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CASADA POR OBLIGACIÓN

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Blurb

Adeline lleva seis años casada repitiéndose a diario que su matrimonio fue la mejor decisión que pudo tomar, aunque su corazón jamás haya estado de acuerdo. Todo comenzó casi siete años atrás, en una noche confusa marcada por copas de más y una habitación en penumbras. Al despertar, estaba junto a un hombre desnudo: Erick, quien un mes después se convertiría en su esposo cuando descubrió que estaba embarazada.Para su padre, no había opción. No permitiría que la deshonra manchara el apellido familiar. Así, Adeline fue obligada a casarse con el padre de su hijo, sellando un matrimonio construido sobre el deber y las apariencias, no sobre el amor.Con el paso de los años, Adeline se ha aferrado a la idea de que su vida es estable, de que ha aprendido a conformarse. Pero todo cambia cuando un hombre irrumpe en su mundo y despierta sentimientos que creía enterrados. Su presencia resquebraja los cimientos de ese matrimonio aparentemente perfecto y la obliga a abrir los ojos.Entonces, las mentiras salen a la luz.¿Y entonces... qué pasa cuando una mujer decide dejar de obedecer?

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| La noche en que todo cambió |
Capítulo 1 Adeline Nunca supe en qué momento aquella noche comenzó a desmoronarse. La fiesta estaba llena de música, risas y copas que alguien no dejaba de llenar en mi mano. Recuerdo las luces doradas del salón y el perfume demasiado dulce de las flores que decoraban cada mesa. Todo parecía normal. Hasta que dejó de serlo. El calor llegó primero. Un calor extraño que subía lentamente por mi piel, como si el aire del salón se hubiera vuelto demasiado pesado de repente. Intenté ignorarlo, pensando que quizá había bebido más de lo que debía. Pero el mareo llegó poco después. Las voces comenzaron a sonar más lejanas. Las luces más brillantes. No sé cómo se me ocurrió aceptar esta invitación. Sabía que no debía venir. No me siento bien. —Addie Alguien dijo mi nombre. Levanté la mirada con dificultad. Erick estaba frente a mí. Siempre había sido una presencia constante en la vida de mi familia. Elegante, seguro, imposible de ignorar en cualquier habitación. Aquella noche, sin embargo, su mirada parecía distinta. Más atenta. —No te ves bien —dijo con calma. Intenté responder, pero mis palabras se mezclaron entre sí. —Creo… que necesito aire. Sentí su mano sostener mi brazo cuando mis piernas vacilaron. —Ven —murmuró—. Vamos a salir de aquí. No recuerdo exactamente cómo llegamos a la habitación. Solo recuerdo la oscuridad tranquila después del ruido de la fiesta. Me acerco a la cama, miraba borroso y el calor se expandía cada vez más por mi cuerpo. —Erick… ayúdame —murmuré—. Me siento extraña yo… —Tranquila Addie. Estás sudando, estarás bien. Espérame un momento —dijo alejándose de mí. Me quité la chaqueta, la piel de mi espalda quedó desnuda, necesitaba sacarme la ropa. ¿Dónde está Erick?. Escuché un ruido proveniente del baño. Necesito que me ayude. Me puse de pie tambaleando, caminé hasta la puerta y la abrí. —Erick, siento mucho calor —dije mientras caminaba. No lo encontré, así que abrí la puerta y regresé a la cama. Me despoje de mis zapatos. La habitación estaba en penumbras o era yo la que estaba ciega, ya no lo sabía. Mi cuerpo ardía, ahora la sentía más. Ardía de deseo. Me bajé los tirantes de mi vestido, mis pechos quedaron libres, no llevaba sujetador. Le lancé maldiciones a la prenda que intentaba quitarme. La figura de Erick apareció de nuevo ante mis ojos. Lo que apenas lograba ver. Se quedó de pie mirándome sorprendido por mi estado, quizá. —Ayúdame, no puedo más —susurré lanzándome a sus brazos. Mis senos chocaron con su pecho. Intentó alejarme, pero enrede mis brazos en su cuello. —No lo soporto más. Mi cuerpo arde —dije suplicante. —Espera esto no… Lo corte con un beso, mis calientes se movían sobre los suyos, suaves y húmedos. Mi cuerpo ardió aún más. Lo necesitaba con urgencia. No estaba bien, pero no podía pensar con claridad. Solo