*Actualidad*
Elliot estaba decepcionado por el simple hecho de que su nueva amiga, no hubiera podido viajar a la amistad época que él, pero aquel joven esperaba poder volverla a ver.
Elliot sin conocer a Elizabeth, sentía un gran cariño por ella y no se explicaba a qué le podría atribuir eso.
— Vaya, creo que en la biblioteca las horas no pasan — dijo Elliot mientras todavía podía ver el deslumbrar del sol.
Aquel joven ya no le tomo mas importancia y empezó a caminar, para poder llegar rápido a su casa.
— No se por que me apuro y me molesto en llegar, si a mi padre seguirá sin importarle— dijo Elliot mientras soltaba un pequeño suspiro.
Después de un tiempo de tanto caminar, Elliot por fin había llegado a su casa, aquel chico hizo un gran suspiro, para luego entrar rápidamente.
— Padre, ya regresé— dijo de repente Elliot con una leve sonrisa.
Esta vez, el padre de aquel joven estaba sin el celular y sin pensarlo, se paró rápidamente de su asiento y corrió a abrazar a su hijo.
— ¿Que pasa?— pregunto Elliot con total asombro.
Ambos se separaron del abrazo y el señor Seliut estaba mirando fijamente a su hijo.
— Estaba preocupado de que algo te pudiera pasar — dijo el s elir Seliut mientras mostraba en su rostro total preocupación.
Su hijo había salido hacía unos minutos atrás muy rápidamente en busca de la biblioteca que él nunca había visto y esto era lo que le llenaba de mucha angustia, ya que no sabía si su hijo sería capaz de meterse en problemas, el señor Seliut por eso decidió ir al lugar donde supuestamente se encontraba aquella gran biblioteca, pero al llegar al lugar, se dio cuenta que seguía siendo un campo valdio, todo eso estaba totalmente deshabitado y busco por algunas cuantas calles a su hijo, pero no obtuvo buenos resultados ya que seguía sin poder llegar al paradero de Elliot, el señor Seliut, lo había estado buscando, pero por alguna razón no lo encontraba, solo habían pasado treinta minutos en ese lapso, el mismo tiempo que había transcurrido la primera vez que aquel joven había pisado aquel gran lugar, pero para el padre fue realmente una eternidad, pero aún así el señor Seliut decidió esperarlo en su casa, ya que no tenía donde más poder buscar a su hijo, fueron minutos llenos de angustias y sin poder saber si su hijo estaba bien, ya que pensó que su pequeño seguía alucinando con lo que decía de la magia y la fantasía, el señor Seliut llegó a pensar que aquello le había traído muchos problemas.
Elliot era muy soñador, pero a pesar de todo eso era un buen chico, al cual no le gustaba meterse en problemas, las únicas ocasiones que se metía en problemas era cuando el recibía los maltratos por parte de algunos de sus compañeros, pero él prefería no angustiar a su padre con esas cosas, el prefería seguir sufriendo por la discriminación de ser un chico soñador, a qué su padre se avergonzara por qué no podía, ni sabía defenderse.
El señor Seliut amaba tanto a Elliot, siendo que aquel joven, era su único hijo, pero al padre de Elliot, a veces se le hacía difícil comprender a su hijo.
— No tienes por qué preocuparte papá, estoy aquí — dijo Elliot con una gran sonrisa. — Bueno, necesito ir un rato a mi habitación, a sido un día muy agotador — dijo aquel joven mientras se estiraba un poco y sin tomarle más importancia se fue a su habitación.
— Realmente estaba preocupado por ti — dijo entre susurros el padre de Elliot mientras se secaba una leve lágrima.
Las horas pasaron y aquel joven estaba en su habitación pensando en todo lo que había pasado ese día; en la amiga que acababa de hacer, para Elliot eso era fabuloso, ese día había sido de locos, ya que había experimentado tantas cosas, había visto a una persona muy diferente a él y de otra época pero de la misma ciudad, había presenciado una ola salir de un libro y había visto unos libros que no se mojaron, todo eso era fabuloso para Elliot, pero aquel joven sabía que tenía que tener mucho cuidado con lo que leía, si no quería que pasara lo mismo que pasó con lo de la ola, el simple hecho de que Elliot era muy soñador, había traído consigo algunos problemas muy tontos, ya que aquel joven no había podido hacer amigos que lo apoyaran o que fueran tan soñadores como él, la gran mayoría ya se creía demasiado "grande" para soñar, en realidad aquel joven era un joven muy solitario en su escuela y a su padre le preocupaba de que si seguía pensando en cosas mágicas, todos pensarían que su pequeño hijo estaba loco y eso le preocupaba, no quería que lo catalogaran así, él quería que su hijo tuviera amigos y se llevará tan bien con todos, eso quería el señor Seliut, pero a veces lo veía imposible por la manera de comportamiento de su pequeño, tal vez hablar tanto de hadas y cosas que pertenecían a la fantasía, asustaba a sus posibles amigos.
