Alicia Holmes
Desperté en la mañana con una sonrisa de oreja a oreja, sintiendo una sensación de ligereza en mi cuerpo después de una buena noche junto a mi esposo. Al no encontrarlo en la habitación, asumí que se había levantado temprano para ocuparse de sus asuntos, así que me tomé mi tiempo para arreglarme antes de buscarlo.
El entrenamiento siempre ha sido importante para mí. No solo me ayuda a mantenerme en forma física, sino que también me ha ayudado a fortalecer mi carácter y a adaptarme a la vida que llevamos como la esposa de un poderoso mafioso como Mauricio.
Decidida a retomar mis rutinas de entrenamiento, quería compartir mis planes con Mauricio. Creía que entendería mi necesidad de mantenerme fuerte y preparada para cualquier situación que pudiera surgir en nuestro mundo.
Mientras me dirigía hacia su despacho, me preparé mentalmente para la conversación que íbamos a tener. Sabía que podría ser difícil para él aceptar mi decisión de volver a entrenar, pero también confiaba en que entendería mis motivaciones y respetaría mi autonomía como su esposa.
Al llegar a su despacho, me detuve frente a la puerta, respirando profundamente antes de entrar. Estaba lista para hablar con él sobre mis intenciones y defender mi deseo de volver a entrenar. Aunque sabía que la conversación podría ser complicada, estaba determinada a hacerle entender que era importante para mí y para nuestra relación.
Después de recibir un rotundo "no" por parte de Mauricio, me sentí frustrada y molesta. Aunque él ya no era agresivo ni violento conmigo, su postura firme y decidida como hombre fuerte seguía siendo desafiante. Discutir con él siempre era un reto, pero esta vez estaba decidida a seguir mi instinto y perseguir lo que sentía que era correcto para mí y para mi bebé.
A pesar de estar embarazada, sabía que el entrenamiento era importante para mí, tanto física como mentalmente. Sentía que necesitaba mantenerme fuerte y preparada, especialmente en nuestro mundo lleno de peligros y desafíos.
Mientras me retiraba de su oficina con un portazo deliberado para expresar mi frustración, decidí tomar las riendas de la situación. Me dirigí a mi habitación, donde me tomé un momento para reflexionar sobre mis próximos pasos.
Decidí llamar a la médica para programar una cita. Necesitaba hablar con ella y obtener un informe médico que confirmara si era seguro para mí entrenar durante el embarazo. Sabía que si tenía respaldo médico, sería más fácil convencer a Mauricio de mi decisión.
Además, tenía la intención de hablar con Dante, quien seguramente me apoyaría y me ayudaría a encontrar una solución. Confíaba en que juntos podríamos encontrar una manera de conciliar mis deseos de entrenar con las preocupaciones de Mauricio sobre mi seguridad y la de nuestro bebé.
Con determinación en mi corazón, marqué el número de la médica y comencé a trazar un plan para seguir adelante. No permitiría que los obstáculos me detuvieran en la búsqueda de lo que creía que era lo mejor para mí y para mi familia.
— Es muy temprano para que estés ofuscada. Te he traído el desayuno. — La nana entra a la habitación con una bandeja llena de alimentos en mano, dejo el teléfono de lado y suspiro fijando mi mirada en ella.
— Gracias, Nana —respondo con una sonrisa forzada, tratando de ocultar mi frustración—. No estoy realmente ofuscada, solo tengo algunas cosas en la mente.
La nana coloca la bandeja sobre la mesa y me mira con preocupación, como si pudiera leer mis pensamientos. Sé que ella es una de las pocas personas en este mundo que realmente se preocupa por mí y que siempre está ahí para apoyarme.
— ¿Puedo ayudarte en algo, querida? —pregunta con voz suave, su rostro reflejando una genuina preocupación. Tomando un momento para considerar sus palabras, me doy cuenta de que tal vez podría confiar en ella y compartir mis preocupaciones. Después de todo, ella ha sido como una segunda madre para mí desde que entré en la vida de Mauricio.
— En realidad, Nana, necesito programar una cita con la médica. Quiero obtener un informe médico sobre mi embarazo y discutir la posibilidad de retomar mi entrenamiento. ¿Crees que podrías ayudarme con eso?— La nana asiente con una sonrisa tranquilizadora.
