De repente, un chico se acercó a Izuku. Aparentaba tener quince años y tímidamente se sentó a su lado muy cerca qué casi podía rozar su pierna con la suya. Le dirigió varias veces la mirada y luego la desviaba con nerviosismo.
Izuku se congeló al evidente interés, de inmediato las miradas de la explanada se dirigieron a él con diversión.
—Eres muy lindo. —Por fin confesó el chico.
Izuku se sorprendió por el halago y sus mejillas se sonrojaron. No sabía si era correcto devolver el cumplido diciendo lo mismo o solo agradecer, no obstante, estaba teniendo una conversación con alguien más y sin importarle si hablaba de tonterías, al menos, había dejado de pensar en su amo por un segundo.
—Soy nuevo y me dijeron que te gusta chupar vergas de ricos…
Su cara cambió terriblemente al escucharlo decir casi las mismas palabras que sus amigos de la escuela utilizaron para insultar antes de arrojarle el vino en la cabeza. Apretó los dedos en sus muslos para no pensar en la traición de Todoroki.
—Podrías hacerme el favor. —El chico se atrevió a agarrar la mano de Izuku y se la puso en el regazo.
—¡Ah! Yo no…
Izuku sintió terror y notó a unos tipos que los señalaban y se reían del chico novato qué no tenía idea que su amo le llamaban "La bestia". De pronto Katsuki se abrió camino empujando a los demás y llegó a él. Sin decir nada, apartó al chico de Izuku, lo levantó de las escaleras jalando del cabello sólo para tirarlo en medio de la explanada.
—¿Por qué le estás hablando, idiota? —dijo amenazante y le puso el pie sobre la mejilla empujando su cara contra el adoquín del piso.
El chico chilló y la audiencia sumida en la monotonía se encontró con diversión, empezaron a gritar y reírse. Katsuki prosiguió con la violencia y agarró la cabeza del chico y restregó su rostro por el empedrado hasta que la sangre comenzó a dejar un rastro de tinta roja.
—¡Nadie toca mis cosas! ¿Entendiste? —dijo como un mafioso en un callejón.
Los demás internos se regocijaron ante la violencia y los gritos desmedidos de Katsuki. Izuku tembló por la sangre.
—¡Ya basta, Kacchan! —Izuku corrió hacia su amo y le tocó el antebrazo.
Katsuki dirigió su enfado a Izuku, el hecho de pedir que parara estaba arruinando su reputación como "La bestia" entonces liberó a su víctima y abofeteó públicamente a su criado.
Enseguida la audiencia se quedó callada y Katsuki agarró furioso la muñeca de Izuku y lo estiró hacía los dormitorios.
—¡Te dije que no hablaras con nadie! —regañó mientras caminaba jalandolo bruscamente.
—P-pero yo no abrí mi boca, Kacchan. —Izuku se defendió a la vez que sentía que su muñeca se salía de su hueso. —Él fue quien vino y me habló…
—Pero tú lo incitaste.
—¿Qué? ¿Cómo que lo incite? —Izuku se indignó y trastabilló al subir al tercer piso —¿Sentarse en las escaleras de la iglesia es incitar?
—¡Crees que soy idiota! —Katsuki abrió de un azote la puerta de su habitación y echó a Izuku adentro entonces furioso le señaló golpeando con un dedo al pecho de Izuku —Si eres una oveja estúpida y te pones en frente de una manada de lobos hambrientos ¿qué crees que pase, Deku? Acaso no leíste mi mirada, te estaba diciendo que "Te largaras al cuarto" —gritó.
—¿Eso era lo que decías? —Izuku se encogió de hombros por su mala y sucia interpretación luego regresó al tema —Pero necesito aire, Kacchan. Siempre estoy encerrado, callado y apartado, siento que me estoy volviendo loco. A veces quisiera tener a alguien para…
Katsuki no comprendió sus quejas pues él salía del reformatorio cada quince días a conseguir compañía femenina.
—¿Cómo que quieres a alguien? —estiró un mechón de ese cabello de arbusto qué le irritaba ver como se alborotaba cuando Izuku caminaba. —¿Acaso quieres cogerte a alguien?
