Capítulo 4

406 Words
[“Los hilos invisibles son los lazos más fuertes.” - Friedrich Nietzsche] El frío recorrió a Alba, como un escalofrío que la invadió de repente, y se acomodó en su polerón, buscando refugio y calidez en su abrigo. —Tengo frío, Emi. Creo que es hora de volver a los dormitorios —expresó con una voz que llevaba el peso del cansancio y la satisfacción de una noche bien pasada. Emiliano asintió, entregándole su bastón con cuidado. —Por supuesto, vamos —respondió, aunque con poco entusiasmo, pues tenía ganas de seguir conversando y compartiendo la noche con ella. Mientras caminaban de regreso, la conversación fluyó con facilidad. —Es curioso que nunca nos hayamos visto antes —comentó Emiliano y Alba rio, una risa clara y melodiosa. —Bueno, yo no te hubiera visto de todos modos —bromeó—. Pero ahora, quizás te reconozca por tu perfume. Emi se sintió un poco tonto por el comentario, pero admiró el sentido del humor de Alba y su risa hizo que no se sintiera tan avergonzado. —¿Cómo encontrás el camino a tu dormitorio? —preguntó una vez en el pasillo. —Es la primera puerta del lado derecho después de la esquina. Memoricé los pasos —explicó Alba con confianza, tocando la pared para saber cuándo debía girar. —Voy a contar las puertas desde la tuya hasta la mía, por si alguna vez necesitás algo —dijo Emiliano, pensativo. Luego, con un tono más práctico, preguntó—: ¿Usás w******p? Podría agregarte… Ella sacó su celular del bolsillo trasero de su jean y lo extendió hacia él. —Claro, agendate como Emi, así me es fácil encontrarte, uso TalkBack, una app que me hace la vida más fácil. —¡Genial! Después de intercambiar números, llegaron a la puerta del dormitorio de Alba. —Gracias por esta noche inesperada, Emi. Que duermas bien —dijo ella, con voz suave. —Igual vos… buenas noches, Alba —respondió y, una vez que ella entró al dormitorio, él se alejó, contando veintiséis puertas hasta la suya. Una vez en su habitación, tomó su teléfono y le envió un audio: Gracias por compartir tu música y tu historia. Son veintiséis puertas hasta la mía. Que descanses, hasta mañana. Con un simple mensaje, cerraron la noche, cada uno en su mundo, pero conectados por un hilo invisible de comprensión y amistad.
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