El niño de las runas

1925 Words
Por alguna razón no me siento cansada, apenas llegamos a casa nos sentamos a comer. Mamá había preparado un buen desayuno como siempre antes de salir de casa, pero esta vez Él y mi padre se sumarían a la mesa; así que eso fue solo el abrebocas de un delicioso banquete de bienvenida. Juraría que si Heget fuera alquimista, usaría la transmutación en la cocina. Pero no, no le interesó tanto como la magia. Heget se hizo hechicera desde que tenía mi edad y yo quiero lograr lo mismo. Por eso asisto al Templo de Luz desde las primeras horas del alba. Todos dicen que tengo potencial y que soy muy buena en ello, pero la verdad es que siento que me enseñan cosas simples de la magia. Supongo que más adelante los entenderé… -          Heget, necesito que reúnas a todas las casas para este atardecer. La expedición a Sirius salió mejor de lo que esperábamos, pero hay que difundir un mensaje en Atlantis. -          ¿Está todo bien, Maestro? -          Hasta ahora sí, y por eso la asamblea. Debo asegurar que todo siga estando bien. -          Heget, amor, no hay nada de qué preocuparse. -          Está bien, cuando Anath salga al Templo de Luz, convocaré a las casas. Lo siento, me toma por sorpresa, pues la última asamblea fue hace mucho. -          ¡Maestro! ¿Cómo eran los Sabios de Sirius? ¿Se veían como usted? -          No lo sé, no estoy seguro Anath. ¿Tú que crees Bathory? ¿Nos parecíamos? -          Bueno, todos eran muy viejos. Sin ofender… Esa mañana por fin se sentía la mesa completa. Había una pequeña vibración en el aire que nos daba gusto a todos. Se sintió muy bien, hasta que mis pensamientos se fueron a la noche anterior. No debería estar despierta, no debería sentirme bien; o al menos no lo suficiente sin haber dormido. Menos aun después de estar cubierta de esa llama escarlata. Lo preguntaré en el Templo, aunque tal vez Él también tenga una respuesta, y yo amo sus respuestas. -          Lo veo en tus ojos Anath, pero no es momento para eso. -          ¿Moment… Momento para qué? -          Luego de la asamblea, quiero que me acompañes al Bosque del Silencio. -          Será un placer Maestro, estaré a su lado al finalizar la asamblea. -          ¿Te puedo pedir un favor, mi niña? -          Clar… Claro, lo que sea. -          No preguntes en el Templo de Luz, solo confía en Heget y Bathory. Tu padre y yo lo hemos visto y no será bueno para ti que las aldeas sepan antes del tiempo. No podía creer lo que Él me estaba diciendo, sé que es incapaz de leer mi mente sin mi consentimiento, y aun así, sabía lo que pensaba. Pero me sorprendió lo que recalcó: “Lo veo en tus ojos”. Bien, necesito ver mi reflejo antes de llegar al Templo. Tal vez me veo muy mal después de no haber dormido y no lo he notado por la emoción del regreso de mi padre. -          Despreocúpese Maestro. Boca cerrada hasta después de la asamblea. -          Bien, ahora toma tus cosas y ve a tu sesión de hoy, no querrás perder la lección de hoy. -          Ninguna de ellas, Maestro. Tomé mis cosas y salí disparada a casa de Siri. Me comprometí con Él para no hablar de nada de la llama escarlata, o al menos de eso creo que estábamos hablado. Pero moría de ganas por contarle a Siri cómo estuvo el violeta en Alción y cómo se veía el Valle de Bruma. Además, fui una de las dos anfitrionas del Mensajero y sus naves Punta de Lanza. Es demasiada emoción para contenerla en este pequeño cuerpo, toca compartir. -          ¡Llegas tarde! -          Me perdonarás, lo sé. -          Es demasiado tarde Anath, casi me voy al Templo de Luz sola, mi madre no ha parado de hablar de lo despreocupada que es Heget y que de seguro Bathory es el único que puede controlarte. -          Jajaja Creo que es tu madre la que debería dejar de preocuparse por mí, Siri. -          Lo sé, pero no soportaría que te pasara algo, ella te aprecia demasiado como para que corras peligro vagando en las noches. -          ¡No es vagar! Estoy aprendiendo, explorando y encontrando misterios fascinantes. Toma tus cosas, te contaré todo de camino. Falta poco para la lección y los ancianos siempre comienzan cuando nuestro sol está en el mismo punto. Sin importar si estamos los 144 mil de nosotros o no. -          ¿Y cómo estuvo el cambio de ciclo? -          Fue lo más extraño que he visto hasta ahora, Siri. -          ¡Cuéntame todo, hasta el mínimo canto de los grillos! -          Bueno, apenas salí de la aldea, entré en el Sendero de Luz. Allí… Mientras nos acercábamos al templo, fui contándole a Siri lo maravilloso de la noche, y aunque corté la historia en la bruma violeta, su cara mostraba demasiado asombro. Siri siempre habla con mucha energía, pero no podía pronunciar ni una sola palabra de todas las emociones que sintió con la historia de la noche anterior. -          Y eso no es lo más importante Siri. -          ¿Hay algo más? -          Sí… Bathory y Él ya están aquí. … -          ¡Siri, Anath! Ya vamos a comenzar. -          Dorian, me alegra verte tan enérgico hoy. -          Bueno, tú más que nadie sabe la buena noticia de esta mañana. Encuentren un lugar en la sala. Hace 15 años, mientras uno de los ancianos recorría las costas heladas del norte, encontró un bebé. Según él, estaba envuelto en mantos de color verde con detalles plateados, acostado en el suelo dentro de un círculo de runas. Dorian lloraba por hambre y cuando Neliel lo vio, supo que debía llevarlo al Templo. Desde entonces, los