El corazón de Izuku se aceleró de golpe creyendo que Katsuki había descubierto su secuestro pero de prisa negó con la cabeza y las manos.
—¡No, no, no! —dijo en pánico —Yo me refiero a alguien para conversar. ¡Cómo un amigo!
—¿Un amigo? —Katsuki dijo extrañado como si nunca hubiera oído esa palabra. Luego tomó un minuto para considerar sus peticiones. Minuto que Izuku no dejó de estar nervioso, de alguna manera lo emocionaba que Katsuki estuviera considerándolo aunque su benevolencia duró poco —No —sentenció.
—Pero Kacchan… —Izuku le jaló los tirantes del overol que su amo usaba e insistió —¿Y si me dejas unirme con Kirishima y Kaminari?
—¡Ni lo pienses, son estúpidos como tú! Y no necesito a tres estúpidos hablando alrededor de mí. —Katsuki le quitó bruscamente las manos de su ropa —Deberías estar satisfecho con ser mi esclavo. ¿Cómo te vas aburrir haciendo mi tarea, limpiando mis zapatos, mi ropa…
Katsuki actuó como un aristócrata arrogante hablándole a su servidumbre. Izuku lo miró y sus ojos gritaban qué era un idiota.
¡No es por aburrimiento Kacchan, es para no volverme loco con un patán como tú!
Katsuki ignoraba el nivel de obsesión y frustración s****l que su criado tenía.
Esa misma noche el sueño de Izuku lo fue empujando más cerca del abismo de locura en la que no quería caer.
El imaginativo chico se encontraba en un diván de mármol. Un escalofrío recorrió su espalda e hizo temblar sus piernas; sus ojos verdes se fijaron en un Katsuki hermosamente situado frente a él. Estaba de pie bajo el marco de dos pilares en ruinas, con una apariencia de porcelana y semidesnuda caminando hacia su dirección.
El rubio lucía mayor, su musculatura era la de un hombre alto, grueso, de hombros anchos y de una cintura reducida qué cualquiera querría apretar mientras lo abrazaba por detrás. Ya no era ese niño de diecisiete caprichoso y arrogante que no controlaba sus arranques de ira. Era un hombre por completo, de esos que saben lo que quieren y van por lo suyo. Izuku suspiró. Katsuki estaba hecho a imagen de sus deseos sexuales. Era grande, vigoroso, dominante, sensual que alborotó sus hormonas.
La toga blanca que llevaba encima le caía por un hombro dejando al intemperie su pezón izquierdo, redondo y erecto que provocó tragar saliva imaginando beber leche de su pecho.
—Kacchan —suspiró perdido en la piel expuesta al sol y esos dos pedazos de muslos que arrugaban la tela casi translúcida al dar pasos hacía su dirección.
Su dios venido del extranjero iba descalzo, la toga casi transparente se arrastró por el piso como una cola de novia y esa sonrisa coqueta le paró todo desde el corazón hasta su virilidad. Izuku movió nervioso sus piernas sintiendo como su pene iba llenándose de sangre y elevándose como un pilar qué en su punta se derretía como una vela. Tuvo un espasmo cuando esos ojos rojos se dirigieron a él.
—Deku —El dios se acercó y puso una mano entre el espacio libre de sus piernas abiertas y el diván, el rubio se apoyó en ese pequeño triangulo cercano a su sexo y se inclinó a su oído —¿Quieres una copa de vino? ¿Quieres beber de mí?
Izuku asintió con la cabeza y un rubor excesivo en las mejillas. Sus ojos se dirigieron a sus pectorales y ese apetitoso pezón qué sobresalía de la toga. Humedeció su boca y su pene mojó su pijama de rayas verdes, dejando una mancha indecente.
—¿Te gusta tanto que te esclavice, cierto? —Katsuki lamió el lóbulo de su oreja. —¿quieres que seamos amigos?
Izuku sin razonar solo gimió imaginando ser sodomizado. Abrió su boca con ganas de ser llenada por una lengua o con la cosa larga, rosada y carnosa que crecía entre esas piernas musculosas. Sus pensamientos, como todo sueño, corrían veloces y de manera absurda. Su temperatura corporal era como la lava de un volcán. Literal sentía que su piel se derretía. Luego lo pensó bien y no quería ser su amigo, quería ser su amante con todas las letras.
