Sofía Al día siguiente, llegué a Márquez Enterprise más temprano de lo habitual. El ambiente estaba tranquilo, con el personal comenzando apenas su jornada. Aproveché para pasar por la cafetería y pedí un café n***o, bien cargado, el tipo de bebida que sabía que Alejandro prefería. No planeaba entregárselo directamente, claro. Dejé el vaso sobre su escritorio junto a unos documentos que necesitaba revisar. Mi toque personal fue un pequeño "Post-it" amarillo con una nota breve: "Para un buen día de trabajo. – Sofía." Era un movimiento arriesgado, pero necesario. Su reacción diría mucho sobre cuánto más podía empujar los límites. Cuando la mañana avanzó, lo encontré en la sala de reuniones, rodeado de ejecutivos mientras proyectaba una presentación en la pantalla. Su voz firme resonaba c