quería que apagara este incendio en mi interior. Baje mis manos hasta su camisa y comencé a desabrochar sus botones. Erick dejó de resistirse a mis besos. Me rodeó la cintura con sus manos grandes y fuertes. Su lengua invadió mi boca, mi gemido murió en su boca. Nos acercamos a la cama, deslicé su camisa por sus brazos y la lancé a alguna parte de la habitación. Caí sobre el colchón suave, él se inclinó sobre mí con cuidado de no aplastarme. Mis manos fueron a su pecho, lo acaricié desesperada por sentirlo. Su torso era firme, seguro se ejercitaba a menudo. Su cuerpo ardía tanto como el mío. Mis pezones erguidos rozaron su pecho. Sus labios se fundieron con los míos en un beso ardiente, como nosotros. Sentí el frío de algo metálico rozando mi piel. Una cadena alrededor de su cuello. La vi brillar por un segundo… cuando se separó un poco de mi para bajarse los pantalones. No pude ver su m*****o en la penumbra de la habitación. Sentí miedo, a mis veintiún años aún era virgen y perder mi virginidad de esta forma no estaba en mis planes, pero mi cuerpo lo pedía a gritos, sentía que moriría si no lo hacía. Sentí sus labios en mi cuello, en mis pechos, su lengua jugando con mis pezones, mordiendo y succionando. Sus dedos en mi v****a dibujando círculos en pequeño botón, mi cuerpo se retorcía bajo el suyo. Arqueé mi espalda buscando sentirlo. Su trozo de carne caliente y duro me rozo. Se posicionó en mi entrada y supe que no habría vuelta atrás. Un gemido de dolor salió desde lo más profundo de mi garganta. Una lágrima silenciosa se deslizó a un costado de mi mejilla. Mis uñas se clavaron en sus brazos. Me beso antes de moverse dentro de mi. Me concentré en el movimiento de sus labios sobre los míos, el movimiento de sus caderas, mi cuerpo tembló bajo el suyo después de unos minutos. Mi respiración estaba agitada y mi corazón latía con tanta prisa. Recuerdo cuando su cuerpo cayó junto al mío antes de que todo se volviera borroso. ***** Abrí mis ojos cuando la luz del sol ya se colaba por la ventana. Algunas partes de mí cuerpo dolían, sobre todo entre mis piernas. Me moví sobre la cama con dificultad. A mi lado Erick dormía plácidamente. Al principio miré a mi alrededor confundida, no comprendía qué hacía aquí y sobre todo qué hacía él a mi lado. El dolor en mi intimidad fue la respuesta. Mis ojos se llenaron de lágrimas. Mi cabeza palpitaba con fuerza. No, no, no. Negaba en mi mente. Cubrí mi desnudez con la sábana. Un dolor me atravesó el vientre cuando me senté. Erick se removió en la cama. Abrió los ojos con pereza. Me miró y luego bajó su mirada a mi cuerpo. Yo solo quería salir corriendo de aquí. El nudo en mi garganta dolía y me impedía respirar. —Addie… ¿qué…? —se incorporó con rapidez—. ¿Estás bien? Yo… —¿Qué hicimos, Erick? —pregunté en un susurro. —Tranquila, estas muy alterada y… —¡Estoy bien! —levanté la voz—. O eso creo yo… no recuerdo. —Addie, tú me pediste que te ayudará. Ambos habíamos bebido y yo solo reaccioné a tu cercanía. Soy hombre y eres una chica muy hermosa… —Quiero irme a casa. Llévame a casa —le pedí entre dientes. Asintió. —Puedes tomar un baño. Negué. Me ayudó a recoger mi ropa. Hice uso de la poca fuerza que me quedaba y caminé hasta el baño para vestirme. Lágrimas silenciosas cayeron por mis mejillas, me lavé el rostro, me arreglé el cabello como pude. Papá iba a matarme si se enteraba de esto. Cuando salí del baño Erick ya estaba listo. Me miró avergonzado. Ninguno dijo nada. En silencio salimos de aquella habitación. Me llevó hasta su auto y luego me dejó en casa. En el trayecto mencionó una o dos palabras pero le dije que lo mejor sería hacer como si eso nunca hubiera pasado. Iba a ser algo difícil, sobre todo por lo que vendría después. Afortunadamente esa mañana papá no se encontraba solo mamá. Fingí una sonrisa y le dije que me había quedado en casa de una amiga. No sé si se trago mi mentira, pero no hizo preguntas. Seguí mi vida normal después de ese día. No recordaba nada de esa noche. Solo la sensación fría de algo rozando mi piel desnuda. ¿Un collar quizá? Sentía eso entre la piel de mis senos. Pasó