CAPÍTULO 4: LA PRIMERA INSTRUCCIÓN

1519 Words
El silencio del pasillo era más elocuente que cualquier palabra después de que Elara pronunciara el nombre "Kaelen Thorne". Arthur Pembleton la miraba con una mezcla de esperanza renovada y preocupación profunda, mientras que Maeve, que había salido de la habitación de Alaric para reunirse con ellos, asentía gravemente, como si ese nombre confirmara sus peores temores. "¿Kaelen?" repitió Arthur, su voz un susurro cargado de significado. "Alaric lo mencionó específicamente en la carta?" Elara asintió, apretando el documento en su bolsillo. "Dice que él me llevará a donde necesito ir. Y que es de confianza." Hizo una pausa, evaluando las caras de sus dos potenciales aliados. "Pero antes de hacer cualquier movimiento, necesito establecer el control aquí. Arthur, necesito dos cosas de inmediato." El abogado se enderezó, recuperando algo de su profesionalismo. "Lo que necesite, Dra. Vance." "Primero, necesito el historial médico completo de Alaric. Todo lo de los últimos seis meses. Y segundo, necesito los documentos legales que me acrediten como su representante médica y legal mientras esté incapacitado." Arthur asintió con determinación. "Tengo los registros médicos en mi estudio. En cuanto a los documentos legales, puedo preparar un poder notarial de representación médica y un poder interino para decisiones financieras urgentes. Como su única heredera y familiar directa, tiene derecho legítimo." "Perfecto. Hágalo." Elara luego se volvió hacia Maeve. "Y usted, Maeve, me dijo que su sobrina es enfermera. ¿Dónde está? Y ¿qué hay del resto del personal médico?" Maeve hizo un gesto significativo hacia la habitación de Alaric. "Clara está con él ahora mismo. Es mi sobrina, la crié desde que sus padres murieron. Es tan leal como el día es largo. Pero las otras dos enfermeras..." Bajó la voz. "Sarah y Margaret. Vinieron recomendadas por los Blackwood hace tres meses, justo cuando el señor Alaric empezó a empeorar. No son de fiar, doctora." Elara procesó esta información crucial. "Entonces necesitamos despedirlas. Arthur, cuando prepare esos documentos, incluya la terminación de sus contratos. Págueles lo que sea necesario, pero quiero que salgan de esta propiedad antes del amanecer." Mientras Arthur asentía y se dirigía hacia su estudio, Elara regresó a la suite de Alaric. Encontró a Clara - una mujer joven de rostro serio y manos expertas - tomando signos vitales con eficiencia profesional. "¿Cuál es su evaluación?" preguntó Elara, adoptando el tono que usaba con nuevos residentes en el hospital. Clara no se inmutó. "Presión 90/60, taquicardia a 120, respiraciones superficiales a 24 por minuto. Tiene fiebre de 38.5 y evidente cianosis periférica. Las pupilas están levemente dilatadas pero reactivas." Elara asintió, impresionada. "Bien. Clara, necesito que establezcamos un protocolo estricto. Toda medicación, todo acceso intravenoso, todo alimento pasa exclusivamente por nosotras." Se acercó al maletín que había dejado en una silla y comenzó a preparar una nueva solución intravenosa. "Voy a cambiar el suero por lactato de Ringer. Necesita electrolitos, no solo glucosa." Mientras trabajaba, explicó cada movimiento a Clara, estableciendo no solo un tratamiento, sino una alianza. La joven enfermera asentía, comprendiendo inmediatamente la gravedad tácita de la situación. "El Dr. Rigby vendrá por la mañana," comentó Clara mientras sostenía el brazo de Alaric para que Elara insertara el nuevo catéter. "El Dr. Rigby no volverá a poner un pie en esta habitación," respondió Elara sin levantar la vista, concentrada en encontrar la vena. "Arthur está preparando los documentos de representación médica en este momento." Mientras trabajaban, Elara notó que Tommy se frotaba los ojos, exhausto. Lily, aunque mantenía su postura vigilante, empezaba a mostrar signos de agotamiento. Fuera, la ventana mostraba un paisaje nocturno donde la nieve seguía cayendo sin piedad, acumulándose contra los vidrios como un recordatorio del mundo gélido que los rodeaba. "Maeve," dijo Elara suavemente, "¿podría mostrar a los niños donde podrán dormir? Necesitan descansar." La cocinera asintió comprensiva. "Por supuesto, doctora. Hay una suite de invitados justo al lado de la mía. He encendido la chimenea y hay mantas calientes. Está lejos de... todo esto." Hizo un gesto significativo hacia la habitación de Alaric. Mientras Maeve guiaba a los niños por el pasillo, Elara se detuvo un momento con Lily. "¿Estarás bien, cariño?" La niña asintió, sus ojos serios. "Los patrones son incorrectos aquí. Las sonrisas no coinciden con los ojos. Pero Maeve... sus patrones son consistentes." Elara sintió un nudo en la garganta. Su hija, con su percepción única, ya había evaluado la situación mejor que ella. "Quédate cerca de Maeve," le susurró. "Y