—¿Me vas a devorar? —El rubio habló impetuoso en su oreja se oía casi s****l.
—¡Ah! Kacchan porque eres tan malo… —chilló desesperado.
Izuku sentía su aliento en el cuello y olía su aroma a uva agria tan agria como el vinagre entonces su dios del vino se alejó de él para que viera como el único tirante de su toga caía descubriendo su otro pezón y que viera su torso por completo.
Izuku no esperó, metió sus manos desesperadas en sus pijamas y manoseó su pene como un juguete; todo el tronco de arriba a abajo y en círculos sobre la cabeza mientras le suplicaba a su dios venir.
—No resisto tenerte cerca —Su cara revelaba sus deseos más pecaminosos y estirando sus labios comentó desesperado —Quiero besarte.
El rubio sonrió malvado.
—Así es liberate de tus inhibiciones, úsame para tu placer, ensucia mi boca y llénala de tu leche… Sé un monstruo conmigo…
El dios se puso de rodillas como si también quisiera ser sodomizado. Izuku se agitó y sintió que ambos por fin eran iguales. El Dios griego qué tenía una corona de uvas se aproximó a su regazo, observó con admiración su pene duro y su vello púbico. Sólo un vistazo e Izuku sintió que se venía. Esa mirada roja observando curiosa la forma algo curva de su pene lo puso como loco. La boca abierta y roja soplando su aliento sobre su carne bastó para hacerlo explotar. Qué solo mirara su sexo fue suficiente para venirse como una fuente lanzando chorros de leche.
Su semen se derramó sobre la cara del rubio que sin un claro signo de reclamó lamió el semen qué cayó en la comisura de su boca.
—Deku, hijo de puta... —sonó susurrante y sensual mientras su lengua arrastraba al interior los residuos blancos de su orgasmo.
—¿Hijo de puta? —Izuku dijo extrañado por la palabra fuera de lugar entonces esa voz de lija se volvió clara, violenta y malvada.
—¡DEKU, HIJO DE PUTA! ¡DESPIERTA YA!
Izuku recibió un fuerte bofetón y abrió los ojos de golpe que lo devolvió a la realidad y a la habitación de paredes gruesas y sobrias decorada con un crucifijo. Sin despertar por completo fue sujetado de su pijama de rayas, sacado de la cama y arrojado al piso con furia.
—¡Maldita sea, no soy tu criado! ¡Tú eres el mío! ¡No tengo que estar levantando tu trasero! —Katsuki gritó y le dio una ligera patada en las costillas que lo regresó a la cruda realidad y que echó agua fría a todos sus sueños húmedos con ese adorado Dios. —¡Llevo minutos hablándote! ¡Levántate ya inútil, es el pase de lista!
—K-k... Kacchan, duele —se quejó tocando sus costillas mientras mantenía una posición de ovillo. —¿No pudiste sacudir mis hombros de manera amable?
—¿Qué quería, monsieur? ¡Él desayuno en la cama y un beso de buenos días! —Katsuki arrugó el ceño.
Izuku no le dio importancia a su ataque violento, después de tres meses comprendía su patrón de comportamiento. La tensión de Katsuki se iba a acumulando día a día, era como llenar una copa de vino hasta desbordarse. Su temperamento siempre se calmaba al fugarse del reformatorio y desahogarse como un perro en celo al montar a una perra cualquiera.
¡Patán!
Izuku dijo la verdad y aunque lo gritará fuerte en su mente, también su cabeza imaginó a Katsuki vestido como un caballero que lo levantaba con el desayuno en la cama y un beso en la mejilla diciendo: "Buenos días, cariño". Izuku se rascó la barbilla, esa imagen era linda casi romántica, muy distinta a la imagen s****l del Dios. Jamás había pensado en algo tan tierno que olvidó que fue arrojado de su cama y pateado entonces dijo en voz alta.
—Te verías lindo, Kacchan.
Al escuchar sus palabras se pintó de rojo hasta las orejas.
—¿Ah? —Katsuki torció la boca —¿Qué dijiste, estúpido?
—N-ada, Kacchan. Lo que quise decir fue... —Izuku se levantó de un brinco y comenzó a explicar nervioso —Si t-tú fueras más amable tal vez te verías más lindo… No sé, quizás nosotros podríamos ser am...
