EL NUEVO AMIGO

1521 Words
Dylan salió del salón de clases sintiéndose derrotado. El examen había sido mucho más difícil de lo que imaginaba. De pronto, una mano lo sujetó y lo jaló hacia atrás. Era John, que parecía alterado. —¿Qué pasa? —preguntó Dylan. John se pasó la mano por su cabello rubio oscuro y suspiró. —Ayer ocurrió algo. Dylan frunció el ceño y lo llevó a un rincón del pasillo, lejos de oídos curiosos. —¿Heriste a alguien? John negó con la cabeza. —¿Voy a tener que esconder un c*****r por tu culpa? John levantó la cabeza y lo miró con una expresión dolida. Se llevó la mano al pecho de manera exagerada. —Tu confianza en mí me da alas. En serio, Dylan, puedo controlarme. —Entonces cuéntame qué pasó y deja de dar vueltas al asunto —le ordenó Dylan. —Ayer conocí a una chica. Es una cazadora. Dylan frunció el ceño. Los cazadores se estaban volviendo más agresivos. Al principio, solo cazaban lobos peligrosos, los que atacaban y herían a los humanos. Pero con el tiempo, empezaron a ir tras lobos inocentes de grandes manadas. Las guerras entre cazadores y hombres lobo estallaron. —¿La atacaste? John, por favor dime que no la atacaste. —No, no lo hice. Y ella tampoco. De hecho, parecía sorprendida de verme. No creo que estuviera buscando hombres lobo. Incluso me dijo que no iba a dispararme. Dylan se quedó pensativo por un momento. Era raro. Normalmente, cuando un cazador se topaba con un hombre lobo, lo atacaba sin dudar. —Entonces, ¿a quién está cazando? —Esa es la cuestión, mi querido amigo —dijo John, guiñándole un ojo. Dylan puso los ojos en blanco. John, como siempre, era incorregible. El sonido del celular de Dylan interrumpió el momento, y él lo ocultó rápidamente de la vista de John, que intentaba leer el mensaje al revés. "Vuelve a casa de inmediato", decía el texto, enviado por su madre. Guardó el celular en el bolsillo. —Me tengo que ir. ¡Diviértete! —¿Divertirme? Te quejas de ser un Alfa, pero es genial. Puedes escabullirte cuando quieras —gruñó John. Dylan salió del colegio con una sonrisa en el rostro. ¿Qué haría sin su loco Beta al lado? * Kayline escuchaba con atención las explicaciones de la alumna. Si no recordaba mal, la chica se llamaba Amaia, y amablemente se había ofrecido a enseñarle el colegio. Amaia era una chica bonita, rubia, con ojos color avellana. Kayline era un poco más alta que ella. —Enséñame tu horario, por favor —pidió Amaia. Kayline le entregó el trozo de papel que no entendía para nada, sonriendo. Amaia revisó los nombres de las clases antes de devolvérselo. —Tienes Historia. Te llevo, la clase está por comenzar. Kayline siguió a Amaia por los pasillos del edificio. Menos mal que estaba con ella, de lo contrario ya se habría perdido. Llegaron frente a un salón lleno de estudiantes. El profesor aún no llegaba. —Bueno, aquí es. Espero que te adaptes rápido. Si necesitas algo, aquí tienes mi número. Le entregó un papelito. Kayline lo tomó y agradeció. Luego entró al salón y se sentó al fondo, al lado de un chico de cabello rubio oscuro, de complexión atlética y rasgos fuertes. Era muy atractivo. Cuando sus ojos azul claro se posaron en ella, Kayline se ruborizó y bajó la mirada. El chico la observaba fijamente, como sorprendido de verla. Ella le devolvió una sonrisa tímida, a la que él no respondió. Seguía mirándola a los ojos, con la boca ligeramente abierta. Finalmente, se inclinó hacia ella. —Hola —dijo—. Me llamo John, ¿y tú? Kayline se quedó muda por un segundo. ¡Un chico tan guapo le estaba hablando! Se recompuso rápidamente para no parecer tonta. —Soy Kayline. Soy nueva —se apresuró a explicar. John le sonrió de una manera encantadora, haciendo que su corazón diera un brinco. Sus mejillas se volvieron a sonrojar, y ella maldijo internamente por verse tan ridícula. —Sí, me di cuenta —dijo él, guiñándole un ojo. Kayline se mordió el labio inferior. Ese chico le hacía sentir muchas cosas, pero sobre todo, una extraña seguridad a su lado. —Supongo que no conoces bien el colegio —continuó él—. Si quieres, puedo explicarte cómo funcionan las cosas. —Gracias, eso sería muy amable de tu parte. —Amable es mi segundo nombre —respondió John, divertido. Kayline sonrió, satisfecha. En