—¿Qué averiguaste? ¿Fuiste al banco? —preguntó Claire, alzando una ceja con una mezcla de impaciencia y expectativa, mientras sus ojos barrían la habitación con nerviosismo. La situación la estaba comiendo por dentro, y necesitaba respuestas, aunque fueran malas. Pero esperaba conseguir buenas. El abogado, que permanecía sentado en actitud relajada, dejaba ver un rostro imperturbable y una actitud casi despreciativa, no se levantó de su silla. Sabía cómo jugar con el ritmo de la tensión, como un maestro del suspenso. —Le tengo malas noticias, señora Vallmont —dijo, sin siquiera molestarse en mirarla de frente, como si la costumbre de recibirla con deferencia ya no fuera algo que le importara. Claire notó el leve desdén en su tono, algo que no había percibido antes en sus encuentros previ

