Mauricio Vitale
Al día siguiente, me levanto golpeado, adolorido. Voy a la ducha, busco el botiquín, me tomo unos calmantes. Luego de eso, me meto a la ducha, esperando que la lluvia artificial cubra mis heridas.
El agua caliente de la ducha caía sobre mi cuerpo adolorido, proporcionando un alivio momentáneo a mis heridas físicas y emocionales. Cerré los ojos y dejé que el vapor llenara el espacio, envolviéndome en una especie de refugio temporal donde podía escapar de la tormenta que había azotado mi vida.
El dolor persistente en cada músculo era un recordatorio constante de la batalla que había librado la noche anterior, tanto física como emocionalmente. Los calmantes ayudaban a mitigar el dolor, pero no podían calmar la tormenta de pensamientos que rugía en mi mente.
Mientras el agua seguía cayendo sobre mí, me esforcé por dejar de lado las emociones turbulentas que me consumían. Tenía que mantener la cabeza en alto, tenía que seguir adelante por mi familia, por mi esposa y el hijo que llevaba en su vientre.
Respiré profundamente, permitiendo que el calor y la humedad de la ducha me envolvieran por completo. Cada gota de agua que caía sobre mi piel era como un bálsamo para mi alma herida, una oportunidad para dejar atrás la ira y la frustración y encontrar la calma en medio del caos.
Después de un tiempo, apagué el agua y salí de la ducha, sintiéndome renovado en cierto sentido. Sabía que la batalla aún no había terminado, que había desafíos difíciles por delante, pero por ahora, al menos, podía encontrar un momento de paz en el refugio de mi propio hogar.
Salgo de la ducha con una toalla cubriendo mi desnudez. Miro a mi esposa tendida en la cama, durmiendo tranquila, descansando. Me acerco y acaricio su rostro. Es tan hermosa. Sonrio y voy al closet. Busco un traje n***o de tres piezas y me visto con él. Tengo una reunión más tarde con mis jefes de seguridad y planeación, quienes también son mis amigos, y con los cuales pondré en marcha cualquier plan que ideemos en esa sala de juntas.
Después de vestirme con el traje n***o de tres piezas, me preparé para la reunión con mis jefes de seguridad y planificación. A pesar de la tormenta que había sacudido mi vida, debía mantenerme firme y enfocado en proteger a mi familia y asegurar mi posición en el mundo de la mafia.
Antes de salir de la habitación, eché otro vistazo a mi esposa, quien aún dormía tranquila en la cama. Su belleza me recordaba la razón por la que luchaba tan ferozmente, la razón por la que estaba dispuesto a arriesgarlo todo por mantenerla a salvo.
Con un suspiro determinado, dejé la habitación y me dirigí hacia la sala de reuniones donde debia esperar a que mis leales amigos y colegas se unieran a la conferencia. Juntos, trazaríamos un plan para enfrentar las amenazas que se cernían sobre nosotros, para proteger nuestro territorio y mantener nuestra posición en la jerarquía criminal.
La confianza en mis habilidades y en el equipo que me rodeaba me impulsaba hacia adelante, a pesar de los desafíos que enfrentábamos. Sabía que con determinación, astucia y lealtad, podríamos superar cualquier obstáculo que se interpusiera en nuestro camino.
Con paso firme y determinado, me encaminé hacia la reunión, listo para enfrentar lo que sea que el destino tuviera reservado para nosotros. Porque en este mundo de sombras y peligros, solo los más fuertes y astutos sobreviven, y yo estaba decidido a ser uno de ellos.
Mientras me sumergía en la preparación para la reunión por videochat, el reconfortante aroma del café recién hecho llenaba la habitación, cortesía de mi leal nana. Agradecí su gesto con un gesto de cabeza, sabiendo que entendía mi necesidad de concentración y silencio.Con la computadora lista y una taza de café en la mano, me preparaba para enfrentar lo que sea que estuviera por venir. Pero a medida que el tiempo pasaba y mis colegas no se conectaban, la ansiedad comenzaba a apoderarse de mí. No podía permitirnos retrasos, no cuando tantas cosas estaban en juego.Justo cuando la impaciencia comenzaba a ganar terreno, mi esposa entró con una enorme sonrisa en el rostro, interrumpiendo mis pensamientos. Su presencia era una distracción bienvenida en medio de la tensión que sentía.
Con una sonrisa radiante, Alicia entra en la habitación, iluminando el espacio con su presencia. A pesar de los desafíos que enfrentamos, su belleza y su serenidad irradian una calidez reconfortante. Sus ojos castaños brillan con una mezcla de ternura y determinación mientras se acerca a mí.
Alicia es más que una esposa para mí; es mi compañera de vida, mi apoyo incondicional en medio de la tormenta. A pesar de su juventud, su madurez y fortaleza son evidentes en cada gesto y cada palabra.
