Capítulo tres

1436 Words
Narra Conrado Los primeros dias de clases ha sido mucho mejor de lo que esperaba, ser maestro a pesar de nunca haberme pasado por la cabeza comienza a gustarme, y mucho, la extraña satisfacción de enseñar algo a una gran cantidad de jóvenes que parecen muy dispuestos a aprender es alucinante, hasta siento que podría vivir de esto. Lo único que me desagrada de este empleo es que mi matrimonio con Ingrid tiene que ser completamente ajeno al conocimiento de los estudiantes, y si nos encontramos en el pasillo actuar como si fuéramos simples compañeros de trabajo es lo que debemos hacer. En el receso apenas tuvimos unos minutos de privacidad en el salón de profesores. Cuando acaba el dia para mí, a las una de la tarde pues no solo le imparto clases a los de último año, tambien a los de cuarto y quinto, llego a casa emocionado saludando a Ingrid quien salió más temprano y en la cocina prepara algo de comer. — Estoy agotado, pero vale la pena estarlo — le confieso, y su sonrisa de emoción me contagia. — ¿En serio te ha gustado la experiencia? — asiento sin dudar. — eso me hace muy feliz — — A mi tambien, pensaba que como son jóvenes el trabajo seria mas difícil, en mis tiempos de estudiante no recuerdo que mis compañeros y yo fuéramos tan aplicados e interesados por la clase — aun cuando me gradué con méritos tengo que admitir que mas de una vez me dormí por lo mucho que me aburría escuchar a los profesores hablar. — en este lugar verdaderamente los jóvenes adoran estudiar — admito con satisfacción. — No lo hacen, no son estudiantes aplicados, ¿en serio estás hablando de los mismos jóvenes a los que yo les doy clases? — me ve incrédula y asiento. — No quiero arruinar tu emocion, ni nada de eso, pero… las jovencitas calenturientas no pararon todo el dia de hablar del guapísimo profesor nuevo de inglés, sabia que esto iba a pasar, pero no imaginé que a tal extremo — me dice y me detengo pensativo tratando de asimilar la situación, no puede ser posible. — Osea ¿Qué no estaban tan atentas y entretenidas en la clase porque mi programa es excelente? — me siento como un idiota ahora. — Tu programa es excelente amor, pero lo que las mantiene tan atentas no es eso, ¿no notaste que con los chicos no era igual? — asiento automático, estaba tan emocionado creyéndome el gran profesor que mirar a los pocos que no hacían demasiado caso era imposible. — Eso es terrible — asiente. — Lo es, mas para mi que me toca escuchar todo el dia a las molestas adolescentes hormonales detallar cada cosa que te harían — pocas veces he visto a Ingrid celosa, y que lo esté ahora me pone mucho, mucho mas de esas semanas tan cargadas de estrés por lo que comenzaría a enfrentar en mi vida. — ¿Quieres saber lo que te quiero hacer yo a ti ahora? — arquea una de sus cejas mientras su boca permanece entreabierta y sonrío, mucho mas cuando se sube a horcajadas sobre mi y comienza a besarme con ansias, desesperada, quitándome la camisa de a poco y pronto deshaciéndose de ella hasta dejar mi pecho desnudo y yo hago lo mismo con ella, me quito todo, le quito todo y pronto nos encontramos en la habitación haciendo el amor como salvajes hasta explotar en el maravilloso éxtasis. El resto de la tarde la pasamos tranquilos, ella ha estado gran parte del dia en la playa, mientras yo me las ingenio para conseguir otro trabajo en línea, porque, aunque tenga el dinero suficiente para vivir toda mi vida no deseo dedicarme solo a la docencia… A la mañana siguiente toda la emocion que cargaba el dia de ayer por la disposición de los estudiantes es reemplazada por decepción, en serio me pregunto ¿Por qué tienen tantas perversidades en la cabeza a tan temprana edad? Con Ingrid llegamos al colegio y pronto nos separamos para ir cada uno a su labor: la primera hora del dia de hoy me toca en 4to A, las mas jovencitas y las más escandalosas, los chicos por otra parte son completamente ajenos a mi