El despertar de una estrella

1776 Words
Pocas veces me había preocupado tanto por alguien, pero Dorian no se veía nada bien. Me sentí confundida y atemorizada, y eso era mucho que decir, puesto que en Atlantis, el miedo no es algo común. -         Anath, rápido… Coloca un cristal a la altura de su cabeza y apúntalo a las costas heladas del norte. El otro cristal, colócalo debajo de sus pies y que se mantengan alineados en dirección a las costas heladas del sur. -         Enseguida Maestro. -         Ya está, la bruma y los cristales harán el resto. Llegamos justo a tiempo. En segundos, la bruma cubrió el cuerpo de Dorian y sus gritos cesaron; ahora con una tez calmada, su piel recobra su color natural. Sin embargo, no está del todo bien. Debo admitir que me sorprendí al ver que los cristales emanaba pequeñas partículas de luz; destellos color esmeralda que se desprendían de los cristales y giraban sobre el cuerpo de Dorian. -         ¿Qué son esos cristales Maestro? -         Son solo cristales Atlantes. -         Pero no vi que un cristal hiciera esto antes. He venido por mucho tiempo al Valle, he traído cristales en ocasiones para ver mejor las estrellas de Alción, pero incluso con la bruma más densa, no han hecho lo que veo ahora. -         Es que no son los cristales, mi niña. Es él, el joven Dorian. -         Pero no lo entiendo ¿A qué se refiere? -         Seguramente sabrás que Dorian no es de nuestra r**a ¿Verdad? -         Bueno, Neliel, el anciano, me contó la historia de cuando encontró a Dorian en las costas heladas del norte. -         ¿Y te dijo lo demás? -         Me habló de las runas de Sirius y de los mantos nobles. Verde y plata. -         Dorian fue enviado aquí por la misma razón que las casas han sido convocadas. Los tiempos están cambiando, Anath. -         ¿Por eso tengo miedo? -         Tal vez, pero ahora necesito que te concentres. Necesitamos que Dorian estabilice y recobre la conciencia. Esperemos le tome solo un momento, tengamos paciencia.   Estar en silencio me altera los nervios, pero ver que Dorian está mejorando me tranquiliza. Los cristales emiten más luz esmeralda y la bruma se mezcla con cada parte de él niño de las runas. -         Anath, Maestro… Lo vi tod… -         ¡Dorian! ¡Dorian, despert…! -         Espera un momento Anath, aún no está consciente, no lo satures. -         Thot, aunque mi cuerpo no responda, mi alma y mente han despertado. -         Entonces, el momento está cerca. -         ¡Así es! Con movimientos lentos pero fuertes, Dorian se sentó y exhaló. Su apariencia era un poco más fría, como si hubiera despertado de un sueño de mil años. Ya no se veía cansado como de costumbre y su mirada no era tan distraída; definitivamente era otra persona en el mismo cuerpo, o eso pensé. -         No temas Anath, sigo siendo yo, solo que ya sé quién soy. -         ¿Y quién eres? ¡Pensé que estabas muriendo! -         Y lo estaba, de no ser por Thot, tal vez no estuviera respirando, y gracias a que trajiste los cristales, puedo seguir viéndome tal y como me conoces. -         Así es mi niña. La luz esmeralda que viste es una magia ancestral de nuestra tierra que le da a los cuerpos estelares, la fuerza y la forma adecuada para el lugar donde se encuentran. Dorian está en Atlantis, y la magia de los cristales le permite verse como uno de nosotros, aunque no lo sea. -         Anath, llegué aquí siendo un solo un destello de luz, pero en las costas atlantes hay minas de estos cristales. Mi cuerpo enseguida adoptó la forma de un bebé y fue así como me encontró Neliel. Como todo bebé, perdí mis memorias, y ahora ha llegado el momento de despertar. -         ¿Y por qué te enviaron los nobles de Sirius? -         Hace 15 años, los ancianos de Sirius descubrieron que un peligro letal se acercaría a esta tierra. La visión de los ancianos no ha fallado en miles de años y esta no sería la primera vez. Las cosas están por ponerse mal, solo que no se sabe en qué momento llegará la oscuridad. -         Tal y como dice Dorian, durante nuestro tiempo en Sirius, los ancianos nos hablaron de ese mal y de que debíamos resistir. Mencionaron su Destello de Luz, enviado a nuestras tierras como apoyo para los tiempos difíciles y además, el nacimiento de una nueva Llama Escarlata. -         Estoy confundida… Tú eres un ser de luz atrapado en un cuerpo humano, ya no tratas de maestro al Maestro; y ahora falta encontrar una Llama Escarlata para pelear contra un mal que se avecina. ¿Cómo es que sucedió? -         No lo sé mi niña, solo sucedió. Debemos reunir a todas las casas, es momento de que los 144 mil dominen las artes atlantes y que aseguremos la mirada de nuestra gente hacia la luz. Si la oscuridad tocase el corazón de un Atlante, no sabríamos qué pasará. Está demás mencionar lo confuso que han sido los últimos dos días. Dorian no solo es un ser de luz, sino que está aquí para ayudarnos a hacerle frente a la oscuridad que se avecina. El Maestro hace hincapié en la Llama Escarlata y cuando lo hace no aparta su mirada de