Es la luz en la oscuridad para mí, una fuente de amor y esperanza en un mundo lleno de peligros y desafíos. Su embarazo añade una nueva capa de amor y responsabilidad a nuestra relación, fortaleciendo aún más el vínculo que compartimos.
A pesar de que nuestro matrimonio comenzó como un acuerdo contractual, el amor entre nosotros ha crecido y florecido con el tiempo, convirtiéndose en una conexión profunda y duradera que trasciende las circunstancias difíciles que enfrentamos.
Mientras Alicia se acerca a mi lado, siento un profundo sentido de gratitud y protección hacia ella. En medio del caos que nos rodea, ella es mi refugio, mi razón para seguir adelante y luchar por un futuro mejor juntos.
— Buenos días amor. — Dejo la taza sobre el escritorio y respondo a su saludo con un beso.
— Buen dia nena.
— Te ves muy guapo, ¿Estás esperando a tus amigos?
— Si, estan un poco retrasados.
— Pues aprovecho este tiempo para hablarte de algo. — Me habla mientras juega con el cuello y la corbata de mi traje. — Amor yo quiero volver a entrenar...
— ¿Porque me lo dices en ese tono? ¿Todo bien? — Quito sus manos.
— Te lo digo en ese tono porque no quiero discutir, no quiero que sea motivo de pelea; quiero volver a entrenar, quiero estar lista y no quiero hacer una carga más para ti pues sé que ahorita literalmente estás... Estamos en guerra... — Su nerviosismo es evidente, no se si reír o llorar por su actitud.
— No tienes que entrenar ni hacer nada. Solo cuidar a nuestro hijo...
— Mauricio... — Me llama por mi nombre y es la señal para cortar con esta charla o voy a perder la paciencia ante su insistencia.
— No dijiste que no querías discutir, pues ahí tienes tu respuesta....
— ¡Pues no quiero aceptar esa respuesta, de hecho ni siquiera debería pedirte permiso para lo que tiene que ver con mi seguridad!
— Entonces no sé qué estás haciendo aquí. — Voy a mi lugar y me siento.
— ¿Podrías levantarte a esa silla venir a hablar conmigo? Odio que me trates como si fuera un empleado más...
— No eres un empleado de nadie y lo sabes. Estoy trabajando, ¿Podemos hablar del tema después?
— Pues tu mujer requiere tiempo...
— ¿Tiempo para darme cantaleta o como se le dice a la actitud que estas tomamdo con un tema que ya sabes que te voy a decir que no?
— Respetame. No quiero que seas así, quiero que tomes en cuenta mi opinión.
— ¿Tu opinión? Según entiendo, esto no es una opinión, es algo que quieres hacer y quieres que acepte imponiendolo; creo que estás haciéndolo mal las cosas. Como sea si querías más práctica, no hubieras quedado embarazada en primera instancia.
— ¿Y qué crees que lo planeé?
— ¡Basta! — Le grito hablando en su mismo tono y se sorprende. Me levanto de mi lugar. — Mi mujer, mi esposa embarazada no va a andar por ahí jugando con armas, es mi última palabra. ¡Soy la cabeza de esta casa, de este negocio, tu esposo y vas a hacer exactamente lo que digo, sobre todo si se trata de tus cuidados! Ahora largo de mi oficina Alicia o no respondo. — Esto último se lo digo en tono amenazante.
— ¿Que me vas a hacer?
— Deja de retarme mujer ¡Maldita sea!
No es el momento para que tú y yo estemos discutiendo sobre estos temas. No deberíamos estar discutiendo sobre nada, déjame hacer mi trabajo y tú haz lo que quieras, ¿Está bien? Por favor nena solo dame espacio...
— ¡Eres un estúpido!
— Y tú una altanera. — Alicia entra a la oficina con una expresión tranquila, pero sé por su nerviosismo que algo está preocupándola. A medida que comienza a hablar sobre sus planes, puedo sentir la tensión en el aire, y cuando menciona que no quiere discutir, sé que la conversación va a tomar un giro complicado.
Mi amor por Alicia es profundo, pero también sé que no puedo permitir que haga lo que quiera sin tener en cuenta mis preocupaciones. No quiero pelear con ella, pero tampoco puedo dejar que tome decisiones que podrían poner en peligro lo que hemos construido juntos.
Como era de esperarse, la conversación termina en una acalorada discusión, y Alicia sale de la oficina visiblemente molesta. Sé que va a buscar a Dante, su confidente y amigo cercano, para discutir aún más sus planes.
Aunque me preocupa que Alicia no esté tomando en cuenta mis opiniones, confío en que puedo enfrentar cualquier desafío que se presente. Si algo sale mal, estaré listo para hacerle frente a Dante y asegurarme de que nuestras preocupaciones sean escuchadas y respetadas.
Mi amor por Alicia es inquebrantable, pero también sé que en una relación sólida, se necesitan comunicación y compromiso mutuo. Espero que podamos resolver nuestras diferencias y encontrar un camino juntos que sea satisfactorio para ambos.