Las miradas se cruzaron, n***o y verde. La pasión ardía en los bellos ojos de Gianna, después del beso apasionado recibido por Massimo. —Gianna yo… —No digas nada Massimo por favor, solo bésame —susurró, pegando sus labios nuevamente a los de su fisioterapeuta, no había ningún rastro de dudas. Estaba deseando esto, entregarse en cuerpo y alma. Solo esperaba no estar cometiendo ningún error, quería y deseaba confiar en ese hombre que le había cambiado la vida, llenando su mundo de color. Massimo la miró directamente a los ojos y el corazón dentro de su pecho palpitó de manera incontrolable, se acercó para enmarcar el rostro joven y precioso de Gia, entre sus manos, apartando el mecho de cabello, hacia atrás, bajando sus labios nuevamente para fundirse con los labios temblorosos

