La habitación estaba en penumbras, apenas iluminada por la pantalla de un monitor donde parpadeaban informes y ubicaciones imprecisas. Claire tamborileaba los dedos sobre el escritorio, su expresión era de preocupación, su ceño estaba fruncido y la mandíbula apretada. Eso sí, no dejaba de verse impecable. No se lo permitía. Su esbelta figura estaba envuelta en un vestido n***o ajustado de seda, el cabello recogido en un moño impecable que dejaba al descubierto su rostro tenso y sus labios pintados de un rojo sangre. Su mirada se oscureció al leer el último informe. —¿Qué quieres decir con que no está en Londres? —su voz era baja, contenida, pero cada palabra goteaba veneno. El hombre al otro lado de la línea tragó saliva. Se encontraba en un hotel de mala muerte, siguiendo pistas que se

