Desde que tengo memoria he estado obsesionado con lo paranormal. Debido a mi naturaleza inquisitiva, siempre me he sentido atraído por el estudio de los fantasmas y espíritus. Cuando pienso en como fue que comenzó todo, me acuerdo de mis padres, ellos solían contarme cuentos de horror antes de irme a dormir. Incluso cuando se preocupaban porque dichas historias me provocaran pesadillas, yo insistía y amaba cada minuto de ese breve terror. Recuerdo acampar con mi familia o tener pijamadas con amigos, en los que contábamos cuentos de fantasmas los unos a otros, en un intento por asustar a quienes nos rodeaban. Conforme pasaron los años, mi pasión por lo sobrenatural creció y decreció. Por lo general, una vez que el otoño comenzaba mi interés alcanzaba su punto máximo. No obstante, en los m