presencia, y me toca batallar para que me hagan caso, todo lo contrario a las otras que ahora si me doy cuenta de sus miradas cargadas de lascivia y me toca escuchar mas de un comentario referente a mí. Al segundo salón que me toca ir a las 09:00 es a 6to A, donde apenas me ven pasar por la ventana comienzan con la algarabía y los murmullos son completamente difíciles de ignorar. — Silence please, it's time to start class — no les traduzco estoy demasiado decepcionado con ellos como para ponerle las cosas tan fáciles, y ya sé que como profesional no debería afectarme tanto por lo que hagan o digan, pero esto es nuevo para mi y muy desagradable, la simple idea de imaginarme con una muchachita colegiala es repugnante. — Good Morning Teacher — Saluda más de una con coquetería y despues de tomar una respiración profunda, sacar el material y mentalizarme comienzo con la clase. — Good Morning guys, today we are goin to talk about past and present simple, open yours book in the page 12 — todos me miran incrédulos, y me pregunto si en serio no habrán aprendido nada en todos los años de ingles básico que se les ha impartido en este colegio. — pagina 12, abran sus libros ahí — les digo antes de comenzar. Pronto les explico entretenido el tema, en serio me gusta esto, y aunque ahora sé que todas me prestan atención porque soy un hombre joven y guapo, trato de que no me importe, despues de todo no podré hacer nada mas que mortificarme por eso. Cuando llega la hora del receso me toca despedir la clase y muy pocas deciden salir por su cuenta, supongo pretenden esperar que yo salga para hacerlo, pero yo pretendo quedarme todo el rato trabajando en el registro, por lo que les toca irse. Pronto siento la presencia de una de ellas, delgada, sigilosa y con meliflua voz. — Buenos días profesor, esta es mi excusa por haber faltado a la clase de ayer — respiro aliviado cuando veo de que se trata, comenzaba a preocuparme que alguna pretendiera ponerme en una situación incómoda, pero gracias al cielo no ha sido asi. Levanto la mirada para ver de quien se trata y se me dificulta recordar el rostro en esta clase, no soy bueno en eso, pero casi nunca los olvido. — ¿Estás en este curso? — asiente, su melena oscura y rizada cubriéndole gran parte de la cara, que tiene aspecto dulce y nostálgico, no parece ser de esas que me acosan y andan imaginando perversidades conmigo. — Sí lo estoy profesor, me siento justo allí — señala la antepenúltima silla de la fila de la pared que da al pasillo, y con razon no la habia notado, es delgada y pequeña a comparación de la mayoría. — Oh, claro, ya recuerdo — miento, sinceramente recuero pocas caras, son demasiados jóvenes. — entonces no pudiste estar presente ayer —tomo el papel de su mano, es un papel médico, donde dice que ella ha estado ayer toda la mañana allí por un pequeño accidente que tuvo. — ¿Ya estás bien? — le pregunto angustiado al entender un poco de su actitud. — Lo estoy — murmura bajito jugando con sus dedos intimidada, ¿en serio? Espero que eso solo se deba a su evidente timidez, porque si realmente el intimidante soy yo esto no es lo mío, no hasta que tenga cincuenta, una panza gigante y arrugas por todas partes. — Me alegra que ya esté bien señorita — leo el papel — Virginia — busco su nombre en el registro, Virginia Hidalgo, numero 14, buenas notas, no excelentes, aun cuanto tiene cara de serlo. Adjunto la excusa en su pagina y pronto le extiendo su papel. — espero siga mejorando, y tenga más cuidado con esos accidentes — toma su papel, lo dobla metiéndolo en el bolsillo pequeño de su camisa mientras me brinda una minúscula sonrisa. — Muchas gracias profesor, adiós — se despide sosteniendo el bolso en su hombro y alejándose con paso apresurado como si quisiera huir, cosa muy rara puesto a que todas sus compañeras buscan o contrario, al menos se salva alguien en este lugar…
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