Las horas pasaron y la noche por fin se había hecho presente.
Elliot se baño y vistió antes de poder ir a cenar.
Aquel joven fue a cenar con muy buena actitud.
— Me alegra que estes feliz — dijo el señor Seliut con una gran sonrisa mientras miraba a su hijo con felicidad.
—Es que, la biblioteca es tan hermosa — dijo de repente aquel joven.
— Hijo, quedamos de que tal cosa no había en ese lugar al cual fuimos ya que estaba completamente vacío — dijo el señor Seliut mientras le pasaba el plato de comida a su hijo.
— Padre, es cierto, ese lugar es mágico, aunque no lo veas y eso haga que dudes de su existencia, la biblioteca está ahí, más linda que nunca — dijo con una gran sonrisa Elliot.
— Está bien hijo, si tú lo dices — dijo el señor Seliut rindiendose ante lo que su hijo decía, ya que él sabía que no era bueno llevarle la contraria a su hijo, ya que esto haría que se siguiera aferrando a una cosa y eso era lo que menos quería él
Padre e hijo cenaron y al terminar, Elliot accedió a lavar los trastes para luego irse a sus respectivas habitaciones.
Rápidamente ambos ya se encontraban durmiendo muy pacíficamente.
Después de un tiempo, se hizo de día, la alarma empezó a sonar y a lo lejos se escuchaba un gallo, era día de escuela.
Aquel joven aún un tanto asoñado, la apagó con mucha fuerza, haciendo que esté reloj despertador se cayera de la mesita de noche que se encontraba a su lado.
Elliot aún asoñado se sentó en una esquina de su cama mientras estaba bostezando, aquel joven se empezó a restregar los ojos y a estirar un poco, después de muy poco tiempo, Elliot ya se encontraba bañando y vestido.
Elliot bajo de inmediato a desayunar.
— Hijo, ahí te deje la comida ya lista en la mesa — dijo el señor Seliut en un pequeño grito al escuchar los pasos de su hijo, aquel hombre se encontraba en su habitación de trabajo.
— Gracias padre — dijo Elliot con gran emoción.
Aquel chico empezó a comer y después de unos minutos, por fin había terminado.
— ¿Estás listo?— dijo el señor Seliut mientras se acercaba a Elliot con unos papeles, los cuales utilizaría para un caso.
— Si papá — respondió de inmediato Elliot.
— Muy bien, debemos irnos, necesito llegar temprano— dijo el señor Seliut mientras agarraba las llaves del carro y de inmediato se dirigía a su respectivo auto, Elliot cerró la puerta de su casa y salió también, aquel joven estaba realmente listo para la escuela.
Después de unos minutos de manejar, el señor Seliut por fin había llegado a dejar a su hijo a la escuela, aquel señor se estacionó para que su hijo pudiera bajarse.
— Elliot — lo detuvo.
— ¿Si padre?— pregunto confundido aquel joven.
— Por favor, no te metas en problemas — concluyó el señor Seliut.
— Como si eso fuera posible — dijo Elliot mientras rodaba los ojos.
Aquel joven muy rápidamente salió del carro de su padre y se dirigió de inmediato a su salón.
El señor Seliut ya se había ido a su trabajo y Elliot había llegado a su salón.
Las clases fueron tan aburridas que pasaron muy lentamente y después de muchas horas de encierro, el timbre sonó, anunciando que era hora de la salida.
Elliot planeaba llegar temprano a su casa, pensaba que tanta diversión el dia anterior había sido suficiente, así que pensaba ir al día siguiente a la biblioteca.
Aquel joven ya se encontraba afuera de la escuela, estaba bebiendo su jugo de sandía y al terminar se iría directo a su casa.
Elliot estaba tranquilamente, cuando de repente un grupo de 5 chicos de su misma clase, aparecieron a un lado de él.
— Vaya vaya, el niño " la magia si existe", está aquí, ¿Que nos enseñaras?, ¿El poder de los amuletos?— dijo uno de los chicos mientras se reía, de repente Elliot volteó a ver a un lado y pudo ver qué se trataba de uno de sus compañeros de clases que se llamaba Harrison.
Otro de sus compañero llamado William, empujó a Elliot.
— Déjenme por favor — soltó de repente Elliot, él no quería meterse en problemas, realmente no quería decepcionar a su padre como siempre lo hacía, eso pensaba él, además de que él no estaba haciendo nada para ser blanco de burlas.
— Es que es tan divertido molestarte — dijo Leonard, otro de los chicos mientras también lo empujaba.
El líder, Sebastián, tiro a Elliot, esto hizo que aquel joven se hiciera un pequeño raspón.
— Oh, el pequeño llamara a sus hadas— dijo Salvador mientras se burlaba de Elliot.
Elliot se paró y por unos segundos miro su jugo y sin pensarlo más, se los tiro a aquellos chicos, al menos alcanzó a tirarselo a Sebastián y a los demás les salpicó un poco, pero esto hizo que aquellos jóvenes se enfadarán más.
— Estás acabado — dijo con enojo Sebastián, el líder de aquellos jóvenes.
Elliot se asusto mucho y por un momento se puso a pensar en algo que pudiera ser de distracción para aquellos jóvenes y poder tener tiempo para poder huir.
De pronto algo se le ocurrió.
— ¡Miren, un billete! — dijo Elliot señalando hacia el lado contrario del cual pensaba escapar.
Los tres chicos se voltearon rápidamente para poder encontrar el supuesto billete que había visto Elliot, lo cual claramente era una trampa para que aquel joven pudiera escapar.
—¿ Dónde?— preguntaron los cinco chicos al mismo tiempo.
Elliot aprovecho aquella distracción para poder huir.
— Oh ya veo— dijo William mientras miraba al lugar donde segundos antes se encontraba Elliot.
— No hay nada, ese imbécil — dijo Sebastián mientras volteaba a ver si Elliot seguía en el lugar donde había estado segundos atrás, pero era muy claro que ya se había ido.
— El imbécil nos engaño, encuentren lo, miren como me embarró ese jugo — dijo el que parecía ser el líder, Sebastián, muy enojado.
Elliot corrió y corrió, aquel joven no quería ser atrapado por alguno de aquellos malechores, ya que le podrían pegar por el simple hecho de que Elliot no pensaba de una manera lógica, si no se inclinaba más por la fantasía.
Elliot buscaba un lugar donde poder esconderse, después de un rato de tanto correr, encontró un árbol, él miro hacia todos lados, buscando que nadie lo viera esconderse en ese lugar.
Elliot se estaba acercando a aquel árbol cuando muy rápidamente uno de los bravucones que acechaban a Elliot, lo encontró.
Aquel joven salió repentinamente de unos árboles.
— ¿Te querías esconder de alguien?— dijo Sebastián mientras miraba fijamente a Elliot con una gran sonrisa sinica, se podía notar en el rostro de aquel joven que estaba disfrutando de hacer sufrir a Elliot y este se ponía cada vez más nervioso, él no sabía de dónde había sacado el valor de tirarle su jugo a esos malechores y tampoco entendía por qué solo por un simple jugo se enojaban.
— No, no, no, no, no, es es es lo que parece —Elliot no podía articular muy bien las palabras ya que estaba demasiado asustado, mientras que cada vez que aquel chico intentaba acercarse más a Elliot, este último daba un paso para atrás.
Aquel malechor ya estaba muy cerca de Elliot y lo estaba arrinconando hacia una casa mientras se tronaba los dedos, Elliot no quería imaginarse el golpe que le podrían dar.
Elliot empezó a pensar que podría hacer en esos momentos, él no queria hacer daño, pero estaba en peligro, ya que lo podrían golpear, él tenía mucho miedo, así que sin pensarlo, con dos de sus dedos de la mano derecha, le pincho los ojos a Sebastián, uno de los bravucones y líder.
— Lo- lo siento — alcanzó a decir Elliot mientras salía corriendo.
— Agh, solo te queríamos dar un susto, pero ahora es personal— dijo aquel bravucon, Sebastián, mientras se tallaba los ojos y sacaba su celular.
—El chico se dirigió por dónde está el terreno baldío, atrapenlo, está no se la acabará — dijo Sebastián muy enojado.
Elliot sabía que se había metido en un gran problema, pero en realidad aquel joven no sabía en qué se había metido, ya que lo que había hecho, a su parecer no era ninguna falta grave.
Elliot no sabía a dónde ir, pero muy pronto algo se le vino a la mente y es que aquel chico en el lugar ideal que pensó, era la biblioteca, ya que le quedaba muy cerca de donde estaba y ya que si era como el pensaba, sería imposible que ellos la vieran, ya que al parecer viajaba entre épocas o eso era lo que entendía Elliot, por lo cual y sin pensarlo más, se dirigió de inmediato a ella.