—¿Nosotros que, idiota? ¿Crees que no soy amable? ¿Crees que soy un patán?
—¡Yo jamás he dicho que eres un patán! —Izuku se sintió descubierto.
De pronto Katsuki apretó su cuello y su gesto malhumorado se transformó en una amenaza.
lzuku se echó para atrás hasta que sus piernas se toparon con la base de la cama. Se sintió inquieto por sus dedos ásperos tocando su yugular pero extrañamente no sintió peligro.
—¿Sabes que hace la mayoría con sus compañeros de cuarto? —Katsuki habló intimidante y puso mayor presión en su cuello que provocó qué su corazón se acelerará —Muchos amos cogen con sus criados casi a diario ¿Y tú crees que les piden permiso?
Izuku negó con la cabeza luciendo un ligero rubor, que Katsuki pareciera echarsele encima como un leopardo era más perturbador y sofocante de lo que decía.
—Ni siquiera lo hacen por gusto, Deku. —dijo con su boca flotando cerca de sus labios —Es por el poder de someter a otro, de humillarlo, de reducir a un hombre a un hueco repugnante. ¿Y sabes que hacen cuando se cansan de coger a sus criados? Los intercambian o los ponen a trabajar como putas, o simplemente dejan la puerta abierta de su cuarto por las noches para que los demás entren y violen a su compañero. Observan esa atrocidad como si estuvieran en el teatro. Imagina las sombras en una cama, los gimoteos de dolor, los sollozos y el sonido de la carne aplastándolos. ¿Te gustaría que un día dejara la puerta abierta, Deku? —Katsuki apretó sus dedos tanto que se quedaron marcados en la piel.
—N-no... —respondió con dificultad por la presión de la mano en su garganta. Por reflejó puso una mano encima de la de Katsuki intentando apartarlo con suavidad.
Mientras se liberaba Izuku reflexionó un poco, tal vez Katsuki era un patán pero ser un patán no lo hacía ser un sádico como los otros amos, no obstante, sí conocía cómo se divertían con abusar de los débiles es porque él también pensaba como ellos. Y quizás un día si lo enojara demasiado lo intercambiaría con otro criado en la primera oportunidad. Debía cuidarse, comportarse de manera correcta, mantener la distancia con Katsuki pero sabía que era imposible.
—Kacchan no puedo respirar —Izuku pidió con su mirada llorosa qué lo soltara.
Katsuki soltó a su criado al ver sus síntomas de sofoco. No iba a cometer el mismo error de intentar matarlo como el incidente de la camisa vomitada. Entonces se sentó en su cama y se masajeo la tensión en los hombros
—La mayoría aquí son criminales porque aman hacer daño, Deku —dijo con un semblante serio — No tuvieron una infancia mala, no vivieron en una zona marginal, no aprendieron a robar por necesidad, a estafar para sobrevivir. ¡Son aristócratas! ¡Muchos lo hacen porque están aburridos! —Katsuki chasqueó y se estiró el cabello por el estrés —La gente aquí está mal de la cabeza, Deku
Izuku se tocó el cuello percibiendo el calor de sus dedos ásperos. Se sentía agitado, excitado pero también raro porque parecía que Katsuki, en su peculiar forma agresiva de proceder, no estaba intentando asustarlo más bien intentaba explicar la situación del reformatorio. Enseguida lo miró pensativo.
—Y si sabes que están mal de la cabeza porque les das licor y opio ¿Eso no los vuelve peor? ¿Eso no te traería más problemas? ¿Tú también lastimas por placer? ¿También estás aburrido, Kacchan? —preguntó curioso del origen de su agresividad.
Katsuki hizo una pausa y con su silencio pareció darle la razón, luego volvió a irritarse. Izuku siempre tenía la particularidad de mover sus emociones.
—¿Por qué estás interrogandome, criado estúpido? —regañó y cortó la tensión propinando una patada en la espinilla de Izuku que de inmediato se sobó —¡Ves por eso te digo inútil! Tú eres mi criado y no tengo porque responderte nada pero ahí estás preguntando cosas que no debes. ¡Por eso no te dejo hablar con nadie! ¡Eres un estúpido que atraes el peligro!