ese momento, la profesora de Historia entró al salón, poniendo fin a su conversación. La chica se apartó de John y trató de seguir la lección lo mejor que pudo… evitando mirar de reojo al bombón que tenía como compañero. No parecía molesto de que lo observara. El timbre sonó, sobresaltándola. Guardó sus cosas y se levantó. John ya estaba frente a ella, imponente como un gigante. Debía medir casi dos metros, estaba segura. Le ofreció la mano, que Kayline miró sin entender. Era enorme, y sintió que podría aplastarla con solo apretar. —Te voy a llevar a un lugar más tranquilo, ya verás que te va a gustar. Kayline asintió y tomó su mano sin dudar. Sintió el calor de su palma y se sorprendió; no estaba tan caliente como pensaba. John la condujo por los pasillos y finalmente al exterior. El sol comenzaba a ponerse, pintando el cielo de tonos rosados. Se sentaron en una banca de madera clara, con algunas iniciales grabadas. —¿Cuánto tiempo llevas aquí? —preguntó John de repente. Kayline se dio cuenta de que la sutileza no era una de sus cualidades. En lugar de irritarla, esto la hizo sonreír. —Llegué ayer en la mañana. Parece un pueblo muy tranquilo. John la miró con una mezcla de extrañeza antes de contestar. —¿En serio crees eso? Es porque aún no llevas aquí suficiente tiempo. —Vivía en Chicago. —Eso está bastante lejos. ¿Por qué te mudaste? Kayline abrió la boca, pero la cerró de inmediato. Un dolor agudo invadió su pecho, y solo atinó a darle una pequeña sonrisa. —No tengo ganas de hablar de eso, la verdad —admitió. John levantó las manos, como si le apuntaran con un arma. —Solo prométeme que no mataste a nadie y que no estás huyendo —bromeó. Kayline soltó una carcajada y lo empujó suavemente. John se unió a las risas, pero fue interrumpido por el sonido de su teléfono. Lo sacó del bolsillo, leyó el mensaje y frunció el ceño, evidentemente molesto. —¿Todo bien? —preguntó ella. John negó con la cabeza y guardó el celular. —No es nada. Solo es un amigo al que respeto mucho y que tiene que irse por unos días. Kayline asintió lentamente, sin saber qué decir. —Eso nos da la oportunidad de pasar más tiempo juntos, antes de que lo conozcas y pienses que es más guapo que yo —gruñó John, con una sonrisa pícara. Kayline casi se atraganta con su propia saliva. Lo miró con los ojos abiertos de par en par y luego soltó una carcajada. —Es broma. Obviamente, yo soy el más guapo —rio él. Kayline rió suavemente, preguntándose si hablaba en serio. Lo observó por unos segundos. No parecía tomarse nada demasiado en serio, lo que lo hacía aún más atractivo. —Yo no diría eso —dijo ella, intentando sonar casual. John fingió sentirse herido justo cuando su teléfono volvió a sonar. —¿Es tu amigo? —preguntó Kayline. Él asintió, frunciendo el ceño nuevamente. —Está en el estacionamiento, esperándome. —Pensé que ya se iba. —Sí, pero tiene que decirme unas cuantas cosas antes. John se puso de pie de un salto, sorprendiéndola por su rapidez. Le ofreció la mano nuevamente, y esta vez Kayline la tomó sin vacilar. El calor de su piel la sorprendió otra vez. La ayudó a levantarse y la guió por el laberinto de pasillos. —Por cierto, aún no me respondiste —dijo John mientras caminaban hacia la salida. —¿Responder qué? —Si te parezco guapo o no. Kayline soltó una carcajada, sorprendida. John parecía esperar su respuesta, así que lo miró con más atención. Observó sus jeans, un poco ajustados para sus piernas musculosas, y la camiseta gris que no ocultaba su cuerpo atlético. Su cabello rubio oscuro, un poco largo y despeinado, enmarcaba unos ojos azules que parecían traspasarla, como si la leyera por completo. Finalmente, se inclinó hacia él y le susurró al oído: —Creo que "guapo" es una palabra muy pequeña para describir lo que realmente eres. Luego se alejó de John, que sonreía como un idiota. Kayline se dirigió hacia su auto, pero el ruido de un vehículo que se detuvo detrás de ella la hizo congelarse. De repente, sintió una extraña sensación, como si su cuerpo quisiera moverse en la dirección contraria. Sin embargo, sacudió la cabeza, recuperando el control de sí misma, antes de entrar en su coche.
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