03

3819 Words
Saskia se había quedado todo el día pensativa sobre lo que había dicho Blair con tanta neutralidad «—Nada. No sé porque me sorprende, sabía que algún día volverían los vampiros a Louisville.» Sin embargo, no pudo tener mucho tiempo para pensarlo, Blair simplemente colocó la música en la radio, llegó al aquelarre y los hizo entrar a un aula donde se retiró sin añadir más. Aula donde le corresponde enseñar a la profesora Warren, quien hablaba con una gran sonrisa, alegre de tener que dar uno de sus temas favoritos. Sin embargo, no se daba cuenta de que los nuevos estudiantes, los mellizos Hewitt, miraban con una gran mueca a todos sin ser capaz de entender lo que estaban hablando. —Entonces realizamos un rearview si nos lanzan un fulgur. —Habló un chico, tomando apuntes en su cuadernillo. Cole miró como escribían y se estresó internamente. ¿Qué escribía? Sus apuntes aún estaban en blanco. —¿Qué? —Soltó Saskia, girando a ver a Chloe. Chloe le puso su mejor sonrisa —a pesar de estar cansada de tener que explicarles absolutamente todo—, y les explicó. —Si reciben un rayo, deben hacer el conjuro de viceversa. —Tradujo. —Actúa como un espejo, desvía a su destinatario. —¿Y cuál es el conjuro de viceversa? —Cole se llevó ambas manos a la cabeza. Chloe los miró, luchando internamente para no poner los ojos en blanco, frustrada. —Chicos, lo acaban de explicar. Saskia dejó caer la cabeza en el pupitre y cerró sus ojos, cansada. Qué asco de estudio. —Quiero llorar e irme a casa. —Bufó haciendo morritos. Siempre le pasaba, si algo no le salía le invadían las ganas de llorar hasta que luego de unas cuantas lágrimas se digne a volver a intentarlo. Cole, igual de frustrado, puso su peor cara mirando a la profesora. Como si por mirarla mal desaparezca en el aire. «Muy maduro» pensó Chloe mirándolo con una ceja enarcada. —¿Señorita Hewitt? —Pregunta la profesora, mirándola cómo tenía la cabeza sobre el pupitre. Saskia levanta la cabeza y la mira, sin ocultar su mal humor. —¿Está entendiendo la clase? —No. j***r, no. No entiendo. —Explicaré de nuevo… Bla, bla, bla, Saskia siguió sin entender. Miró su reloj y su estómago rugió, eran las dos de la tarde y aun así no había tenido tiempo para irse y comer algo, ni siquiera recuerda de haber visto antes una máquina expendedora o alguna cafetería. Siguió así media más hasta que no resistió más, estaba a punto de pedirle a la profesora ir al baño como excusa e ir a buscar alguna comida chatarra para comer, pero se detiene al ver como la profesora sonríe y mira su reloj. —Bueno chicos. Es todo por hoy. Saskia salta de su silla, guarda su libreta en su bolso al igual que Cole a su lado, guarda todo en suma velocidad y prácticamente salen corriendo del aula. —¿Se quedarán a la próxima clase? —Chloe termina de guardar sus cosas y alza su cabeza, hace una mueca al ver que los Hewitt ya habían salido corriendo. —Al parecer no. Saskia y Cole vieron que el ascensor estaba lleno por lo cual fueron a por las escaleras, donde comenzaron a bajar rápidamente. —¿Has hablado con el tío? —Preguntó Saskia. —No me ha mandado mensaje. Supuse que está ocupado con el auto. Luego hazme acordar que lo llame. —Ok. Siguieron bajando las escaleras hasta llegar a la tercera planta, soltaron un suspiro, rendidos. —Mejor esperemos el ascensor. Se acercaron a las grandes puertas cerradas, Saskia iba a tocar el botón, pero se interrumpió al ver como un chico lo hacía, sus manos chocaron y el chico sonrió avergonzado. —Lo siento. —Se disculpó. —No, descuida, la culpa fue mía. Cole puso los ojos en blanco al escucharlos. Saskia tocó el botón y miró con los labios apretados al chico frente a ella. Tenía el cabello alborotado y un poco corto, sus ojos grisáceos hacia un contorno bonito con su rostro, y sus labios de trazos finos curvaban una tímida sonrisa. —Soy Keith Nazarhet. —Saskia Hewitt. —Si, los he visto en la fiesta. Estabas preciosa, ó sea ahora lo estás, bueno debes estarlo siempre, pero ese no es el punto. —Gracias Keith. —Respondió ella, notando su clara timidez. —¿Iban a almorzar? Cole miró hacia otro lado, con los ojos en blanco y poniendo cara de