin.
El dolor puede ser una fuente de energía, un impulso, pero también… puede ser aquello, que rompa tus partes fuertes, dejando en nada. Eso éramos todos, nada.
Corrí con demasiada fuerza, todo lo que mis piernas fueron capaz de dar, corrí a pesar de que mis piernas pedían parar, corrí con fuerza al edificio, en donde vivían los gemelos, aquel que se encontraba enfrente de con el de Juls, corrí, más que nunca, para encontrarme subiendo las escaleras con prisa un par de segundos después. Subiendo las escaleras sin un pensamiento completamente coherente, solo con el dolor, de saber que los cinco me estaban ocultando algo, eso me afligía, porque no importaba en el lugar que estuviera, las personas que conociera, terminaba obteniendo mentiras y secretos.
Los secretos rompen relaciones, rompen confianza, rompen personas.
Apenas llegue a la puerta de Gilberto, le mire, con dolor para comenzar a tocar un par de veces con una mirada llena de dolor, con una desesperación creciente en mi interior, que rogaba porque las cosas terminarán, yo merecía menos secretos, merecía paz.
Sin embargo, había ocasiones, en que el dolor cruzaba demasiados límites, me nublaba la vista, saturaba mis pensamientos, distorsionaba la realidad.
Apenas la puerta se abrió, pude notar como Guillermo me miró con una sonrisa, hasta que terminó por examinar mi rostro lentamente, para convertir aquella sonrisa en una enorme mueca, con una mirada llena de confusión, sus ojos verdosos, parecían llenos de misterio, una profundidad de mentiras por decirme...
—Kathy, ¿Qué ocurre?—, preguntó completamente confundido, se acercó un poco a mi—, ¿Está todo bien?
Podía sentir la preocupación de las personas que quería, pero, podía sentir como me miraban como si fuera una niña, que no podía ser capaz de defenderse.
—¿Dónde está Gilberto?—,dije con un hilo de voz, aún sentía mis ojos llenos de lágrimas y mis piernas comenzaban a temblar, mi corazón latía a mil por segundo y las cosas se comenzaban a distorsionar—, ¿En dónde se encuentra?
A un lado de él se posa Caleb, se acerca a mi y retrocede apenas cuando va a tomarme la mano.—Kathy...
—No me toques.-espete y mi voz se quebró un poco, en mi cabeza retumba el sonido de un disparo y frunzo las cejas—, ¿Dónde está Gilberto?
Comenzaba a distorsionar la realidad, de pensamientos que no lograba entender claramente, lo enfoque, entre medio de mis lágrimas, para soltar un sollozo ahogado.
—Tienes que tranquilizarte...—, pidió Guillermo, di otro paso hacía atrás.
“—Prométeme, que no saldrás de aquí…”
— ¿Para? ¿Importa? Solo quiero ver a Gilberto...—, exclamé, él decía tener cariño hacía mí, ¿Podía mentirme mirándome a los ojos?
— Katherine, tranquilízate. Eres de la familia, obviamente importa.-Dice ahora Gael, él a su vez me tomó de la muñeca y me jala un poco para después abrazarme, sentía como gritos retumbaban en mi cabeza, como todo comenzaba a dar vueltas. Era como si yo me encontrara en una realidad adversa, como si mi mundo girará al revés.
¿Y si estaba tomando decisiones de una carta que no sabía siquiera quién la escribió? Las probabilidades de saber si esto era verdad o no eran indeterminadas. Sin embargo, estaba cansada. Nadie me daba respuestas, ni de la muerte de mis padres, ni el día que vine, ni el secuestró de Juls... no sabía nada. Si quiera había pensado bien las cosas y ahora ellos ocultarían mejor sus mentiras, era una idiota.
Gire soltandome musitando un perdón para después salir de ahí casi corriendo al departamento de Juls, apenas estaba por entrar cuando vi a Gilberto, sin embargo, estaba cansada. Sabía lo que ocurriría. No me diría nada. Dejaré que esto prosiga, quizás lleguen más cartas de "K.D" quizás un día me enteré porque sus iniciales y las mías son iguales. Entre y cerré la puerta, esta vez solo me recargue y sentí un nudo en la garganta, sentí que todo se me venía abajo, quería a mis padres conmigo, quería a Saith abrazándome diciéndome que él estará para mi. Quería muchas cosas.
En ese momento, no tenía nada. Me sentía completamente sola, en un lugar que apenas conocía, me sentía encerrada entre dos mundos, cerré mis ojos, para después soltar un sollozo que escapó de mis labios, el dolor crecía, con los pensamientos que se cruzaban en mi cabeza, como un remolino, dolió.
—¿Morgan estás bien? Ábreme—, escuche la voz a través de la puerta, solo cerré los ojos y me imaginé que por fin me sentía en paz—¿Kathy...?
—De maravilla, nos vemos luego.- murmuré y recargue mi cabeza en mis rodillas.
Hay tristezas, que parecen nunca desaparecer, lágrimas provenientes de un mar de dolor y amargura, hay tristezas, que si bien, duelen, lastiman y destruyen, caí, en dolor, sumergida en tristeza…
No sabría con claridad en qué momento me quede dormida, ni en qué momento paré de llorar, sólo que permanecí en el suelo, llorando, hasta que la tristeza me sumergió, que la tristeza me desgastó, los ojos se me hincharon, hasta el punto de sentirse tan pesados.
Desperté en la mañana, aún me encontraba en el suelo, me dolía el cuerpo, me dolía todo. Suspire para arreglarme y salir a la escuela antes de lo habitual, apenas llegué vi a Saith hablando con un chico, me acerqué a él y lo abracé con fuerza.
—Te extrañe.
El me regresa el abrazo, siento como mis ojos me pican, se me sale una lagrima que limpio apenas sale.
—¿Si?- me aleja un poco y me mira, su semblante cambia un poco y me atrae de nuevo con fuerza hacia el.—¿Que ocurre?
— Te extrañe, ¿No es obvio?
Nos quedamos así unos minutos hasta que el timbre suena, ahí el se va a su clase y yo a la mía no sin antes insistir si no quería que habláramos de la situación que había hecho que yo llegara a sentirme así, en mi camino en los pasillos es donde veo a Cassie y Nat.
—Ayer te fuiste temprano.-susurra Nat jugando con su pluma—¿Todo esta en orden?
— Si, una prima vino de visita.-mentí de nuevo apenas abrí la boca, estaba mintiendo demasiado y no me sentía bien por ello.
— chisme.-susurre Cassie.—Ayer hubo un enfrentamiento entre Darwin y Gilberto, aunque quizás ya lo sabías...
— No realmente.-murmure mirando.—¿Qué ocurrió?
— Los cinco temen que les quiten a uno de los suyos... ¿Quién será quien quiera irse?
Me quedo pensando, ayer Guillermo, Caleb y Gael estaban juntos y fue Gilberto quien lo enfrentó... Uriel no se iría.
—Que yo sepa están bien los cinco, pero quien sabe.-admití y ellas suspiraron.
— ¿Qué pasará por su cabeza...?-se pregunta Nat.
Ideas coherentes seguramente no.
¿Qué están tramando los idiotas?