EN LAS PUERTAS DE LA AGONÍA

1409 Words
- ¿Qué tiene él para ofrecerte? ¿qué puede darte un niño de diecisiete años, Bianca? ¿por qué no lo querés ver? ¿tan ciega podés estar que no lográs comprender que cuando a ese nene se le presenten otras cosas te va a desechar como se hace con algo viejo? – recriminó duramente Felipe y continuó: - Siempre vas a ser diez años mayor que él. Es un niño de dieciocho que no sabe en dónde está parado todavía. Yo soy un hombre hecho y derecho, con un futuro promisorio por delante, una estabilidad económica que difícilmente puedas hallar en otro hombre. Él es apenas un chiquilín que recién está dando sus primeros pasos y que se ha encontrado con la gran chance de su vida: la de tener la mejor cama del mundo con una mujer mayor y la de poder contársela a sus amigos en un bar de mala muerte ¿Eso es lo que querías para tu vida, o esto que tenés aquí a tu lado rogando por tu amor? - Me cansé, Felipe, de hacer siempre lo que los otros querían, y hoy estoy atrapada entre dos energúmenos que sólo quieren sacarme provecho obligada a hacer lo que ellos dicen, bajo amenazas, bajo un dedo sindicador: mi madre para sanarle la vida miserable que ella escogió, y vos, creído de que alguna vez esto puede llegar a funcionar ¿Sabés algo? Que mi madre se las arregle como pueda y vos también.       Alexander se paró detrás de Bianca y, mientras la lluvia tibia pegaba en su cabeza y resbalaba lenta y suavemente por su espalda, él frotó la esponja en forma circular por su cuello y bajó armoniosamente, al tiempo que su mano libre se deslizaba cándida por su pubis hasta acabar en su intimidad caliente. Sus lenguas se entrelazaron bajo el agua. Él la tomó entre sus brazos y, como en una perfecta noche de bodas, la depositó desnuda sobre la cama, para amarla enteramente. El sol que ingresaba tímido por la ventana del hotel fue la alarma que los trajo de nuevo a la realidad. Una vez más, como tantas otras veces, Bianca se había ausentado de su casa para vivir este matrimonio simbólico que tenía con Alexander. Pero estos encuentros esporádicos sólo sirvieron para ir formando en él un descontento que crecía conforme el tiempo iba pasando, porque si bien esos momentos de gloria le daban la certeza a Alexander de que Bianca era suya y de nadie más, el solo hecho de no tenerla a su lado, de no contar con su presencia y de saber que, así mismo, ella siempre regresaba y dormía junto a Felipe, le iban carcomiendo la existencia a medida que el tiempo transcurría y que su relación crecía exponencialmente. Un buen día – y como si hubiese sido una cuestión anunciada – algo se rompió dentro de Alexander. Su caudal de contención llegó al límite señalado y su alma se levantó para tomar decisiones y coger al toro por las astas, enfrentando a Bianca para hacerle saber que las cosas así no debían ni podían continuar. Y era lógico: Él la amaba, y ese amor parecía tener menos peso específico que la culpa que ella cargaba y que las amenazas a la que estaba sometida. El bar de siempre, ese bar que los acunó en las noches estrelladas y en las noches tormentosas, una vez más les abría su corazón. - Debe ser algo realmente importante para que vengamos justamente a nuestro bar – abrió Bianca oteando el panorama. - Sí, exacto – respondió Alexander. Pidió los cafés de costumbre y prosiguió: - Yo te amo, Bianca, pero no estoy dispuesto a continuar con este personaje. Tengo dieciocho años recién cumplidos, tengo toda una vida por delante, sueños, esperanzas, planes, y no quiero que algo se trastoque por esperarte un tiempo que desconozco hasta dónde se extenderá. No sé si será un mes más o diez años, pero creo que no me lo merezco. Hasta aquí he llegado, y con todo el dolor del mundo, estoy aquí para decirte que es tiempo de elegir, de escoger el camino definitivo de tu vida ¿Querés seguir de esta manera, al lado de un hombre que no amas y que sólo te une una burda promesa hecha a tu madre, o querés continuar al lado del amor de tu vida a pesar de las diferencias? Debes elegir, Bianca. - Hace muy poco prometiste esperarme – deslizó Bianca con esa suavidad que la caracterizaba. Prosiguió: - Yo me aferré a tu promesa y obré en consecuencia. Estaba tranquila, a pesar de todo, porque si bien mi vida parece más un infierno que otra cosa, contaba con tu apoyo y tu empuje para pronto poder salir de todo esto, pero veo que se acaba la cuerda. - Así es, Bianca, la cuerda ya no da para más. Y es verdad, prometí valerme de energías y de esperanzas para cargar con esto tan difícil y complicado, pero no puedo seguir adelante, las fuerzas se me agotaron. Me propuse cambiar, ser mejor, superarme y demostrarte que puedo ser una persona de bien para tu vida más allá de la diferencia de edad y de esas distancias que parece haber entre nosotros. Pero no quiero caminar con este personaje bajo el brazo, así como vos no querés ser la esposa que él soñó. Yo creo en el sacrificio que estás haciendo días tras día por mí y por nosotros, y sé que ves todas las renuncias que estoy teniendo para sostener lo que tanto nos costó y hemos defendido, pero los límites llegan, Bianca, y no deseo pasar a sentir dolor por el amor que te tengo. - Alexander, no quiero que te alejes de mi vida, te amo, y mi amor es verdadero – dijo Bianca tomando las manos de él bajo un tono de desesperación. Ella siguió: - Me tiene totalmente sin cuidado la diferencia de edad y todo lo demás, y agradezco que quieras superarte y que, por este amor que sentimos, tengas el deseo de ser cada vez mejor persona. Pero no me dejes, por favor. No podría continuar porque tu existencia, tu presencia y todo lo que nos hemos dado en este tiempo, son las cosas que me sostienen para seguir adelante y para encontrarle sentido a mi vida. - Yo también te amo, Bianca. Sos lo mejor que me ha sucedido en mis dieciocho años y no quisiera que se me aleje por no haber sabido tomar las decisiones correctas. Yo entiendo todo lo que has tenido que soportar al lado de tus padres y hoy, al lado de tu madre. Ella ha sido muy injusta con vos, y prácticamente le importó muy poco si tu vida se resolvía bien o mal. Sólo pensó en su problema y en cómo solucionarlo, y para eso, te puso a vos en el medio de todo su entramado. Pero se me hace muy dificultoso proseguir, Bianca. Quiero que sepas que el dolor que me invade es como un fuego que me está quemando entero por dentro, y cada día se me hace más difícil convivir con él. Como siempre, como cada vez que salían de ese bar, la calle De los Fundadores aguardaba por su llegada, y una vez más un taxi estacionaba y Bianca se trepaba en él con un dolor que le cortaba el alma hasta llegar triste y desganada a la casa de Felipe. Él no emitía opinión alguna, y hasta parecía disfrutar del estado calamitoso con el que Bianca arribaba a la casa, porque sabía que nada le iba a ser tan fácil y que él le dificultaría aún más ese camino, enfrascado en su actitud y en su decisión férrea e inquebrantable de no ceder en lo más mínimo, ni ante los reclamos de ella ni ante su dolor a flor de piel ¿Revancha? ¿venganza? ¿una forma de compensación por las burlas de ella más allá de que toda la trama fue urdida por su madre? Felipe tampoco estaba a gusto con estas decisiones que podía tomar por tener el mando de la situación espantosa que la mamá de Bianca vivía, pero tampoco iba a permitir que se salgan con las de ellas para bien o para mal, y si él podía tomarse un desquite, amén de saber que de nada le serviría, no iba a pensarlo dos veces.
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