Capítulo seis

1597 Words
Narra Virginia ¿Por qué hice eso? ¿Por qué tuve que cometer ese acto tan vil y deseado con tanto fervor en mis adentros? ¿Por qué tengo que desearlo? Sollozo impotente, tirando de mis cabellos, golpeándome contra la pared, ahogándome con la almohada sintiéndome la persona mas baja del universo. Esas que acosaban al profesor y que a él tanto parecían fastidiarle quedaron cortas a comparación conmigo que me atreví a lanzarme sobre él y besarlo. Nunca habia hecho una cosa asi, nunca nisiquiera me imaginé que besaría a alguien, y que ese alguien a quien he dedicado mi primer beso sin su consentimiento sea mi profesor me tiene muerta del remordimiento y la vergüenza. Desde que volví del colegio no he hecho otra cosa que lamentarme, reclamarme a mi misma por haberme dejado llevar por el impulso, por haber abusado de la confianza de ese hombre quien ahora estoy segura que no me querrá ni a cinco pasos cerca, seguro está odiándome y posiblemente termine reportándome con la directora, mi tía y pronto se lo habrán saber a mi papá, quien no dudará en gritarme lo puta loca que he sido y pegarme por haberlo hecho quedar en vergüenza, y sé que me lo merezco, de hecho deseo que lo haga, que me lastime, que me grite, porque me lo merezco. Por la noche la abuela quien se encuentra mucho mejor de salud se la pasa preguntándome el por qué de mi actitud ansiosa, decaída, e irritable, obviamente no podía decirle las verdaderas razones, que besé a mi profesor a conciencia porque me moría por hacerlo desde que lo vi la primera vez, pero no imaginé que podría atreverme a ello, me he sorprendido a mi misma. A las 10:00 como ya se ha vuelto costumbre me voy a dormir antes de que llegue mi papá, no me apetece toparme con él ni de juego, y agradezco que la abuela esté bien para que pueda hacerse cargo de él si es que necesita algo. Al parecer ahora él anda en cosas mas turbias, antes solo solía beber hasta embriagarse, aceptando orgulloso que era un alcohólico, pero ahora las cosas van peor, no llega a casa hasta pasada de la media noche y aunque gracias a eso no se dio cuenta cuando me quedé encerrada en la biblioteca y por lo tanto no me reclamó por eso, me encuentro muy angustiada, usualmente no puedo dormir hasta que no lo escucho llegar y por eso lo he descubierto metiendo drogas a la casa,  lo que al parecer está traficando y sin duda tambien consumiendo. Solo espero que no le pase nada malo, ni a nosotras que vivimos aquí. Solo trato de no pensar en eso y descansar, lo necesito para enfrentar el dia de mañana en el que estoy segura recibiré la horrible noticia de que me echaran del colegio y entonces no me quedará mas que irme a una horrorosa escuela publica si es que me aceptan y ser torturada, humillada y maltratado como he escuchado en mas de una ocasión y la simple idea me aterra, pero me lo merezco, cada cosa que me pase me lo merezco por irrespetuosa. Por la mañana me despierto antes de que suene la alarma, he dormido muy poco y no he parado de pensar en lo de ayer, ahora no como un pensamiento tortuoso y recriminatorio, ahora como uno fascinante, inefable: besé a mi profesor de ingles y me encantó, sus labios se sintieron tan perfectos contra los míos y el tacto de su piel varonil y rustica contra mi mano se siente como si todavía estuviera pasando, a pesar de todo, lo disfruté y si me echan del colegio no se sentirá tan mal porque valió la pena. Me levanto apenas puedo y despues de tomar un baño rápido y corto me alisto como siempre para el colegio y esta vez peino mi cabello esponjado en dos trenzas a cada lado de mi cara dejando algunos mechones sueltos, cuando estoy lista hago la misma rutina de siempre, salir a la sala, desayunar lo que me preparó la abuela e irme al colegio temblorosa, nerviosa, culpable. Al llegar tengo la terrible sensación de que todos me juzgan con la mirada, como si todos supieran lo que ha pasado y no dudo que sea asi, en este lugar todo se sabe y si él ya lo reportó en la dirección todos lo saben. Mis piernas tiemblan mientras me encamino por los pasillos, y respondo el saludo de algunos entre dientes antes de llegar apurada y esconderme en el lugar de siempre en la primera clase del dia, historia. La mañana pasa muy normal, aunque mi paranoia ha sido incontrolable y cada que alguna persona cruzaba por el pasillo sentía que venían por mí, para echarme y no ha