Noah
Mi lobo corre a prisa para encontrar al osezno antes de que sea demasiado tarde. Mi mente está nublada y debo despejarla, el día de hoy ha sido demasiado intenso y el saber que tengo a mi mate desmayada me ha desequilibrado.
Jayden viene detrás de mí con dos centinelas, no necesito más hombres para acabar con unos cazadores.
—Noah, ¿qué vas a hacer? —me pregunta mi beta.
—Lo primero es salvar al cachorro, luego me encargaré de que esos hombres no vuelvan a poner un pie en nuestros bosques. —Estoy furioso.
—Recuerda que si los matas, vendrá más gente a buscarlos. —Aunque me fastidie lo que dice, es muy cierto.
—Los apresamos y llevamos a la comisaría. Pero, si luego que los liberen vuelvo a verlos por aquí, no correrán con la misma suerte; eso te lo juro —asiente y proseguimos con la búsqueda.
Estamos a un kilómetro de ellos, podemos olerlos y escucharlos. Cuando nos vean seguro se mearán, somos hombres grandes, en especial yo que soy el «Alfa Supremo».
Los rodeamos acercándonos con sigilo para cogerlos por sorpresa, tienen a nuestro pequeño acorralado, le será imposible salvarse sin ayuda. Los escuchamos hablar...
—Aquí están los rastros de sangre de ese oso, si no está muerto le queda poco —dice uno de los cazadores y me hierve la sangre, debo contenerme para no asarlo vivo.
—¡Venga, apuraos! Recordad que estamos en zona protegida, si nos pillan pasaremos un tiempo a la sombra —saben perfectamente que lo que hacen está mal, pero no les importa.
—¡Ya lo vi! Pasadme la lona para envolverlo y cargarlo hasta la furgoneta. — En ese momento doy a mis hombres la orden de atacar.
Jayden y los dos centinelas les saltan encima a tres, mientras yo me encargo del cabecilla. Son fuertes, pero no tanto como nosotros. Necesito darles una lección y para eso utilizo a uno de los chicos que es un oso pardo.
Le ordeno transformarse y aparecer muy cerca de los furtivos, que gruña enfadado como si fuera el padre del cachorro buscando venganza.
Él así lo hace y debo reconocer que me estoy divirtiendo bastante de verlos mearse encima.
—Tranquilo amigo — le digo a Logan acercándome y acariciando su cabeza.
—Tú… lo conoces… —dice el jefe de ellos.
—Por supuesto que lo conozco, a casi todos los animales que habitan estos bosques protegidos —lo miro amenazante y traga grueso.
—¿Quién eres? —está asustado al igual que sus hombres y eso me satisface.
—Soy el jefe de la reserva, y nos encargamos de proteger la flora y fauna de personas destructivas como vosotros. Hacemos guardia 24h para mantener la paz y el equilibrio en un ecosistema demasiado dañado por el cambio climático, como para ahora tener que estar vigilando furtivos —sus caras son de asombro y las nuestras de satisfacción.
—¿Que vais a hacer con nosotros? —Una sonrisa mordaz cruza mi rostro.
—Tenía pensado muchas cosas, pero como no somos de hacer nada ilegal, os llevaremos a la comisaría junto con lo decomisado. Ya ellos se encargarán de vosotros y espero que os den vuestro merecido —se encuentran serios, por sus vibraciones, sé que volverán y esta vez no se irán de rositas.
—No hemos hecho nada malo, ¿o vosotros veis algún animal protegido muerto? —me mira y ríe con sorna. No me aguanto y lo golpeo.
Aunque medí la fuerza, le he partido la nariz y sacado dos dientes. Su rostro chorrea sangre y como está atado no puede contener la hemorragia; no me interesa si no lo hace la verdad. Haberlo pensado antes de meterse en mis territorios.
—¡Llevenselos! Iré a por el cachorro si aún vive —todos asienten y jalan a los hombres poniéndolos de pie.
Los arrastran hasta la parte trasera de la camioneta y los depositan ahí como bolsas de patatas. Mi trabajo está hecho, ahora debo coger al crío y llevarlo a la manada.
Camino hacia un saliente a unos metros de donde estamos y ahí está Ben, hecho una bolita y desmayado o al menos eso parece. Lo cojo en peso y corro hacia la manada, aún no se ha desarrollado, no puede curarse como un adulto, por eso los cachorros son tan vulnerables.
Al llegar todos están afuera esperando, llevo al chico con el doctor para que lo diagnostique y me diga si se pondrá bien o si lo perderemos.
—¿Dónde está mi luna? —pregunto ansioso.
—En su recámara, Alfa, no se ha despertado y Sofía nos pidió que la instalásemos allí —mi corazón late alborotado y Vilho quiere ir a verla para saber por qué no despierta.
Subo a mi dormitorio y la veo dormida; parece un ángel con su pelo castaño oscuro ocupando la almohada, tiene una cara ovalada que muero por acariciar, su piel blanca, pero no lechosa, conjunta a la perfección con la mía.
