Las ganas que tenía de matar a Finn era demasiado grandes, me molestaba demasiado que se tomara las cosas como si nada, que me hubiera hecho ganarme un castigo y no le importara, estaba tranquilo, sentado en la silla mirando sus zapatos, como si no hubiera hecho nada mal pero es que lo había hecho todo mal, todo estaba mal en las decisiones que había tomado, empezando por ponerse la corbata en la cabeza hasta ponerse los pantalones demasiado bajos hasta decidir hacer una pintada en el colegio, era un idiota sin cerebro.
—Que ninguno de los tres me hable—les avise nada más llegar a la zona de espera del despacho del director.
Andrés y Pablo estaban sentados enfrente de nosotros, de Finn y mi que estábamos en la misma zona de sillas pero con una silla de separación, no me gustaba para nada tener que tenerle cerca, no por incomodidad, sino porque era un idiota, y estaba enfadada con él, me había atormentado, me había vuelto loca.
—No es que fuéramos ha hablarte—comento Pablo.
—Eso es hablarle—comento Andrés.
Les mire molesta, demasiado. Para que voy a mentir los tres eran unos idiotas sin cerebro.
—Callaros—les ordeno Finn, podía ser que no llevara mucho metido en el grupo de los idiotas pero supongo que al ser él más inteligente de ellos, era quien mandaba, por obvias razones.
Los primeros padres que vinieron fueron los de Andrés y Pablo, a los tres, incluido Finn, se les iba expulsar por tres días, demasiado poco en mi opinión, ahora el director estaba hablando con los padres de Pablo, Andrés ya se había ido mientras que esperaba a mis padres con el maldito idiota de Finn., mis padres no iba a venir, era una cosa que tenía asumida, estaban trabajando y no iban a dejar sus trabajos porque me hubiera metido en problemas, me tendría que buscar la vida, si no me dejaban aquí dos años esperando.
Finn se movió a la silla de alado mía y me miro.
—¿Estás enfadada?—me pregunto Finn que estaba sentado a mi lado.
No le mire, estaba demasiado enfadada.
—Cállate porque pienso pegarte otro codazo como me expulsen—le avise.
Sabíamos el castigo de los chicos ya que habían salido dos de ellos con el resultado, pero yo no sabía para nada lo que me iban ha hacer, ya que era la única que iba tener un castigo diferente.
—Tú te has buscado esto, al no irte—me dijo.
Le mire.
—Claro, solo es mi culpa, tu no has hecho nada—comente.
Finn me miro.
—Soy muy consciente del castigo que me merezco, lo he hecho todo con la intención de ser castigado—me aviso.
Le mire sorprendida.
—Eres un idiota—le deje claro.
Me miro.
—Siempre lo he sido—me comento.
Le mire.
—Pensaba que la edad hacía madurar pero se ve que a los hombres os fastidian las neuronas—comente.
Finn se acerco a mi apoyando su cabeza en mi hombro, no me moví, le quería dar un golpe, no quería tenerle cerca de mi, a ver, en realidad si le quería tener cerca de mi, quería ser su amiga y quería que nuestra relación fuera como hace dos años, pero las cosas obviamente no podían ser así, las cosas no podían volver a ser como antes, los dos habíamos evolucionado por lo que nuestra relación debía hacerlo.
—Te gusto así—me dijo Finn.
Me gire y le mire a los ojos,
—Más quisieras—le deje claro.
Finn me miro,
—Con eso sueño cada día—me dijo.
Le mire.
—¿Que?—le pregunte demasiado sorprendida.
—Sueño cada noche con el día que me ruegues que vuelva a ser tu amigo—respondió tranquilo.
Puse mis ojos en blanco para volver a mirar al frente.
—Sigo sabiendo cuando me estás tomando el pelo—le deje claro.
Finn, siempre tuvo un humor diferente, se toma todo a broma, eso de ser el payaso de la clase es algo que siempre estuvo con él, era una de sus habilidades, tener un gran humor pero sobre todo algo molesto, no se tomaba las cosas en serio, por lo que sabía perfectamente que esto era una broma, jamás ibas a ver que hablara de sus emociones de una forma sincera, no le gustaba por lo que decir esto tan abiertamente no era una opción, al menos no con Finn.
—Jamás te he tomado el pelo—me comento.
Negué, si se creía que era un idiota, estaba demasiado acostumbrada a tenerle como amigo, fuimos amigos por quince años, eso me hacía una experta en Finn y su humor.
Paso su mano por mi pelo, haciendo que me girara y le mirara.
—Te conozco—le avise.
Finn me miro acercándose a mi, estábamos demasiado cerca, pero no lo suficiente como para que nuestra respiración se uniera.
—Me conocías—me dijo.
Le mire.
—¿Tanto has cambiado?—le pregunte, Finn me miro—Dudo mucho que hayas cambiado, solo has creado una capa de hormigón—le dije.
Con mi dedo índice, empuje su hombro.
Finn agarro mi mano haciendo que la pusiera en su pierna, me miro, atento sin decir nada agarro mi mano entre la fuerza de la suya, era como cuando éramos niños con demasiada tranquilidad y facilidad, me dominaba.
—¿Ya estáis tonteando otra vez?—pregunto una voz que reconocí al segundo, me separe de Finn sentándome bien en mi sitio para mirar a Giulia, la hermana de Finn, que con su pelo castaño y uniforme bien puesto, era demasiado impresionante, imponía demasiado con su belleza y con la fuerza que demostraba.
Beatriz vino por detrás de Giulia pasando por un lado de ella y mirándome.
—Te he dicho que te diviertas pero no que te castigaran—comento mi hermana.
La mire.
—Beatriz, vete a la mierda—le dije a mi hermana.
Estaba demasiado molesta porque mi hermana viniera a molestarme, no me gustaba que se metieran, hacían la cosa mucho más incomoda de lo que era.
—¿Cómo te has enterado que estaba aquí?—le pregunto Finn a su hermana, quien le miro con cara de obviedad.
—No es que sea complicado encontrarme—comento Giulia.
Finn la miro con su típica cara de molestia.
—Pablo me lo ha dicho en el pasillo—comento Giulia aclarando todas las posibles dudas de su hermano—Me dijo también que estaba Alice aquí por lo que me he traído a Beatriz—añadió.
Mire a mi hermana.
—Solo he venido para ver como te echan la bronca papa y mama—comento mi hermana.
Me levante de la silla.
—No soy idiota, me voy—comente.
Finn me miro.
—¿Te vas a escapar?—me pregunto Finn.
—Si—respondí.
No es que sea una buena idea, pero tengamos claros que me iba salir muy mal la broma pero me negaba a quedarme ahí sentada todo el día esperando a mis padres.
—Me voy contigo—comento Finn levantándose.
Le mire.
—De todas formas nos van a castigar, al menos que merezca la pena—comento.
Tenía razón, íbamos a estar castigados de todas formas, hiciéramos lo que hiciéramos por lo que al menos debíamos conseguir que mereciera la pena.