Narra Virginia
Apenas salgo del salón, donde le mostraba mi papel medico al profesor de inglés, las miradas de todas las chicas de la clase que se encontraban rodeando la puerta esperando a que saliera para acosarlo se encontraban verdaderamente curiosas, y hasta podía notar su admiración simplemente porque me acerqué al profesor a inventarle una mentira desagradable. Sí estuve en el hospital, si estaba terriblemente mal por una contusión en la cabeza, pero no fue un pequeño accidente, y me hubiera encantado que solo pasara eso.
Sujetando el bolso que cuelga de mi hombro derecho me dirijo al patio, donde se encuentran todos los jóvenes felices, disfrutando del hermoso y soleado dia mientras yo camino hasta estar junto a ese gran árbol donde hay una banca cómoda y vacía y me da una vista panorámica perfecta de todos los jóvenes que gritan corretean, se cuentan cosas y parecen divertirse bastante.
Saco mi celular del bolsillo de mi falda, y con dedos agiles abro w******p donde tengo no mas de 5 contactos, eligiendo entre estos el numero de mi papá para escribirle.
- Me dejaron una tarea de historia muy extensa, como no tengo el material de apoyo me quedaré en la biblioteca hasta que acabe, ¿puedo? – mis dedos tiemblan mientras le escribo, en estos días ha estado peor que nunca. La situación con mi abuela, los gastos en la casa, el colegio, la luz, el gas, el agua, todo eso lo tiene de pésimo humor, y es como lo justifica mi abuela cada que comete alguna salvajada como lo ha hecho hace ya dos días.
— Gini, hola — Diana aparece en frente de mi, se ha acercado cuando me encontraba distraída y es por eso que me sobresalto y ambas reímos por mi reacción.
— Hola — respondo a su saludo con una grande sonrisa.
— Mi mamá me dijo que te vio en el hospital, antes de ayer, ¿estás bien ahora? Me preocupé mucho — nostalgia es lo que siento cuando con un gesto verdaderamente sincero se sienta a mi lado y acaricia mi cabello con dulzura.
— Estoy bien, muchas gracias por preocuparte — le miento tratando de parecer lo más normal que puedo. Su madre es enfermera, y cuando mi mismo padre me llevó al hospital despues de haberme lastimado ella con mucho cariño y dedicación me atendió.
Recordar esa noche me provoca escalofríos, pero es el momento que mas se revive en mi cabeza. Dormía, o al menos comenzaba a hacerlo, agradeciendo que la abuela habia mejorado, y podía ella misma ir al baño sola o ir por agua de ser necesario, pero no pasaron ni cinco minutos cuando papá llegó por los ruidos que hacia parecía estar mal y aunque imaginé que estaba borracho me levanté y fui a ayudarlo, fue la peor decisión que pude haber tomado.
Estaba aparentemente agradecido de que haya llegado a su auxilio, le di de comer y pronto comenzó a gritarme que era una inútil y que como pretendía que comiera estando borracho, decía cosas sin sentido, o bueno, si los tenían pero estaba completamente fuera de contexto, y en una de sus rabietas me tomo de los brazos con fuerza y me dio un empujón tan fuerte que me reventó contra la pared haciendo que quedara aturdida e inconsciente por el golpe en la cabeza, fue horrible, no recuerdo mucho más, solo que despues él parecía preocupado, y me llevó al hospital donde pasé toda la noche y apenas a las 07:00 de la mañana me dejaron ir despues de hacerme un montón de indicaciones y recetarme medicamentos para no tener mayores consecuencias por el golpe. Cuando pensaba venir al colegio papá rápidamente se negó y me hizo quedar en casa, se portó amable todo el dia y todavía lo sigue haciendo, aunque ahora que le pedí permiso para quedarme hasta tarde a estudiar no sé como lo tome.
