Había tenido una terrible pelea con el patán de mi esposo, y es que como era costumbre se había embriagado en la fiesta de Rosario su prima, a veces creía que lo hacía apropósito pues estando en ese estado no perdía la oportunidad de echarme en cara mis múltiples abortos, siempre terminaba humillándome frente a todos y yo tratando de justificar su comportamiento, pero esta vez cruzo los límites, pues su prima Rosario y yo habíamos planeado la fiesta para darle por fin la sorpresa de que había completado cuatro meses de embarazo, y según el doctor había muchas esperanzas de vida para mi bebe, estábamos por terminar de cenar cuando rosario anunció.
- Amigos y familiares, nos hemos reunido este día porque Perla y yo queremos darles una noticia maravillosa, Perla esta embarazada.
Todos comenzaron a aplaudirme y a felicitarme, todos excepto Gustavo mi esposo, él se puso furioso al escuchar la noticia comenzó a insultarme y a estrujarme trataron de detenerlo, pero era tanta su furia hacía mi que me saco de los cabellos de la fiesta, e impidió que alguien me ayudará me dijo que me fuera a casa pues estaría por llegar la madre de su hijo.
- De que demonios hablas Gustavo, le pregunte confundida.
- Creo que olvide contártelo Perla, tuve un hijo con Sonia mi compañera de trabajo hace 15 días, tenía pensado que fuera sorpresa, pero como siempre arruinas todo, quiero que te largues de la casa mañana temprano voy a proponerle matrimonio a Sonia, me decía burlesco.
- Pero Gustavo estamos muy lejos de la casa, ya es tarde y estoy embarazada al menos dame para tomar un taxi, le dije llena de humillación.
- Jajajajaja estás loca Perla, no puedo gastar dinero en pendejadas y menos ahora que soy padre y estoy por casarme, pero mira te daré un consejo gratis, apresura el paso no vaya a ser que te asalten en el camino, me dijo riéndose mientras cerraba la puerta.
Tenía muchísimo miedo pues pasaban de las 9 de la noche, y Rosario no vivía en la mejor zona, así que emprendí mi camino lentamente porque me cansaba bastante rápido, camine por más de una hora hasta que el cansancio me venció, y decidí sentarme afuera de lo que parecía ser un salón de fiestas o al menos eso creía en ese momento, saque mi teléfono celular para mandarle un mensaje a Rosario para que orientara, pues no sabía el camino hacia mi casa, para serles sincera estaba perdida, pero al quererle mandar el mensaje mi celular se descargó repentinamente hasta apagarse, no pude más y comencé a llorar de rabia y desesperación no entendía como era posible que me estuvieran haciendo esto pensaba, cuando de repente salió una mujer de aquel salón y se acercó a mi.
- Te encuentras bien muchacha, me pregunto en un tono dulce.
- Si gracias, le dije limpiándome las lágrimas y poniéndome de pie a toda prisa.
- Tranquila, me dijo por qué no pasas y te tomas algo.
Accedí algo avergonzada, pero no sabía donde estaba quizás al terminar la fiesta alguien se ofrecería a llevarme a casa, al entrar estaba muy raro el salón, ya que era un cuarto grande con muchas puertas y unos enormes arcos grandes que deban hacía un jardín que no podía ver con claridad porque esa parte se encontraba en completa obscuridad, el salón tampoco estaba demasiado alumbrado pues la única luz que tenía provenía de unas cuantas veladoras.
- Tienes hambre, pregunto aquella mujer.
- No muchas gracias solo un poco de sed.
- Todos tenemos sed aquí, dijo con una cálida sonrisa, pero veré que puedo traerte.
Se dirigió hacia una de las esquinas donde había una enorme mesa con un par de fotografías, algunos platillos y unas cuantas bebidas y golosinas, se me hizo algo extraño ver la decoración de lo que yo creía era el bufete, aparte era tan poca la comida para tantos invitados que había, que estaba por rechazar el jugo que me había llevado la mujer.
- Disculpe, le dije nerviosa, las personas de la foto son los festejados de la fiesta.
- Jajajajaja, no mujer como crees ellos son los dueños del lugar.
- No quisiera ser criticona, ni mucho menos desagradecida, pero me pare un tanto extraña esta celebración de cumpleaños, todo está muy obscuro y hay demasiados niños sin supervisión.
- Mira no te preocupes por tonterías, tomate tu jugo y disfruta de la fiesta.
Así lo hice, no volví hacer más preguntas para evitar que me echaran de la fiesta, pero como toda embarazada me entraron unas ganas tremendas de ir al baño, trate de buscar a la mujer para que orientara, pero la obscuridad y la multitud de gente me hicieron imposible encontrarla, así que decidí buscar el baño por mi cuenta, trate de abrir una de las puertas, pero estaba cerrada, cuando iba a hacerle la lucha de abrir la segunda escucho que gritan ni nombre y al voltear quede en shock al ver a mi primo Julio parado a escasos centímetros de mi.
- Perla, prima no sabes cuanto te he extrañado, pero que haces a aquí, me dijo un poco confundido.
- Pero que demonios Julio, como es posible, le respondí a punto del desmayo, no se supone que tú estas Mu.