un mes y solo había visto a Erick un par de veces. Nunca hablamos de eso. Pero mi periodo no llegó y entonces me alarmé. Si estaba embarazada papá iba a matarme. No podía estarlo. Eso sería imperdonable. Me hice una prueba de esas que venden en farmacia. Tenía miedo de verla, tenía miedo a la reacción de mi padre. Lo iba a decepcionar, sería una vergüenza para él. Los cinco minutos pasaron. Me acerqué con temor y con dedos temblorosos tome el pequeño objeto blanco. Dos rayitas rojas. Estaba embarazada y papá me mataría. Mis ojos se llenaron de lágrimas aún con la prueba entre mis manos. Ni siquiera he terminado la universidad. ¿Qué se supone que deba hacer ahora?. —Addie —la voz de mi padre me alertó. Toco mi puerta y la abrió. —Tú madre dice que… La prueba cayó de mis manos. Papá frunció el ceño. Me agache y la recogí con rapidez, pero él ya estaba cerca. —¿Estás bien, hija? ¿Por qué estás tan nerviosa? —preguntó. —Yo solo… me sorprendiste —respondí fingiendo una sonrisa— ¿Qué decías de mamá?. —¿Qué tienes ahí, Addie? —preguntó ahora más serio. —No es nada papá, solo… —Adeline Elizabeth Rochefort ¿Qué mierda estás ocultando? —su voz retumbó en mi habitación. Estoy segura que mamá lo escuchó. Me sentía como un cervatillo asustado ante su imponente figura. Podía ser la niña de sus ojos, pero cuando estaba furioso se olvidaba de lo mucho que decía amarme y cuando supiera lo que hice el amor que me tenía desaparecería. —Papá… —Dame eso Addie —extendió su mano, su voz me hizo temblar. No se la di, solo extendí mi mano temblorosa y se la mostré. El rostro de mi padre se desencajó. Dio un paso atrás y negó. Me miró con los ojos muy abiertos. —¿Estás…? —Perdóname papá —pedí con mi rostro ya bañado en lágrimas. Mi padre negó, sus ojos se inyectaron de furia. Levantó su mano y yo solo cerré los ojos. La bofetada me dejó el rostro ardiendo. —¡Eres una vergüenza Adeline! —gritó furioso. Baje mi rostro incapaz de mirarlo a los ojos. Mi mejilla ardía, pero más me dolía la mirada de mi padre. —No puedo creer que tu salgas con esto. Eres una… —¡Roger! —gritó mamá—. ¿Qué está pasando?. —¿Quién es el padre? —preguntó ignorando a mi madre—. ¡Habla maldita sea!. No lo mire, no le respondí. No sabía que diría Erick ¿Y si lo negaba todo, como quedaría yo? —Ni siquiera saber quién es —dijo soltando una risa amarga. Su mano toma mi brazo con fuerza, mi cuerpo se estremece ante su toque. Levanté la mirada, lo había decepcionado, se avergonzaba de mí y estaba furioso. Tiró de mí y me sacó de la habitación, veía todo borroso por las lágrimas, tenía miedo de hablar. No sabía si mis palabras iban a enfurecer más a mi padre. —¿Qué haces? ¿Qué está pasando? —preguntaba mamá preocupada. Escuchaba sus pasos tras nosotros. Llegamos a la sala y papá me soltó con fuerza haciendo que perdiera un poco el equilibrio, caí en el piso. Mis sollozos se hicieron más fuertes, no levanté la mirada. Quería que la tierra se abriera bajo mi cuerpo y me tragara. —Tu hija es una vergüenza, está embarazada quien sabe de qué imbécil, es una zorra. Maldita sea, Adeline. Vas a arruinarnos —gruñó mi padre. Escuché los susurros de mis hermanas. Nadie se acercó a mi. —No es la manera de tratarla —lo enfrentó mamá. —¡Es una vergüenza! —replicó papá. —Levántate cariño —mamá llegó a mi lado y me tendió su mano. La tomé y levanté mi mirada. Me limpie las lágrimas para verla con más claridad. Estaba a mi lado, ayudándome, pero sus ojos estaban llenos de decepción, su corazón estaba roto por mi culpa. Les fallé y eso me duele. Mamá siempre nos habló de lo importante que era cuidarnos. Qué papá era un hombre chapado a la antigua. Pero lo que más le importa a él es su reputación, su maldito apellido. Eso está por encima de sus hijas. —Te lo preguntaré una vez más Adeline —dijo papá con advertencia en su voz— ¿Quién es el padre de ese bebé?. Tragué saliva. Pero antes de que yo pudiera decir algo, una voz fuerte resonó en la sala. —Soy yo. Yo soy el padre de ese bebé señor Rochefort —dijo con firmeza sin ninguna pizca de duda en su voz...

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