ancianos han cuidado de él, y el mismo Dorian se ha encargado de devolverles el favor sirviendo en el Templo; formando nuevos aprendices de cada facción. A simple vista, Dorian parece cansado, pero es solo una tez perezosa. Cuando de asuntos de los ancianos se trata, es un joven muy diligente y además apuesto. A veces cuando lo veo fuera del templo suelo acompañarlo, y de hecho, fue así como supe de su historia. Me alegra que los ancianos siempre hayan sido sinceros con él. Aún nadie sabe por qué es el niño de las runas, pero todos confían en que en algún momento, la verdad saldrá a la luz. Hace un tiempo, compartía la cena con Dorian y Neliel. Ya habíamos estado los tres juntos y curiosamente se creaba la misma vibración que estaba esta mañana en casa. Pero esa noche en particular, ambos me contaron algo especial, la naturaleza de Dorian. Los ancianos saben que cada cierto tiempo, en las costas heladas aterrizan otros seres a nutrirse de la magia de nuestra tierra, y en ocasiones hacen más. Neliel me explicó que el círculo de runas – donde encontró a su aprendiz –  era idéntico al que usan en Sirius para crear portales, y los mantos verdes que abrigaban a Dorian, eran de una r**a noble de aquella estrella. Dorian comenzó su parte diciendo que ya estaba comenzando a despertar. Esa noche, sintió un nuevo nivel de conciencia, recordaba cómo era antes de salir de Sirius, pero solo como cuadros borrosos. Sin embargo, pronto podría recordar todo. Por su parte, Neliel afirmó que Dorian no solo era de Sirius, sino que sin duda era del otro lado del portal. Por lo tanto, el destino de Dorian estaba enmarcado en un misterio difícil de descifrar. Ni siquiera El Maestro quería quitar el velo de la realidad; aunque decía que no era el momento, yo siempre he notado sus ganas de no hacerlo. Por alguna razón, una noble de Sirius necesitaba enviar a Dorian a la tierra de Atlantis ¿Acaso corría peligro? ¿Corremos peligro nosotros? ¿Será un pacto? Eran demasiadas preguntas para una sola noche y no quería sonar demasiado pesada, así que solo guardé su lengua y les di toda mi comprensión. Desde entonces, el niño de las runas me ha contado sus visiones de lo que estaba pasando en Sirius, pero todavía faltaban partes; sin ellas, la historia no parecía tener sentido. … -          Bienvenidas Siri y Anath, hoy es un día singular… Están presentes los 144 mil, Dorian parece más animado que de costumbre y además hay grandes noticias para comenzar nuestra lección de hoy. -          ¡Cuéntelas ahora Neliel! -          Sí, por favor… -          ¡Un día de buenas noticias Neliel! Compártelas con todos… -          Calma jovencitos, este anciano debe hacer las cosas despacio. Bien, en primer lugar: anoche se cerró un ciclo en Alción, así que a partir de hoy, tenemos un nuevo flujo de energía y por lo que hemos visto, está cargado de mucho poder. Y en segundo lugar: Durante las primeras horas de la mañana las Punta de Lanza y El Mensajero aterrizaron en el Valle de Bruma. Después de un año, las tres flotas Atlantes han regresado de Sirius y todos los Atlantes estamos de nuevo en nuestra tierra. -          ¡Eso es una excelente noticia Neliel! -          Así es… Y por eso hoy tendremos una lección especial. Para celebrar el nuevo flujo energético en Alción y la llegada del Maestro, hoy aprenderemos el tan anhelado círculo de fuego. Una ovación inundó el templo. Desde hace mucho que los 144 mil queremos aprender a invocar el círculo de fuego. Cada facción le da un uso distinto, pero para todas es increíblemente poderoso. Los guerreros que lo usan ganan la fuerza de 30 de su tipo, mientras que los hechiceros alcanzan umbrales de magia más amplios. Los artesanos aumentan la perfección de su arte; los alquimistas vencen las leyes físicas limitantes; los Hierofantes adquieren las memorias ancestrales y los comerciantes… No, no venden más. Son la única facción que usa el círculo de fuego en un contexto ajeno a su facción. Siri, estaba todavía anonadada por lo que le conté de la noche en el valle, no me creyó sobre la llegada de mi padre hasta que Neliel lo anunció; y ahora que nos enseñarían a usar el círculo de fuego, se puso amarilla de la emoción. Toda la sala brillaba por la emoción, pero todo cambió cuando escuchamos el grito de Dorian. Lo vimos caer en el centro de la sala, en segundos su piel se puso pálida y él no paraba de gritar. Su voz, era diferente, no sonaba al Dorian de siempre; el sonido de sus gritos iba sincronizados con el retorcimiento de su cuerpo y parecía como si tres osos se desgarraran la garganta. -          ¡Manténganse alejados! Abandonen el Templo de Luz inmediatamente. -          Maestro, gracias por venir. -          No te preocupes anciano, yo me encargo del muchacho. ¡Anath! Toma esos dos cristales y ven conmigo. Los demás, regresen a sus hogares y adviertan a sus familias que no salgan hasta el atardecer. -          Claro, Maestro. De inmediato. -          Thot, es mi muchacho. -          Lo sé Neliel, amigo mío, déjalo en mis manos, estará bien. ¿Alguna vez te he fallado? -          No… -          Esta no será la excepción. Tomé los cristales y Él cargó en sus brazos a Dorian, que no paraba de gritar. Él susurró unas palabras que no pude captar y en menos de un pestañear estábamos en el valle rodeados de la bruma verdosa y ahora runas en el suelo. Justo el lugar donde Él recostó al joven aprendiz.
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