EL BAR DE LA UNIÓN

1354 Words
Alexander aguardaba algo nervioso la llegada de Bianca a la cita programada por teléfono dos días antes. Era un lunes desapacible, pero podía olerse una mejoría que venía quitando la mugre del cielo a pasos cansinos. Bianca ingresó al café como si hubiese desaparecido en algún punto y se hubiese materializado en ese instante tomada de la puerta de vidrio del local. -Hola, mi amor – dijo previo haber unido sus labios a los de él en un beso cálido: - ¿Cómo estás? – concluyó. - Mal, Bianca, dejame serte honesto – respondió Alexander ciertamente abrumado. Ella se quedó observándolo un instante largo mientras él se perdía en las afueras del bar y en una imagen distinta a la que sus ojos podían observar por el sólo hecho de estar vivos. - Mirame, por favor. Él volteó su rostro y no pudo contener el derrame de sus lágrimas, mientras la tomaba fuerte de las manos y mientras ella le respondía con la misma fuerza e igual tensión, ahogada por una catarata que parecía no tener piedad a la hora de hacerle estallar los ojos. Ella siguió: - Te amo, Alexander, y eso no va a cambiar nunca. Sé quién soy, sé a dónde estoy parada, sé que lo que estoy por hacer es un delirio por donde lo veas, sé que mi madre fue la instigadora de todo esto y sé también que tuve mil oportunidades de decir no o de abrirme de este conjuro. Lo sé. Pero también sé que te amo con todas mis fuerzas, que nunca el amor se me presentó como lo ha hecho desde que te conocí aquel día helado de julio; sé también que sos un adolescente de diecisiete años y yo, una mujer diez años mayor que vos; y sé que todo puede ser posible, que nos podemos entender a la perfección y que podemos llevarnos el mundo por delante. Quiero ayudarte, quiero que me ayudes; quiero intentarlo con vos porque, más allá de tus años, me has demostrado en este tiempo que estás muy por encima de las verdaderas chiquilinadas de los jóvenes de tu edad, lo veo, lo siento, lo palpo, sumado a que nadie en mis veintisiete años, me ha amado en la cama como lo has hecho vos, con esa ductilidad, esa delicadeza y ese amor que sólo puede proporcionarlo un hombre asentado en la vida. Sé también, Alexander, que te debés haber hecho un millón de cuestionamientos y que has pasado noches enteras tratando de hallarle una explicación, no sólo a lo que nos está pasando desde hace un tiempo a esta parte, sino, a todo lo que confesé abiertamente. Yo sé que no estoy yendo por el camino correcto, sé que tendría que sentarla a mamá frente a mí y decirle que su vida es su vida, pero que deje de usar la mía para limpiar la mugre que dejó mi padre y para su beneficio en consecuencia. Pero estoy muy involucrada ya, y hace cinco años que me metí en esta aventura empujada por la voracidad desmedida de mi madre. Felipe es un hombre muy bueno, honesto y leal, al cual no amo, y al cual no quiero lastimar asestándole una puñalada mortal de un día para el otro, porque no se lo merece, porque él se ha ofrecido entero para mí, porque ha sido un ser increíblemente respetuoso y noble, porque jamás tuvo un desliz. Necesito procesar concienzudamente todo esto, mi amor, no es fácil, y para poder lograrlo, preciso de tu ayuda incondicional, para de esa manera poder hallar más rápido el camino que debo encontrar – - Y mientras tanto ¿qué hago yo? ¿creés que desde mi lugar voy a tener las agallas para soportar todo tu proceso hasta que encuentres ese camino? – preguntó Alexander conteniendo el derrame de su dolor para poder hacerle frente a esta situación. - Imagino que no debe ser nada grato, y si bien yo escogí esto que hoy me toca, nunca pensé que la vida me iba a poner en frente esta otra historia para lidiar. - ¿No pensás acaso que es una prueba de la vida misma para que, de una buena vez por todas, entiendas que las cosas no tienen la resolución que vos les das? – sentenció Alexander dentro de una máscara que olía a adultez. Él siguió: - Si tan adulta te creés, y tan claro tenés todo el panorama, como me dijiste minutos atrás, ¿por qué no lo aplicaste en nuestra historia? Así, hubieses evitado llevar todo hasta este lugar y provocarme este dolor que me rebana la carne día tras día – - No creas, Alexander, que esto que me decís yo no le he pensado, porque ha sido un fantasma que me viene persiguiendo desde que mi corazón estalló por vos. A lo largo de este corto período estuve buscando la forma y el momento para contarte todo lo que, al final de cuentas, te terminé contando presionada por el tiempo y las circunstancias. Mi corazón se moriría definitivamente si te alejás de mí, y siento que no podría seguir adelante porque estoy convencida de que el amor ha llegado y ha tocado definitivamente mi puerta. - Entonces, ¿por qué no defendés esto que sentís? ¿Por qué te relamés y te regocijás con algo que parece haber cambiado el rumbo de tu vida, y al mismo tiempo lo arriesgás al punto de perderlo todo? - Porque pensé y creí que podía contar con tu ayuda y comprensión. - Bianca, ¿cómo pretendés que te ayude y te comprenda sabiendo que durante un tiempo largo vas a estar compartiendo y conviviendo entregada a los brazos de él? - Ese es el punto que hoy quería tocar con vos – dijo Bianca mientras sus manos permanecían unidas a las de él como un fiel reflejo de no quererse soltar jamás. Ella siguió: - Yo, hoy, aquí, quiero darte mi palabra de mujer que seré sólo para vos. Está bien, yo viviré con él bajo el mismo techo y compartiremos un montón de cosas por el sólo hecho de ser yo la que tenga que llevar la casa adelante, pero mi intimidad, mi cuerpo, mis besos, mi pasión y mi amor entero, los voy a tener reservados pura y exclusivamente para vos y para nosotros. Esto es una promesa que necesito hacer aquí, delante tuyo, y necesito imperiosamente que me la aceptes y me la creas, porque así será, porque así lo he decidido y porque es lo menos que puedo hacer, no sólo por este amor entre nosotros, sino, por tu espera y por esa paciencia que sé, vas a tener para conmigo – - Te amo, Bianca, y estoy dispuesto a rendirme a una paciencia que jamás imaginé tener – Las fuerzas de sus manos los llevaron a buscar un acercamiento más íntimo; sus miradas se entrelazaban tristes pero deseosas, recordando al mismo tiempo cada una de las escenas vividas desde aquel gélido día de julio. Alexander rozaba tibiamente las manos de Bianca con sus labios extasiados mientras le decía en voz susurrada que la amaba incondicionalmente; Bianca lo emulaba en su accionar, y Alexander hallaba las respuestas deseadas a su confesión. Ella tomó una servilleta con el nombre impreso del bar en ella y, suavemente, fue despojando de los ojos de él esos restos de lágrimas secas adheridas a sus párpados y a sus mejillas. Sin dejar de tenerla en sus manos, Alexander extrajo de su bolsillo una alianza y, ante la mirada atónita y descreída de ella, fue insertándola en su dedo anular, afianzando su amor y contrayendo un matrimonio simbólico que ella interpretó correctamente y que acató con una decisión envidiable. Ella lloraba con una emoción singular, observando hacia los costados con el rubor lógico de la situación. ‘Gracias, mi amor. Desde hoy soy toda tuya’, le dijo mientras sus lágrimas se le metían a destajo por la comisura de sus labios y mientras Felipe lo observaba todo desde la vereda empapado en la tormenta que repentinamente comenzó a azotar a Cerrillo. 
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