mis ojos. ¿Acaso será el incendio que vi anoche? No, no creo que sea posible. De ser así, de todos modos la llama se fue y lo peor es que no sé a dónde. Un momento más tarde, los cristales dejaron de emitir luz. Al parecer se activan solo para ayudar a los seres estelares a mantener su forma; su magia perdura en el tiempo, y por eso no lo había visto hasta ahora. Aunque Dorian asegura que ahora que despertó y ha recibido los destellos color esmeralda, él mismo puede controlar los cristales. El Maestro le entregó los cristales y lo miró con esos ojos que hablan y te dicen “no los pierdas, porque dependen de ti”. Y mientras Dorian los guardaba en sus ropas, Thot susurró una oración; las runas y la bruma desaparecieron, y en un pestañear estábamos frente a Neliel en el Templo de Luz. -         ¡Dorian, hijo! ¿Estás bien? -         ¡Neliel! Sí, gracias a ustedes sí… Anciano, ya recordé todo. Esa tarde no quedaba nadie en el templo, todos habían seguido las órdenes del Maestro y los otros 23 ancianos estaban junto a Heget reuniendo las casas. Luego de que la emoción pasara, Él le explicó a Neliel lo que ocurría y éste solo asentía, impactado, pero entendiendo la cruda verdad. Dorian ya despierto, seguía agradeciendo a Neliel por su cuidado durante estos años y aseguró que siempre estaría con él, sus labores en el templo seguirían; pero más importante, nunca dejaría de amar al padre que lo cuidó y educó en Atlantis. -         ¡Thot! Si las cosas se ponen muy mal ¿Crees que debas ir a Amenti? -         Espero que no, anciano. Seis de los Siete Señores me recibirían como siempre, pero si es por asuntos de oscuridad, debo lidiar con el Señor de la Oscuridad. -         ¿Cuánto tiempo nos queda? -         La verdad, no sabemos. La maldad podría estar instalada entre nosotros y no podríamos notarlo hasta que se manifestara con caos. O incluso podría tomar un eón. -         Maestro, pero si no sabemos eso ¿Qué le dirá a las 12 casas? -         Bueno, Anath, no podemos esperar a que la oscuridad ataque para subir la guardia. Tal vez no pase nada por algún tiempo, y de ser así, nosotros nos haríamos más fuertes. Tiene razón, es momento de ser más fuertes. La facción de los guerreros es la única que está preparada para enfrentar amenazas. Pero si el mal es tan grande, todas las facciones deben estar preparadas. … -         ¡Maestro! ¡Neliel! Niños… Las 12 casas de la aldea Rina han sido convocadas. Al atardecer estarán a las afueras del Templo. Era inevitable que se inquietaran, así que los sabios decidieron quedarse en ellas hasta la hora de la asamblea. -         Muy bien Heget, gracias por hacerte cargo. -         ¡Dorian! Te ves distinto hoy… -         Solo un poco, ha sido un día complicado. -         Así que este es el semblante de una estrella despierta usando la luz esmeralda. -         ¿Cómo lo sabes? -         Dorian… Como hechicera, ¿Crees que no lo notaría? Reconocí tu magia desde que eras solo un bebé. O al menos desde que lo aparentabas, pero no tenía la autoridad para complicar las cosas. Todo hechicero sabe que despertar una estrella fuera de su tiempo puede traer consecuencias devastadoras. Además, vienes de Sirius, los sabios debían tener sus razones para enviarte en secreto. -         ¿Todas las hechiceras saben mi naturaleza? -         No, solo bromeo… Fui yo quien estaba en las costas heladas cuando vi de pronto un círculo de runas emitiendo una intensa luz y un fuerte olor a metal. Sabía que se estaba abriendo un portal, así que me aparecí aquí en el templo y le avisé a Neliel. -         Luego de eso no quisiste acompañarme a investigar. -         Debía asegurar que no hubiera más portales en las costas heladas del sur. Incluso con magia, recorrer el borde atlante es agotador y al no saber dónde podría surgir el siguiente portal di más de una vuelta ¿Se imaginan? Al día siguiente, Neliel me mostró el regalo que le fue concedido y 15 años más tarde estamos todos aquí… Maestro, parece que están afuera. … A pesar de que las paredes del templo eran muy densas, adentro se escuchaba una gran ovación. Las casas, en medio de su intriga, estaban felices por la llegada del Maestro y querían transmitirle su emoción. Al abrir las puertas, estaban allí los 23 sabios junto a las 12 casas de la aldea. Cada casa, con sus decenas de familias; era la primera vez que mis ojos veían todas las facciones atlantes en una vista panorámica. Hechiceros, Artesanos, Guerreros; Hierofantes, Comerciantes, Alquimistas. Todos juntos, vibrando tan alto que el suelo del templo comenzaba a brillar una vez más. Para cuando Thot salió al frente, hubo un minuto de silencio. El Maestro se veía tan poderoso como siempre, y su actitud siempre tan noble, dispuesto a enseñar, a compartir y protegernos. El aire estaba polarizado y cuando Él tocó el suelo con su cetro, el silencio se rompió y la ovación tuvo un nuevo lugar en la escena. -         ¿Recuerdas lo que te dije esta mañana, Anath? -         Sí, Maestro. -         Bien.
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