pocos amigos, sin ni siquiera dignarse a presentarse. —Claro. —Oh, yo igual. ¿Quieres que te invite a… —No, gracias. —Le responde Cole, mirándolo mal. Keith nota su presencia y lo mira. —Llevaré yo a comer a mi hermanita. —Oh, bueno, les puedo recomendar comer la hamb… —No, gracias. —Le vuelve a interrumpir. —Es vegana. «¿soy vegana?» se preguntó internamente Saskia —¡También soy vegano, que genial! ¡Saskia, puedo recomendarte la hamburguesa de poroto! O sino pide el menú vegano que trae seitan. —Grac… —¿Saskia ya te llamo tu novio? —Preguntó Cole, mirándola con una sonrisa forzada. —Tu novio, el mafioso. —Pronuncia lo último lentamente. —Yo no… —¿Sí? ¿te ha llamado? —Vuelve a interrumpirla. —Qué bueno. Es mi chico favorito. —Se gira y mira a Keith —Es súper tóxico y celoso, mejor aléjate de ella porque oí que tiene armas y anda en tráfico de personas. Saskia puso los ojos en blanco ante el intento de susto al pobre chico. Cole generalmente no solía ser celoso, pero si protector, sabía perfectamente que tenía una hermana que solía elegir a los chicos bastante mal por lo cual era su deber como hermano mellizo cuidarla de posibles sospechosos de idiotas Las puertas del ascensor se abren y los mellizos entran, Keith iba a entrar, sin embargo, Cole presiona el botón. —Qué pena. Está lleno. —Pero si son dos… —Tres. —Corrigió. —El espíritu del novio mafioso de mi hermana nos acompaña. Las puertas se cierran y Cole suelta una risita, orgulloso, Saskia le pone mala cara. —Eres un idiota. —No me juzgues por cuidar a mi hermana. —Le puso mala cara. Saskia le dio un empujón con la cadera y él le sonrío. A decir verdad, no suele molestarle, Cole siempre parece tener un radar mental para alejar a los malos chicos, es como si de hombre a hombre lo entendiera. Las puertas se abren y salen los hermanos para caminar por el piso, prefirieron ir —por perezosos— a la cafetería del edificio dado que siguieron a una gran m******d de personas. Al llegar, hicieron una mueca al ver todas las mesas completas, todos los grupos armados y básicamente todos comiendo. —Encontrar lugar será más complicado que encontrar comida. — Podemos comer en las escaleras o en el suelo. Caminaron hacia la barra y vieron a un señor con cara de amargado extender el menú de hoy, al cual consistía de hamburguesas o Pizza. Saskia no prestó mucha atención, miró su alrededor, curiosa a los estudiantes, quienes la mayoría habían girado a verlos. Cuando volvió a ver al frente, Cole ya estaba dándole el billete sosteniendo la comida. Al salir de la fila, iban a ir directo a las escaleras para almorzar allí, pero se detuvieron a ver a Chloe quien movía alegremente las manos llamándolos, ellos sonrieron acercándose a su mesa al cual solo estaba Chloe y Samantha. —Siéntense con nosotras, chicos. —Chloe tan alegre les invitó. —¿Cómo has llegado tan rápido? —Le pregunto divertida Saskia mientras se sentaban, al instante nota que ellos tenían una grasienta pizza a comparación con las ensaladas de ellas. —Trucos bajo la manga. —Le sonríe feliz. —¿Qué tal les pareció la primera hora? —¿Primer hora? —Preguntó sorprendido él. —Creí que ya terminamos, son las dos. —Oh, tenemos clases hasta las siete, pero si son alumnos avanzados tienen hasta las cinco. —Creo que tendremos que hablar de los horarios con el líder. Tenemos instituto mundano a las seis am, venir aquí a la una y trabajo a las doce pm. No podremos con tanto. —¿Quién tiene un trabajo siendo brujo? —Suelta una risa Samantha, hablando por primera vez. —Ah cierto, son mortales. Lo había olvidado. —No seas pesada, Sam. —Chloe la regañó. Luego gira a verlos—¿Por qué tienen trabajo? —No estamos seguros de querer dejar nuestro trabajo por más cansancio que tengamos, es agradable. —Saskia se encogió de hombros llevando una porción de pizza a su boca —Debemos pagar renta, los servicios, comida… —¿De qué trabajan? —Oh, un bar, veinticuatro horas abierto. Cubrimos el turno nocturno. —¿Pasan toda la noche sin dormir? —No. —Le contesta Cole. —Nuestro turno son los viernes, sábados y domingos y generalmente siempre encontramos momentos al día para descansar. Menos los lunes que solemos