Habían pasado dos años desde que mi familia y la familia de Finn dejaron de ser amigas. Las cosas no es que hubieran mejorado, mi padre vendió el restaurante al ver que las cosas no iban bien pero no lo consulto con el señor Silva, haciendo que el enfado fuera enorme, cada uno creía que las cosas eran como el otro creía, quitarles la razón o sacarles de sus ideas era algo casi imposible. Mi padre abrió otro negocio, irónicamente fue otro restaurante, no voy a decir que me parece mal, llevo dos años calladas u no creo que ahora sea el momento en el que vaya a empezar ha hablar, pero mi padre no fue el único en hacer de las suyas, enfrente del restaurante de mi padre, abrió otro restaurante enfrente, parecía que las ganas de meterse en problemas eran enormes, claro ellos estaban en plena enemistas por lo que nosotros no podíamos hacer mucho, solo no hablar con la otra familia, a menos que quisiéramos ser la decepción de nuestra familia, pero Lisboa no era enorme, vivíamos en la misma zona, y nuestros padres trabajaban en la misma zona, sin hablar de que íbamos a los mismos colegios, Diana y Enzo en el mismo colegio infantil y los demás al mismo instituto, él único que se separaba un poco era Álvaro y porque iba a la universidad, antes mi vida se basaba en estar con Finn, en disfrutar con él pero las cosas no eran buenas ya, las cosas ahora eran complicadas, cada uno tenía sus amigos, me dolía demasiado, quería hablar con él muchas veces pero no podía hacer nada, si mis padres sabían que interactuábamos, me mandarían a un convento.
Cuando tenía el uniforme del colegio perfectamente puesto, me fui de mi habitación a la cocina en la que estaban mi hermana Diana peleando con mi madre ya que no quería comer, era una revolucionaría, para que mentir
—No como—comento Diana cruzándose de brazos.
—Diana por dios, come—suplico mi madre.
Me senté en la mesa alado de mi hermana Beatriz, para servirme el desayuno, es decir un poco de avena con frutas.
Mi hermana más pequeña tenía serios problemas con la comida, enserio las cosas con ella y la comida eran demasiado complicados, desde muy pequeña tuvo la presión de ser la niña perfecta que mis padres querían, mi hermana tenía la presión de ser la pequeña, yo había destacado bastante por mis notas y mi hermana Beatriz era demasiado popular, nos llevábamos bien pero era el estereotipo de niña mimada.
—Voy a matar al señor Silva—dijo mi padre mirando su teléfono mientras estaba demasiado furioso.
Comenzábamos con los problemas de todas las mañanas, para que mentir, las cosas eran demasiado complicadas, enserio, iba a matar a mi padre si me daba la mañana, mi madre dejo a Diana para ir a colocar bien la ropa a mi padre, creo que eso solo era una excusa para t*****e.
Agarre un bote de Nutella y lo eche encima de las frutas de Diana.
—Come—le ordene.
Diana me sonrió pero se puso a comer.
—Gracias Alicita—me dijo mi hermana, negué, odiaba que me llamaran así pero no lo decía nada, ella necesitaba dar afecto, el cual mis padres no le daban, ni a ella ni a mi, y por supuesto a la que menos cariño le daban era a Beatriz, que al ser la más determinada, era con la que más chocaban.
Aunque mis padres eran la autoridad, la conexión de hermanas eran mucho más fuerte, mis hermanas y yo podíamos no estar de acuerdo en casi nada, pero os aseguro que las cosas entre nosotras son más sencillas que con nuestros padres, mis padres pedían cosas que nosotras no por lo que cuando una de nosotras interveníamos, sobre todo con Diana, todo funcionaba.
—Vas ha hacer que engorde—me aviso mi madre.
La mire.
—Mejor eso que se muera de hambre—le dije, estaba claro y ya lo digo yo, mi relación con mis padres estos dos años no había sido lo mejor del mundo, mientras que antes era lo mejor del mundo ahora las cosas no eran así, no me gustaba que me hicieran alegarme de Finn, no tras tenernos muchos años como mejores amigos y me lo quitaron como si nada, les odiaba demasiado—Además con todo lo que se mueve, seguro lo quema—le dije a mi madre.
Mi madre no dijo nada, me miro en silencio pero asintió, creo que no había mucho que discutir en el asunto, mi hermana pequeña era la persona más movida del mundo, creo que hacía cinco deportes distintos al día, no paraba quieta, por lo que comiera lo que comiera, jamás engordaría.
—¿Qué ha pasado con el señor Silva?—pregunto mi hermana.
Le pegué una patada en la pierna por debajo de la mesa, mi hermana me miro, estaba demasiado sorprendida, mi hermana era cotilla, pero en este caso, meter a los Silva en cualquier conversación de nuestra casa, a mi padre le salía una vena psicópata en el aspecto que se refería a los Silva.
Mire a mi padre.
—Me ha robado a varios de mis camareros, y proveedores—comento mi padre.
Le mira.
—¿No será que habrá ofrecido más dinero?—le pregunte.
Mi padre me mire.
—Lo ha hecho por putearme—dijo mi padre, le mire sorprendida—Es un cabrón—se quejo mi padre.
—Deberías descubrir lo que quiere conseguir con eso y destruirlo antes de que lo haga—dijo mi hermana Beatriz.
Mire a mi hermana ¿Qué había desayunado? No comprendía porque mierdas le estaba dando coba a mi padre, no entiendo porque mierdas le estaba ayudando a que las cosas fueran como mi padre quería, mi padre estaba demasiado obsesionado con destruir a los Silva, no comprendo el odio tras que estuvieran muchos años como amigos.
Puede que sea verdad que de la amistad al odio, solo hay un paso.
—¿Y como se hace eso?—le pregunto mi padre a mi hermana.
Diana no se parecía en nada a ninguno de mis padres, ella era deportista y loca, cosa que no se asemejaba a mis padres, solo era parecida en el físico a mi madre, en realidad las tres éramos una copa de mi madre, altas, delgadas, rubias y de ojos azules. Por forma de ser, yo me parezco a mi madre, las dos somos mujeres de artes, tranquilas y a diferencia de mi hermana Beatriz, que era un calco de mi padre, no éramos vengativas y calculadoras, como ellos, en ocasiones me daban miedo.
—Alice puede acercarse a Finn—dijo mi hermana, la mire impresionada—Seguro no te cuesta nada que sea tu amigo de nuevo y coma de tu mano—añadió mirándome.
Mire a mi hermana demasiado sorprendida, no sabía si me estaba metiendo un puñal o ayudando pero quien sabe con ella.
Mi padre hizo dio un golpe en la mesa para que todos le miráramos, como gran leo que es, necesita ser el centro de atención y me miro.
—Lo harás solo por información—me aviso mi padre.
Le mire.
No iba discutir, podría hacerlo pero solo me iba llevar a problemas en los que no me quería meter, tenía una opción de ser feliz después de dos años por lo que debía jugar con inteligencia.