KALI Frente al espejo, doy los últimos toques, repasando cada rincón de mi cuerpo con la mirada crítica de quien sabe que es perfecta. El vestido largo, de lentejuelas doradas, se desliza suavemente por mi piel, acariciando cada curva con precisión, como si hubiera sido creado solo para mí. El escote profundo insinúa lo justo, haciendo que mis pechos, aunque pequeños, se vean llenos de gracia y sensualidad. La tela transparente del vestido se adhiere a mi figura como una segunda piel, revelando y ocultando en un equilibrio irresistible. El cinturón dorado, delgado pero firme, abraza mi cintura, acentuando la forma de reloj de arena que tanto admiro. Me he recogido el cabello en un moño alto, elegante, una elección que resalta mis rasgos afilados y sofisticados. El maquillaje que cubre mi