dormir a la tarde. —Vida de mortal. —Suspira Samantha mirando su ensalada. —Oh, tendrán que hablar con el líder. No tendrán mucho tiempo para descansar —¿Los fines de semana también tendremos clases? —Saskia palidece —¿Pero qué clase de esclavización brujal es ésta? Chloe se ríe. —No, no estudiamos. Pero generalmente solemos hacer algunos eventos, ya sabes, caminatas en grupo, expediciones, ventas, etcétera. Igual tranquilos, no suelen ser obligatorias, aunque eso lo decide el líder. —Con qué empiecen a ser obligatorias me suicido. —Susurra divertido Cole. Saskia le sonrió de igual manera y siguieron comiendo en paz. Al terminar, todos se levantaron para ir a sus respectivas clases, menos Cole y Saskia quienes no se movieron de sus lugares. —Nos veremos mañana entonces, adiós chicos. —Se despide Chloe, tan alegre como siempre. Le devuelven el saludo con la mano viéndola marcharse junto a Samantha, ambos tiraron los residuos y dejaron las bandejas apilonadas para luego dirigirse hacia la salida. Donde por suerte, no se cruzaron a nadie y felizmente llegaron a la moto para luego ir a su casa. Al llegar, Saskia se tiró sobre el sofá y como pudo se quedó dormida, Cole ni siquiera recordó si llegó a la cama, al diván, al sofá o a una silla, simplemente se durmió. Saskia abre los ojos y nota que ya no está en la sala, ahora estaba de pie en un lugar infinitamente blanco donde no se veía ni siquiera paredes. Frunció el ceño girando a ver a todos lados, confusa. Camino con lentitud por el lugar, al cual ni siquiera supo cuanto se había movido. Parecía que por más que se mantenga en constante movimiento jamás se movía de ese lugar en específico. De pronto, su alrededor comenzó a teñirse lentamente de colores, hasta formar una sala. Al instante vio como era la cocina de su tío Paul, por la ventana notó que nevaba y para su sorpresa, a pesar de saber que estaba en esa cocina, se sentía extraña mirándola. Estaba distinta. Los colores en la pared no eran lila como ahora, tenían un tenue color dorado pastel, los muebles parecían antiguos e incluso la isla parecía ser distinta. Saskia miró su alrededor pestañeando confusa. —¡No tienes porqué ponerte así, Nathan! ¡Solo digo la verdad! Saltó en su lugar con miedo al escuchar una voz, miró hacia la puerta donde una figura masculina, adulta, entraba a la sala perseguido por una mujer, al cual le gritaba con sus finas cejas fruncidas. Ninguno se inmutó en su presencia y eso la hizo confundirla. Saskia estiró su mano para tocar a la mujer, pero simplemente la atravesó, como si fuese invisible. Miró su propia mano y la apretó en un puño. ¿Es un sueño? —¡Por el amor a Satán, Anna, déjame trabajar! —Exclamó fastidiado, sentándose en la isla para luego sacar un libro de su bolso colgado en el hombro, una pluma y tinta. —¿Pero…? ¿Tú qué te crees? —Preguntó incrédula, ella. —¿Nos mataran y a ti te interesa ese estúpido Sabbat? —No nos mataran, Anna. Recuerda quienes somos. —No. Tú recuerda quienes son ellos. —Lo miró por unos segundos, sumamente impotente, quería gritar y quería golpearlo, por testarudo. —Nos matarán por tu culpa. El hombre, Nathan, quiso responderle, pero se detuvo el mismo al ver como aparecía otra figura por la puerta. Saskia se llevó una mano a su pecho, confusa cuando vio que era ella… Ella de pequeña. —Mamá, Cole no comparte sus juguetes conmigo. —Llorisqueó tirando del abrigo de la señora con ambas manos. La señora, al cual hace escasos segundos se encontraba alterada y molesta, deshizo todas sus expresiones negativas y le sonrió, con adoración. —Son mellizos, pero tan peleadores. —¿A quién habrán salido? —Murmuró Nathan aunque llegó a escucharla Anna. Lo fulminó con la mirada, alzó a la pequeña Saskia y salió de la cocina para dirigirse escaleras arriba. Saskia debatió si seguirla o quedarse a ver a Nathan y eligió la segunda opción —¿Papá? ¿Me escuchas? —Le preguntó esperanzada, acercándose. Era increíble que los viera nuevamente. Pero se entristeció cuando al intentar tocarlo no pudo, nuevamente. Hizo una mueca frustrada al darse cuenta que ninguno podía verla o sentirla. Su vista viajo en el libro, estaba abierto en