Sus labios perfectos, ni muy finos ni muy gruesos me incitan a pecar, su nariz perfilada me encanta y esos ojos marrones profundos, tan expresivos al hablar me enloquecen.
Miro su cuerpo y babeo, es maravilloso; tiene todo lo que debe tener en el lugar correcto, un buen culo y piernas fuertes, unos pechos medianos o un poco más y un abdomen que no es plano…, disfrutaré apretando y marcando todo, porque siempre he dicho que una verdadera mujer debe tener de donde agarrar.
Comienzo a sonreír mientras pienso: «Espero que me perdonen las delgadas, pero para mí, las mujeres con un poco de carne son el mejor manjar que pueda existir y sin dudas la mía es demasiado apetitosa».
—No sé qué le pasa Alfa, ni porqué no despierta... —me dice Sofi preocupada sacándome de mis pensamientos que comenzaban a subir de tono.
—Iré a hablar con el médico, subí a ver a tu madre porque el cachorro estaba muy mal y me dijo que tardaría un poco curando sus heridas —ella asiente y yo salgo en busca del médico.
—Robbie, ¿cómo está Ben? —me mira suspirando.
—No sabría decirte —lo miro levantando una ceja.
—¿A qué te refieres? —Sus padres están afuera llorando y necesito decirles cualquier cosa para calmarlos.
—Sus heridas son muy graves. Tiene cuatro balazos, dos le han destrozado una pata y dañado sus tendones, no sé si podrá volver a caminar con normalidad. —El diagnóstico no es bueno.
—¿No hay nada que pueda hacerse? —me mira y niega.
—Recién comienza a transformarse y sabes que su metabolismo está trabajando para hacer el milagro de los cambiaformas. Aún le faltan meses para que se active el gen de la sanación, que será cuando comience a dominar el fuego al cumplir los doce años —me dice lo que lamentablemente ya sé.
—¿Por qué no despierta? —pregunto.
—Eso es algo que tampoco sé, es como si una fuerza lo tuviera así, aunque para serle sincero Alfa, creo que es lo mejor. Cuando despierte sentirá mucho dolor y enterarse que posiblemente quedará cojo de manera irreversible, no será agradable para él —«me cachis en la mar», pienso
—¿Con los otros balazos qué ha pasado? —Robbie me mira serio.
—No he podido salvarle el bazo y ha perdido un riñón. Es realmente un milagro que esté con vida, el calibre era grande y el objetivo era hacer el mayor daño posible —definitivamente debí matar a esos cazadores.
—Espero que pueda acostumbrarse rápido a su nueva realidad —hay que ver lo positivo y es que está vivo—. Me gustaría que revisaras a Libby, desde que pasó lo de Ben no ha despertado y estoy preocupado.
—¿Aún sigue inconsciente? —dice cogiendo el maletín con lo necesario para revisarla y asiento.
Subimos a la habitación y vemos a Sofía llorando recostada a su lado. Le habla y la acaricia; se me parte el alma verla así, es joven y aunque esté marcada, se nota que necesita a su madre.
—Sofía, el doctor está aquí para revisar a tu madre —me mira y se levanta de la cama.
Me quedo con ella mientras Robbie la revisa, a pesar de que mi amigo está haciendo su trabajo, Vilho no permitirá a ningún macho estar a solas con su hembra.
—Alfa, nuestra luna está perfecta, ¡no sé por qué no despierta! —de pronto se remueve.
—¡Ben! ¡Ben! ¡¿Dónde está el osezno?! —grita sentándose en la cama.
—Está bien, se está recuperando —con el médico nos miramos ya que en ningún momento le hemos dicho su nombre. Le hago señas a Robbie para que nos deje solos.
—Auch… —dice cogiéndose el costado y una pierna, justo donde Ben tiene sus heridas.
—Esto es muy extraño, no tienes ninguna herida Libby —me mira, sé que la hago dudar pero puedo sentir lo asustada que está y en su estado es capaz de huir de la manada y de mí.
—Es el cachorro, no sé cómo ni porqué me pedía ayuda, que no lo dejara morir y algo me impulsó a encapsular su dolor, por eso me desmayé. Creo que me estoy volviendo loca, porque eso es imposible. —Sus pulsaciones han subido.
—Tranquila, no pasa nada —intento calmarla.
—¡¿Que no pasa nada?! ¡Hablo con animales por telepatía!, o al menos eso es lo que creo. Desde que he llegado aquí han pasado unas cosas muy extrañas que me tienen confundida y al borde de un colapso. ¡No pienso quedarme para averiguarlo! —Vilho aúlla de dolor y yo no puedo permitirle que se vaya.
—Por favor, no te vayas. Te prometo que a su debido momento entenderás y amarás la magia de este lugar. —digo con dolor y miedo a perderla, ella me mira cogiéndose el pecho.
Sin decir una palabra se acerca a mí, coge mi mano y la apoya en su corazón. Levanta la cabeza y dice…
—Solo si prometes no acercarte a mí. —no me da tiempo a contestar. Me suelta y sale de la habitación.