... / Las coincidencias no existen, parte 2.

1634 Words
—Tenemos órdenes directas de nuestro Rey de llevarlos a todos al palacio—habla un caballero con armadura color plata bien pulida, con adornos dorados, tez blanca y mucha barba. —Mi nombre es Benjamín, un placer conocerlos—habla refiriéndose a los maestros, un grupo de 22 profesores. Los estudiantes se encontraban un poco atrás, mirando todo, y siendo también observados por miembros de la manada que por ahí pasaba. —Nos organizaremos en grupos, por suerte el castillo es tan enorme que sobrará espacio para todos—habla con una pequeña sonrisa. Hace una reverencia y se dirige dónde están sus compañeros centinelas. Un profesor saca su varita y se la pone en la garganta—Brujos y brujas, empezaremos el trayecto, por favor sepárense en sus colores—habló muy alto, su voz salió como si estuviera hablando por megáfono. Cada quien se organiza dónde va y los profesores se dirigen hacia sus respectivos grupos. La maestra Doroty, quien quería tener cerca a Amanda fue cambiada de grupo y por ella la maestra de letras brújales fue para guiar al grupo donde se encontraba Amanda; la maestra favorita de ella. El transcurso fue largo y algo sudoroso. Descubrieron que no se podía hacer magia dentro del territorio a menos que el Alfa le otorgue ese permiso directamente, por eso al brujo/a que pueda hacer magia dentro, se le considera de cercanía con el alfa. Media hora después llegaron al castillo. Se alzaba imponente al cielo, cada torre más alta, había una en específico que surcaba los cielos, cubierta en un manto blanco; las nubes. Su grosor no se podía medir aún en concreto. Estaba pintado de un hermoso color crema, con azul marino. Poseía el jardín más inmenso que Amanda alguna vez pudo ver en su vida, deseando pasear por ahí de tarde. Antes de llegar a la puerta principal, debían pasar antes por otras tres entradas, que incluían jardín y un puente flotante. Si, el lugar era muy inmenso. Las chicas que acosaban a Amanda, se encontraban en un nivel mayor que ella, y estaban al tanto de sus movimientos, para la suerte de Amanda, la magia allá dentro estaba nula, pero tenía que mantenerse al tanto por si la emboscaban, las brujas no solo aprendías hechizos, pociones y esas otras cosas de bruja, si no también defensa personal, de cuerpo a cuerpo y con armas, ya sean mágicas o mundanas. Dante se encontraba en la última torre más alta, una de sus habitaciones. A pesar de tenerle miedo a las alturas, lo ideal era ocultar dicho terror, no sería bien visto que el Rey de los hombres lobo le tuviera horror a tal niñería. Se estaba decidiendo entre dos trajes diferentes, estaba muy exacerbado, tenía dos cosas en que pensar, la chica a la que amenazaron de muerte y a su mate, que no sabría si lo último llegaría hoy, ha pasado tanto tiempo, que ya la idea de su pareja eterna, no lo emocionaba tanto, aunque en el fondo si lo deseaba; su lobo lo anhelaba. Terminó decidiéndose por el traje n***o, con camisa roja. Peinó su cabellera negra hacia atrás, aunque algunos mechones volvían a caerle en la frente, se desabrochó dos botones de la camisa, echó colonia y salió de ahí. A los estudiantes se les dio chance de ir a escurrirse por el castillo y cotillear, Amanda se emocionó y como toda curiosa emprendió su ida sola. La suerte a veces está con Amanda y otras veces no y esta es una de ellas. Sabía que ciertas chicas la seguían a una distancia prudente, empezó a invocar un escudo de protección, maldijo al recordar que no serviría de nada, ya que la magia en este territorio estaba nula, aun así no le dio importancia y siguió repitiendo el mantra de protección. Para su gran error se distrajo y terminó en un pasillo sin demás estudiantes. Paró en seco y dio media vuelta. Ahí estaban con una risita burlona. —Ahora no eres muy valiente sin magia ¿no?—comentó la pelirroja que estaba en el medio de otras cuatro chicas. Amanda siguió con su mantra, deseando que le funcionara. Su voz se abrió, pero alguien habló antes que ella. — ¿No les parece muy cobarde de su parte emboscar a una chica sola?—habló una voz a la espalda de Amanda, una voz gruesa y perfecta a sus oídos, que le erizó de arriba hacia abajo. Aquel hombre no era nada más y nada menos que Dante Ramazotti, rey de los hombres lobos, quien venía custodiado de cuatro guardias, de imponentes armaduras bañadas en oro blanco. Las chicas hicieron una reverencia y se disculparon para luego marcharse. Amanda voltea y mira con indiferencia a Dante—Gracias—dice e intenta pasarle por el lado. Dante pone su mano para evitar que se vaya, pero milagrosamente el campo de fuerza si fue creado, dejando atónito a Dante. — ¿Cómo es que puedes hacer magia en mi territorio?