- Muerto me interrumpió Julio.
- Si, le dije tartamudeando.
Sin pensarlo giré la perilla de la puerta muerta de miedo, y para mi buena suerte esta de inmediato se abrió, y pude darme cuenta de que era una oficina, corrí al escritorio para agarrar el teléfono, pero una mano me lo impidió.
- Quien eres y que haces aquí.
- Lo siento me llamo Perla, señor y una señora me invito a la fiesta, no pretendo robar nada se lo juro solo quiero hablarle a la policía, acabo de ver y hablar con un primo que según estaba muerto desde hace 5 años.
El hombre prendió su linterna y me aluzo directamente a la cara, y al verme en el estado en el que me encontraba se compadeció de mí y me ofreció una silla para sentarme, ya un poco más tranquilos se presento.
- Tranquilízate muchacha nada va a pasarte yo soy Aurelio y soy el velador de este panteón, lo que quiero saber es como es que entraste si yo cerré muy bien.
- Esta usted loco como que panteón si haya fuera tienen una fiesta, es usted sordo que no escucha la música.
- Si es la fiesta que los muertos tienen cada año, que no sabes que día es hoy.
- No, que día es
- Es dos de noviembre y ellos tienen festejando desde ayer, pues es cuando se les da permiso de que vuelvan nuevamente, ahora explícame como has entrado.
Después de tomar un poco de aire, le platiqué que una señora había salido del lugar y me había invitado a pasar, y que en ningún momento había visto las puertas cerradas, él trataba de explicarme de que vivos y muertos no debíamos de convivir debido a que muchos no aceptaban su muerte y buscaban un cuerpo el cual poseer.
- Pero señor Aurelio todo esto me parece difícil de creer, haber muéstreme las tumbas y explíqueme de donde es que me dieron el jugo.
- Mira muchacha, me respondió molesto, aquí son solo las oficinas, pasando aquellos arcos del fondo es donde está el jardín y las tumbas, y el jugo que dices que te dieron lo han de ver tomado del altar que les tienen a los fundadores del panteón, aparte me acabas de decir que viste a tu primo muerto no, como es que no sabías que aquí lo habían enterrado.
- Lo que pasa señor Aurelio es que estaba fuera de la ciudad cuando él murió.
- Mira muchacha tienes que salir de aquí, antes de que se den cuenta de que no estás muerta.
Abrió la puerta con mucho cuidado, cuidando de hacer el menos ruido posible, mi primo me sonrió al verme y yo, yo no pude evitar dejar caer algunas lágrimas al ver que se despedía de mi, pero al llegar casi a la puerta vi que venía entrando Gustavo mi marido.
- Gustavo mi amor, le grité tenemos que salir de aquí estas personas están muertas.
- Avanza muchacha de prisa, me decía don Aurelio empujándome.
Logramos salir del panteón y Gustavo seguía ahí sin moverse, trate de correr hacía el cuando las puertas comenzaron a cerrarse, pero don Aurelio me detuvo con gran fuerza.
- Pero que es lo que haces muchacha.
- Es el padre de mi hijo, que no ve.
- Lo siento muchacha, pero ahora él ya es uno de ellos.
- Pero que demonios, le dije sorprendida.
Las puertas se cerraron y Gustavo se había quedado dentro, comencé a tocar y a gritarle, pero nadie respondía, a los pocos minutos comenzó a clarear le exigí a don Aurelio que abriera, necesitaba ayudarlo, pero vaya sorpresa que me lleve pues al abrir las puertas Gustavo no estaba por ninguna parte, ni rastro de la fiesta ni de la gente que se encontraba en lugar, todo estaba perfectamente limpio y acomodado, todo excepto la silla y el jugo a medio tomar que me habían regalado la noche anterior, me fui hacia los arcos donde decían que estaban las tumbas, recorrí una por una en busca de Gustavo sabía que no se lo merecía, pero no dejaba de ser el padre de mi hijo, el panteón era más grande de lo que creía, así que me tomo más de dos horas pues entre tumba y tumba me sentaba a descansar un rato, después de terminar y cerciorarme de que no estaba Gustavo me dirigí a la salida pensando que quizás el estrés de la noche me había hecho ver cosas que no eran, pero justo en la salida me tope a Rosario.
- Perla veo que te has enterado lo siento mucho, me dijo Rosario.
- No entiendo a que te refieres Rosario.
- Al accidente que tuvo Gustavo, si no sabes lo de Gustavo que haces aquí perla.
- Vine a traerle algunas flores a mi primo, le respondí.
- Ay Perla lo que pasa es que Gustavo tomo bastante anoche, y cuando iba por la mujer con la que había tenido un hijo, tuvo un terrible accidente donde perdió la vida por eso vine arreglar los papeles porque hoy lo enteraremos debido a como quedó.
No pude responderle ni una sola palabra, me alejé de ahí lo más pronto posible, no asistí a su entierro porque le dieron prioridad a la madre de su hijo, pero eso no importaba, porque cada dos de noviembre suelo pasar a dejarle al panteón un plato de su comida favorita y alejarme unos metros para luego observarlo por el retrovisor por algunos segundo.