CAPITULO 1 Primero
Despierto agitada, el timbre del teléfono suena en el aire rompiendo el silencio sepulcral que reinaba en la habitación. Giro buscando con la mirada el reloj de pared de madera de cedro, que mi madre heredo de mi abuela luego de que muriera por la vejez. Sus agujas color dorado marcan las 8:30 a.m.; con recelo busco el infernal aparato que hace las veces de mi despertador y contesto la llamada entrante que seguro va a perturbar mi buen día.
-Hola, buenos días...sí señor, envíeme la dirección al teléfono por favor, en unos minutos estoy allí- termino la conversación bufando a causa del tembleque que produce el frio de la mañana sobre mi cuerpo y la falta total de cafeína, luego de tantos años comprendí que la mi adición a la cafeína no era más que la necesidad imperiosa de no dormir. Con pereza pero con prisa muevo mi anatomía a través de la casa preparándome para otra jornada laboral llena de estrés y algún que otro comentario machista de parte de los neandertales de mis compañeros, pongo la cafetera a funcionar mientras me visto, una pantalón de jean ajustado al cuerpo, una camiseta térmica y la campera de cuero con piel sintética que no deja que nada de frio me moleste
Me sirvo café y me subo al Mercedes-Benz 2016 que me otorgó el cuerpo cuando me gradué como detective. El camino a esta horas de la mañana está atestado de personas que, con los minutos contados, se dirigen a sus respectivos trabajos y, los que ya no cuentan con el lujo del tiempo corren tratando de llegar a ellos por cualquier medio posible.
Doblo la esquina en la intersección de la calle Manson y Richmond. Una pintoresca avenida, que funcionaba como avenida principal en los años mozos del pueblo y que fue perdiendo su encanto a medida que la revolución industrial llevaba la buena vida a otra parte, quedó poco transitada, a las afueras de ciudad y desde la cual la operadora recibió la llamada de auxilio de parte de nuestros oficiales. Poco me cuesta encontrar el bello caserón al final de la cuadra el cual es escenario nuestra nueva escena del crimen. No solo la situación sino que el clima son lúgubres, la tormenta de anoche que llegó sin aviso golpeó la ciudad sin piedad, la temperatura logró llegar hasta los 6 grados bajo cero, congelando cañerías y provocando que más de un accidente, dentro del auto los rezagos de la noche escandalosa calan mis huesos provocando unas ganas tremendas de querer volver a la cama, y no salir hasta que llegue el verano tan colorido como lo es en esta ciudad.
Apago el motor viendo la gran casa de solo dos plantas muy amplias, la pintura rosa pálida mezclada con las terminaciones blancas que la cubre se ha desgastado con el paso del tiempo,pero la fachada aún conserva el esplendor que alguna vez tuvo en el siglo pasado.
Bajo del auto con el vaso de café en mano y camino hacia el lugar, observo que algunos vecinos se reúnen junto a la cinta policial que va de un lado al otro del domicilio, el murmuro de sus conversaciones e incluso algún que otro sollozo se escuchan hasta aquí. Vuelvo la vista a la casona donde un puñado de policías entran y salen, cada uno en su trabajo pero todos con el mismo semblante estupefacto.
-Aeryne por fin estás aquí- se acerca Dylan, detective de la policía estatal, compañero de la fuerza considerando que nos graduamos al mismo tiempo aquel junio del 2016. Este hace un gesto con la mano de lejos para que lo siga y así lo hago subiendo los peldaños de las gastadas escaleras del porche. El detective Dylan Carter es un hombre de 36 años, un metro ochenta de estatura, contextura robusta, muy guapo a decir verdad, estuvo casado y tiene una hija adolecente, Julia, de 15 años- ya notificamos a la familia, los padres deben estar llegando en cualquier momento- me saca de mis pensamientos con el comentario.
-Algún testigo?-siento un escalofrío recorrer mi espina dorsal, creí que al entrar amainara un poco el frio pero la casa se siente incluso más fría que el exterior
-No, su madre llamó al 911 por que no había llegado al trabajo y no atendió su teléfono- me guía a través de los pasillos, poco anchos para este tipo de casa, están decorados con cuadros con estilos abstractos de diferentes autores.
Llegamos a la habitación principal, por protocolo para proteger la escena o cualquier evidencia en ella me coloco unos guantes de látex blancos y barbijo color celeste prestados por el cuerpo de investigación de escena del crímen en el lugar.
-Qué sucedió aquí?-
-Mujer de 30 años, con un corte transversal de izquierda a derecha en la garganta que llegó al hueso, presumiblemente estaba dormida cuando fue atacada-
-Y la otra víctima?- interrumpo su relato escaneando la habitación con la mirada.
-Que otra víctima?- inquiere confundido
-Claramente ella duerme del lado izquierdo, cuando dormimos tendemos inconscientemente a movernos al lugar que nos resulta más cómodo el de ella es el izquierdo, alguien durmió del lado derecho, nunca ocuparía dos almohadas en la noche- señalo el lugar de la casa- ¿tiene novio o esposo?- comento aún en mis pensamientos.
-Tiene novio , aún no lo encontramos, ya mandé a dos oficiales a su trabajo- asiento dándole a entender que lo escuché mientras saco la libreta de anotaciones de mi bolsillo.
Víctima en una posición antinatural (brazos sobre su cabeza, piernas cruzadas, boca pegada con pegamento, genitales removidos.
-Aeryne- el cadete Brooks llama mi atención- los padres de la víctima están listos para dar su declaracion-
-Que no entren a la casa, no quiero que contaminen lo poco de escena limpia que queda en esta casa- guardo la libreta de anotaciones en el bolsillo derecho de la chaqueta de cuero que me cubre del frío. Veo por última vez el c*****r de Diana, el médico forense la envuelve en sus propias sábanas y junto con toda la evidencia es recostada en la camilla para ser transportada a la morgue.