—pregunta él sacado de onda. — ¿Qué te importa?—le contesta borde, con una valentía del carajo. Amanda parece que no quiere su vida. — ¿Disculpa? ¿Qué dijiste?—pregunta sin podérselo creer. ¿Esta chiquilla quien se cree- piensa Dante. —Oh, aparte de metiche sordo—dice Amanda con una risilla. —Niña, creo que te estás equivocando de persona—dice acercándose amenazadoramente, Amanda retrocede por impulso. — ¿Crees que te tengo miedo chucho?—pregunta retándolo con la mirada. —Deberías —dice—porque soy tu rey—comenta acercándose a ella, pero es detenido por el campo de fuerza. Ella lo mira de arriba hacia abajo nuevamente. —No eres mi rey—dice ella acercándose a él, pero manteniéndose en el campo magnético—Solo eres el rey de los hombres lobos nada más, así que metete tu autoridad por el culo—añade y sonríe mostrando los dientes y pasando la lengua sobre ellos. Sus ojos se ponen rojos completamente, sin dejar espacios blancos, ni negros, haciendo estremecer a la chica. La barrera que se había hecho visible se desploma por la falta de concentración de la joven. El rey da un paso cuando el olor a chocolate derretido y caramelo llega a sus fosas nasales. Su lobo grita: MATE, MATE. Dante se yergue en su lugar se acerca a Amanda en un solo paso, toma su cintura y cuello en un solo movimiento y la besa, la besa con necesidad, con deseo, con hambre. La joven sigue en shock e intenta separar a Dante, pero no puede, es demasiado enorme. Cuando él deja su boca, la mira fijo los ojos violetas de Amanda estaban dilatados. —No puede ser—dice bajito mirándolo, con la cara tan roja como un tomate. Dante asiente, sin soltar su cintura ni su nuca—Oh si nena, eres mía—dice sonriendo de lado. Un gruñido ahogado se escapa de lo más profundo cuando Amanda se le escabullo y salió corriendo en dirección contraria. Él le dio chance de correr, sonrió y fue tras ella. — ¡AUXILIO, AUXILIO!—grita Amanda entrando al salón principal, donde el bullicio paró para prestar atención a lo que ocurría. Quería refugiarse entre las faldas de sus profesoras, pero dante fue más ágil. Antes de ella siquiera acercarse a sus compañeros, la toma de la cintura, pegando la espalda de ella con tu torso. La abraza y besa su cuello. Todos presencian eso sin la más mínima idea de lo que ocurre. Era la primera vez que esas brujas veían al rey en persona y no en aquella revista de los hombres más sexys de toda la dimensión y no se podían creer la escena. —Ahhhhhhh, quítate chucho, no ves que me haces cosquillas—se queja Amanda y ríe. —Por la madre Hécate, ayúdenme—pide tratando de librarse de sus brazos. —Entiende, no podrás escapar de mi—dice, se para derecho y mira sonriente a todos, luego mira a los guardias que estaban ahí, a su beta, delta y omega, les sonríe mostrando los dientes—amigos, la encontré—dice y mira hacia abajo, donde la cabeza de Amanda le da en el pecho. —ËNCONTRÉ A MI MATE—suelta a Amanda y aúlla, los demás lobos se unen al aullido poderoso de su alfa, aquel bramido sale del castillo y poco a poco todos los lobos de esa extensa manada se unieron excitados de la emoción al rugido. —LA MANADA LOGAMOG TIENE SU LUNA—grita levantando la mano en un puño, irguiendo el pecho. —EL REINO LOGAMOG TIENE A SU REINA—vuelve a gritar. —Y HAY DE AQUEL QUE LE FALTE EL RESPETO O HABLE MAL DE ELLA A SUS ESPALDAS Y LLEGUE A MI OIDO, QUE SU SANGRE SERÁ DERRAMADA POR BLASFEMIA CONTRA SU REINA—demanda y todos los lobos que yacían en el lugar rugían. Amanda estaba exaltada ante aquella confesión. —RIEGUEN LA VOZ Y COMENTEN ESAS PALABRAS Y ESTAS: EL REY Y ALFA SUPREMO DANTE RAMAZOTTI YA NO ESTÁ NI ESTARÁ SOLO, PREPAREN EL BANQUETE PARA LA BIENVENIDA DE MI LUNA Y PARA NUESTROS DEMÁS INVITADOS—habló respirando acelerado, estaba muy frenético. Mira a Amanda que se encuentra sonrojada—Mía, mía, mía, mi niña malcriada y malhablada—dice besando su mejilla fuerte. La toma de la mano y se dirige hacia el gran comedor, donde les indica a cada quien donde sentarse. Ay Amanda, en algo estabas segura. Viernes, un buen día para escapar. Aunque no de la forma en la que te imaginabas, pero no volverás donde antes fue tu infierno.
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