— ¿Tu papá te maltrata? — me pregunta sin más tomándome por sorpresa, le veo con grandes ojos abiertos y dejo de hacerlo rápidamente cuando los siento cristalizarse. — ¿te prohíbe tener amigos? — agradezco cuando suena la campana que anuncia que la hora del recreo pasó y es hora de volver a clase. — oye, no tienes que tener vergüenza conmigo, mi papá tambien lo hacía — me detiene sujetándome del brazo y aunque me encuentro curiosas porque me cuente no le veo. — por eso mi mamá lo echó de la casa, y ahora lo veo cada vez en mes, asi es mejor — la normalidad con la que me lo cuenta me desarma, y quisiera saber más, pero no pregunto.
— Es hora de ir a clase — me despido deseando quedarme y hablar con ella, pero no me siento en condiciones para eso ahora. Ella asiente y juntas en silencio caminamos hasta el salón de lengua española que es lo que nos toca ahora.
La maestra Ingrid es de las mejores que hemos tenido en esta escuela, es simpática, gentil y sabe explicar su clase bastante bien, o bueno, eso pienso tal vez porque adoro esta materia y ella hace que eso aumente más. Los demás sin embargo no prestan demasiada atención, se la pasan chismeando, otras maquillándose, otros usando el celular a escondidas, y muy pocos haciendo caso a la entretenida e interesante clase.
A las 01:00 cuando ya es hora de ir a casa me dirijo a la biblioteca del colegio donde he estado montones de veces y por lo tanto la agradable señora de recepción ya me conoce.
— Gini, que bueno tenerte por aquí, hacia días no te veía — sí, desde que la abuela enfermó no he podido pasar por aquí ni por poco rato.
— Olga, ¿Cómo ha estado? He tenido problemas en casa por eso no habia venido por aquí. — le explico y ella asiente entendiendo lo que le digo.
— ojalá se mejore pronto tu abuela — me dice con sinceridad y pronto me alejo hasta el área de los libros de historia. Ahí me la paso por largas horas, buscando la información que el profesor nos pidió, anotándolo en mi cuaderno, subrayando lo mas importante, lo que no puedo olvidar y leyendo cada vez mas interesada, aun cuando el dolor de mi cabeza con cada esfuerzo mental se hace más fuerte.
Me olvido del tiempo, de mi alrededor, de los murmullos, hasta que el ruido de toques en la puerta hace que mi cabeza retumbe y salga de mi concentrado momento de estudio, viendo al reloj de la pared marcar las 06:43, Dios mío. Recojo todo apurada, se supone que aquí cierran a las 06:30 más tardar y yo de todos modos no tenia el permiso hasta tan tarde.
Me quedo sorprendida cuando al llegar apurada a la puerta me encuentro con el profesor de inglés, quien es la persona responsable de que mi cabeza reviente por los golpes que ha estado dando a la puerta.
— Profesor — le saludo con nerviosismo, por estar encerrada aquí, porque me pasé de hora y porque lo tengo al lado, de pie y se siente tal como lo imaginé, imponente, inefable.
— Señorita Virginia, tambien está aquí — parece sorprendido, y asiento nerviosa asomándome al cristal de la puerta que me deja ver el pasillo completamente vacío y el silencio es testigo de que no hay nadie mas.
— Dios mío, ¿Cómo saldremos de aquí? Me olvidé completamente de la hora — paso ambas manos por mi melena rizada, ahora si siento que me estallará la cabeza.
— Yo no habia estado aquí por las tardes, no tenia idea a que hora cerraban — luce muy familiarizado, la camisa desarreglada, varios botones sueltos, su melena impecable despeinada, y comienza a parecer acalorado.
— ¿No puede llamar a alguien del personal? — niega rápidamente.
— Mi celular se ha quedado en el salón de maestros — santo Dios.
— Ay Dios — me abanico agitada.
— ¿Tus padres saben que estás aquí? — me pregunta deteniéndose a verme y se siente demasiado raro, los profesores y profesoras siempre me han intimidado, pero es raro con él, no me intimida solo por esa razón.
— Sí, pedí permiso a mi papá, pero no se suponía que llegaría tan tarde — le digo sintiendo escalofríos al imaginar lo molesto que estará papá.