—No atraería el peligro, Kacchan —Izuku negó qué fuera tan negligente al hablar con gente peligrosa y le sorprendió que Katsuki todavía recordará su conversación del día anterior como si fuera un asunto importante que aún llevaba en la cabeza.
Por el otro lado, Katsuki lo miró con una expresión qué exclamaba:
"¿Lo dices en serio, idiota?".
Para Katsuki, Izuku era un borrego en medio de lobos.
—No hables o mires a nadie —advirtió.
—Pero Kacchan…
—¡No insistas! —gritó y lo calló.
Ahí estaba de nuevo Izuku alterando sus entrañas.
—Deberías quejarte menos porque mi reputación de "bestia" te salva el trasero de ser cogido por todos esos locos.
Izuku bajó su cabeza comprendiendo. Katsuki era malo cuando se enfurecía. Lanzaba cosas, lo golpeaba y le gritaba mucho, sin embargo, él jamás lo violó, lo intentó vender a otros y si lo apartó de todo el reformatorio, ahora parecía que lo estaba protegiendo. Su corazón se sintió cobijado por su calidez qué más bien era una bola de fuego.
—Gracias, Kacchan —anunció de golpe y levantando el rostro mostró una enorme sonrisa.
—¿Gracias de que? —dijo extrañado por su expresión amable después de gritarle y llamarle estúpido.
—Por cuidarme —aclaró.
Katsuki sintió un escalofrío por el agradecimiento.
—¡Deja de hacer esa cara estúpida! —Katsuki señaló —¡No te estoy cuidando! Me perteneces imbécil, eres una cosa para mí, una cosa estorbosa e inútil pero si dejo que alguien se acerque creerán que me he vuelto débil y los demás querrán abusar. ¡Ya muévete y empecemos con este día de mierda!
—¡Si, Kacchan!
Izuku se movió diligentemente como un mayordomo, acercó los zapatos de su amo para que se los pusiera y también abrió la puerta que daba al pasillo. Katsuki arrugó el ceño, a pesar de la obediencia de su criado, Izuku no conocía su lugar. De nuevo estuvo llamándolo con ese apodo amistoso.
Ya formados en el pasillo para el pase de lista. Katsuki sintió como Izuku pegó su hombro con el suyo. Lo miró de lado disgustado por la extrema cercanía y la curiosidad incrementó por preguntar porque ese chico tan amable le hablaba con un nombre tan bonito sabiendo que él era una persona que causaba rechazo.
—¿Por qué lo haces? —dijo intrigado.
—¿Hacer qué, Kacchan? —respondió con inocencia.
Katsuki se irritó porque Izuku no se daba cuenta que lo llamaba Kacchan más veces en el día que su nombre real.
—Qué estúpido eres —Katsuki le dijo e Izuku lo tomó como otro insulto cotidiano.
La vida rutinaria continuó. Después del pase de lista en el pasillo hecho por Aizawa fueron directo a las duchas que estaban en un edificio junto a los dormitorios.
Las duchas eran un salón amplio sostenido por varios pilares y cubierto de baldosas blancas con figuras geométricas hermosas de color azul rey. En la entrada había varios armarios para guardar la ropa al desvestirse, una bañera comunitaria en el centro y cubículos con tinas de porcelana alrededor.
A diferencia de las letrinas, las duchas tenían agua corriente y la tubería se conectaba a una caldera. El vapor se apoderaba del ambiente como un agradable sauna aunque las tinas de porcelana eran insuficientes para la población de reos así que solo los que se imponían ganaban algo de privacidad en el aseo diario, el resto usaban la bañera comunal donde los cuerpos desnudos se amontonaban.
Izuku, como el criado personal de Katsuki, iba y venía trayendo una cubeta cargada de agua para llenar su tina mientras él esperaba en el cubículo como un rey.
—¡Apúrate! —gritó desde un banquito de madera.
Izuku empujaba de arriba a bajo una palanca para extraer agua caliente, cargaba varias veces la cubeta unos metros con el peligro de quemarse hasta vaciarla en la tina y luego lo hacía con agua fría. Los demás "criados" del dormitorio hacían lo mismo con sus "amos" pero Katsuki era el único que le gritaba y apuraba como un príncipe caprichoso qué tenía la boca llena de maldiciones como un vulgar de la calle.