una hoja donde él estaba escribiendo algo. Acomodó su pluma, le embarró un poco de tinta y luego comenzó a seguir escribiendo en aquel idioma desconocido. —Matarlos… —Farfulla con desagrado él, repitiendo las palabras de su esposa—Estaremos a salvo siempre que no nos encuentren. De repente, abre los ojos y se sienta de un golpe sobre el sofá donde se había quedado dormida, respiraba con brusquedad. Llevó una mano a su pecho, tratando de calmar a su pobre corazón. Miró su alrededor con pánico y no tardo en darse cuenta que estaban en el departamento. «Solo fue un sueño» se repitió mentalmente volviendo a acostarse y suspirar. Que sueño tan extraño. (…) Saskia y Cole odiaban los viernes. Era el día donde más le costaba integrarse en el trabajo, que, aunque lo amaban y adoraban estar allí, siempre salían con dolores de cabeza por tardar en volver a adaptarse a la música, el movimiento, los innumerables clientes y por supuesto el estar todo el tiempo parados de aquí para allá. Cole siempre tenía el mismo puesto; preparaba los tragos en la barra y Saskia siempre los distribuía hacia las personas que pedían los tragos, pero no se sentaban en la barra, sino que en las otras mesas. Lo que sí, era un bar muy elegante, lo cual Saskia siempre estaba a salvo de las personas que quisieran acercarse a ella de una forma desagradable y los de seguridad tampoco tardaban mucho en darse cuenta y sacarlos. Eso de algún modo les daba seguridad a ambos mellizos, Saskia porque podía trabajar en paz y Cole porque no tendría que estar preocupado pensando en que mesa o con quien se estará vinculando su hermana. Era un día normal, Saskia llevaba la bandeja con tragos por las mesas con agilidad, era increíble lo rápida que podía ser y el pedido siempre llegaba intacto. Se detuvo frente a una mesa al cual había un solo chico sentado. —Hola, ¿qué deseas pedir? —Me gustaría un Cosmopolitan, por favor. —Respondió sin mirarla, alzó su cabeza y al instante que la notó sonrió sorprendido y encantado. —Pero, ¿tú que me recomendarías? —Siempre me ha gustado el Manhattan. Es muy recomendable, aunque el Cosmopolitan no está nada mal. —Le respondió, igual de encantada por la vista. El chico, sonrió mostrando toda su dentadura mirándola, encantado sería un término muy pequeño por lo que sentía. —¿Y si mejor pido tu número? —Te tendrás que conformar con solo mi nombre. —Eso es trampa. Tienes la chapita con tu nombre en la camisa —Lee la chapita y luego le sonríe, pronunciando: —Saskia. Me gusta tu nombre, ¿Sabes su significado? —No recordaba personas que se fijen la definición de un nombre. —Pues yo lo hago, es como un pasatiempo. Es divertido cuando le agarras la maña. —¿Y qué significa mi nombre? —Te lo diré solo si te sientas conmigo. —Con su mano apuntó en asiento libre frente de él. Saskia miró su alrededor, apenas eran las doce y no había muchos clientes, solían llegar pasadas la una de la madrugada. Por lo cual se tomó el atrevimiento de sentarse frente a él y mirarlo, con una ceja alzada, curiosa. Cole la buscó con la mirada, como siempre suele hacer cuando tiene unos segundos de descanso y la juzgo con la mirada al verla. «Siempre coqueteando con los guapos, nunca aprende» pensó. —¿Y bien? —Saskia miró curiosa al hombre. —Saskia significa “protector de humanidad”. Persona valiente y capaz de capturar y enamorar a cualquiera. Con un bondadoso corazón lleno de pasión. Saskia alzó ambas cejas, sorprendida. —Le traeré su Cosmopolitan, señor. —Se puso de pie, con un leve sonrojo. —Pero… ¡Que tramposa! Deberías de quedarte conversando conmigo un poco más. Saskia le guiñó el ojo para caminar hacia la barra donde alza su mano llamando a Cole. —Un Cosmopolitan, hermanito. —En seguida. Cole no tarda en comenzar a prepararlo. Cuando terminó se acercó y se lo colocó sobre la bandeja, Saskia iba a cogerlo, pero se detiene a si misma cuando Cole le pone mala cara. —¿Qué? —Deja de coquetear y trabaja. —¿Por qué hoy estás tan amargado? —Es el día el hermano y no me has saludado, desgraciada. Saskia borra al instante la mirada de reproche y lo mira sorprendida, pero luego lo vuelve a fulminar con la mirada. —Tú tampoco