sido asi. A la hora del receso me quedo como de costumbre en el salón esperando que pase la hora y que todos vuelvan para la próxima clase: asi paso toda la mañana, tiritando del miedo, mordiéndome las uñas como nunca, reclamándome mentalmente, y cuando uno de los voluntarios que trabaja en la biblioteca aparece en la puerta del salón mencionando mi nombre y pidiéndome que vaya al salón de profesores siento que me orino encima, llegó la hora. La maestra de biología me da permiso, y me cuestiono si llevar mis cosas porque posiblemente me envíen a casa o dejarlas ahí y tener que pasar por la vergüenza de venir a buscarlas despues, pero al final me decido por dejarlas, saliendo de allí silenciosa, caminando por los pasillos temblorosa. En la puerta del salón de profesores toco y pronto un pase de esa voz ronca que ya reconozco me da permiso para entrar y lo hago, descubriendo el grande y bonito salón vacío, solo él sentado en su respectivo lugar, trabajando con algo en su computador y no me ve, no dice nada, solo continua en lo suyo mientras yo permanezco en frente de él, de pie esperando que diga alguna cosa. — ¿Eres consciente que despues de lo que hiciste ayer voy a reportarte en la dirección? — asiento sintiendo mi labio inferior temblar, mi cuerpo tensarse. — Lo sé profesor Dinkage, en serio lamento muchísimo lo que hice, y sé que merezco ser castigada por eso — muriéndome de la vergüenza me disculpo con la mirada gacha y ahora siento la suya sobre mí. — Te expulsaran ¿lo sabes? — asiento — Siento tanta vergüenza y culpa, sé que me lo merezco — — Yo no quiero que eso pase, eres una buena estudiante y creo que mereces una segunda oportunidad, pero quedarme callado pondría mi empleo en riesgo, y no creo que valga la pena realmente — se levanta con ambas manos metidas en sus bolsillos, haciendo que tiemble de repente por lo imponente de su presencia, de su cuerpo de su solo ser, quiero arrepentirme sinceramente, no desear repetir eso que hice ayer, pero lamentablemente esto es mas fuerte que yo y no puedo evitarlo. — Yo no quiero que haga eso, porque… porque si me quedo correré el riesgo de hacerlo de nuevo, y es horrible la sensación desesperante de no poder controlarse a uno mismo, de desear hacer cosas que sabes que están mal pero que aun asi las quieres — no le veo, no puedo hacerlo, menos cuando se encuentra de frente a mí, de pie, a pocos pasos. El silencio sepulcral hace el momento mas desesperante y se sienten eternos los segundos en los que él no dice nada y permanece de pie en frente mío con sus ojos puestos en mí. — Profe yo… — acabo el juego de mis dedos temblorosos, para entonces levantar mi cabeza a su altura y descubrir su mirada azul intensa escapar de mi cuando le veo, y me siento terriblemente mal por como deseo acercarme y lo hago, mas y mas hasta que no queda espacio y puedo inhalar con devoción ese aroma masculino y agradable característico suyo. — debería irme, pero quiero besarlo de nuevo — no sé de donde ha surgido esta valentía en mí, pero me siento de tal forma, y poderosa por tenerlo en frente de mí, inmóvil recibiendo mi toque, ese que se detiene en su cuello grueso, perfecto, lo acaricio meticulosamente sin prisa, sin apuros, disfrutando la sensación agradable que se siente bajo mi palma, disfrutando escuchar su respiración acelerada, disfrutando mirar como traga saliva con profundidad, como si tuviera la boca seca al igual que yo; me desconozco, pero esta versión de mi no me desagrada, mas bien me hace sentir mas orgullosa de mi que la anterior, porque por primera vez en mi vida estoy haciendo algo que deseo sin que me importen las consecuencias, sintiéndome capaz de asumirlas. — En serio lamento ponerlo en esta situación profe — su ceño permanece muy fruncido, pero me mira y no me detiene, y eso me da el valor de impulsarme para alcanzar sus labios y solo ahí me detiene. — La directora no se encuentra en el centro hoy, mañana a primera hora la pondré al tanto de la situación — se aleja de mi volviendo a su lugar con aparente molestia y tensión mientras yo con el corazón acelerado pienso en convencerlo de lo contrario, sin embargo no lo hago, solo me doy la vuelta y salgo de ahí, encontrando boquiabierta a quien tiene aparente interés en ser mi amiga. — ¿Tu y el profesor Conrado? — ahora sí estamos metidos en problemas…
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