El pecoso se encogía de hombros por el escándalo. Después de tres meses ya estaba acostumbrado a sus gritos que ya sonaban como su nivel normal de voz pero esa mañana Katsuki parecía enfadado por sus cuestiones en el cuarto y por haberlo despertado.
A Izuku no le hubiera importado el alboroto si al menos Katsuki lo invitara a meterse a la tina con él. Cuando acabó su labor, el pecoso se le quedó mirando como un cachorro tristón con la cubeta vacía entre las manos.
¿Puedo entrar?
Katsuki observó sus enormes ojos verdes, parecidos a los de un perro rascando la puerta queriendo entrar a la casa. El rubio sacó los colmillos como un perro rabioso.
¡Se volvió loco! ¿Quiere que lo invite a bañarse conmigo! ¿Esto es en serio? ¡Ah! ¡Qué fastidio! ¡Largáte!
Izuku no habló y Katsuki tampoco respondió, pero en ese lenguaje canino de miradas, lo dijeron todo. Sus miradas establecieron una conexión que ni siquiera comprendían.
¡Por favor Kacchan déjame entrar a la tina, no quiero bañarme en público! ¡Por favor sé bueno!
¡Ni en tus sueños, Deku! ¡¿Tú y yo desnudos en una tina?! ¡Eso jamás va a pasar, oíste, ni en tus sueños!
El rubio gruñó y cerró la cortina de golpe.
Izuku hizo un puchero. De inmediato su cabeza fuera de sí imaginó como Katsuki se quitaba la bata de baño, se introducía en el agua y comenzaba a pasar el jabón por sus hombros. Inspirado en el calor del vapor, cerró los ojos y vio la espuma embarrandose en su espalda y como la esponja iba enrojeciendo su piel nívea al tallar sus omóplatos. Entonces sus mejillas enrojecieron de solo pensar en la espuma atorandose en su vello púbico cuando lavaba su sexo...
Katsuki lanzó por arriba su bata para que Izuku la guardará. Cuando la prenda cálida cayó a su cabeza, el pecoso abrió los ojos de golpe e intentó enfriarse. Se quitó la prenda de la cabeza y sus ojos verdes se fijaron como el agua se deslizaba por el piso debajo de la cortina, seguro Katsuki se había desnudado y estaba dentro del agua tibia. Su imaginación era malcriada que Izuku se abofeteó ambas mejillas al mismo tiempo para detenerla.
Enseguida deseó apartarse de sus hormonas adolescentes y se giró sólo para toparse con la escena erótica de una bañera llena de hombres jóvenes.
Definitivamente me volveré loco.
Izuku pasó un nudo gigante de saliva y sus mejillas se ruborizaron.
El agua vaporosa en la bañera humedecía las baldosas y salpicaba, mojaba y se resbalaba en pequeñas gotas por una variedad de tonos de piel. Había blancas como porcelana, trigueñas, bronceadas y oscuras que se mezclaban como una sopa hirviente; había torsos delgados, rechonchos y esculpidos; piernas lampiñas y velludas, p***s dormidos y de todas las formas, curvos, largos, pequeños y anchos que no cooperaron a enfriar su cabeza.
Era un paraíso homosexual.
A pesar de ser un paraíso visual, Izuku no se acostumbraba a ver esa escena diaria. El agua de la enorme bañera llegaba a la altura de las caderas, los chicos se pegaban entre sí buscando un lugar para lavarse; tallaban su espalda y el largo de las piernas con las esponjas amarillas; la espuma se multiplicaba y entre tanta piel y vapor no se diferenciaba si se tallaban el uno al otro o se acariciaban.
Los chicos más tímidos se lavaban en las orillas pegados a la pared y acababan rápido mientras los extrovertidos se sentaban dentro de la bañera, se relajaban hablando y disfrutaban la hora completa que tenían para ducharse, unos se echaban agua entre sí, se medían el pene y se carcajeaban, había otros escondidos en las esquinas qué se veían como sus manos se movían extrañas bajo el agua como si se masturbaran por aquel paraíso de hombres jóvenes y bellos.