cuida de tu hermano." Al regresar a la suite de Alaric, Elara se acercó a la cama. Su tío parecía estar descansando más cómodamente con la nueva medicación. Tomó su mano, notando la piel fría y paperosa. "He recibido tu mensaje, tío," susurró, inclinándose cerca de su oído. "Voy a buscar a Kaelen Thorne. Pero primero, voy a asegurarme de que estés protegido." Sus dedos apretaron los de él suavemente, y por un momento creyó sentir una respuesta - una presión casi imperceptible que le dio la fuerza que necesitaba para continuar. Poco después, Arthur regresó con una carpeta abultada y varios documentos. "Los papeles de despido para las enfermeras están listos. Y he preparado esto," dijo, extendiendo varios documentos firmados y sellados. "Poder notarial de representación médica. Poder notarial para decisiones financieras urgentes. Y autorización para actuar como representante legal interina de todas las empresas Vance hasta que Alaric se recupere." Elara tomó los documentos con manos que apenas temblaban. "¿Es esto... legalmente sólido?" "Completamente," afirmó Arthur. "Como única heredera y familiar directa, con Alaric incapacitado, tiene derecho a tomar el control. Los Blackwood podrán protestar, pero legalmente están en terreno inestable." "Bien," dijo Elara, sintiendo el peso de la responsabilidad asentarse sobre sus hombros. "Ahora, necesito los registros médicos completos. Todo lo de los últimos seis meses." Mientras Arthur salía en busca de los archivos, Elara se reunió brevemente con Maeve en la cocina. El aroma a canela y manzana caliente flotaba en el aire, un pequeño oasis de calidez doméstica en medio del caos. Los niños estaban ya instalados en su nueva habitación, exhaustos por el viaje y los eventos del día. "Clara se quedará con Alaric esta noche," explicó Elara. "Necesito que usted se asegure de que nadie moleste a los niños." "No se preocupe, doctora," respondió Maeve con firmeza. "Mi habitación está justo al lado de la suya. Nadie se acercará sin que yo lo sepa." Cuando Arthur regresó con los registros médicos, Elara se sumergió en ellos durante la siguiente hora. Los números y reportes contaban una historia escalofriante - un deterioro metódico y sistemático que coincidía perfectamente con envenenamiento por talio. "Miren esto," señaló finalmente, reuniendo a Arthur y Clara a su alrededor. "Los niveles de talio han estado aumentando gradualmente durante meses. Pero cada vez que alcanzan un pico, el Dr. Rigby reporta 'mejoría inexplicable' y cambia la medicación." "Dios mío," susurró Arthur. "¿Está diciendo que...?" "Que alguien lo ha estado envenenando metódicamente," concluyó Elara. "Y el Dr. Rigby o es cómplice, o es increíblemente incompetente." El silencio que siguió fue roto por el sonido del walkie-talkie de Maeve. "Las otras enfermeras se han ido, doctora. Las he acompañado personalmente hasta la salida." Una parte de Elara se sintió aliviada. Al menos ahora tenía un equipo de confianza alrededor de Alaric. Pero sabía que esto era solo el comienzo. "Arthur," dijo, poniéndose de pie, "necesito que investigue las finanzas del Dr. Rigby. Cualquier transacción con los Blackwood." "Lo haré de inmediato," asintió el abogado. "Y yo," añadió Elara, tomando el pesado abrigo que Maeve le ofrecía, "tengo que encontrar a Kaelen Thorne." Maeve le entregó una linterna potente y un walkie-talkie. "Para mantenerse en contacto. El rango llega hasta los establos. Y abríguese bien, doctora, esa nieve no perdona." Antes de salir, Elara se detuvo en la habitación de los niños. Lily estaba despierta, mirando por la ventana la tormenta que azotaba los jardines. "¿Vas a buscar al susurrador?" preguntó la niña sin volverse. "Sí, cariño," respondió Elara, acariciando su cabello. Lily se volvió y le entregó un pequeño dibujo de un caballo con un lazo rojo atado al cuello, como los que veían en las tarjetas navideñas. "Para que recuerdes que hay cosas buenas también." Elara guardó el dibujo en su bolsillo, sintiendo cómo los ojos se le llenaban de lágrimas. "Lo recordaré, cariño. Prometido." Cuando finalmente abrió la puerta principal, la tormenta la recibió con toda su furia. La nieve azotaba su rostro como miles de agujas heladas, y el viento rugía a través de los árboles desnudos. El frío le golpeó el rostro con una violencia que le cortó la respiración. A lo lejos, apenas visible entre la cortina blanca, distinguía las siluetas oscuras de los establos. Cada paso sobre la nieve fresca era una batalla contra los elementos, pero también una declaración de guerra. La carta de Alaric latía en su pecho como un segundo corazón, recordándole su misión. No era solo una doctora siguiendo instrucciones. Era una Vance protegiendo a los suyos. Y esa verdad era su única brújula en la noche oscura.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD