Libby
Después de disculparme con mi salvaje, me desconecté de la realidad. Me tenían expuesta e intentaban manosearme, por supuesto que me resistiría sin importar que fueran cuatro. Si iban a violarme no les daría el gusto de verme suplicar por mi vida, ya alguien se encargaría de vengarme.
Cuando me inmovilizaron, cerré los ojos concentrándome en las miles de imágenes que pasaban ante ellos. Mis lágrimas comenzaron a salir sin control pensando en lo que pudo ser y no será con Noah, en el dolor de mi hija y en este lugar que me había robado el corazón.
Un gruñido gutural me hizo abrir los ojos y luego todo se volvió aterrador. Si en la oscuridad el lobo gigante asustaba y daba miedo, a la luz es terrorífico; de sus fauces sale una especie de humo y baba que me hace temblar.
Sus ojos destilan oscuridad; una maquiavélica, sádica y por primera vez me doy cuenta que si hubiese querido comerme, podría haberlo hecho sin ningún inconveniente. Tiene la suficiente maldad y rapidez para eso.
La escena es dantesca, su crueldad escapa a cualquier cosa que haya visto o leído, los está haciendo pagar por mí y cualquier otro pecado que hayan cometido antes. No sé si sentirme halagada o aterrada.
Esta bestia no es de este mundo, puede manipular los elementos, aparentemente está quieta pero, donde enfoca su vista ellos se pronuncian cual esclavos a su merced.
Para cuando acaba con ellos no queda más que ceniza como abono.
Estoy exhausta, siento una gran angustia y no sé si es por mí o por él, mis espasmos no cesan. Mi corazón sangra de dolor, quiero desaparecer, irme bien lejos para borrar todo lo que ha pasado; me siento sucia y sin fuerzas para luchar.
Lo he hecho toda la vida sola y ya no puedo más, cuanto más me esfuerzo por tener todo bajo control, más difícil se hace conseguirlo.
Desearía que mi vida fuese diferente, pero aquí estoy: desnuda, humillada, manoseada y casi violada delante de un lobo asesino, despiadado y sin compasión.
Se me acerca y retrocedo, intenta mostrarse tierno, pero con la sangre surcando y chorreando por su hocico no lo logra.
Sin darme cuenta lo tengo encima lamiendo mi rostro y no puedo hacer otra cosa más que seguir mis impulsos y lanzarme a su cuello rota de dolor.
Su calor me envuelve, me siento protegida y amada, logra calmar mis demonios. Luego una sensación extraña me embarga, porque el pelaje grueso y largo de la bestia, ahora parece piel; comienzo a sentir unos brazos rodearme y presionarme contra un pecho duro.
Mi cerebro intenta procesar lo que está ocurriendo, definitivamente mi lobo acaba de cambiar y un sudor frío se apodera de mí, mi mente me dice que estoy a salvo, pero mi corazón se enfada.
Ese olor es inconfundible, y su tacto en mi piel quema, la sensación es la misma que con mi salvaje.
No puedo creer lo que estoy pensando, debo ver si estoy alucinando o si mi cerebro se ha trastornado completamente, no quiero alejarme de este calor para comprobar mis suposiciones.
Después de unos segundos me despego de él y lo miro a los ojos, retrocedo, no por miedo, sino porque no sé cómo afrontar lo que está pasando.
Él me mira con temor, expectante a lo que tenga que decir y las palabras que salen de mis labios no son las más adecuadas.
—Eres un asesino, un monstruo sin compasión —digo con la mirada perdida y sin vida.
Me mira como si con lo que acabo de decir lo hubiese apuñalado. Se levanta y me da la espalda; comienza a caminar alejándose de mí, mi corazón late a prisa y siento que me falta el aire. La opresión es tan intensa que creo desfallecer.
—Por favor, no te vayas —digo casi sin poder articular las palabras.
Se gira y me mira de una manera que no puedo descifrar. Camina lentamente hacia mí bajo mi atenta mirada, está como Dios lo trajo al mundo y eso me pone nerviosa porque yo estoy igual; la diferencia es que él es imponente en todos los sentidos.
—Estoy cumpliendo con mi promesa, mantenerme lejos de ti. Aunque ahora que sabes lo que soy no será necesario porque te irás —sus palabras salen duras y sin emoción.
—Yo, no sé qué decir..., gracias —contesto, mi cerebro no rula y por su mirada de decepción eso no era lo que esperaba escuchar de mi parte.
—Ya no corres peligro, he avisado a la manada y vendrán a recogerte en breve —se transforma y sale corriendo…, dejándome sola, confundida y vacía.
******
Llevo tres días en la manada, Sofía al verme se puso histérica; se comportó como si fuera la madre en vez de la hija y me regañó bien duro. No le dije nada porque la verdad no tenía fuerzas para discutir.
Desde que Noah se fue dejándome en el lago, no he vuelto a saber de él. Nadie me dice nada; ya no puedo con esta angustia, se me han quitado las ganas de comer, no hago más que llorar y compadecerme de mí misma… pero, eso se acabó.
—Sofía, he tomado una decisión —digo estoica.
—Te irás, ¿verdad? —Mi hija me conoce bien.
—Sí, debo poner en orden mi vida de una vez por todas. Estoy cansada de todo y creo que la oportunidad que me han ofrecido en el centro de investigación es única. —Nunca he estado tan segura de algo como ahora.
—¿Estás segura de lo que vas a hacer? ¿No le darás una oportunidad a Noah? —me pregunta suplicante.
—Se ha ido, estoy segura que mientras yo esté aquí, no regresará —intento no derrumbarme.
—Mamá, es que si te vas y lo dejas él…
—¡Basta Sofía! Cada quien toma sus decisiones, tu madre es adulta y ha tomado la suya —dice Jayden cortándola.
—Entnces no estarás para mi boda… —Sus lágrimas escapan sin control.
—Es lo mejor, este es tu mundo ahora —necesito alejarme de aquí.
—¡Podría ser el tuyo también, ¿a qué le temes?! —grita Sofi con rabia y eso me altera.
—¡No te permito que me alces la voz, niña! ¡Aunque seas mayor de edad, sigo siendo tu madre y me debes respeto! ¡¿Acaso me hiciste caso cuando decidiste casarte a escondidas?! —le grito.
—Eso fue diferente, por favor mamá…
la corto.
—Para mí es lo mismo y no voy a aceptar réplicas ni que cuestiones mis decisiones, ¡no lo haré ahora ni nunca! —digo firme mientras camino para recoger mi equipaje.
******
Han pasado dos días desde que dejé la taiga del Lago Esclavo, la opresión en mi pecho continúa, no me deja casi subsistir. Siento el sufrimiento de mi lobo, porque sí, la bestia junto con el salvaje, son míos.
Estos días me han servido para poner mis ideas en orden, necesitaba pensar con claridad y exponer los hechos de una manera real, sin emociones que me coaccionaran a tomar las decisiones.
Noah siempre será mío aunque no esté con él, eso no lo cambiará nadie, pero mi deber va más allá de un hombre.
Mi deber es cumplir con lo que me prometí a mí misma y los sentimentalismos no entran en la ecuación.
Por eso decidí irme, él respetó mi deseo de no acercarse y aunque yo no cumpliera el mío de quedarme, nadie tiene el derecho de juzgarme.
******
—¡Felicidades, Libby! La decisión que acabas de tomar es la mejor, no te arrepentirás —me dice el director de la universidad donde he trabajado hasta hoy.
—Muchas gracias a vosotros por la oportunidad. El trabajo será duro, espero poder estar a la altura y llevarme bien con los compañeros —suspiro porque el cambio es grande y las responsabilidades aún más.
—Lo harás estupendo, eres la mejor bióloga que tenemos y a no ser con el dueño del centro, no tendrás problemas con nadie —eso es lo que me pone nerviosa, tener que discutir con ese insensible.
Salgo del laboratorio rumbo a casa, tengo todo organizado para coger el vuelo en la madrugada. Estoy todo lo tranquila que puedo estar en una situación como esta, ser jefa de un grupo de investigación no es fácil, pero tampoco lo ha sido enfrentarme a las pruebas que la vida me impuso.
Me encuentro en el aeropuerto con miles de sensaciones encontradas, el dolor punzante en mi pecho no se ha ido, pero lo aparto para no desesperarme, en estos días he aprendido a bloquearlo y no sentirlo con intensidad.
Ya no permitiré que nada me lastime.
Abordamos al avión y mis pensamientos se vuelven hacia este lugar que me dio la vida, me vio crecer, llorar, enamorarme y sufrir como a nadie. Es hora de forjar un nuevo destino o enfrentarnos al que se nos ponga enfrente.
******
Al aterrizar un coche de empresa me está esperando. Un hombre muy amable me acompañó a mi residencia, me alcanzó una carpeta con las fichas de mis empleados para que al dirigirme a ellos mañana, sus caras no me sean extrañas.
Como no tenía sueño decido organizarme e ir a conocer el centro de investigación, está un poco alejado de la ciudad, pero no es momento de dejarse dominar por el pánico.
Por primera vez en diecisiete años me enfrentaré a mis miedos y seré dueña de mis actos sin que alguien me diga lo que debo hacer o no.
Steve me amaba y me protegió a su manera, pero dejó expreso todo lo que debía hacer y así lo hice por mi niña, pero las tornas han cambiado, nadie volverá a decirme lo que hacer.
Ahora soy yo la que estoy tomando las riendas de mi vida sin que nadie me coaccione.
Solo yo seré la responsable de mis triunfos o fracasos, y eso me da una fortaleza que antes no creía tener.
Llego al recinto y mi boca se abre en una gran “ohh”, esto es maravilloso. Creo que seré muy feliz en este lugar si logro domar el carácter del dueño y sobrevivir a las pruebas que estoy segura me someterá.
Por suerte estoy advertida y por eso respiro con tranquilidad.
Paso mis credenciales por la puerta y me dirijo a la zona de investigación, estoy por acceder a mi oficina cuando escucho gritos y reclamos.
Mi corazón se acelera porque veo que esto será más difícil de lo que me imagine. Respiro profundo y me encamino hacia el despacho de esa fiera embravecida, mejor mostrarme ahora sin tanta gente a esperar a mañana y pasar un mal rato delante de mis empleados.
Entro sin tocar porque la puerta estaba entornada, se encuentra parado en el ventanal mirando hacia afuera. No se molesta en voltearse a mirarme, demuestra lo grosero que puede ser, solo porque es el dueño y puede.
—¡¿Quién coño te crees para entrar así a mi oficina, y a qué vienes?! —dice fúrico.
—¡Me creo la nueva jefa de investigación y vengo a por lo que me pertenece! —respondo con el corazón latiendo a mil.
—Tú… —dice Noah girándose casi sin aliento.