El viaje hacia la manada Logamog era muy extenso. Las brujas no podían transportarse hacia allá con magia, la única forma de llegar era volando o por tierra. Decidieron irse por ferrocarril, era la mejor manera. Amanda se encontraba en el vagón 3, asiento 4 c; vagón donde se situaban los profesores. No podía estar muy lejos, ya que la pulsera le impedía eso. Hicieron varias paradas antes de llegar a su destino, hicieron fotografías, comieron chucherías, etc. Todo era diversión y risas, excepto para Amanda, que estaba amarrada como perro a una profesora desagradable. No importaba cuanto se lo mencionaran a la maestra, pero ella se negaba a liberarla.
—Me informaron que tiene a una alumna amarrada a usted—comenta una voz grave. La puerta del compartimento de profesores se abre. Amanda estaba en otro compartimento, pero oía todo—me place decirle que por orden del director libere a la señorita Amanda Fleggins, ya que usted no es su tutora y ni lo quiso ser cuando se le pidió impartir dicha tarea, entonces ¿por qué ahora tiene interés? En fin, no me interesan sus respuestas, haga el hechizo aquí y ahora—demandó. Amanda se sorprendió al reconocer esa voz, era el sub director de la academia. Tanto jaleo había provocado su situación que llamó la atención de los altos mandos. Escuchó como el hechizo fue pronunciado y al instante el brazalete fue roto.
La puerta donde Amanda se encontraba sentada fue abierta por él, un señor de unos 90 años, todo canoso y con barba risada color blanco. Le sonríe con amabilidad—Eres un espíritu joven como para estar enjaulado, anda, ve con tus amigos—dice invitando a Amanda a salir. —Dale las gracias a tu mejor amiga por romper las reglas y contactarme—le susurra en el oído. Amanda sonríe feliz y se dirige hacia los vagones de atrás. —Que sea la última vez que haga dicha cosa o si no será sancionada—termina de oír Amanda antes de perderse entre tantos asientos para hallar a su amiga.
La imagen del subdirector desaparece ante los ojos de los profesores.
— ¿Era un holograma?—pregunta atónita la maestra que tenía a Amanda bajo su influencia.
—Si—añade el profesor de transformación básica—sus comunicados siempre son por hologramas, es un hombre muy poderoso y no puede estar apareciendo en persona así por así, si vuelves a hacer lo mismo con Amanda, el vendrá personalmente y no querrás eso Doroty—dice serio.
—No pensé que algunos de ustedes llegara a delatarme—comenta cruzada de brazos indignada.
—Te aseguro que ninguno de nosotros fue, no tenemos ese poder de solicitar una cita con él y de solicitarla se tiene que hacer un papeleo y dura una semana en responderse, si te dicen que sí, tienes que esperar 15 días para la cita o el tiempo que sea necesario, si te dicen que no, pues olvida eso—comenta otra profesora.
—Hay otra manera, que es apareciéndote de repente ante su presencia, pero seguro no salgas vivo por dicha falta de respeto ya que es la regla número uno de lo que no se le debe hacer al subdirector, además que implica demasiado maná, al punto de poder morir—dice el profesor de transformaciones.
—Pues espero que quien sea que haya hecho eso esté muerto—comenta Doroty mirando por la ventana, con una cara ceñuda. Los demás guardaron silencio y se limitaron a centrarse cada quien en sus cosas.
Por otra parte, Amanda llega donde se encuentra su amiga.
—¡Lisa!—exclama con terror con los ojos completamente abiertos. Va donde ella y la sostiene del rostro. Lisa se encontraba tirada en los asientos, su tez estaba pálida y los labios azules. Siente la fría piel de su amiga y el poquísimo maná que le queda y como se le iba agotando—no, no, no, no, no te me irás—dice desesperada. Levanta un poco a su amiga, se sienta y recuesta su cabeza en sus piernas. Respira profundo—Notem vuelvem potiem returnam nex nex nes manám—dice bajito. Poco a poco lisa fue recobrando color y respirando un poco más fuerte. Le había pasado de su maná. No la iba a dejar morir.
—A-a-amanda—comenta con las fuerzas que su amiga le había dado.
—Descansa Lisa, descansa—dice haciéndola callar, pero ella niega.
—Me perdonó por romper esa regla Amanda… es un buen hombre, él sabía que me ibas a dar de tu maná—dice mirando a su amiga.
—Obvio que te iba a dar, eres mi mejor amiga tonta—dice llorando y besando su frente. Lisa sonríe por tal confesión que hizo, la primera vez que dice eso. Cierra los ojos y cae en un profundo sueño.
En un lugar de Logamog, específicamente en la villa del Rey Dante.
—Necesito este lugar impecable, más impecable que nunca—comenta en voz alta paseándose por el lugar, sabía que lo estaban escuchando. —ES POSIBLE QUE POR FIN CONOZCA A MI REINA—grita.
La muchedumbre se apresuraba en empezar a limpiar y a ordenar todo, con la emoción a flor de piel. Es posible que la reina de Dante por fin aparezca, pero eso era algo que Dante estaba asegurando sin saber si era verdad.
Los jóvenes estudiantes llegaron a la Manada con mucho entusiasmo. Un grupo de lobos centinelas los ha recibido con respeto, los jóvenes brujos y brujas son el futuro de alguna manada, en el caso de que prestan sus servicios para protección, curación, videncia, etc.
Nuestra Amanda observa todo con atenta determinación, anhelando poder quedarse unos días para turistear... Cuidado Amanda, a veces lo que uno quiere se cumple de la forma menos indicada.