La energía de las duchas era fresca, atrayente y salvaje. Eso era un cuadro que Izuku hubiera disfrutado si la timidez de desnudarse no lo invadiera siempre. En la orilla se quitó la ropa y entró casi de puntillas a la bañera. Se hundió en el agua hasta la cabeza y se paró para lavarse el cuerpo.
Con el pasar de los minutos el agua de la bañera poco a poco se volvía blanca a causa del jabón. A pesar de estar obsesionado con un solo hombre, Izuku seguía gustando de los cuerpos masculinos, tenía curiosidad de contemplar y analizar sus cuerpos. Dio un vistazo general por toda la bañera. Había chicos apuestos, en buena forma incluso con p***s grandes, torsos musculosos casi idénticos a su Kacchan pero ninguno le pareció tan asombroso como él.
Cómo es posible que en un mundo lleno de hombres, él sea el único para mí…
Izuku se decepcionó de sí mismo. ¿Cómo un patán se apoderó de sus pensamientos con tanta fuerza? ¿Qué clase de emoción era el sentirse al borde del abismo por alguien que te trata como un perro? Se podía autonombrar masoquitas pero la verdad es que sí sabía porque era tan único. Katsuki le devolvió la vida cuando ya no tenía ninguna.
Lavando su pecho siguió preguntándose cosas hasta llegar a la pregunta que su lujuria esperaba la respuesta:
¿Y si me guió por mis instintos hasta donde Katsuki me permitiría llegar?
¡No, no, no! ¡En qué estoy pensando! Como si Katsuki me permitiría empujarlo a un rincón y encerrarlo entre la pared, mi cuerpo y mis labios… Además prometí a papá que me enderezaría. Debo mantener la mente clara y enfocarme en salir lo más pronto posible.
¡No más Kacchan! Al menos por un rato…
El chico de pecas siguió observando a sus compañeros a pesar de que Katsuki hace menos de una hora le advirtió qué no mirará a nadie.
Entre la multitud y el ambiente vaporoso llamó su atención un joven pálido, de cabello morado y ojos del mismo color.
El joven tenía el cabello húmedo y le caía por los hombros, el flequillo enfatizó el violeta de sus ojos astutos qué tenían unas ojeras oscuras. Su mirada sombría parecía decirle al mundo "No me importas". Estaba sentado dentro de la bañera con el cuerpo relajado; el agua le llegaba al pecho y el vapor parecía niebla alrededor de su piel desnuda; su espalda descansaba en la orilla de la bañera y sus brazos se extendían como si fuera el rey en su trono, junto a él había un chico rubio de pelo corto y de mirada despectiva que no dejaba de hablar.
Su nombre era Shinso Hitoshi y el rubio Neito Monoma ambos eran compañeros y su habitación estaba en el segundo piso. Izuku estaba lo suficientemente cerca para oír su conversación.
—¿Cómo vas a rogarle a ese gorila violento y malhablado? —El rubio de ojos grises comenzó a quejarse y cruzó los brazos —Es un troglodita.
—Lo necesito y él me necesita —Shinso respondió con una sonrisa sutil como si estuviera un paso por delante qué los demás.
—¡No lo necesitas! —exclamó Monoma con un tono celoso.
Izuku había oído que Shinso era un homosexual abiertamente, se decía en el reformatorio que ya se había cogido a varios de los profesores y si le preguntabas si era un sodomita respondía con orgullo sobre su condición. "Si quieren puedo poseer a una mujer y casarme con ella pero no van a quitar el hecho de que mi corazón prefiere a los hombres" Sus palabras eran revolucionarias. A Izuku le hubiera encantado no tener tanto miedo a su naturaleza como él.
—No puedes evitar lo que tu corazón anhela... —Shinso respondió a Monoma de manera provocativa y lo enfureció más.
Por otra parte a Izuku le conmovieron sus palabras que hasta lo hizo cuestionarse ¿Qué anhela mi corazón?
—¡Vas a desperdiciar saliva con ese maleducado! ¡No te va escuchar! ¡No sé qué le ves! —Monoma discutió e infantilmente le salpicó agua en la cara que causó gracia a Shinso.
—¡Es territorio inexplorado! —dijo interesado para aumentar los celos de su compañero.