EPISODIO 17

1314 Words
EL CAMINO A LA CIUDAD PERDIDA Sakura y Gaudi continuaban su incansable búsqueda de Serenidad y Amelia, guiados por la espada mágica Luminis. La hoja brillante no solo iluminaba el sendero por recorrer, sino que también respondía con un resplandor dorado cada vez que los astros estaban cerca. Esa luz se convirtió en su brújula a través de bosques espesos, valles ocultos y montañas que desafiaban la vista. A lo largo de su travesía, ambos comenzaron a descubrir habilidades dormidas que parecían despertar con cada paso que daban. Sakura, conectada profundamente con la naturaleza, notó que podía comunicarse con los árboles, las plantas y los animales. Esta conexión le permitía percibir señales del entorno y advertencias que, para otros, habrían pasado desapercibidas. Era como si la tierra misma hablara con ella, guiándola y protegiéndola. Gaudi, por su parte, seguía demostrando una destreza excepcional con la espada. Pero más allá de su habilidad física, había algo más: su sensibilidad a la energía de quienes lo rodeaban le permitía discernir las verdaderas intenciones de aliados y enemigos. Su espada Luminis vibraba con una energía propia, como si tuviera voluntad y misión propias. Tras días de marcha, Luminis los condujo hacia una antigua senda olvidada que serpenteaba por un valle oculto entre montañas. Allí, como envuelta en un hechizo de tiempo y misterio, emergía la Ciudad Perdida. Las ruinas estaban cargadas de historia: calles adoquinadas, estatuas majestuosas y muros con grabados milenarios que contaban la epopeya de los astros y el surgimiento del reino de Adamah. Ambos exploradores quedaron maravillados por la imponente belleza de la ciudad. Cada rincón parecía guardar un eco del pasado. Al llegar a la plaza central, encontraron una imponente estatua con alas doradas que irradiaba una magia tangible. Al acercarse, una fuerza invisible los envolvió, conectándolos con algo superior, antiguo... eterno. Sakura y Gaudi comprendieron entonces que estaban en el lugar indicado, y que los secretos que albergaba aquella ciudad serían cruciales para el destino no solo de sus hermanas, sino de todo el reino de Adamah. Con paso firme y espíritu renovado, se adentraron en el corazón de las ruinas, decididos a descubrir lo que la historia olvidada tenía para revelarles. NUESTRO PASADO Y PRESENTE Sakura y Gaudi se hallaban frente al pozo mágico que rodeaba la imponente estatua en la plaza central de la Ciudad Perdida. Un leve murmullo, como un susurro ancestral, parecía surgir del agua cristalina del pozo. Sin intercambiar palabra, ambos comprendieron que debían descender. Algo en su interior los llamaba con fuerza, como si el destino mismo les marcara el paso. Al sumergirse en el pozo, una ráfaga de energía mágica los envolvió, transportándolos a una dimensión donde el tiempo y el espacio se disolvían. Allí, comenzaron a experimentar visiones vívidas de sus propias vidas, tanto pasadas como presentes, revelaciones que estaban destinadas a cambiar su percepción para siempre. Gaudi vio fragmentos de su infancia: los duros entrenamientos con su maestro espadachín, los momentos en los que su habilidad era puesta a prueba, y la disciplina que había forjado en él una voluntad inquebrantable. También revivió el instante en que recibió la espada Luminis, comprendiendo que no solo era un arma, sino una extensión de su espíritu, una guía con la que compartía una conexión sagrada. Sakura, por su parte, fue transportada a los días de su niñez en el bosque, rodeada de la vida silvestre que tanto amaba. Recordó cómo los árboles parecían inclinarse a su paso, cómo los animales acudían a ella sin miedo. Revivió el momento en que comprendió que no solo escuchaba a la naturaleza: también la entendía y podía comunicarse con ella. Esa conexión era su don, su esencia, su fuerza. Las visiones se volvieron más intensas. Ambos se vieron rodeados de luz dorada, escuchando una voz que les revelaba una verdad oculta: eran astros. No simples viajeros o guerreros, sino seres especiales nacidos con una misión divina. Destinados