Después de practicar por un par de horas, me di cuenta que la influencia de las dos magias antiguas me daba una ventaja en el campo. Thot desea neutralizar las intenciones de los exiliados, y para ello intentará atacar las Ruinas Atlantes desde el interior.
Su plan, es crear un túnel energético que nos lleve a 7 al interior y librar un enfrentamiento contra Cario, Myra, Flin y Samael. El resto de nosotros, desde las afueras de la barrera, intentará cauterizar el túnel creado con el Claroscuro y polarizar la barrera para que sólo pueda ser alterada con hechizos de luz.
Una vez reforzada, tenemos dos opciones, escapar por el túnel del Maestro y sellarlo con runas, o acabar con los exiliados y levantar la barrera. Pero… no quiero matar.
- Anath, el propósito no es en sí matar. Debemos proteger a nuestra gente; es una guerra y no podemos solo darle una pausa.
- Lo entiendo Maestro, pero…
- ¿Crees que me satisface esta decisión? He bajado a Amenti antes de ir a buscarlos, y la respuesta sobre cómo solucionarlo fue la que te estoy dando.
- En Amenti parece que no hay sentimientos, Señor.
- No, no los hay, y por eso es el mejor lugar para buscar un consejo ante una situación tan delicada. Hablamos de atacar a nuestra misma especie, pero ellos afirman que no podemos coexistir. Ni siquiera cuando aparezcan los Lyranos, podemos cuestionarnos la manera de defendernos. No es que no sepamos perdonar, sino que ellos no lo harán, y cuando bajemos la guardia, apuñalarán nuestro corazón.
- Tal y como lo han hecho.
- Ahora lo entiendes… Pero tú debes ocuparte de algo muy importante; con tu columna de fuego, que es lo más fuerte que hemos visto de ti, hasta ahora, rodearás a este cuarteto y yo me encargaré del resto.
- ¿Y por qué iríamos 7?
- Anny, apenas entremos, todos los exiliados querrán acabar con nosotros. Mientras ustedes dos se encargan de neutralizar a los principales, yo debo borrar todo rastro del Claroscuro y Neliel con 3 ancianos nos protegerán de los ataques laterales.
- Suena a una maniobra militar.
- Lo es, mi niña, lo es.
Puedo escuchar a una multitud acercarse a las afueras del Templo de Luz.
- ¡Maestro! ¡Queremos ir!
- No podemos quedarnos de brazos cruzados…
- Necesitamos devolverles lo que nos hicieron…
Están enfurecidos, han perdido a sus padres, esposas e hijos… Tal y como lo reza el principio, todo lo que hagas repercutirá en el cosmos, y en esta vida lidiarás con las consecuencias. Los exiliados nos han quitado lo más preciado, y ahora el resto de atlantes desea acabar con ellos.
Es, un ciclo sin fin. La única manera de detener las reacciones es eliminando una de las partes, y no podemos sacrificarnos para que el Claroscuro se apodere de Atlantis.
- Thot, ¿Qué haremos? No es seguro llevarlos allí, no sabemos si encontrarán la manera de atravesar la barrera. Y en ese caso, necesitamos la mayor cantidad de atlantes listos para defender.
- Bueno, debemos reorganizar.
La cara del Maestro dice mucho; no está contento con lo que hará, y aun así, se ha levantado para hablar.
- Hijos míos. Sé que tienen un fuerte deseo por devolver parte del daño que han recibido, incluso sabiendo que aquellos que se han ido, no regresarán. Estoy tan herido como cualquiera de ustedes, y sé lo que sienten.
- Por eso Maestro, no puede dejarnos acá.
- No se trata de dejarlos, sino de cómo nos protegeremos. Si todos atravesamos la barrera, dejaremos a muchos de los nuestros sin defensas y Cario podría valerse de eso para acabarnos. Además, recuerden que hay una amenaza de la que debemos cuidarnos. Ellos están observando y podrían utilizar la ocasión para hacerse con Atlantis. Estamos en medio de dos guerras, pero solo podemos con una a la vez.
- Pero…
- ¿Acaso quieren que perdamos todo? Necesitamos que la mayoría de ustedes se quede a defender a los nuestros. Siete de nosotros nos encargaremos de neutralizar las Ruinas, esperamos que puedan resistir si aparece una nueva amenaza.
Las palabras eran directas. No había dudas de que Él no iba a cambiar el plan y arriesgar todo lo que queremos defender. En efecto, con un nuevo propósito, todos se reagruparon y acordaron esparcirse por Rina y ante cualquier sospecha de ataque, defender.
Después de ver la determinación del Maestro, no había manera de que alguno quisiera refutar la orden.
- Maestro, antes de partir, me gustaría ver a mi madre.
- Claro, ve Anath. Ve ahora mismo y te espero para partir.
No había terminado de hablar cuando salí lo más rápido que pude. Recibir una advertencia de imprudencia me hizo cuestionar lo que podría pasar con el nuevo poder. Si se me pasa la mano, podría destruir lo que tuviera cerca, así que lo mejor era usar la fuerza del Círculo únicamente en el campo de batalla. Al menos mientras adquiero el dominio total.
A pesar de ello, llegué más rápido a casa.
Ahí estás…
- Anath, llegaste…
- Madre, has despertado.
- Hija yo…
- Shhh… Lo sé todo mamá. Papá me mostró en sus memorias. No es tu culpa.
- Pero debí ser más fuerte. Usaban magia polarizada, yo… sencillamente no pude…
- Lo sé, pero no te preocupes, pronto pondremos casi todo en orden.
- Escuché que Thot atacará la Ruinas Atlantes.
- Sí, y yo iré con él.
- Hija…
- Mírame a los ojos madre, mírame ahora. No soy la misma de hace unos días. He crecido a la fuerza y ahora puedo ayudar.
- ¿Acaso es el?
- Sí… Ya me fusioné con el círculo de fuego…
- Ya veo, después de todo eres nuestra hija.
Ver su cara con una leve sonrisa me da una tranquilidad que no puedo definir. Estoy a punto de iniciar un asalto a la treceava casa, un lugar lleno de asesinos que guardan un rencor milenario hacia nosotros. Eso debería alterar todo mi ser, pero ver a Heget me da motivos para mantenerme centrada, en equilibrio.
Gracias madre, por confiar en lo que haremos. Bathory, no, papá ahora es uno con nosotras, y confía en que lo haremos bien. Al menos eso me gusta pensar.
- Hija, Siri no ha dejado de preocuparse por ti. ¿Por qué no pasas a verla?
- ¿Dónde está?
- Creo que iba a la parte de atrás.
- ¡Anath! Sabía que eras tú… ¡Perdóname!
- Tranquila Siri, no pasa nada. Ya sabemos gran parte de lo que ocurrió.
- Apenas desperté, le conté todo al Maestro. Por eso no pueden demorar en ejecutar el plan, de lo contrario, estaríamos cerca del fin. O sucumbimos ante la oscuridad, o nos espera una muerte inminente.
- Así parece, amiga. Pero pronto todo estará en orden.
- Te ves, diferente…
- Sí, pero no hay suficiente tiempo como para contarte todo lo que ha ocurrido. Han sido días de locura total.
- Ni que lo menciones, mejor ve, no retrases el plan.
Siri, tan inocente. Tal vez no haya entendido que los exiliados morirán. Aunque también puede que sea yo quien no entienda la magnitud de lo que enfrentamos.
- Anath, estamos listos. Heget, Siri, manténganse a salvo.
- Sí, cuenta con eso.
- ¿Nos vamos ahora, Maestro?
- Sí, ha llegado el momento de hacer nuestra jugada.
- ¿Crees que estén esperando?
- Eso es casi un hecho.
Esta vez no usamos el conjuro de siempre, Él prefirió que diéramos un vistazo sobre Rina, Athe y Jerah, como un recordatorio de lo que vamos a proteger. Cada discurso es una oportunidad para recalcar lo importante de la misión. Ciertamente no está a gusto con la recomendación de Amenti, pero el hecho de que tuviera que ir a consultar ya le daba puntos extra de criticidad al asunto.
Recuerdo que cuando Lyra lanzó su amenaza, Él se cuestionaba si debía consultar a los 7 señores o si debía resolver. Pero ahora, con dos enemigos poderosos, no había muchas alternativas y el tiempo podría jugar en nuestra contra.
Acá estamos, justo a las afueras de las Ruinas. Mi corazón está agitado, en efecto, ellos están esperando. A pesar de que no puedo verlos, siento sus miradas enfocadas en nosotros. Hay una tensión distinta acá, se respira un intenso olor a caos, y la muerte camina entre nosotros.
Hemos venido a luchar, apostando todo o nada a esta operación. O erradicamos el ataque de los exiliados para siempre, o perdemos todo lo que somos y nuestras almas se vuelven una sola cosa con el Todo. Es una manera filosófica de decir que perderemos la vida.
- ¿Puedes sentirlos, Anath?
- Sí, los cuatro están justo al cruzar.
- ¿Recuerdas el plan?
- Sí, cada paso.
- Entonces adelante, vamos… Dorian, te encargo el resto.
Todo turbio a nuestro alrededor, sin ver nada, sé que nos adentramos en el Túnel.
Ahí, frente a nosotros.
Dorian no ha dejado rastro, se fue de inmediato y los ancianos despejaron un perímetro.
- Así que por fin vienes, Thot.
- Cario…
- ¿Niña? Parece que te has arreglado diferente para pelear… Ya veo, por fin lograste fusionarte. Aprendes rápido, aunque podías hacer mucho más, si tan solo no estuvieras atada por los prejuicios de un anciano arrogante y egoísta.
- Niña… ¿Segura que quieres morir defendiendo una doctrina que te limita?
- Cierra la boca, Myra. No vinimos a dialogar.
- Maestro…
- Ustedes han causado mucho daño en nuestra gente y por lo que veo no pretenden dejar de hacerlo.
- Bueno, tu sello sobre el Túnel estuvo bastante bien, pero ahora que estás aquí, podría decirse que nuestro plan también avanzó. No como estaba escrito, pero a fin de cuentas, estás aquí, al lado de Anath.
- ¿A qué te refieres, Samael?
- ¡Vaya! Recuerdas mi nombre.
- Sueño con borrarlo de la faz de la tierra.
- Bueno, parece que la jovencita ya escogió un bando, no tenemos más opción, debemos mostrarle lo que ocurrirá si sigue caminando por ese sendero.
- Cuatro contra dos, eso me parece injusto, mejor me encargo de aquellos cuatro. Flin, tú ve al otro lado de la barrera con el resto de nosotros. Si han adelantado la batalla, entonces no tenemos por qué postergar la pelea.
- ¿Segura de eso, Myra?
- ¿Alguna vez he fallado con lo que me propongo?
- Jamás…
- Hoy tampoco será la excepción. Acabemos con esto…