me has saludado. —Pues esperaba que tú me saludes primero. Rodó sus ojos. —¿Qué iba a saber que ese día festivo iba a ser justo hoy? —Qué asco de hermana. —Vamos, mellizo. Sabes que mi corazón late por ti ¿No? —Mejor entrega el pedido. Ella ríe negando con la cabeza y sujeta de la bandeja para luego caminar hacia la mesa, deja el cóctel frente al chico y prosigue a irse, pero él la detiene. —¿No me darías tu número? —Preguntó. Saskia se detiene y lo mira con una ceja alzada. —No le doy mi número a desconocidos. —Miró el trago —Ni a borrachos. —Soy Hunter, un gusto. Me mudé con mi familia hace una semana, estoy luchando por conseguir entrar al instituto Roseword, aunque es difícil, ya sabes, entrar justo a mitad del año. Una pesadilla. Soy hijo único, pero tengo dos primos que son muy insoportables, pero los considero hijos porque son como críos. Mis padres están por casarse porque tendrán a una niña en poco tiempo. —Hace un mohín, sonriente. —Pues ya me conoces, ¿Me darías tu número? Saskia lo miró, divertida. No supo que le había dado curiosidad, que sea tan abierto para hablar de él, que sea guapo o que sea tan alegre como ella lo era. Lo quedó mirando unos segundos más, dubitativa, hasta que suspiró y se acercó a la mesa. Sacó una bolime de su bolsillo para anotarle en su número. —También voy al instituto Roseword. —Comentó. —¿En serio? ¡Pronto seremos compañeros! Saskia le sonríe antes de girarse para irse, pero se detiene ella misma y vuelve a mirarlo, Hunter la mira con curiosidad. —No me has dicho el significado de tu nombre. Tengo curiosidad. Eleva una de las comisuras de sus labios. —Cazador. —Hizo una pausa, mirándola con aún más intensidad. —Significa cazador. Saskia lo miró fijamente uno segundos más y luego negó con la cabeza, saliendo de su sorpresa. —Disfrute su trago, señor. Volvió a la barra y siguió atendiendo a las personas, pero está vez, sentía una extraña sensación en el pecho y sabía perfectamente que la causaba el pelinegro de ojos color ámbar que la veía desde su asiento. Habían pasado unos cuantos minutos cuando el teléfono de Saskia comenzó a vibrar, Saskia no lo cogió, como de costumbre nunca atiende cuando está trabajando. Siguió llevando bandejas lugar por lugar, hasta que volvió a sonar. Se acercó a la barra y llamó a Claudia para que cubriera su turno mientras iba a atender la llamada afuera. Salió del bar por la puerta trasera donde es el pequeño callejón donde siempre sacaban la basura por lo cual el lugar apesta un poco. —¿Hola? —Llevó el celular al oído. —¿Saskia? j***r, por fin atiendes. ¿Es que acaso no sabes que a un líder te llama se lo atiende si o sí? —¿Cómo conseguiste mi número, pesado? —Me lo ha dado tu tío, y no soy ningún pesado. —Eres un pesado, Blair. —¡Se nos dice líder, no Blair! —Estoy trabajando, Blair. No seas pesado. —¿Trabajando? Escucha, tengo dos brujos heridos, los han atacado en el puente de Louisville, necesito que vuelvan de inmediato. —¿Qué parte de “estoy trabajando” no se entiende? Te lo diría en latín nórdico, vuestro idioma, pero la verdad que estoy fatal con las clases. —Son cazadores, Saskia. Por si no sabias los brujos somos sometidos por cazadores desde los primeros tiempos que hubo personas en contra de nuestra ciencia. —Céntrate, Blair, estoy trabajando. —Le recuerda. —No hay cazadores desde hace una década, pero ahora han atacado a mis brujos, necesitan refugiarse en el instituto. —No tenemos la marca. —Pero ellos saben detectarnos. —Insiste. —Necesitan venir ahora mismo antes que los encuentren. Saskia se gira a escuchar como la puerta se abre a sus espaldas y Hunter, sonriente, sale por la puerta mirándola. Miró su alrededor, lo desventajoso era que sólo estaban ellos dos y la oscuridad del callejón era su mayor enemigo en estos momentos. —Creo que ya no han encontrado. —Le respondió aun sujetando el teléfono contra su oído, observando como Hunter se acerca a ella. Hunter coloca ambas manos en sus bolsillos delanteros de su pantalón y le regala una sonrisa a boca cerrada. —Por fin solos. —Le dijo. Y Saskia por instinto retrocedió un paso.
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