— Tranquila, despues que le expliques lo que ha pasado entenderá — me mira con tiernos ojos verdes azulados, como si me consolara y quedarme viéndolo sin pestañar es inevitable, ¡Dios mío! Que largas son sus pestañas, y esas cejas tan gruesas y oscuras combinan a la perfección con el resto. El parece ser consciente de lo que se ha prolongado el contacto visual y se aleja incomodo. — debemos buscar la manera de salir si no queremos amanecer aquí dentro asfixiados de calor — se abanica, su camisa comienza a reflejar el líquido que brota de sus poros y siento la extraña sensación de mi boca llenándose de agua, sacudo mi cabeza avergonzada por pensar ese tipo de cosas y pronto comienzo como él a buscar la manera de salir de aquí.
— La ventana — rápidamente recuerdo esa ventana que clausuraron hace un tiempo, poniendo un librero en frente de ella, puesto a que unos cerebritos solían colarse por ahí y robar los libros, yo mas de una vez fui cómplice de algunos, y nunca imaginé que me tocaría colarme por esta.
— ¿Ventana? —
— Sí, venga, ayúdeme — le pido intentando mover el inmenso librero en vano, pero apenas el se acerca con sus musculosos brazos lo mueve y cuando mira la ventana sus ojos se ilumina. — Eres mas inteligente de lo que pareces — me mira con sorpresa y una sonrisa de admiración en su cara que me intimida.
— Tengo mucho tiempo estudiando aquí — me encojo de hombros restándole importancia, pero dentro de mi todo se encuentra desestabilizado, emocion por lo que me ha dicho.
La ventana está a unos dos metros de alto, y yo por mi cuenta no podría subir sola, él parece ser consciente de eso.
— Subiré y te ayudo, ¿okey? — asiento sin dudar mirando con verdadera sorpresa y fascinación como ese inmenso hombro abre la ventana, y con sus brazos musculosos sostiene el peso de todo su cuerpo impulsándose y llegando al muro en un pestañar, con una agilidad increíble, dejandome boquiabierta, y al notarlo el se ríe con inocente burla. — Ven, dame las manos —
— ¿Es usted algún tipo de atleta o algo asi? — niega.
— Soy muy estricto con el ejercicio — confiesa y dejo mi cara de boba a un lado para tomar sus manos cálidas y grandes estupefacta por como se sienten contra las mías y disimular el temblor de mis dedos es imposible, Dios mío, ¿Por qué me tiene que pasar esto a mi tambien?
En un movimiento igual de ágil con el que se impulsó, me levanta a mi y pronto nos encontramos demasiado cerca en el hueco de la ventana, con un espacio tan restringido que puedo sentir su calor y no me quejo para nada. No tarda en lanzarse sin tiritar cayendo de pie en el pasto recién podado del jardín y pensar en hacer lo mismo me aterra.
— Ven Virginia, voy a ayudarte —como menciona mi nombre me intimida más, y se siente agradable que lo recuerde a diferencia de esta mañana que nisiquiera habia notado mi presencia, y a pesar de que eso nunca me ha importado y siempre he preferido pasar por alto me sentí mas insignificante que nunca.
— ¿No me dejará caer? — le pregunto intimidada, viéndole con gesto miedoso.
— No lo haré, confía en mi — me extiende sus manos, y las tomo sin dudar moviéndome de a poco hasta estar en el aire siendo sujetada solo por él, y me siento muy segura, muchísimo mas de lo que lo estuve en toda mi vida y se siente tan bien que desearía que el contacto no se acabe nunca. Sus brazos rodean mi cintura y no me suelta hasta dejarme en el suelo, haciendo que me queje por la ausencia de su toque, pero no se aleja, o tal vez son ideas mías que me encuentro contagiada por todas las perversas del colegio que no respetan a tan buen profesor, pero imaginar cosas es inevitable. — a salvo — me dice tranquilo alejándose y no puedo evitar sonreír por su gesto tan simpático. — salgamos de aquí — es lo próximo que dice comenzando a alejarse y a pesar de que sé que tendré problemas por esto, me encantaría que tardara más, pero ya es tarde para eso, tal vez no debí recordar la ventana…