— Por supuesto, querida. Déjamelo a mí. Voy a llamar a la médica y coordinaré todo para ti. — Me siento un poco más aliviada al saber que tengo a alguien en quien puedo confiar para ayudarme con este asunto. Aunque mi discusión con Mauricio aún pesa en mi mente, estoy decidida a seguir adelante y hacer lo que creo que es mejor para mí y para mi bebé. Después de todo, nunca he sido una persona que se rinde fácilmente, y no voy a empezar ahora. Con la ayuda de la nana y tal vez incluso de Dante, estoy segura de que podré encontrar una manera de lograr lo que quiero. Mientras desayuno, la nana regresa con buenas noticias: ha logrado programar la cita con la médica. Me siento aliviada al escucharlo y me preparo mentalmente para la consulta. Después de terminar de desayunar, me retoco un poco y organizo algunos papeles antes de salir.
Al bajar, noto que la casa está custodiada por un gran número de hombres, lo cual no es sorprendente dadas las circunstancias recientes del atentado. Suspiro, resignada a la idea de que esto será la nueva normalidad por un tiempo.
Cuando pido el auto, uno de los hombres se acerca para ponerse a mi disposición y luego trae el carro rápidamente. Pregunto por Dante y me informan que está en una reunión, pero que el chofer se encargará de llevarme donde necesite. Confío en eso y subo al auto.
Al salir de la villa, me doy cuenta de que hay otros dos carros detrás de nosotros, lo que significa que saldré con un séquito de hombres. Agradezco en silencio que Mauricio no haya hecho un escándalo por mi salida, pero estoy consciente de la necesidad de estar alerta y preparada en todo momento.
Llego al consultorio y la médica me atiende rápidamente. Confirmo que no quiero saber el sexo del bebé, ya que quiero compartir ese momento con Mauricio. Me entrego mi informe médico y programo una cita para que ella vaya a la villa, ya que hay algunos temas importantes que necesitamos discutir.
Después de cumplir con mi cometido y sentirme un poco más aliviada, regreso a casa. Estoy lista para hablar con Mauricio sobre mis planes y asegurarme de que estemos en la misma página respecto al futuro de nuestra familia.
Al entrar en la sala y encontrarme con Dante hablando por teléfono, decido acortar mis pasos para darle tiempo de terminar su conversación. Una vez que cuelga, me acerco a él sin perder ni un segundo. Ya he ido al médico y no quiero perder más tiempo.
—Dante, necesito hablar contigo —digo directamente, mi tono urgente reflejando la importancia del asunto.Dante me mira con atención, percibiendo la seriedad en mi voz. Sé que puedo confiar en él y que siempre está dispuesto a escucharme y ayudarme en lo que necesite.
—Claro, Alicia. ¿Qué sucede? —responde, preocupado por mi expresión.
— Dante, ¿Eres el jefe de mi seguridad?
— ¡Siempre! — Responde con la firmeza de un soldado.
— Quiero entrenar.
— ¡No lo harás!
— Estoy bien, mi hijo lo está. Además, ya hablé con la doctora y me dio su apoyo. Ya se que no podré hacer nada por ahora, pero no me quiero echar solo para cuidar al bebé. Necesito estar lista y aprender... Dante por favor. — Sin rodeos, le cuento sobre mi visita al médico y la programación de la próxima cita en la villa. Le explico que quiero discutir algunos temas importantes con Mauricio y que necesito su apoyo para asegurarme de que la conversación vaya por buen camino. Dante asiente, comprendiendo la gravedad de la situación. Sé que puedo confiar en él para respaldarme y ayudarme a encontrar una solución que beneficie a todos.
—Estoy aquí para lo que necesites, Alicia. Pero, si él se entera...
— Asumiré las consecuencias. Prometo que no me eccederé. — Dante duda, duda mucho, pero aunque se niegue lo haré. — Sabes. Siento que estoy rodeada de hombres y que a menudo tengo que andar pidiendo permiso para todo, Dante yo soy tu jefa también y te estoy dando una orden. — Decidí dejar las cosas con Mauricio en paz, después de todo es mi marido, lo amo y no le daré espacio, ni tiempo de pensar en otra. Si quiere a una perra yo soy su perra, no otra, no una puta aparecida. No una a la que durante años solo le importó el dinero y los lujos que podría él darle. Nadie va a quitarme a mi hombre, yo soy la señora Vitale.
— Comenzamos mañana...