¡Nadie me creía! “Yo espero, amables lectores, que ustedes juzguen con objetiva certeza, el más atemorizante episodio que sufrí en carne propia y que, en estas breves y atormentadas líneas, trataré de narrarles tal cual lo viví”: En aquellas fechas sufría yo de un grave desorden del sueño, o como le dicen unos: insomnio. Trataba en vano de dormir a horas normales, pero solo conseguía dar vueltas en mi cama; así que salía de mi cuarto, recorría las escaleras en penumbras para conducirme hacia la sala-comedor y pasaba las horas sumergido en la lectura, intentando conciliar el sueño. Teniendo varios meses ya sin poder lograr mi cometido, se me hizo costumbre no estar en mi cama antes de las tres de la madrugada que era la hora en que se me acentuaba un poco el cansancio. He de decirles q