a guiar y proteger, a restaurar el equilibrio en Adamah cuando todo pareciera perdido. Sakura entendió que su mayor poder no era solo su vínculo con la naturaleza, sino su férrea determinación. Era una protectora por naturaleza, una líder nacida para afrontar cualquier peligro sin dudar. Gaudi, por su lado, aceptó que su espada estaba hecha para más que la batalla: era una reliquia sagrada que solo un verdadero astro podía portar. Con los ojos abiertos y el alma fortalecida, emergieron del pozo como si hubieran renacido. Ya no eran los mismos. Portaban consigo no solo conocimiento, sino propósito. Sabían que el destino de Adamah estaba profundamente entrelazado con el suyo, y que encontrar a Serenidad y Amelia era más que una búsqueda familiar: era una misión cósmica. Decididos a continuar su camino, salieron del santuario oculto con el corazón encendido. La historia de Adamah aún no estaba escrita, pero ellos estaban listos para ser los protagonistas de su restauración. EL SECRETO DE LA CIUDAD PERDIDA  Gaudi y Sakura avanzaban con paso firme hacia el corazón de la Ciudad Perdida, sintiendo cómo una antigua energía vibraba a su alrededor. La atmósfera estaba impregnada de un misterio ancestral, como si las piedras mismas susurraran secretos olvidados por el tiempo. Mientras descendían por un corredor subterráneo cubierto de raíces y musgo, comenzaron a aparecer símbolos brillantes en las paredes: runas doradas que reaccionaban a su presencia con una luz tenue y cálida. Finalmente, llegaron a una vasta cámara custodiada por columnas talladas con figuras celestiales. En el centro de la sala, sobre un pedestal de mármol agrietado por los siglos, descansaba un libro encuadernado en piel oscura, decorado con filigranas doradas que se movían lentamente como si estuvieran vivas. No era un libro común: era el Libro de los Astros, guardián de la sabiduría prohibida y las antiguas profecías. Sakura extendió la mano con reverencia y, al tocar la cubierta, una ráfaga de energía la recorrió de pies a cabeza. El libro se abrió por sí solo, revelando páginas que no solo contenían palabras, sino también imágenes en movimiento y sonidos suaves como cantos etéreos. Ambos leyeron en silencio mientras la voz de una profecía ancestral comenzaba a tomar forma: “Cuando la oscuridad divida al reino y el corazón de Adamah sangre por traiciones, los astros se alzarán. Unidos por la verdad, la sangre y el destino, devolverán la luz a la tierra sagrada. Pero antes, deberán enfrentar a la sombra nacida del olvido.” Sakura y Gaudi se miraron, conmovidos. No cabía duda de que esa profecía hablaba de ellos, de Serenidad, de Amelia… y del papel crucial que cada uno desempeñaría. El texto también hablaba de un peligro creciente: una sombra sin nombre que se avecinaba con intención de destruirlo todo. Sin perder más tiempo, decidieron seguir explorando la cámara. Tras inspeccionar el lugar, descubrieron un mecanismo oculto en la base del pedestal. Al activarlo, una pared del fondo se deslizó con un crujido antiguo, revelando un pasadizo secreto. Este conducía a una cámara más pequeña, pero aún más poderosa. En su centro, una estatua majestuosa sostenía un papiro de oro puro cubierto de símbolos y runas flotantes. Cuando Sakura tomó el papiro, una voz ancestral, serena y profunda, resonó en sus mentes: “El destino de Adamah está en sus manos. Encuentren a los demás astros. Solo unidos podrán resistir la oscuridad venidera.” El mensaje era claro y urgente. Debían encontrar a Serenidad y Amelia cuanto antes. Sabían que la Ciudad Perdida les había otorgado no solo sabiduría, sino una responsabilidad sagrada. Con el papiro cuidadosamente guardado y una nueva fuerza encendida en sus corazones, Sakura y Gaudi salieron de la cámara secreta. Mientras subían de nuevo a la superficie, un nuevo amanecer teñía el cielo de tonos dorados, como si la misma Adamah les diera su bendición. Estaban listos para continuar su camino, ahora sabiendo que su destino era mucho más grande de lo que jamás imaginaron.
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