EVANGELINA Han pasado horas desde que llegamos al hospital, pero el caos que ha desatado Agust hace que parezcan días. Está fuera de control, como un animal herido, ladrando órdenes y aterrorizando a todos los que se atreven a acercarse. Ya ha matado a dos médicos, sus crímenes llevados a cabo solo porque vio sus manos temblar de miedo al enfrentarse a su furia. Y no los culpo. Es como si hubiera sido poseído por algo oscuro, algo que lo empuja más allá de lo que cualquier ser humano podría soportar. Después de salir de esa maldita bodega, agarró el teléfono y comenzó a hacer llamadas sin parar. No sé a quién diablos llama, pero no ha dejado de hablar con una frialdad que asusta. Los hombres que están con él saben que no deben hacer preguntas. Lo siguen sin dudarlo, porque saben que un p

